Once
more unto the breach, volvemos a la arenga de Enrique V a sus soldados
durante la toma de Harfleur. Siempre me ha parecido un texto ejemplar de
la metaficcionalidad de Shakespeare, la manera en que mezcla teatro y
vida: la vida, imitación del teatro, y de la vida; y el teatro,
imitación de la vida, y del teatro. No en círculo vicioso, sino en
espiral dialéctica de retroalimentación.
Once more unto the breach, dear friends, once more;
Or close the wall up with our English dead.
In peace there's nothing so becomes a man
As modest stillness and humility:
But when the blast of war blows in our ears,
Then imitate the action of the tiger;
Stiffen the sinews, summon up the blood,
Disguise fair nature with hard-favour'd rage;
Then lend the eye a terrible aspect;
Let it pry through the portage of the head
Like the brass cannon; let the brow o'erwhelm it
As fearfully as doth a galled rock
O'erhang and jutty his confounded base,
Swill'd with the wild and wasteful ocean.
Now set the teeth and stretch the nostril wide,
Hold hard the breath and bend up every spirit
To his full height. On, on, you noblest English.
Whose blood is fet from fathers of war-proof!
Fathers that, like so many Alexanders,
Have in these parts from morn till even fought
And sheathed their swords for lack of argument:
Dishonour not your mothers; now attest
That those whom you call'd fathers did beget you.
Be copy now to men of grosser blood,
And teach them how to war. And you, good yeomen,
Whose limbs were made in England, show us here
The mettle of your pasture; let us swear
That you are worth your breeding; which I doubt not;
For there is none of you so mean and base,
That hath not noble lustre in your eyes.
I see you stand like greyhounds in the slips,
Straining upon the start. The game's afoot:
Follow your spirit, and upon this charge
Cry 'God for Harry, England, and Saint George!'
Exeunt. Alarum, and chambers go off within.
Una
vez más a la brecha, abierta cunt-like en los muros femeninos de
Harfleur. El ataque a la fortaleza como agresión masculina, y violación
de Francia feminizada. Luego veremos que cada guerrero es un auténtico
falo erecto personificado. Vencer o morir en el empeño: riesgo de
impotencia, el rey amenazado. En la paz, el hombre es una polla
fláccida, "modest stillness and humility"; pero la guerra exige el salto
del tigre . . . "Stiffen the sinews, summon up the
blood": imágenes de rigidez y de cuerpos cavernosos que se inflan; para
entrar en erección agresiva, no hay otra vía sino la teatralidad:
comportarse "como un tigre", o "como un hombre": "summon up" sugiere que
tiene algo de invocación a las fuerzas ocultas, algo escondido de
ordinario bajo la superficie.
Los
términos miméticos abundan aquí: no solo "imitate", sino "disguise": lo
que hacen los actores todo el día, no es sorprendente que esta arenga a
los soldados sea también una arenga metadramática a los actores. Cómo
ser soldados quiere decir: cómo imitar a los soldados, cómo actuar como
soldados, cómo dar el pego, siendo un actor, de que se es un soldado; o,
si se prefiere, cómo hacer que la máscara se adhiera a la piel y se
convierta en la auténtica cara. Un Shakespeare Stanislavski avant la
lettre, su propio Actor's Studio Method.
Una
vez la "fair nature" esté convenientemente disfrazada, habrá
desaparecido, y únicamente quedará "hard-favoured rage", o su imitación
perfecta, es decir, indistinguible de la realidad, pues la realidad es
la imitación perfecta de la realidad.
El
ojo también ha de recibir, artificialmente, voluntariamente, algo que
no le es propio ("lent"), una mirada asesina. El ojo será como un cañón,
es decir, como otro falo rígido y amenazador, listo para el disparo
mortífero; la cara es una tronera que enmarca la mirada masculina
agresiva (donde pone el ojo pone la bala). Este cañón de la mirada
disparará para mayor énfasis al final del parlamento, en una eyaculación
súbita de la agresión que va acumulando este discurso.
La
imagen del acantilado rocoso nos revela que este rostro tenso y
agresivo es también una personificación de la nación enfrentada a su
vecino (Dover, con la costa rocosa como orgullo nacionalista agresivo;
la misma imagen que en el parlamento inicial de la obra).
Instrucciones
detalladas siguen sobre cómo meterse en la piel del soldado perfecto:
Enrique dirigiéndose a sus huestes es como Hamlet dando instrucciones a
su compañía teatral. Si quieres enfadarte, hazte el enfadado; si quieres
ponerte como un energúmeno, empieza a gritar. Empezarás actuando,
acabarás actuando como un energúmeno. Enrique, y Shakespeare, lo saben.
