jueves, 22 de octubre de 2026
Ça marche (2)
467 visualizaciones 9 sept 2009
Tiene tres megusta. Y un comentario no mío:
Retropost, 2006: Film Adaptation (ed. James Naremore)
Film Adaptation (ed. James Naremore)
Hablo aquí de adaptaciones cinematográficas. Pero mejor que leer este
post tengo una sugerencia mucho mejor: que os veáis la película
desopilante sobre el tema, Adaptation: El ladrón de orquídeas, escrita
por Charlie Kaufman. Las adaptaciones deben estar en temporada alta si
hasta se hacen películas tan buenas sobre ellas. En el libro Film Adaptation,
editado por James Naremore (Rutgers UP, 2000), se teoriza esta "mayoría
de edad" de la adaptación, liberándola de una excesiva subordinación al
original y a la literatura, traduzco: "Hay que unir el estudio de la
adaptación al estudio del reciclaje, de los remakes,
y de cualquier otra forma de re-contar en la era de la reproducción
mecánica y de la comunicación electrónica. De este modo, la adaptación
se volverá parte de una teoría general de la repetición, y el estudio de
la adaptación se desplazará de los márgenes al centro de los estudios
mediáticos contemporáneos" (Naremore, 15). El libro incluye artículos
clásicos sobre teoría de André Bazin, Dudley Andrew, y Richard Maltby, y
otros nuevos de Robert B. Ray y Robert Stam; hay asimismo estudios
prácticos nuevos y reimpresos, entre los que destacan los de Guerric
DeBona, Gilberto Perez, Michael Anderegg, Darlene J. Sadlier y Lesley
Stern.
Abre la primera sección, sobre teoría de la adaptación,
un artículo de Bazin de 1948, y ofrece la teoría clásica, la de
encontrar un equivalente fílmico del original literario, con una
equivalencia de sentido entre formas necesariamente distintas (20).
Dudley Andrew observa (en su artículo de 1984) que la adaptación se
presenta como un género que "delimita la representación al insistir en
el status cultural del modelo, en su existencia en modo de texto o de lo
ya textualizado" (29)—porque casi todo son adaptaciones de algo ("the
study of adaptation is logically tantamount to the study of cinema as a
whole", 34). Pero no todas se presentan como tales adaptaciones. En las
adaptaciones que se presentan como tales caben distintas modalidades:
préstamos, intersecciones y fidelidad de transformación (29). Muchísimos
textos "toman prestado" algo de la tradición, de textos o esquemas
míticos poderosos, para absorberles parte de su fuerza. La
"intersección" se niega a adaptar elementos, reconoce la intransigencia
del original: "This mode refutes the commonplace that adaptations
support only a conservative film aesthetics" (31). Más allá de
reconocer el cansino tema de la "equivalencia" al sentido original,
Andrew enfatiza la sociología de la adaptación y la manera en que
refleja las prioridades de una época, estilo, nación...
Robert
B. Ray, en "The Field of ’Literature and Film’", observa que "popular
narratives differ from the avant-garde in relying heavily on codes that
are never medium-specific" (40); ratifican las connotaciones de la
cultura popular; y así se presta eminentemente el campo del cine a la
crítica ideológica. Compara el cine con la arquitectura, más que con la
literatura, por su carácter público, colaborativo, y caro. La industria
del cine descansa sin embargo en una continuidad entre la ficción
narrativa y la industria (otros géneros son minoritarios). El enfoque
tradicional a la adaptación se basa en la dialéctica original/copia, que
ha sido desacreditada por Derrida (45); también el culto a la
superioridad de la Literatura y el análisis de las "anticipaciones
literarias" de las técnicas cinematográficas son actitudes caducas. Ray
propone no pensar el "cine" y la "literatura" como categorías ya
cerradas y predeterminadas, sino repensar las presuposiciones e imaginar
nuevas combinaciones de imágenes y palabras, y nuevos usos para ellas.
