An introductory audio to a retroprospective book on the Victorian descent of postmodernity. Which I did review.
_____. Rev. of We,
the "Other Victorians": Considering the Heritage of 19th-Century
Thought. Ed. Silvia Caporale
Bizzini. AI podcast on José Angel García Landa's review. Academia 11 June 2026.*
Un verso lo tomó Borges como título para uno de los poemas de Historia de la noche (1977). A través de Borges, y de Google, he llegado a este pasaje del Christus de Longfellow.
En
un aparte durante las Bodas de Caná, el visionario Manahem habla como
sigue sobre el destino y la eternidad, y sobre el paseo que nos damos
por la parte de ella que nos toca ver. Me gusta la manera en que dice
que nuestra vida está hecha no sólo de realidades acabadas, sino también
de las esperanzas y posibilidades por las que hemos pasado (lo que
Michel André Bernstein, en Foregone Conclusions, llama sideshadows...). Y hasta lo que no fue ha sido en cierto modo, pues también eso da forma a nuestra vida y nos hace lo que somos.
The things that have been and shall be no more, The things that are, and that hereafter shall be, The things that might have been, and yet were not, The fading twilight of great joys departed, The daybreak of great truths as yet unrisen, The intuition and the expectation Of something, which, when come, is not the same, But only like its forecast in men’s dreams, The longing, the delay, and the delight, Sweeter for the delay; youth, hope, love, death, And disappointment which is also death, All these make up the sum of human life; A dream within a dream, a wind at night Howling across the desert in despair Seeking for something lost it cannot find. Fate or foreseeing, or whatever name Men call it, matters not; what is to be Hath been fore-written in the thought divine From the beginning. None can hide from it, But it will find him out; nor run from it, But it o’ertaketh him! The Lord hath said it.
Las cosas que fueron y que ya no son Las cosas que son, y las que han de ser, Las cosas que podrían haber sido, mas no fueron, El crepúsculo ya tenue de la alegría que pasó, El albor de grandes verdades aún no amanecidas, La intuición y la espera atenta De algo que, al venir, no es lo mismo, Mas sólo parecido a su previsión en los sueños de los hombres, El ansia, el retraso, y el deleite, Más dulce por el retraso; la juventud, la esperanza, el amor, la muerte, Y la desilusión que también es muerte, Todos estos hacen la suma de la vida humana; Sueño dentro de un sueño, un viento en la noche Aullando por el desierto, desesperado, Buscando algo perdido que no puede encontrar. El destino, la predicción, o cualquier nombre Que le den los hombres — no importa; lo que ha de ser Ha estado pre-escrito en el pensamiento divino Desde el inicio. Nadie puede ocultase a ello, Pues ha de hallarlo; ni huir corriendo, Pues le alcanza. Lo ha dicho el Señor.
Claro
que el destino sólo lo vemos retrospectivamente; de poco nos sirve que
esté escrito en el libro gordo de Dios, si por definición no podemos
echar una ojeada tramposilla al final. Lo que vale como decir que para
nosotros sólo existe el destino cuando miramos atrás: el que nos
hacemos, o el que nos sucede, y no el que estaba escrito. La única
escritura previa que había antes era la de nuestros planes, o
expectativas. Y ya se sabe lo que pasa con los planes: en la tragedia,
fracasan, o tienen consecuencias imprevistas y terribles. En la comedia,
se trastocan, y si se cumplen no es de la manera en habían sido
planeados, sino con imprevistos sorteados y añadidos rocambolescos. Y en
la vida, que es por turnos tragedia, comedia, tragicomedia, parodia,
novela y ensayo (essay, rehearsal)... pues hay un poco de todo. De lo que menos, lírica, épica, y profecías cumplidas.
El
destino visto así, desde la atalaya de la retrospección, como un todo
simultáneo, un espacio en los límites del cual nos hemos movido. Un
ámbito que durante un tiempo es tiempo, pero al fin acaba siendo nuestro
recorrido por el tiempo, y por el espacio, el mapa de lo que ha sido
nuestra vida, andando mucho unos sitios, nuestros sitios, otros
atisbándolos de lejos, otros siempre pasando al lado de ellos. Borges
también sintió ese dibujo del tiempo en su vida, y lo dejó inscrito en
este soneto, "Buenos Aires". También todo poema es a la vez un tiempo
por el que pasamos, y un traza que existe más allá de ese tiempo.
