jueves, 12 de febrero de 2026

Foto típica que yo hago

 Una random de 180.000 que tengo colgadas por ahí ("Qué necesidad", como yo mismo suelo decir).

Foto típica que yo hago

Blog sobre MUJERES

 

Un tema prominente en mi blog, las MUJERES. Si no me es políticamente incorrecto el decirlo... porque las mujeres son un tema sensible, y están ellas muy sensibles también. Son y están.

Vanity Fea (Mujeres).*

         https://blogdenotasvanityfea.blogspot.com/search/label/Mujeres

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         2026

Y bueno, no se me quejen, que hablo más de Pedro Sánchez que de mujeres. (Aunque Pedro Sánchez, seguramente, cuenta como temática feminista... digo yo. Y Sánchez en persona ha hecho mucho por poner a las mujeres sensibles, no en sentido inglés sino en español).

 

Atrévete (only in fiction)

Huesca Norte

 

Huesca Norte

Los poderosos (se) engañan

 Retropost, 2010:

Los poderosos engañan. Creen tener un acceso privilegiado a la realidad, y utilizan esa perspectiva dominante para dominar. Con frecuencia para dominar engañando. Pero también se engañan —los poderosos de cartera, e incluso los poderosos de mente— porque su perspectiva supuestamente dominante no es tal, o es sólo parcialmente dominante, y hay vías de acceso a la realidad y aspectos de la realidad que escapan al control de las mentes más vigilantes, y de las mejor y de las peor intencionadas.


Los poderosos (se) engañan.

 
Es al menos la opinión que manifiesta Teun A. van Dijk en su libro Ideología: Un enfoque multidisciplinar. Me están resultando especialmente interesantes las secciones sobre el papel de las élites en la formulación de las ideologías:

"Una cuestión, formulada a menudo en psicología política, es que aún no se sabe si, en verdad, grandes grupos de personas tienen efectivamente una ideología más o menos explícita o articulada. Ellos pueden compartir unos pocos principios y objetivos, pero no una ideología 'completa'. Esas ideologías más detalladas y explícitas están, entonces, atribuidas específicamente a los líderes, los intelectuales, las elites o, directamente, los 'ideólogos' de tales grupos" (219)

Son las élites las que tienen acceso privilegiado a los medios de comunicación, y son las que difunden, a menudo en forma indirecta u orientativa, los mensajes de dominación que luego encuentran una formulación más cruda, simplista o extremista en los grupos que comulgan con tales ideologías (el ejemplo en el que más se centra van Dijk es el racismo o el prejuicio contra los inmigrantes).

"Los expertos tienen acceso a un número creciente de formas variadas del discursos, pueden comunicar más a menudo y más explícitamente las ideologías de su grupo y pueden, en consecuencia, desarrollar sistemas ideológicos más minuciosos y más 'articulados'. Pueden estar más familiarizados con los argumentos ideológicos contra sus opiniones ideológicas, y pueden, por lo tanto, ser más hábiles en los contraargumentos ideológicos, lo que nuevamente puede contribuir al desarrollo de actitudes e ideologías más detalladas" (219).

Las ideologías se 'inventan' conjuntamente, por intereses de grupo, son formuladas incipientemente sobre la base de muchas experiencias compartidas, pero adquieren un desarrollo teórico explícito y elaborado en el discurso de unas minorías de elites e ideólogos—que a su vez refuerzan la concienciación de las masas. Aunque son ellos quienes dan forma específica a las formulaciones ideológicas, estos discursos sólo calan y se vuelven influyentes si adquieren un cierto apoyo colectivo.