De ahí los cantos guerreros, los gritos antes de la carga, las lanzas
agitadas ("rising at your name"), Santiago y Cierra España, o San Jorge,
etc. - o Bush entonando "With God on Our Side".
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Vuelven
las imágenes de rigidez, de erección tensa a la vez del cuerpo y el
alma, como en la excitación sexual (es la sexualidad de la guerra,
masculina, claro): "bend up every spirit to his full height", viagra
mental. Y la agresividad sexualizada no sólo prueba la masculinidad del
interesado, sino también la de su padre, la línea patriarcal no
amenazada por peligro de bastardía, por esas traidoras mujeres (que se
quedan solas en casa, haciendo vaya usted a saber qué con los
afeminados, mientras sus maridos van a la guerra con la pandilla varonil
y homosocial). Los padres ya lucharon contra el francés, y sus hijos
harán lo mismo: ergo, astillas de tal palo, la prueba es la agresividad.
O todo teatro, pero hay que hacerlo real, "Which I doubt not" - hombre,
la duda ofende. Toquemos madera, que esto es material sensible,
"dishonour not your mothers".
Aquellos a quienes llaman padres, en todo caso, también lucharon "en estas partes" de la mañana a la noche, y luego. . . el
descanso del guerrero. Las espadas fálicas, a su vaina/vagina
correspondiente; "and sheathed their swords for lack of argument",
engendrando legítimamente a quienes mantengan el orden patriarcal. Como
otros tantos Alejandros. Más tarde se comparará a Alejandro con Henry;
de modo un tanto caricaturizado: Alexander the Pig, un personaje de
actos quizá brutales, y grandeza indiscutible pero quizá sujeta a otras
perspectivas menos idealizantes.
Y
estos Alejandros, que imitan al tigre, o a sus padres, o a los actores,
o a los soldados, o sus genitales, o a sí mismos, o a su profesor
Enrique (actor consumado donde los haya . . .) - estos
Alejandros, digo, que imitan al imitador (Enrique actuando "like
himself" que decía el Coro inicial, y a la vez imitando a Marte . . .) -
estos imitadores, copias de copias, han de ser a la vez los originales
(o sea, "copy", lo que se ha de copiar) para la imitación de los
soldados más vulgares, la plebe, que sigue a sus mejores. Be copy now,
acting out. Son la encarnación de su tierra, éstos también (como Enrique
es "our brother England"), y también enardecidos por la retórica
patriótico-religiosa, y también siguiendo, desdoblados o fuera de sí, a
su espíritu.
Esta lectura, a la vez Freudiana (Freud y Anna) y metateatral, en la línea de Anne Righter, James Calderwood o Judd Hubert (o
de William Shakespeare), podría complementarse con unos toques de
desconstrucción, en la línea de las "Declaraciones de independencia" de
Derrida, actos inaugurales que crean la situación que ha de
fundamentarlos. Hoy leía el comentario de Hillis Miller en Speech Acts in Literature, y con frecuencia me volvía la cabeza a este fragmento de Enrique V. To wit:
Los actos de habla tienen una dimensión inaugural. Las declaraciones
de independencia constituyen (declaran, inventan) la ciudadanía y la
nación en cuyo nombre se hace la declaración. Que se lo digan a los
catalanes, o a los vascos, antiquísimos reynos. Pero esto mismo sucede
en mayor o menor grado con muchos otros (¿todos los?) actos de habla.
Las declaraciones de amor: je t'aime.
"Como la Declaración de Independencia", dice Hillis Miller, "'Je
t'aime' creates the event it names". Bonito análisis hace Hillis Miller
de palabras tan socorridas y sobadas, tan citacionales, de "esa frase
desfasada" que decía Braulio. Se lo recomiendo a los amantes, a los
amaturos, y a los antes amantes. Y, en cuanto a Enrique, su invocación
al ardor guerrero de los ingleses, quién lo duda, tiene una dimensión
inaugural, y retroactiva. Luego vuelvo a la retroacción.