Y la ciudad ahora es como un plano de mis humillaciones y fracasos; desde esa puerta he visto los ocasos y ante ese mármol he aguardado en vano. Aquí el incierto ayer y el hoy distinto me han deparado los comunes casos de toda suerte humana; aquí mis pasos urden su incalculable laberinto. Aquí la tarde cenicienta espera el fruto que le debe la mañana; aquí mi sombra en la no menos vana sombra final se perderá, ligera. No nos une el amor sino el espanto; será por eso que la quiero tanto.
Lo canta de manera memorable María José Hernández en el disco Orillas, de Gabriel Sopeña: Danzón porteño.
En una academia de formación profesional me llamaba hace poco la
atención un cartel con la cara pensativa de una chica y este mensaje:
"¿Recuerdas lo que querías ser de mayor?" Me parece un acierto; no sé si
será un éxito publicitario, eso es otra cosa, me refiero un acierto
como publicidad poética. En la frase se junta el recuerdo del pasado y
las aspiraciones futuras que incluía ese pasado, así como el contraste
con el presente en el que esas ilusiones o planes se han estrellado
contra la dura. Y, de modo implícito, también contiene el futuro, ya no
el futuro del pasado, sino el futuro del presente, todavía abierto, en
el que estamos a tiempo de cambiar nuestra vida, y de hacer coincidir el
futuro que será con el que debería haber sido y no fue.
Recuerda
este anuncio al análisis de la temporalidad de la fantasía según Freud
(en "Los poetas y la ensoñación"). Una frustración presente se contrasta
con un momento pasado en el que no había frustración, o estaba
satisfecha. Y esa satisfacción pasada se proyecta imaginativamente al
futuro, normalmente con un desplazamiento simbólico en el que un nuevo
objeto se ha sustituido por el objeto que en el pasado nos satisfacía.
En "¿Recuerdas lo que querías ser de mayor?" falta quizá el
desplazamiento simbólico, o no interesa subrayarlo, pero a cambio se nos
proporciona una version más compleja de la temporalidad del deseo. Lo
que deseamos no es la satisfacción inmediata, sino poder seguir
deseando, no vernos abocados a la muerte del deseo frente al principio
de realidad. Deseamos el deseo, es decir, recuperar el futuro del pasado
que antes tuvimos, nuestro ser pasado en tanto que proyectado a un
futuro deseable. No sólo es más elegante, sino también más modesto; no
debería ser mucho pedir... y menos si le añadimos un desplazamiento
simbólico al objeto deseado.
Una vez asistí a una conferencia de
Linda Hutcheon sobre la nostalgia. Le pregunté al final sobre la
posibilidad de una nostalgia del futuro. La idea le pareció interesante
(supongo que por lo paradójica), aunque no lo desarrollé más, igual ni
yo mismo tenía muy claro en aquel pasado (ay, aquel pasado...) lo que
quería decir. Hace un par de años salió por cierto un disco de Constants
titulado así, Nostalgia for the Future.La nostalgia, desde luego, es en principio nostalgia de un pasado, "cualquiera tiempo pasado fue mejor" - the nostalgic fallacy. Pero el pasado no es un passé simple.
Contiene en sí un presente (el presente que fue), varios pasados (que
ya hemos olvidado, pero que entonces estaban muy presentes) y también un
futuro: el futuro del pasado, que puede ser hoy para nosotros un futuro
pasado, un presente presente (o ausente) y hasta un futuro futuro.
Por
eso podemos sentir nostalgia por el futuro: por el futuro del pasado,
el futuro que una vez íbamos a tener quizá y que ahora sabemos que no
tendremos, o no de la misma manera. No todo futuro pasado fue mejor,
desde luego; bienvenido sea el fin de la inminente Tercera Guerra
Mundial que iba a llegar en 1983, por ejemplo; tampoco echo muy en falta
a las expediciones interplanetarias de 2001; Hal 9000 lo hace mejor
solito, y en cambio tenemos Internet que salió de modo imprevisto, al
estar presente en muy pocos futuros pasados.
Pero el mejor futuro
pasado, el que más echamos de menos, desde luego, es el futuro que
deseábamos. Ese es el auténtico lugar de la nostalgia: no el pasado que
fue, sino el futuro que no fue, y que sabemos que no será. Que debería
haber sido, all being well.