La dominación no es simple o unidireccional, sino que hay conflictos de ideologías, portavoces de grupos marginales frente a los de las ideologías dominantes. Y ahí es donde encontramos el problemático principio expuesto por van Dijk, o sea, la visión privilegiada o "clara" de los subalternos, frente a las manipulaciones de la ideología dominante. En el influyente concepto marxista de ideología, se asociaba ésta con una "visión engañosa" de la realidad, propalada por las clases dominantes para favorecer sus intereses y mantener el status quo. Lo cual presentaba el problema de la paradoja del observador: si la ideología distorsiona la realidad, ¿cómo pretender un status de verdad, no ideológico, para nuestro discurso sobre la ideología? El marxismo clásico sentaba la cuestión presentándose a sí mismo como una "ciencia" de las ideologías, no como una ideología más. Otras visiones más críticas, como la bajtiniana, identifican ideología y producción discursiva—no hay discurso científico que esté sin contaminar por intereses ideológicos, sino que todo discurso brota en un ámbito de confrontación dialéctica con otros discursos, incluido nuestro propio discurso crítico sobre la ideología, el que pretende "presentar la verdad" sobre la misma. (Sobre estas cuestiones escribí algo en los felices ochenta, a cuenta de la teoría lingüística de V. N. Voloshinov, en el artículo "The Chains of Semiosis" y en unas notas sobre El marxismo y la filosofía del lenguaje).

Veamos ahora lo que dice van Dijk al respecto, en uno de los momentos del libro en los que se problematiza (aunque quizá sea mucho decir) la posición del observador, es decir, del analista de la ideología, en una sección del capítulo "Relaciones de grupo" (sección "Conflicto y lucha"):

"La dominación generalmente conduce a la resistencia y la lucha para vencer la desigualdad y la opresión. Una práctica común en el estudio de las ideologías es la de asociarlas con la dominación y su legitimación. Yo he propuesto que la resistencia también necesita una base sociocognitiva en términos de valores, principios e ideologías relevantes para el grupo, incluyendo sus conocimientos y actitudes más específicas. Del mismo modo en que el ejercicio y coordinación del abuso de poder necesita de una base ideológica, también la solidaridad interna del grupo y la resistencia intergrupo necesita estar organizada ideológicamente. Mientras que el interés del grupo dominante puede ser el de disimular su abuso de poder y ocultar las formas de desigualdad y sus consecuencias, los disidentes u oponentes pueden estar específicamente interesados en dejar al descubierto y exponer la dominación y la desigualdad, y en manifestar y legitimar como 'justas' sus propias contraideologías. En efecto, ése fue el objeto del 'Manifiesto' Comunista, como lo fue para muchos otros manifiestos y declaraciones (como las diversas declaraciones de derechos humanos).
Desde un punto de vista crítico, esto puede implicar que los grupos dominantes favorecen la falsedad, el engaño y la manipulación, y que los grupos dominados defienden la verdad, la franqueza y la persuasión racional o emocional, esto es, objetivos con los que también pueden coincidir los estudiosos." (213-14)

(Inciso—esto podría leerse en clave de nuestras batallitas departamentales... El grupo dominante defiende sus intereses falseando deliberadamente la realidad, y sabe que lo hace—con lo cual se produce la corrupción intelectual de sus miembros, una variante de lo que Julien Benda llamaba la trahison des clercs, la traición de los intelectuales. El análisis de van Dijk vendría a concurrir con la apotegma clásica de que el poder corrompe, quizá con el corolario de que el poder en la academia corrompe incluso la visión clara de quienes aspiran a entender los mecanismos del poder, o a hacer análisis críticos sobre ellos. Continuemos).

"Puesto que la mayoría de éstos [de los estudiosos o intelectuales] se definen a sí mismos (ideológicamente) como personas que quieren describir 'objetivamente' las relaciones sociales reales implicadas, sus intereses en este sentido pueden a veces ser consistentes con las verdades subjetivas, que sirven al interés propio, de los grupos opositores" (214)

Es decir, los intelectuales deberían al parecer (según van Dijk) ponerse del lado de las minorías para potenciar su claridad de visión. Y si con frecuencia no lo hacen, arguye van Dijk, es por su propia ubicación ideológica en las élites y los grupos dominantes:

"Sin embargo, puesto que sus ideologías de clase y profesión pueden al mismo tiempo ser inconsistentes con los intereses y los reclamos de los pobres, la izquierda, las mujeres o las minorías, la mayor parte de los estudiosos (clase media, blancos, hombres, etc.) al mismo tiempo prefieren ignorar esas demandas, mirar estratégicamente hacia otro lado y llevar adelante su investigación 'objetiva' sobre tópicos menos amenazantes.
De ahí la insistencia en la verdad (científica) de muchas de las ideologías de oposición y de los estudios críticos de la ideología." (214)

Es un poco como el razonamiento de Hegel sobre la dialéctica el amo y el esclavo. El amo, mediante su dominación, se apropia de los bienes y del trabajo del esclavo, pero este mismo proceso de dominación lo aliena de la realidad—y es el esclavo el que permanece en contacto directo y privilegiado con la realidad de las cosas, y quien siembra las semillas del futuro.

Pero se aprecia aquí y en otros puntos del libro un cierto simplismo en el planteamiento de van Dijk—lo que podríamos llamar la otra traición de los intelectuales, a saber, un prejuicio a veces poco examinado precisamente porque favorece el complejo ideológico nebuloso de la progresía—antirracismo, feminismo, pacifismo, socialismo (o comunismo), tercermundismo, proinmigracionismo, anticapitalismo, antiimperialismo, etc.—como si tales elementos "progresistas" fuesen un bloque coherente o consistente entre sí. Un simplismo que también aparece en la valoración positiva, a priori, de frases igualitarias idealistas, como "las mujeres y los hombres son iguales" o "los blancos y los negros son iguales" o "los musulmanes y los no musulmanes son iguales"—cuando, en principio, si fuesen iguales no estaríamos hablando de mujeres y de hombres, de blancos y de negros, o de musulmanes y de no musulmanes. Considérese, por ejemplo, la disyuntiva de tolerar o no tolerar comportamientos o regímenes criminales en nombre de la tolerancia a lo diferente. O, para la proposición "los hombres y las mujeres deberían tener derechos iguales", la contradicción que esta frase aparentemente feminista conlleva para las políticas de discriminación positiva, abogadas por algunos feminismos.

En estos casos, se detecta en van Dijk una tendencia (característica de una parte de la academia humanística) a presuponer que es el discurso oposicional, subalterno, no occidental, marginal, etc., el que lleva la razón, o el que debería contar, y cuenta, con la simpatía y afiliación del analista. Es una manera, quizá, de reconocer la ubicación ideológica del análisis (paradójica, porque habría que pensar que los intelectuales se opondrían por benevolencia personal a los intereses de clase de sus propios grupos). No es una manera de reconocer esa ubicación ideológica muy satisfactoria, empero, por las muchas presuposiciones no analizadas que introduce.

En efecto, contra lo que se ha dicho, los grupos marginales o subalternos no tienen, a mi entender, un acceso privilegiado a la realidad de las cosas, en tanto que tales. Pueden tenerlo, puntualmente, en muchos casos—es decir, que puede ser real el fenómeno descrito por van Dijk, o por Hegel. Pero no es generalizable. Un grupo marginal también puede tener muchas otras clases de relaciones con el grupo dominante. Puede tener una relación de parasitismo, por ejemplo. Puede tener una relación aislacionista, haciendo primar la coherencia del grupo sobre los lazos sociales más amplios, o sobre la relación racional con la realidad. Un grupo marginal puede ser retrógrado, aferrado a modos de vida o a nociones que han sido abandonadas por la generalidad de la sociedad, pero que en ese grupo concreto se perpetúan por intereses creados, por el control de las propias élites del grupo, etc. En suma, que la relación entre realidad, racionalidad, poder y subordinación no se presta a simplificaciones fáciles.