De los artículos teóricos, el que más me interesa es el de Robert Stam,
"Beyond Fidelity: The Dialogics of Adaptation". Empieza hablando de la
"quimera de la fidelidad" en medios diferentes: ya se sabe, en la
novela no sabemos el color de los ojos de Madame Bovary, pero en el cine
por necesidad se concretizan muchas cosas.... (aunque claro, digo yo,
una película con otras convenciones igual podía difuminar las que le
interesase). Stam también simplifica la novela diciendo que es monomedia
y verbal... el cine tiene más recursos expresivos. (Y los tiene, claro,
pero también hay novelas ilustradas, y algunas de las cosas que en el
medio de la novela funcionan bien no funcionan bien en el del cine,
auque en teoría pudiesen proyectarse las páginas a la pantalla). Stam ve
el texto literario como una estructuración abierta, remitida a la
intertextualidad; por otra parte, si los autores a veces ignoran sus
intenciones más profundas, ¿cómo serles fieles? (¿O hay que ser fiel al
estilo, o al autor implícito? o qué?—Demasiadas dimensiones para
reducirlas a una. Otra vez se aplica la lógica derrideana: la "copia" no
tiene por qué estar subordinada al "original"; y el propio original
está ya fragmentado internamente. También sus personajes; ya ellos
aporta el cine el aura de los papeles anteriores del actor. Tanto novela
como cine están intertextualizados, canibalizan otros géneros, son
polifónicos; el cine crea su lenguaje compuesto con las sugerencias que
arrastra cada uno de sus recursos expresivos. Mejor que "fidelidad",
hablemos de "traducción". O de otros tropos, como lectura,
dialogización, canibalización, transmutación, transfiguración, signifying.... Una
película puede así ser una interpretación y comentario crítico sobre la
novela desde otro proyecto ideológico y una situación histórica
diferente. La adaptación es un dialogismo intertextual:
"En el
sentido más amplio, el dialogismo intertextual se refiere a las
posibilidades infinitas y abiertas que generan las prácticas discursivas
de una cultura dada; la matriz entera de enunciaciones comunicativas en
el seno de la cual se sitúa el texto artístico, y que llegan al texto
no sólo a través de influencias reconocibles, sino también a través de
un sutil proceso de diseminación". (64, trad. mía). "Las adaptaciones
cinematográficas pueden verse como una especie de negociación de los
intertextos a múltiples niveles" (67)—¿Qué intertextos invoca la novela,
y cuáles la película? ¿Qué señales genéricas de la novela son
recogidas, y cuáles ignoradas, por la adaptación cinematográfica? Gramática de la transformación: "La
novela fuente puede verse en este sentido como una enunciación situada
producida en un medio y en un contexto histórico, y transformada luego
en otra situación igualmente situada que se produce en un contexto y
medio diferentes" (68). Múltiples opciones para adaptar una obra
producida en otro país y lugar: acercarla en el espacio y el tiempo,
respetar la distancia, etc. Una novela como The Color Purple tiene
como parte de su dimensión lo que Bajtín llamaba una "polémica oculta"
con otros textos y representaciones; la adaptación de Spielberg recoge
parte de esas alusiones, y añade otras específicamente cinematográficas.
Al transmutar los personajes hay que tener en cuenta también la
transmutación del punto de vista: nociones como las de Genette de
"focalización variable" y "múltiple" son muy sugerentes para el análisis
cinematográfico. ¿Qué tipo de interpretación ideológica hace la
película de la novela? (¿progresista, reaccionaria? - en términos de
discursos políticos, sexuales, raciales...). ¿Por qué se elimina lo que
se elimina? Etc. Stam sí que está a favor de ver los elementos
protocinematográficos en las novelas, y cómo se usan. Así, Madame Bovary es
experimental por su carácter protocinematográfico, y paradójicamente
sus adaptaciones al cine son más conservadoras estéticamente hablando.
