Resurrección simbólica de Hamlet Shakespeare
En agosto de 1596 moría Hamnet Shakespeare, único hijo varón del
dramaturgo, a la edad de once años. Shakespeare no residía entonces en
Stratford, sino en Londres, desde hacía años; es de suponer que se
desplazaría a Stratford para el funeral de su hijo. No escribió, sin
embargo, ninguna elegía dedicada a él, al contrario que Ben Jonson, que
también perdió un hijo, y una hija, y los conmemoró en poemas a la vez
sentidos y convencionales.
Shakespeare por entonces no escribía
elegías ni tragedias, sino obras históricas y comedias. A muchos ha
extrañado la aparente indiferencia de Shakespeare a la muerte de su
hijo, que queda sin comentario explícito. Claro que tampoco se habían
tratado mucho, al parecer, pero... Otros han buscado reacciones
implícitas, o sintomáticas... en cualquier caso, indirectas,
extraoficiales, no estandarizadas literariamente (quizá tanto más
potentes en tanto que energía incontrolada)—más creativas, también, por
su activación de fuerzas inconscientes.
Shakespeare no había
perdido aún a su padre cuando perdió a su hijo. Con él debió sentir que
se perdía su casa y su nombre. Un tema que (además de la pérdida de un
hijo de por sí) pudo quizá suponer una fuente de angustia adicional para
un autor tan hiperconsciente de asuntos de linaje, familia, paternidad,
descendencia y herencias. Separado en la práctica desde hacía años de
su esposa, por otra parte mayor que él, Shakespeare se quedaba con pocas
posibilidades de tener un heredero varón. Quizá el abuelo John
Shakespeare, en cuya casa se había criado el niño efectivamente, sintió
también esta muerte como un derrumbe de su linaje. En tiempos John había
hecho fortuna... relativa; últimamente había tenido problemas de
efectivo y de credibilidad en Stratford. En la cumbre de su buena
fortuna, cuando su hijo William tenía la edad a la que murió su nieto
Hamnet, John Shakespeare había intentado hacerse caballero, solicitando
un escudo de armas (cosa no imposible, pero sí cara). Ahora ya había
desistido, y la solicitud había pasado al fondo del archivo. Ahora veía
el hombre, con la muerte de su nieto, que no sólo no obtenía
reconocimiento para su linaje, sino que el propio linaje quedaba en
nada, en la persona del varón primogénito de su heredero. (Aquí hablamos
de varones, y de linajes patrilineales, claro).
Los biógrafos
de Shakespeare suelen dedicar no más de cuatro líneas a Hamnet, con los
pocos datos que hay sobre él. Reseño éstos y algún otro dato
interesante.
- Que Hamnet era el gemelo de Judith, ambos hermanos
pequeños de Susannah Shakespeare; nacidos en 1585, y últimos hijos que
tuvieron la pareja William y Anne.
- Que se le puso el nombre no en
honor al príncipe Amleth de Dinamarca, sino en homenaje a un matrimonio
de vecinos y amigos de la familia, los Sadler: Hamnet (o Hamlet) y
Judith.
- Que el nombre no era extraño, y es una variante gráfica (en realidad el mismo nombre) que Hamlet... y que la tragedia Hamlet
(luciendo esa grafía) quizá fuese originalmente, en todo caso, obra de
otro autor. Ya es mencionada por Nashe en 1589, aunque las versiones que
se conocen, las de Shakespeare, sean de 1600-1602.
- Que (esto no
lo dicen en general los biógrafos, pero lo señala Ackroyd) en 1580 se
ahogó en Stratford, en el río Avon, quizá por suicidio, quizá no, una
chica llamada Katherine Hamlett.
- Que el pequeño Hamnet no veía a su padre con frecuencia, pues a los
pocos años de su nacimiento, y quizá antes, su padre ya vivía fuera de
Stratford.
- Que Shakespeare reescribió (posiblemente) y luego revisó (casi seguro) la tragedia de Hamlet, seguramente
unos años después de la muerte de su hijo, y que en ella (según la
tradición) interpretó el papel del Fantasma del padre: de Hamlet senior.
- Que esta tragedia (con la posible excusa de estar ambientada en otro
lugar y tiempo) no presenta una ortodoxa teología protestante, sino que
se basa en las tesis católicas sobre las almas del Purgatorio.
-
Que John Shakespeare, abuelo, era muy posiblemente criptocatólico, como
la familia de la esposa de Shakespeare... y su propia hija Susannah. Que
no hay pruebas directas de que Shakespeare tuviese un compromiso tan
claro con la "vieja fe".