Más coherente parece por tanto este fragmento que sigue en van Dijk:

"Sin embargo, también sabemos que en muchos conflictos sociales, económicos, políticos e ideológicos, la distinción entre verdad y falsedad no es tan clara. Esta y otras razones teóricas sugieren que es más adecuado adoptar un concepto general de ideologías, y dar por sentado que las ideologías, por definición, representan los intereses de un grupo social específico, sea o no que (en nuestra visión como observadores, críticos o participantes) las creencias del grupo estén basadas en análisis sociales verdaderos, demandas justificadas o acciones legítimas" (214)


Con la verdad hemos topado, con la justicia y con la legitimidad. Vaya usted a definir qué es la verdad, o la justicia, o qué es legítimo..... Y estas cuestiones no pueden definirse objetivamente: el propio analista pertenece no a un grupo, sino a muchos, y está involucrado activamente en la definición de lo que es verdadero, justo y legítimo.

Recuerdo que en mi libro sobre Acción, relato, discurso, argumentaba yo contra la noción de que la ideología de un producto cultural sea algo que esté "en el interior" de ese producto, algo claramente aislable e identificable como su contenido ideológico: más bien la adscripción de ideología es el resultado de un análisis, y el análisis involucra tanto al objeto analizado como al analista. (Esto podría relacionarse también con la concepción interaccionista simbólica del significado). 

Vamos, que no es sencillo (o más bien, es simplista) comprender la ideología de un producto cultural, si no conocemos además la ideología de su analista, y si no nos conocemos a nosotros mismos como elemento involucrado en el análisis. Lo cual equivale a decir no que es imposible saber nada, pero sí que la realidad es bastante más complicada de lo que parece a primera vista, y más de lo que cabe en las teorías. Y el análisis y comprensión de las ideologías y teorías, consideradas como parte de la realidad que analizan, es otra dimensión más de complicación añadida al problema.



 
—oOo—

En la proa

 

En la proa

Retropost, 2006: Progres y pasivos

 

Progres y pasivos

De mi correo electrónico, supongo que en respuesta a mi última circular sobre la supresión de la Filología Inglesa. Me escribe X:

Querido amigo:

    Sigo encontrándome con tu nombre como uno de los pocos que parecen continuar alarmados por la eliminación de Filología Inglesa. Mis respetos, máxime intuyendo que simpatizas con el actual gobierno o la opción más general que representa, antes que con sus alternativas.

    Sea como fuere, creo que la falta de resistencia por parte nuestra tiene que ver exactamente con esto. Si el discurso del PP fuera como el de antaño, es decir, anti-anglosajón y pro-árabe, autarquista y anti-cosmopolita, románticamente anti-occidental y marginalizante, no habría problema. Imagínate que fuera un gobierno suyo quien nos birlara nuestro título. Ya habríamos quemado sus sedes y pateado a sus militantes, presos de justiciera indignación.

    Como resulta ser el PSOE/IU quien asume esa posición, y el 90% de los universitarios es de obediencia progresista (pongamos que el 80% en Filología Inglesa, por aquello del contagio por vía cutánea en quienes estén menos dotados de anticuerpos), la cosa no tiene discusión, al menos entre el funcionariado, que rapea disciplinadamente, qué remedio, eso de "antes progre que anglista". ¿O te explicas lo que sucede de otra forma?

    Un abrazo,

LlÁMALO X.

Querido X:

Gracias por tu atención al responderme. Lo cierto es que a veces pienso que me preocupo demasiado por este asunto, y que si la profesión está en general tan tranquila, pues razones habrá. Funcionarios somos muchos, o sea que no nos peligran las judías, espero; más me extraña ciertamente ver la indiferencia de los colegas más jóvenes que van a ver sus carreras interrumpidas o postpuestas indefinidamente.