"El cine heredó los ideales ilusionistas que el impresionismo había
abandonado en la pintura, que Jarry había atacado en el teatro y que
Proust, Joyce y Woolf habían socavado en la novela. La censura estética,
en este sentido, podría ser en algunos sentidos más rígida y estar más
arraigada que la autocensura política" (75). En las adaptaciones
cinematográficas al cine "encontramos una falta de valor ideológicamente
condicionada para enfrentarse con las implicaciones estéticas de la
modernidad novelística" (75). Propone Stam una crítica menos
moralizante, que use menos presuposiciones indiscutidas, y que esté más
enraizada en la historia contextual e intertextual. "Sobre todo, debemos
preocuparnos menos por las cuestiones mal formadas de ’fidelidad’ y
prestar más atención a las respuestas dialógicas—a las lecturas,
críticas, interpretaciones y reescrituras del material previo"
(75-76)—una crítica que perciba y celebre las diferencias entre los
diversos medios.
La segunda parte del libro, "Adaptation in
Practice", se abre con un excelente artículo de Richard Maltby (de 1992)
sobre la censura y la adaptación en Hollywood (1924-34), dirigida a
obstaculizar la literatura dominante y "fumigar" la pantalla de
inmoralidades, de modo consciente y organizado. Un paso crucial lo dio
el Tribunal Supremo estadounidense al decidir en 1915 que las películas
cinematográficas eran "mere representations of events, of ideas and
sentiments, published and known" y que por tanto (?) no caían bajo el
amparo de la Primera Enmienda que garantiza la libertad de expresión; se
instauró así la censura previa, al declararse que el cine era "a
business, pure and simple . . . not to be regarded . . . as part or the
press of the country, or as organs of public opinion" (83- cito aquí los términos del Tribunal Supremo).
La industria constituyó su propia Motion Pictures Patents Company en
1908 para controlar la moralidad del cine (y que no sucediese lo que en
el teatro o en la literatura). La práctica judicial estableció que la
industria podía comprar un guión y luego no producirlo, sin que el autor
tuviese más derechos sobre él. Tras el código llamado popularmente
"Dont’s and Be Carefuls" en los 20, en 1930 se formuló más
explícitamente A Code to Maintain Social and Community Values in the Production of Silent, Synchronized and Talking Motion Pictures. Parte
de su finalidad era asegurar la presentación "decente" de temas
interesantes pero potencialmente cuestionables, e impedir su anterior
"influencia desfavorable". Los autores renunciaban a cualquier control
sobre la adaptación, y obtenían a cambio compensación material. Los
nombres de autor se usaban como propaganda sólo, y no se aceptaban sus
sugerencias sobre adaptación. Fue famoso en los tribunales el caso de
Dreiser sobre la adaptación de An American Tragedy
(filmada por Von Sternberg) en 1931. Dreiser pretendía que se
reconociese a los autores un derecho sobre la adaptación comparable al
de las versiones impresas o teatrales... y no sucedió, claro. El juez
determinó que lo que "interesaría" al público (determinado de hecho por
los adaptadores escogidos por la productora) debía prevalecer sobre la
interpretación del propio autor. Había escrito una adaptación, rechazada
por la productora, nada menos que Eisenstein. El productor Thalberg
sostenía que "La película cinematográfica está literalmente ligada al
nivel mental y moral de su amplio público" —"The motion picture is
literally bound to the mental and moral level of its vast audience"
(cit. en Maltby, 92), una postura falaz para Maltby: "The industry’s
policy makers were neither so naïve as to believe that their products
merely reflected a preexistent public opinion nor, as Eisenstein clearly
understood, so subversive that they sought to produce forms of
expression challenging the status quo" (92-93). Keith Cohen, en su
análisis de la adaptación rechazada de Eisenstein, sugiere lo siguiente,
traduzco:
Otro crítico del asunto Dreiser, Harry Alan Potamkin ("Potamkin", no "Potemkin"—vaya con estos nombres, mira que nos marcan...) observa
que los tribunales se vieron influenciados por el marxismo de Dreiser y
Eisenstein, y privilegiaron la adaptación menos crítica socialmente.