En su biografía de Shakespeare Will in the World, Stephen
Greenblatt especula más de lo habitual con la relación entre la muerte
de Hamnet y la imposibilidad de celebrar el duelo a la tradicional
manera católica (estaba prohibido rezar por los muertos; hubiera sido
una pública declaración de catolicismo, perseguido oficialmente por la
ley). Greenblatt asocia esta posible sensación de tener un "muerto mal
enterrado" en la familia con los documentos criptocatólicos que al
parecer tenía escondidos en su casa el abuelo John. Y, sobre todo, con
las expresiones de dolor y angustia que, desplazadas a la ficción
dramática, se encuentran en obras como King John (donde una madre llora a su niño muerto), King Lear (donde la muerte inútil y absurda de Cordelia hace tambalearse el orden divino del universo), o The Winter's Tale
(donde muere irreparablemente el niño de una pareja real mal avenida, y
la reconciliación largamente postpuesta hace volver de la tumba
simbólicamente a la esposa... pero no al hijo). Observa Greenblatt que
lejos de dar como Jonson una expresión explícita y convencionalizada a
su dolor, Shakespeare eligió en cierto modo el silencio hosco, en cierto
modo el desplazamiento simbólico para una expresión más indirecta
(quizá más aceptable para él) y más profunda y creativa. Por ejemplo, en
Hamlet,
Hay una especie de opacidad en obras como Hamlet,
en la amargura insondable del personaje, algo que podríamos llamar casi
un punto ciego traumático ("Hamlet y sus problemas" que decía T. S.
Eliot), o, como dice Greenblatt, una "excisión estratégica" de lo que
serían explicaciones racionales de la conducta de los personajes.
En esta línea, tiene su
propia lógica que sea el hijo quien va aquí de luto por la muerte del
padre. Especula Greenblatt que pudo haber conflicto con el viejo John, o
con su familia, sobre la oportunidad o no de realizar una ceremonia
católica clandestina para el funeral de su hijo. A esta fase pudo
asociarse quizá la profesión de fe católica hecha por el viejo John.
Shakespeare pudo o no sumarse a esas hipotéticas ceremonias, pero ya
vemos que en cierto modo desplazó sus sentimientos a la ficción
dramática... no inmediatamente, sino en una especie de crescendo durante
la "epoca trágica" o de las "comedias oscuras", que abarca la reacción
estética tardía a la muerte de su hijo, y la época de la muerte de su
padre; también, quizá, la época de la mayor angustia sentimental del
amante que escribió los Sonetos. En
cualquier caso, un pequeño ritual sí hizo Shakespare, al parecer, tras
la muerte de su hijo y antes de la muerte de su padre. Retomó la
petición de un escudo de armas nobiliario, y consiguió que su padre
obtuviese al menos ese linaje simbólico, un águila blandiendo una fálica
lanza, y un lema: "non sanz droict". Como diría Eliot, "these fragments I have shored against my ruins".
Si los Sonetos
se escribieron en la segunda mitad de los 1590, ciertamente revelan una
profunda ansiedad por la pervivencia del linaje, y de la propia persona
por vía interpuesta, en la figura de un hijo. Y el consuelo simbólico
que supone la pervivencia de los propios escritos, "children of thy
mind", en lugar de la de los hijos que ya no se encontrarán criados. Por
supuesto, el poeta no habla de sí, sino de otra persona. Por supuesto.
En Macbeth
también podría detectarse una "excisión estratégica" de las que hablaba
Greenblatt: a saber, la famosa cuestión de los hijos de Lady Macbeth.
Parece claro que la pareja no tiene hijos; también parece claro que los
ha tenido. La corona (recordemos el escudo familiar) es un mal consuelo
cuando viene con la consciencia de que no la heredará ningún hijo.
Macbeth vive angustiado por la esterilidad de su linaje, y eso (tanto
más revelador) sin nombrar nunca la cuestión del hijo que no tiene, del
hijo que perdió.
Reencuentros con familias perdidas (con
esposas, con hijas) se suceden en las obras tardías del autor, que al
parecer también volvió a frecuentar más Stratford tras la muerte de su
hijo. (¿Quién sabe si fue Shakespeare, además, el padre ilegítimo de su
ahijado, William Davenant? Davenant así lo creía, al parecer, y lo
comentó en ocasiones, cosa ciertamente poco habitual y quizá no muy
cortés con su propia madre… cortés con la verdad, no sabemos). Quizá
Shakespeare tuvo algún hijo más, entonces, aunque no pudiese ser un
Shakespeare, todo lo más un Hamlet inspirado por el espíritu de su
padre.