La interpretación que das lo cierto es que no la comparto, bueno, si viese que ésa es la explicación la encontraría muy deprimente. Primero por lo que tendría de autodestructiva: elementos de autodestrucción pasiva sí que se ven, pero bueno, creo que la gente no se siente culpable de ser anglista por las políticas de EE.UU. o del Reino Unido. Tampoco han cambiado tanto éstas, y creo que los anglistas "progres" tienen abundantes tradiciones críticas en esos países con las que entroncar o comulgar, o que pueden intentar potenciar, al margen de las políticas que lleven los gobiernos británico y estadounidense. O sea que no creo que exista mala conciencia de ser anglista. Segundo porque la defensa de la importancia del inglés no se habría de basar hoy en la influencia de la cultura anglosajona (aunque sea un elemento obvio): el inglés es importante porque es la lengua internacional de facto en este planeta: la única que hay, por mucho que otras quieran imaginar que le disputan ese puesto. Sí que hay un poquito de ceguera todavía en cuanto a este punto: por ejemplo, en los manifiestos en defensa del "grado en Estudios Ingleses" no se aportaba este argumento (el más fuerte y único decisivo) para apoyar la necesidad de una titulación propia. Quizá los anglistas no nos lo tengamos suficientemente creído en este sentido.

Y tercero por lo que tendría de partidismo furibundo, que si bien lo hay entre políticos, creo que está más atenuado en la universidad. Sobre las posibles razones partidistas que señalas... pues yo es que no creo que los universitarios sean en general tan PSOE ni tan "progres" como dices (o muy equivocado estoy). Igual sí en abstracto son progres, en teoría; en la práctica somos, en tanto que funcionarios, bastante más conservadores en nuestras acciones efectivas, y desde luego gente de orden, al margen de ideologías específicas. Sólo así se explica, creo, la disposición a aplicar lo que nos viene "de arriba" sin chistar, y sin ni siquiera ejercer nuestro derecho a protestar por los cauces administrativos que corresponderían. No creo que ningún departamento de inglés, por ejemplo, haya intentado que el Consejo de Gobierno de su universidad se pronuncie en contra de la supresión de esta carrera, y que hiciese llegar esta oposición al Consejo de Coordinación Universitaria. Habría quedado en evidencia que la supuesta representación de las Universidades en ese Consejo no es tal representación, sino una selecta burocracia orgánica de Rectores que para nada consultan a las áreas correspondientes de sus universidades sobre cuál habría de ser la organización de los estudios, sino que siguen criterios muy otros a la hora de tomar sus decisiones supuestamente representativas. Al menos así ha sido en el caso de las carreras de Humanidades. Así que cabe esperar mucha progresía en el interior de los artículos académicos, donde es bastante segura, pero menos a la hora de levantar la voz para protestar por alguna injusticia que se vea en el departamento de uno.

Hay que decir por otra parte que la progresía estilo Zapatero, como queda claro con el asunto de los terrorismos o de las caricaturas de Mahoma, prefiere la paz y la buena armonía con mamelucos de todo tipo antes que la verdad o que la justicia. Tampoco me parece eso muy progresista. Como verás igual presupones mucho cuando dices que simpatizo con el actual gobierno. Sí que simpatizo en algunas cuestiones (como también con los del gobierno anterior), pero la lista de los asuntos en los que no simpatizo también sería larga (y lo mismo me pasaba con el anterior). Por otra parte, no hay que olvidar que esta reforma drástica de las Humanidades ya empezó con el gobierno anterior (me acuerdo de un artículo sonado en El País, "Las Filologías, en el punto de mira"), y ha seguido su rumbo sin inmutarse, o inmutándose poco, por el cambio de gobierno. Es uno de esos "trabajos sucios" que hace un gobierno de una orientación y el otro no deshace, sino que, tras haber protestado mucho en su día, corre un tupido velo y mantiene. Como mantuvo el PP la ley del aborto, o mantendría el matrimonio homosexual si llegase al poder. O sea que tranquilo, me parece que en ningún caso los anglistas hubieran reaccionado furibundamente como dices asaltando sedes etc.; quienes hacen esas cosas no son funcionarios, generalmente. Creo que la actitud hubiera sido básicamente la que es ahora. En todo caso, si anti-"anglicanismo" que diría la ministra hay, se traduciría en que un PSOE en la oposición no estaría interesado en sacarle punta partidista a la supresión de la Filología Inglesa.