A new AI podcast on one of my papers. Here I'm under the strong impression that the fake "Richard Price" AI commenting on my paper is really a flesh-and-blood Richard Price who for some reason has decided to actually delve into my papers, and is having a good laugh posing as a brainless AI... I know, just a vivid impression—but it's baffling all the same.
_____.
"Tomorrow Will Have Been Written." AI podcast on José Angel García
Landa's paper "Mañana habrá sido escrito." Academia.edu 24 Jan. 2026.*
Some day we'll look backward at this development of the (post-)human intelligence and, with the benefit of hindsight, utter thoughts we cannot fathom or anticipate.
Mi blog sobre Historia —el
viejo y el nuevo; historia antigua, e historia moderna. E incluso
historia del futuro, porque pienso seguir añadiendo entradas sobre
historias que aún no se han escrito porque ni siquiera han tenido lugar
los acontecimientos que narrarán. Si vivimos para verlas y contarlas.
Acaba de llegarme Pattern Recognition, de William Gibson. Fue el creador de la ficción ciberespacial en Neuromancer (lectura obligada para los fans de Matrix,
pues ahí se creó el concepto y el término). Lo primero que me leí de él
fue alguna novela futurista ambientada todavía a finales del siglo XX, y
ahora escribe una novela del presente a principios del XXI - ambientada
en el presente es un decir, porque es ese presente postmoderno al que
ya le hemos perdido el paso y es indistinguible del futuro: ya nunca nos
pondremos al día. ¿Hay humanos clonados? Pues no lo sé. ¿Hay alguna
nave investigando Neptuno? Pues no lo sé. ¿Está alguien leyendo esto a
la vez que lo escribo? Pues tampoco lo sé. Dice Gibson: "We have no
future because our present is too volatile. We have only risk
management. The spinning of the given moment’s scenarios. Pattern
recognition... " Es una novela de Internet, claro, y de la globalización
y del terrorismo, y de detección de tendencias y olfateo de por dónde
se mueven las últimas tendencias. Moda, moda: lo que dicen en las
tiendas cuando pides algo que ya ha desaparecido: "Es que ahora viene
todo así..." En la primera página del primer capítulo, "The Website of
Dreadful Night", ya veo: jet lag, white noise, disrupted circadian
rhythm... la protagonista se ha dejado el alma atrás por viajar
demasiado deprisa, "Souls can’t move that quickly, and are left behind,
and must be awaited, upon arrival, like lost luggage" - Quizá nos pase
algo parecido a todos: tenemos un jet lag globalizado, y no terminamos
de alcanzar nuestro presente. (En Amazon, menos de 10 euros, portes
incluidos. Así no hay quien compita. La globalización seguirá - sigue.
La Amazonización. La desamazonización).
2 comentarios
José Angel -
Pero hombre, que Internet no son paparruchas, jio, es donde vive
nuestro alter ego cibernético, no tires piedras contra tu propio tejado.
Y los autores... bueno, cada cual crea su propio mundo. Y Dick es mucho
Dick, claro, pero yo desde luego a Gibson lo recomiendo, aunque puede
ser durillo de leer a veces. Y también recomiendo a un pionero más
pionero, Olaf Stapledon, es otra de mis debilidades.
jio -
bueno, yo con las novelas de ciencia ficción me quedo con ciertos
clásicos como aldus, philip k. dick... (asimov no) de aquí a un tiempo
creo que se están haciendo variaciones futuristas dependiendo de la
fijación de una parte de la tecnología de algunos autores. pero el
concepto y los fines posibles ya están anticipados. (aún así me estoy
bajando por mi "mula" un .rar titulado "más de 2000 libros de ciencia
ficción" :-P).
¿novelas en internet? si internet son paparruchas...
me ha encantado lo del jet lag temporal globalizado.
Una crítica heideggeriana del 'vivir para
la muerte' heideggeriano, enfatizando la pluralidad de perspectivas
temporales contra el absolutismo ontológico.
