He'll Be Back
3 comentarios
JoseAngel -
jio -
Magda -
JoseAngel -
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Magda -
...dijo Pilatos. Dos posturas poco ejemplares (por lo ejemplares, precisamente): la de Cristo, que dice "yo soy la verdad" (y tú no, se sobreentiende), y la de Pilatos, que le levanta una ceja y le pregunta "¿qué es la verdad?" (según Nietzsche, la única frase razonable del Evangelio) - y Pilatos no se autocontesta, claro. Cristo en el Evangelio es un naïf, sólo que tiene razón (allí, para el autor del libro); Pilatos es un tío culto, elegante, maquiavélico y corrupto, no cree en verdades, para él cada cual se hace su propia verdad, y no va a entrar en discusiones. Como Humpty Dumpty, se atiene a quién manda. Y manda a Cristo a que le den de palos, en lugar de entrar en disquisiciones. Por conveniencia, no porque crea que está equivocado: para Pilatos cada cual define su propia verdad. Y como a su juicio la verdad de Cristo corta menos bacalao que la verdad de Herodes... pues te jodes.
Ayer leía en el ADN una reflexión sobre la verdad, en la columna "The End" ("¿Existe la verdad?", por Ángela Becerra). La periodista nos decía que todas las grandes verdades que nos han vendido a lo largo de la Historia (las "grandes narrativas" que diría Lyotard) han resultado ser grandes mentiras impuestas por los poderes de turno... "inmensas mentiras aceptadas sin rechistar" (sic; bueno, muchos han rechistado; otra cosa es el éxito del rechiste...)
... Y su conclusión era un tanto maquiavélica o pilatesca. Que la verdad no existe, o mejor dicho, que existen tantas verdades como personas, que cada cual se haga su propia verdad y que se quede contento con ella, pues es lo que hacemos de hecho, pero sin dar la matraca a los demás:
"Nos cueste o no aceptarlo, al final la verdad que más nos sirve es la nuestra. Sin fanatizarse, tratar de imponerla, ni permitir que nos la impongan. Evidentemente será temporal y se irá con nuestras cenizas, pero a cambio ni incordiaremos ni nos dejaremos dominar por nada ni por nadie"
Me parece ilustrativa esta postura ante la verdad por lo sintomática, por lo aparentemente razonable, tolerante y democrática. Va mucho en la onda de los tiempos light (lolái, lolái, que decía Aute). Todos hoy Cristos... y Pilatos: pilotos de nuestro destino y capitanes de nuestra alma. Cada cual contento con su verdad que es mentira, como los fetos cultivados de Matrix cada cual soñando con su verdad. No parecía preocuparle a la columnista el problema de lo pequeñito de esa verdad solitaria, que sólo es verdad para uno mismo... una paja mental más que una verdad parece, como criterio.
Una verdad solitaria no es verdad. La verdad necesita ser reconocida, compartida, comunicada. Es aletheia, desvelamiento, el camino de salida de la caverna. Si la verdad es una ficción, es una ficción consensuada en una comunidad lo más amplia posible: que incluya al filósofo. La verdad no es tal si no se enfrenta y contrapone a la mentira, a la falsedad, a las ilusiones sin fundamento. Las teorías pragmáticas de la verdad tampoco se conforman con una verdad estática y solitaria: la verdad es proceso de creación de "efectos de verdad", un continuo desvelar lo oculto, percibir lo que no se veía, en diálogo con otras verdades parciales. Ahí sí que llevaba más razón Cristo, cuando decía que hay que proclamar la verdad:
"¿Se trae el candil para meterlo debajo del celemín o debajo de la cama, o para ponerlo en el candelero? Si se esconde algo, es para que se descubra; si algo se hace a ocultas, es para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír, que oiga"
Triste verdad la que se cocina cada cual para guardársela en un celemín. Por eso me temo que por muy intolerante y prepotente que parezca eso de tratar de hacer que los demás se apunten a nuestra versión de la verdad, seguiremos todos dando la matraca.
Del diario de Stendhal, 17 de julio de 1801:
"Es preciso ser muy desconfiado; la generalidad de los hombres lo merece; pero es preciso tener cuidado de no dejar traslucir esta desconfianza."
Me gusta el toque de perfidia inocente y de problemática ironía sobre sí mismo que trasluce aquí—aunque quizá Stendhal no pretendía un efecto de humor al sumarse de esta manera a "la generalidad de los hombres" que merecen nuestra suspicacia por ocultar sus verdaderas entendederas e intenciones.
Por otra parte es un sentimiento, si bien maquiavélico, también algo cristiano, por el parentesco que tiene con ese dicho evangélico en el que Jesús enseña a sus discípulos a que sean prudentes como las serpientes y sencillos como las palomas (Mt 10,16):
"Jesús dijo a sus apóstoles: “Yo os envío como a ovejas en medio de lobos: sed, pues, astutos como serpientes y mansos como palomas. Cuidaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en las sinagogas..."."
Nos recuerda también esta figura al eiron de la comedia clásica (Tractatus coislinianus) tal como lo comentaba Northrop Frye: el hombre irónico es el que se presenta como menos de lo que es, el que oculta su punto de vista dominante y se hace pasar por simple. En fin, todo una lección sobre el uso y el no abuso del topsight en sociedad. Es conveniente disponer de la perspectiva dominante, pero no conviene el exhibirla porque quizá en ese momento deja de serlo.
No sé qué hago explicando estas cosas en vez de apuntarlas en mi diario secreto.