Para Potamkin, la cuestión en juego no es una de derechos de autor
meramente, sino de derecho de la sociedad a una experiencia crítica:
"our common right to any re-incorporation of what the social entity, or
any living part of it, has apprehended textually" (cit. en Maltby, 93). (Aquí parece Potamkin compartir una cierta teoría de la emergencia, del derecho a no perder la complejidad de lo articulado). Pero
la industria había encontrado la manera de jugar con emociones
prohibidas y el pecado con un tono moralizante ("five reels of
transgression followed by one reel of retribution") y se había propuesto
alejar del público la cultura urbana avanzada que era dominante en la
literatura contemporánea. Los anuncios eran más permeables, de hecho, al
modernismo estético, promocionando "a leisure world of intense private
experience" (98). El editor de Catholic World
le aconsejaba a Dreiser y a sus lectores, "Get out of the gutters. Come
up from those sewers. Be decent, be clean, and America will not seem so
tragic" (100).
Sigue un buen artículo de Guerric DeBona sobre la adaptación de David Copperfield de
la Metro (dir. George Cukor, 1935), como un modelo clásico de
adaptación lograda, que trabaja con un material privilegiadamente
protocinematográfico y protohollywoodiense: Dickens. La adaptación
"ofrecía al público de la Depresión una narración sobre cómo las
divisiones de clases sociales pueden superarse con el aprendizaje y con
la generosidad de sentimientos" (120), un mensaje a la vez dickensiano y
típicamente norteamericano. David encarna a todas las clases sociales
mezcladas en un individuo: los pobres abandonados, la decente clase
media, y la refinada aristocracia, y asciende en la sociedad
"volviéndose una especie de aristócrata de la percepción moral" (122).
Frente a David, Uriah Heep "funciona como el chivo expiatorio de todos
los males sociales profundos con los que se ha encontrado David". Por su
tratamiento de personajes, argumento, ambientación... "It survives
today as arguably the best of all the screen versions of Dickens,
achieving what might be described as the quintessence of ’Dickens-ness’ "
(110). Se efectúa la transición de lo literario a lo cinematográfico al
modo clásico descrito por Maltby: "restricted, overt acts of narration
at the beginning, which give way to the ’screen world’" (117—una solución comparable al tratamiento que da Laurence Olivier a la teatralidad de Shakespeare en Henry
V). Y el tratamiento del punto de vista es asimismo clásico por
excelencia, respetando "la centralidad del observador invisible" en
términos de Bordwell; según dijo A. Lindsey Lane en un comentario de
1935, la cámara estimula la sensación de "being at the most vital part
of the experience—at the most advantageous point of perception" (117). (Una
fantasía que nos da el cine clásico: la del dominio de la situación y
del tiempo y del conocimiento de las personas. La omnisciencia e
invisibilidad: el cine es el auténtico anillo de Giges, el paraíso del
overhearing, del mirón, del intruso y del curioso insaciable que
llevamos dentro).
También me ha gustado el artículo de Gilberto Perez (1998) sobre A Day in the Country,
de Renoir (sobre un cuento de Maupassant), en especial su tratamiento
del paisaje y del punto de vista, disociándolos de las motivaciones e
intereses humanos habituales. Lo dijo muy bien Bazin ya... en Renoir,
"la acción no está limitada por la pantalla, sino que simplemente la
cruza" (cit. en Pérez 130). La película cuenta una sencilla historia
pero vista de modo complejo; dando primacía al paisaje e
independizándolo de la percepción de los personajes y de cualquier
manera de verlo; a la vez Renoir "libera a la cámara de su papel
habitual como agente de dominación" y controlador de las prioridades
(143). Usa muchos grados de correspondencia entre la perspectiva de la
cámara y la de un personaje. El uso "torpe" de la cámara la hace visible
como un instrumento de consciencia; subrayando su propio papel como
agente consciente, la cámara reconoce su alteridad con respecto al
paisaje y, paradójicamente, lo libera. "Lo que parece sugerirnos es que
no podemos establecer una conexión real con el mundo material que nos
rodea, sólo una conexión imaginaria" (149). Así, la retórica
cinematográfica de Renoir muestra las ilusiones de los personajes como
tales ilusiones, pero también se nos muestra que son ilusiones
necesarias, que la vida humana está hecha de tales ilusiones (—de amor
en un paisaje idílico—) hechas para ser soñadas, y para verse frustradas
tras haber sido soñadas.