Hay en el marco del pensamiento de Heidegger sobre la existencia
específicamente humana (o Dasein) una interesante reflexión sobre la
retroprospección, más en concreto sobre la experiencia retroprospectiva
de la muerte y del transcurrir de la vida. En su ensayo sobre "El concepto del tiempo" (1924), que esboza muchos de los temas de Ser y Tiempo,
apunta Heidegger cómo la experiencia de la limitación temporal, la
consciencia de la muerte, es inherente a la existencia humana. La
retroprospección es por tanto una experiencia constitutivamente humana,
aunque normalmente se halle atenuada:
En este contexto, el ser de la posibilidad es siempre la posibilidad
[constituida] de manera tal que sabe de la muerte, las más de las veces,
en este sentido: ya lo sé, pero no pienso en ello. Sé de la muerte las
más de las veces en el modo del saber que retrocede. Como interpretación
del Dasein, este saber tiene inmediatamente a la mano el disimular esta posibilidad de su ser. El Dasein mismo tiene la posibilidad de evadir su muerte.
Este haber-pasado, como aquél hacia el cual precurso, hace, en este mi
precursar hacia él, un descubrimiento: es el haber-pasado de mí. A título de este haber-pasado, descubre mi Dasein
en cuanto súbitamente no más ahí; súbitamente no soy más ahí junto a
éstas y aquellas cosas, junto a éstos y aquellos hombres, junto a estas
vanidades, estos subterfugios y esta parlotería. El haber-pasado
desbanda todas las familiaridades (Heimlichkeiten) y ocupaciones, el haber-pasado se lleva consigo todo a la nada. El haber-pasado no es un suceso, un incidente en mi Dasein. Pues es su haber-pasado, no un algo (ein Was) en él, que acontezca, que lo asalte y lo altere. Este haber-pasado no es un Qué, sino un Cómo (Wie), y, ciertamente el Cómo propio de mi Dasein. Este haber-pasado, hacia el cual puedo precursar en cuanto que mío, no es un qué, sino el Cómo de mi Dasein sin más. (13)
La reflexión, y la filosofía, sacan a la luz esta retroprospectividad
inherente o voluntariamente olvidada de la experiencia humana. O, puesto
de otro modo, la reflexión y la filosofía ahondan en lo específicamente
humano mediante la reflexión de estas dimensiones retroprospectivas de
la existencia. Puede decirse que la tradición de filosofar sobre la
complejidad de la experiencia temporal debe mucho a Heidegger. Nos
enseñó mucho a ver cómo la prospección no pertenece únicamente al futuro
o al presente, sino también al pasado, y cómo la comprensión
retrospectiva de los acontecimientos (ese "saber que retrocede" en torpe
traducción aquí) no es sólo cosa del pasado, sino que también se
aplica, en algunas de sus modalidades, a la experiencia futura, o al
presente. Hoy encontramos ese saber sobre el presente en las páginas de
la prensa, esas páginas inauténticas—en este artículo de Oliver Burkeman
que nos promete cambiar la perspectiva (temporal) sobre nuestra vida: This Column Will Change Your Life: Hindsight—it's not just for past events.
Se verá aquí un énfasis en la vida, y no en la muerte. Y ciertamente el
énfasis en la muerte, y en la eternidad, pesa desmedidamente en un
ensayo sobre la especificidad de la experiencia humana. Las razones por
las cuales olvidamos la muerte, razones que también son parte de la
experiencia del Dasein, merecen atenderse más. Heidegger encuentra una Verfremdung
brechtiana en la perspectiva sobre la vida que nos ofrece la
retroprospección, el imaginarla ya transcurrida. Y es cierto—pero hay
muchas perspectivas desde las cuales se puede desfamiliarizar la
experiencia presente; y en nuestra experiencia vital no es "su más
extrema posibilidad" siempre la más relevante ni la que ofrece un punto
de vista más auténtico o deseable.
El ser-ahí se dice de muchas maneras. No hay un punto de vista
privilegiado sobre el tiempo, ni sobre la eternidad—todo punto de vista
está situado y cada cual tiene sus condicionantes. Heidegger comienza
citando a Einstein, pero en realidad es poco relativista. Todavía menos
absolutismo perspectivístico puede encontrar lugar en un universo
evolucionista, y no estático como el que (de modo ahora harto
incomprensible) describía el propio Einstein. La eternidad es mala
consejera y mal rasero, sobre todo para los que vivimos un tiempo, y en
el tiempo.