J. L. Austin, el de Cómo hacer cosas con palabras,
escribió un artículo sobre el fingimiento, "Pretending", refutando a
Errol Bedford que parecía negar la posibilidad del fingimiento uniendo
demasiado rígidamente, más rígidamente todavía que Enrique, la expresión
de la ira con la experiencia de la ira. (¿Craso Error?). Vamos, que
decía Errol que no estábamos enfadados a menos que los externalizásemos o
demostráramos (muy British, esto). Austin introdujo la distinción entre
actos de habla constativos (que constatan un estado de cosas) y actos
de habla realizativos o performativos (que constituyen o crean tal
estado de cosas). Y se vio con frecuencia asaltado por los problemas de
trazar una línea entre ellos. Para Hillis Miller, esto es porque no hay
acto de habla que no tenga una dimensión realizativa. En el caso que nos
ocupa, y con respecto a la expresión de las pasiones, de las cuales
somos sujeto activo y pasivo, sujetos a ellas:
"El
problema de la pasión, sin embargo" - nos dice Miller - "no es sólo la
distinción, con frecuencia indecidible, entre actividad y pasividad, sino
también el problema de la oposición dentro/fuera, o, por ponerlo en
términos de la distinción entre enunciados constativos y realizativos,
el problema de si la expresión externa de la pasión, por medio de
palabras u otros signos, simplemente informa, de modo constativo, una
emoción que ya existe internamente, o si la expresión externa crea,
realizativamente, la pasión interna. ¿Siento primero amor y luego digo
'I love you', o el decir 'I love you' produce el estado apasionado de
estar enamorado?" (159, traducción mía, donde la hay).
Wittgenstein
también se preocupaba, en su Libro Marrón, sobre la posibilidad de
expresar estados de ánimo y la medida en en que la expresión del estado
de ánimo puede ser (in)distinguible del estado de ánimo. Dice
Wittgenstein que "si frunzo el ceño con rabia" - (portage of the head) -
"siento la tensión muscular del ceño fruncido en la frente, y si lloro
las sensaciones alrededor de mis ojos son obviamente parte, y una parte
importante, de lo que siento. Esto es, creo, lo que quería decir William
James cuando decía que un hombre no llora porque está triste, sino que
está triste porque llora."
Vaya, William James . . . un tipo pragmático; otro que pensaba que lo nuestro es puro teatro. Sigue Wittgenstein,
"The
reason why this point is often not understood, is that we think of the
utterance of an emotion as though it were some artificial device to let
others know that we have it. Now there is no sharp line between such
'artificial devices' and what one might call the natural expression of
emotions" (Cit. en Hillis Miller, 164).
Como
Enrique V, como William James, y como Derrida, Wittgenstein se pasma al
descubrir que somos semas y habitamos un universo semiótico. Todo
teatro. Il n'y a pas de hors-d'oeuvre. The Show Must Go On. Husserl
también nos había dicho, en cierto modo, que no hay bambalinas para el
ego, o más bien, que cuando las visitamos nos llevamos todo el tablado
con nosotros, no podemos abandonar a nuestro personaje. (Genial la
escena de las bambalinas en la película de Laurence Olivier, mostrando a
Enrique, rey y actor, entrando teatralmente a su corte / teatro).
Concluye
Hillis Miller, casi como si comentase directamente nuestro texto de
Shakespeare, "¿Está la 'expresión' "[the pressure, que diría
Shakespeare] 2de una emoción, ya sea por medio de palabras, o por medio
de signos como llorar o fruncir el ceño, relacionada con la emoción de
modo cognitivo o realizativo [performatively]?"
A Wittgenstein le faltaban los conceptos de Austin, claro. Pero ya Shakespeare en cierto modo estaba diciendo: "Performatively!"
El
teatro toma la vida, con su elemento teatral, y lo recarga, lo enfatiza
reflexivamente, y lo devuelve a la vida, para que, más teatralizada,
imite al arte y proporcione así una vida estéticamente más compleja para
la imitación artística. La retroacción: la vida así representada por el
teatro a la vez existía y no existía antes de ser representada: la performance
es performativa, y no redundante. Lo representado a la vez lo
reconocemos en la vida y lo constituimos, por primera vez, aumentando la
densidad semiótica de la realidad humana. Enrique hace a sus soldados
(cuya pasta auténtica desconocemos) en el campo de batalla, se hacen con
sus acciones, imitándose a sí mismos, o a su idea de sí mismos.
Todo
teatro, y Miller nos dice que mejor creérnoslo. En última instancia, no
podemos saber si los demás hacen teatro, o si simplemente hacen bien su
papel (o sea, lo hacen a fondo). Ignoramos si se lo creen ellos mismos,
e ignoramos hasta qué punto son importantes sus dudas sobre su papel..
Nuestro papel nos aconseja actuar como si los demás actuasen "like
themselves". Como si la cara fuese la máscara más cara, la máscara que
al moverla nos convence de que estamos en nuestro papel. Larvatus prodeo, que decía Barthes; y señalando esa máscara distraes la atención de la otra. A visor for a visor: de
este teatro surgen, nos dice Shakespeare, la monarquía, la
masculinidad, el patriotismo, el heroísmo, la emoción más salvaje, los
deseos sexuales. Y el teatro, que todo lo presenta y lo representa, lo
alimenta y lo retroalimenta.
Sonetos de amor y otros delirios