(Lo
cierto es que este artículo va no tanto sobre el proceso de adaptación
cuanto sobre la peculiar retórica independiente desarrollada por la
adaptación de Renoir).
Michael Anderegg ("Welles/Shakespeare/Film: An Overview", 1998) escribe sobre adaptaciones de Shakespeare, un tema que me ha interesado desde hace tiempo.
Observa que "Welles hacía películas que, al violar las normas básicas
de las prácticas de producción cinematográfica de Hollywood, siempre
estaban peligrosamente al borde de alejar al público en lugar de
invitarlo" (155, trad. mía). Shakespeare había prosperado en
adaptaciones de la época de cine mudo, lo que da lugar a que Anderegg
introduzca el interesante concepto de "retroadaptación": "las obras de
Shakespeare podían verse reducidas, mediante lo que podríamos llamar un
proceso de ’retroadaptación’, a los relatos y narraciones breves
relativamente simples de los que muchas de las obras habían sido
extraídas inicialmente: desnudada de casi todo su lenguaje, una
adaptación shakespeariana revierte, intencionadamente o no, a ser una
adaptación de la fuente de Shakespeare" (155). También argumenta
Anderegg contra la famosa tesis de la "naturaleza cinematográfica" de
las obras de Shakespeare; la fluidez de sus escenas y estructura
temporal es propiamente dramática, y no debe confundirse con la fluidez
cinematográfica (esto no quita, creo yo, para que una se haya traducido muy bien a la otra...). "Las
obras de Shakespeare están ambientadas, literal y figurativamente, en
un área de representación esencialmente desnuda, muy alejada del
’realismo’ concreto, detallado, que el cine descubrió tempranamente era
uno de sus principales recursos y atractivos" (157). De ahí el relativo
fracaso de tantas películas shakespearianas, dice Anderegg. Jorgens
distinguía entre adaptaciones "teatrales", "realistas" y "fílmicas",
aunque observaba que "las buenas películas sobre Shakespeare a menudo se
desplazan fluidamente entre modalidades y estilos, mezclando varios
simultáneamente, de manera que no es fácil hacer valoraciones simples"
(cit. en Anderegg, 158). Por hacerlas, diríamos de las de Welles que Macbeth es teatral, Campanadas a medianoche realista, y Otelo fílmica.
Interesante para una teoría de la retrospección es el tratamiento que da Welles, según Andregg, a la estructura temporal de sus adaptaciones en Otelo y Campanadas a Medianoche:
Las películas
sobre Shakespeare, en general, señalan a las circunstancias materiales
de su producción: si son producciones centrales o marginales, la
significación cultural y el prestigio del texto adaptado, etc. Para
Anderegg, "las películas sobre Shakespeare de Welles, como productos
marginales, no están rodeadas por la misma aura de clase y
respetabilidad que rodea a la mayoría de las adaptaciones
shakespeareanas" (161). Las compara con las de Zeffirelli (mal) y las de
Kurosawa y Kozintsev (bien, pero fracasos de taquilla). Las de Welles
son productos de una sensibilidad americana, combinando elementos de
Hollywood con cine de autor europeo. Presentan lecturas provocativas de
las obras, estimulan al espectador a pensar sobre Shakespeare, en lugar
de absorberlo pasivamente. En contrapartida, "es improbable que las
películas de Welles (...) se perciban como versiones definitivas de los
textos shakespeareanos de los que derivan" (165). Su "infidelidad" al
lenguaje de Shakespeare molesta menos en la Europa continental que en
los países anglosajones, y su recepción se ha visto favorecida por la
favorable recepción crítica de Welles en Europa. Los pocos medios con
que contaba Welles obligaron en cada caso, y favorecieron por tanto, una
solución a los problemas de adaptación del texto shakespeareano
siguiendo una estética expresionista y altamente fragmentada.