Ahondando en el papel que juega la retroprospección no sólo
encontraremos más consciencia de la muerte, sino también más consciencia
de la vida y sus complejidades. Y una experiencia del hereafter
menos ambiciosa y más ajustada a la experiencia humana real, en sus
prioridades y en su multiplicidad compleja. No vivimos sólo para la
muerte y para la eternidad, sino también y ante todo para el presente, y
para el futuro que será presente, y para el pasado que lo ha sido—para más allás más provisionales e inestables, para una vida que aún está por venir, aunque ya haya pasado, o quizá nunca vaya a existir.
Un par de párrafos extraídos de J. L. Styan The Elements of Drama (Cambridge
UP, 1960), del capítulo "Making Meanings in the Theatre". Versan sobre
la ironía dramática y la manera en que el sentido de una escena
dramática nunca es literalmente el que aparece, o el que expresan los
personajes, sino que depende de la composición total—es lo que con
terminología ajena a Styan podríamos llamar el sentido autoral implícito
de la escena.
Para Styan
es crucial que debe ser el espectador el que extrae o construye ese
sentido. Pero también es de resaltar que si tiene sentido decir que ese
sentido pertenece a la obra dramática, y no a una concretización
subjetiva de la misma meramente, es un sentido estructural, comunicativo
o autorial implícito—"something the author is saying"—o sea, la "voz"
del autor dramático hablando indirectamente a través de personajes y
situaciones.
Any device to stimulate in the audience the required degree and kind of attention is properly the concern of the playwright.
To understand how such meaning is made in the theatre we must
distinguish what happens on the stage and what happens in the
imagination of the spectator. He takes from the detail of the scene
impressions that are sown and ripened in the mind. These impressions may
be independent of what the character on the stage is doing: the
significance of what he is doing is what only the audience may
know. This is especially true of words spoken. Whan Mephistophilis
promises Faustus he will be as great as Lucifer, we are not asked to
believe him, but when Faustus does believe him, we with our superior
knowledge recognize his folly. Marlowe has calculated that we would: one
joy in the play is to see our wisdom confirmed by events. This is the
true irony of drama, through which the dramatist does most of his work;
it is the steady and insistent communication to the privileged spectator
of a meaning hidden from the characters.
In drama is there not a
function analogous with that of metaphor in poetry? We listen to
character And we listen to character B, but what we assimilate as the
effect of the passage between them is a tertium aliquid, something
the author is saying that we apprehend only as the result of the fusion
of the two character-statement like the notes of a musical harmony. Or
we listen to a single character speaking, and we know that what he says
will work upon the situation in which he says it in a way more than he
knows: what we receive is something beyond the mere representation of
the actor. The author speaks obliquely throughout the play, and by
forcing upon our attention this or that speech or deed, he is working to
guarantee our co-operation in the joint enterprise of communication.
The audience follows a play by discovering it; it is constantly
interpreting signs, looking beyond the actors, listening between the
lines. The play only has meaning through what the audience in this way
is allowed to perceive. So in the extracts we have used there is a
central ironic moment in each, if we care to recognize it. (53).
Pero me interesará observar, además, una dimensión adicional de esta
no literalidad del sentido dramático. Es una dimensión retrospectiva.
El sentido que el autor da a la ironía de la situación, y el que
transmite al público, es posible en gran medida porque la obra está
escrita retroactivamente, del futuro al pasado. La lógica de su
narratividad, en el sentido de Sturgess, se encarga de que cada
parlamento y cada acción tenga un sentido retroprospectivo.
Y ese
sentido retroprospectivo que hace que el teatro sea teatro, que el cine
sea cine, o que la narración sea narración, es también el que
apreciamos en nuestras propias vidas cuando las reinterpretamos, cuando
disfrutamos de la perspectiva que da el tiempo sobre lo ya sucedido y
sobre las consecuencias futuras de las acciones y de las situaciones.
Consecuencias que en tiempos, Faustos ingenuos nosotros todos,
desconocíamos. Ahora sabemos algo más, y así es como la vida,
retroactivamente, se va convirtiendo en teatro. Lo que sucedió deja de
tener un sentido literal, y pasa a adquirir un sentido teatral.
Lo
que sucedió, y (por analogía, por consecuencia) también lo que está
sucediendo, pues sabemos que un día será lo que sucedió. La teatralidad
del presente es menos intensa, pero no por ello menos real que la del
pasado que un día este presente será.