En realidad no creo que la pasividad tenga una única explicación; nada tiene una sola causa. La pasividad de los jóvenes me la explico en parte por un importante ingrediente que hemos visto cambiar en el panorama en los últimos años: la organización de los investigadores en grupos financiados, normalmente alrededor de un catedrático o catedraticable. Tal como lo veo, y al margen de los resultados que haya producido en cuanto a investigación, esta política ha potenciado el conformismo y el espíritu de sumisión entre los funcionarios, obsesionándolos con asuntos como conseguir sus sexenios, competir con el de al lado y ponerse en fila a esperar turno sin abrir la boca a menos que se me pida opinión (o ni aun en ese caso). También la duplicación de obstáculos en la carrera por los requisitos burocráticos de acreditaciones, habilitaciones y oposiciones tiende a fomentar la "discreción" y la tendencia al punto en boca y Vicente-donde-va-la-gente.

En fin, que más allá de las políticas PP y PSOE, creo que hay una dinámica común que están llevando a cabo indiferentemente los gobiernos de ambos signos, y que ha sido perniciosa para la independencia intelectual y el espíritu crítico de los universitarios, y pienso en concreto en el caso de las Humanidades, donde la estructuración por equipos de investigación aporta a mi entender más daños que bienes. Y pasividad, mucha pasividad... como si anduviésemos escasos de ella antes. Y te lo dice un ente que se considera bastante pasivo y conservador, pero que por lo que veo lo debo ser menos que la generalidad.

En cualquier caso, saludos, y nos seguiremos viendo en el ámbito de "Lenguas y Literaturas Modernas" supongo...

(I remain, &C...).

Refoto

 

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Göttingen

 

Viene una gaviota

 

Viene una gaviota

Retropost, 2006: El gen de la pistolita

 

El gen de la pistolita

El gen de la pistolita

Ya vuelven Pibo y Oscar de su paseo, y resulta que cada uno ha adquirido un Colt ("made in Italy", para spaghetti-western). Dentro de un orden, no les comprábamos juguetes bélicos, pero parece que el cuerpo se los pide. Pibo tiene hasta una teoría innatista sobre este asunto; ahora se ha hecho él con las dos pistolas.

- ¿Tú cual crees, Papá, que dará más vueltas, el mío o el de Oscar?

- Hombre, pues yo creo que parecido. Son los dos muy buenos.

- Si sólo tienes una bala que disparar, sabes, la pones, haces así vueltas, y luego clac (cierra el revólver con un hábil gesto de pistolero) y disparas. PAM: ¡Pistola! ¡PAUN, PAUN, PAUN, PAUN!!

- Vaya Pibo, ¿y tú dónde has aprendido ésto? ¿Lo has visto en la tele?

- No, en la tele no. Esto yo ya lo sabía. Desde que era pequeño. Yo siempre lo he sabido. Yo creo que estaba en la barriguita de Mami con las pistolitas. Pam, pam. Y disparaba. Fluuus... Sale una balita por el ombliguito de Mami.

- Pero bueno, ¿y qué pistolitas eran esas? ¿Ponías los dedos así como una pistolita, mientras estabas hecho una pelotilla, o qué?

- No, eran pistolitas... imaginarias. Aquí, en la cabeza. (Y señala la cabeza en cuestión).

(Je, pues a quien le parezcan mal las pistolitas que mire el último concurso de Worth1000 sobre juguetes siniestros... )

(PS: Ahora se suma Oscar al debate pistolero:)

- ¿Sabes que pasalía si voy al cole con esta pistola? Pues que las chicas se escapalían, colelían tanto. Fsssmmmm, ¡CRAC! Lomperían la paled, halían un agujelo en folma de chica en la paled. A las chicas les dan miedo las pistolas. A mi no, polque soy un chico.

Foto típica que yo hago

 Una random de 180.000 que tengo colgadas por ahí ("Qué necesidad", como yo mismo suelo decir).