Welles ocupa así, y ayuda así a
ocupar a Shakespeare, ese espacio ambiguo que participa tanto de la
industria cultural de masas como de las alternativas a la misma.
Matthew Bernstein ("High and Low: Art
Cinema and Pulp Fiction in Yokohama", 2000) trata de la adaptación por
Kurosawa (1963) de un thriller de "Ed McBain" (Evan hunter). A modo de
la nouvelle vague,
el director queda privilegiado sobre el escritor al provenir la obra
adaptada de la cultura popular. Pero Bernstein aprecia el trabajo de
Hunter/"McBain" como base estructural para la película de Kurosawa. En
el proceso de orientalización y subida de estatus cultural de la obra se
han hecho cambios que Bernstein analiza. Entre el high de la alta empresa y el low
de la mafia está la policía, y a ese espacio liminal también pasa el
protagnonista cuando se ve implicado como víctima chantajeada en un
secuestro. En el tratamiento, Kurosawa muestra el incipiente desarrollo
del individualismo a la occidental en el Japón de postguerra, "pero es
una variante japonesa del individualismo que reconoce cómo los lazos de
obligación amarran a los individuos al tejido social mucho más
estrechamente que en América" (186). Las escenas de drogadicción y bajos
fondos también señalan cómo es la relación con el Oeste lo que ha
convertido a Japón en lo que es: significativo pues que se haya elegido
un thriller criminal occidental y se le haga funcionar en Japón. No sé
si seguirá adelante el proyecto de David Mamet de (re-)adaptar la película de Kurosawa, o la novela de McBain, o las dos. Otro caso paradójico de ida y vuelta en adaptaciones.
Darlene J. Sadlier ("The Politics of Adaptation: How Tasty Was My Little Frenchman",
2000) distingue entre enfoques clásicos sobre la adaptación (de enfoque
formalista o mediático) y los político-culturales: "the study of
adaptation becomes more interesting when it takes into account
historical, cultural or political concerns" (190). Comenta una película
de Pereira dos Santos, Como era gostoso o meu francés, 1971, basado libremente en una crónica autobiográfica de un explorador capturado en territorio caníbal, Hans Staden: Brasilien: die wahrhaftige Historie der wilden, nacken, grimmigen Menschenfresser-Leute,
1557, y en otra crónica del almirante francés Villegaignon, e
invirtiendo las actitudes de estos autores hacia el canibalismo y los
indígenas, denunciando la expansión imperialista y el genocidio nativo.
"Visto en estos términos, el film de Pereira dos Santos está menos
interesado en distorsionar un texto canónico que en revelar lo que ese
texto omite" (204), y se presenta como un alegato frente a la cultura
ofical, europeísta, de la clase dominante brasileña actual y de su
concepción sobre la realidad del país.
Jonathan Rosenbaum ("Two Forms of Adaptation: Housekeeping and Naked Lunch", 1997) trata sobre la adaptación que hizo Bill Forsyth de la novela de Marilynne Robinson Housekeeping, y sobre Naked Lunch de Burroughs/Cronenberg. (Es el artículo que menos me ha aportado de la colección).
Lesley Stern ("Emma in Los Angeles: Remaking the Book and the City", 2000) va sobre Clueless:
Un remake se considera generalmente como remake de una película anterior. Las adaptaciones no son, estrictamente hablando, remakes, aunque si una propiedad se ha adaptado previamente, la película más reciente es casi por definición un remake, y particularmente en el caso en el que la fuente no es un texto clásico, el punto de referencia será la película anterior. Pero el punto de referencia es también genérico, porque los remakes tienden a actualizar y modernizar los textos anteriores en términos de sus posibilidades genéricas. Esta cualidad genérica indica una paradoja: los remakes reflejan la naturaleza conservadora de la industria; están motivados por el imperativo económico de repetir un éxito probado. Pero para mantener su viabilidad económica, en el mismo proceso de repetición los remakes se ven obligados a registrar la variación y la diferencia (de los originales), a incorporar desarrollos genéricos. A menudo, pues, por el juego de repetición y diferencia, son una manera de probar y también flexibilizar los límites del género. También, con el paso del tiempo, proporcionan un índice de cambios en los valores sociales y culturales. (226, trad. mía).