Al Hamlet, o Hamnet, auténtico, no quedaba sino
olvidarlo, o recordarlo, o recordarlo y olvidarlo a la vez mediante la
creación artística. Quizá desplazando algunas fantasías hacia el Hamlet
de la tragedia, invirtiéndolas, quién sabe. Así, en la obra, es Ofelia
quien se ahoga entre los sauces llorones (oh willow willow),
no Katherine Hamlett. Este Hamlet Ofelia, de sexo ambivalente, fue
extraído de las aguas del olvido, y resucitado simbólicamente, en otra
obra de la época de Hamlet, Twelfth Night.
En Twelfth Night,
nadie se ahoga. Pero los hermanos Sebastian y Viola naufragan durante
una tormenta, y cada uno cree que el otro se ha ahogado. Comienza la
obra siguiendo las fortunas de Viola, que se nos presenta así como una
hermana desconsolada por haber sobrevivido a su hermano. Cuando sabe que
Olivia, la condesa a cuyas tierras ha ido a parar, también está
llorando la pérdida de su hermano, le entra un ansia por servirla. Pero,
de modo harto inexplicable (otra "excisión" quizá) decide en su lugar disfrazarse de hombre y servir al pretendiente de Olivia, el conde Orsino. Es
una especie de doble cambio de sexo y orientación erótica que sirve a
Shakespeare para jugar hábilmente con las convenciones del teatro de su
época, en el que los papeles femeninos eran interpretados por muchachos.
Pero quizá también le sirva como un desplazamiento simbólico y
artístico de su propio luto, y como resurrección simbólica del hijo que
perdió. Sebastian y Viola son gemelos, "both born in an hour", como
Hamnet y Judith. Hay una circunstancia imposible que hace resaltar el
carácter fantasmático, casi onírico, de esta pareja. Sebastian y Viola
no son sólo gemelos porque nacieron a la vez: son copias idénticas uno
de otro, gemelos homocigóticos univitelinos,
pongamos, lo cual es imposible naturalmente por ser los dos de sexo
distinto. La cuestion de la diferencia sexual es pues, especialmente
central en Twelfth Night (puede leerse a este respecto el artículo de Greenblatt sobre "Fiction and Friction" en Shakespearean Negotiations).
Por
persona interpuesta, Shakespeare resucita a su hijo mediante el
travestismo de Viola. (¿Quizá Shakespeare hubiese preferido perder a la
gemela Judith antes que a su hijo?—A mí esa impresión me da. Ya tenía
una hija—y Susannah sería su favorita). Twelfth Night es
así pues una compleja maniobra fantástica de cambio de sexo, y de
ceremonia fúnebre simbólica que corrige la realidad según los dictados
del deseo. O quizá, sencillamente, Shakespeare no podía evitar ver en
Judith al gemelo que faltaba... como si los dos se hubiesen fundido en
uno.
Viola representará a su hermano simbólicamente mientras
dure su luto, y el de Olivia; al final, al descubrirse el lío de las
identidades, y la supervivencia de Sebastian, vuelve todo a su sitio. Es
de notar que Viola no adopta propiamente la identidad de su hermano (se
hace llamar Cesario) pero sí su aspecto externo hasta el último
detalle, su manera de vestir. Dice Viola: "I my brother know / yet
living in my glass; even such and so / In favour was my brother, and he
went / Still in this fashion, colour, ornament, / For him I imitate"
(III.iv). Así se prepara la sorprendente escena final en la que
Sebastian se encuentra con su propio doble que no es sino su hermana:
"One face, one voice, one habit, and two persons! / A natural
perspective, that is, and is not!" (V.i). Es de notar el hábil
comentario que se hace de este tema en la película de Trevor Nunn, donde
al margen del uso de espejos e imágenes simétricas, también se resalta
la analogía entre los hermanos "difuntos" de Olivia y Viola. El
encuentro final de Olivia y Viola alude también a la resurrección de los
cuerpos y al carácter accidental, "vestimentario", de la diferencia
sexual: "Seb.: A spirit I am indeed, / But am in that dimension grossly clad / Which from the womb I did participate" - "Viola. If nothing lets to make us happy both, / But this my masculine usurp'd attire..." (V.i).
Una simbólica resurrección de las almas, y reunión de los gemelos que la muerte había separado, por vía del happy end
teatral. También, sin duda, un exorcismo que nos permite dar fin al
luto (o intentarlo...), asimilar la muerte mediante el desplazamiento
simbólico, y seguir adelante, parcialmente resucitados.