Clueless no es estrictamente hablando ni un remake ni una simple adaptación. En términos de la taxonomía de remakes de Thomas Leitch, "Clueless está más cercana a la actualización, en la cual un texto precursor se traduce a un lenguaje contemporáneo" (226). Así, se introduce al discurso de Emma
la proliferación de imágenes producidas por la cultura popular, la
música, la televisión, y el cine contemporáneos; así está la película
atenta a la experiencia y a la idea misma de la contemporaneidad y la
experiencia multimedia. (230-37).
En conjunto, un volumen
recomendable sobre la teoría y práctica de la adaptación
cinematográfica, y sobre eso que ahora se llama intermedialidad.
Resaltaría yo una dimensión que se pasa un tanto por alto, y que es la
manera en que la adaptación modifica retroactivamente nuestra percepción
del texto cultural adaptado, por el hecho mismo de resituarlo en la
actualidad (ya sea literalmente, ambientándolo en el día de hoy, como en
Clueless, o por el hecho mismo de lanzar sobre él una mirada contemporánea, como en Como era gostoso o meu francés).
De este modo la adaptación interviene en el complejo discursivo en el
que participa el texto, en concreto en el complejo discursivo de texto más lecturas e interpretaciones
que inaugura el mismo texto, e interviene decisivamente en su
reubicación, y en la reorientación del capital cultural acumulado por
ese texto. Es así la adaptación una forma de intervención y de apropiación.
Sobre el tema de la adaptación, participé hace poco en un volumen colectivo editado por Mireia Aragay, Books in Motion (Rodopi, 2005), un tanto en la línea que acabo de indicar. Aquí dejo un enlace a un PDF con el artículo "Adaptation, Appropriation, Retroaction: Interacting with Shakespeare’s Henry V". Y también otro enlace a un post relacionado con esa publicación:
miércoles, 21 de octubre de 2026
The Intertextual Self: The Mysterious Flame of Queen Loana
The Intertextual Self: The Mysterious Flame of Queen Loana. — This is an audio introduction to my paper "La identidad intertextual: La misteriosa llamada de la reina Lonaa"—a review of Umberto Eco's novel 'La misteriosa fiamma della regina Loana' (2004) with a special focus on its portrayal of the self and memory, and reflections on the way the novel's treatment reveals the intertextual makeup of personal identity and of ideology, and their grounding on a specific cultural and discursive environment. (The audio file, an AI podcast from Academia, can be found together with the paper itself, here: https://www.academia.edu/12112730/ )
El artículo y el podcast original de Academia se encuentran aquí:
_____. "Intertextual Identity: The Mysterious Flame of Queen Loana." AI podcast on José Angel García Landa's paper "La identidad intertextual: La misteriosa llamada de la reina Loana." Academia 21 Oct. 2026.*
https://www.academia.edu/12112730/
2026
En el artículo comentamos la novela de Umberto Eco La misteriosa llama de la reina Loana (2004), con atención especial a la representación que en ella se hace del yo y de la memoria. El tratamiento de estas cuestiones que hace Eco en la novela revela la constitución intertextual de la identidad personal y de la ideología, y el enraizamiento de ambas en un entorno cultural y discursivo específico.
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Soy el 278 20 de septiembre de 2006 - 16:10 - Blogs ...
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El blog viejo, y el nuevo. Considerémoslo el mismo, primera y segunda temporada: Vanity Fea (EE.UU.).* (José Angel García Landa) ...



