Ayer vi la versión de Hamlet adaptada y dirigida por
Lluís Pasqual, con Eduard Fernández como Hamlet y Marisa Paredes como
Gertrudis, y veinte actores en total, todo un montaje... aunque sin
escenografía, en plan escenario vacío, como en el teatro isabelino. Y lo
pasé muy bien, así que no os la perdáis si tenéis ocasión. A
Shakespeare le va bien este tipo de escenario —todos en realidad— y
aún se da uno más cuenta de lo intensamente teatral, metateatral digo,
que es la obra: no sólo el teatro dentro del teatro, con la obra esa de
Agatha Christie que dirige Hamlet, sino también el monólogo sobre Pirro
el de las negras armas, pequeña mise en abyme de la obra, que
aquí tuvieron el acierto de no recortar —o bien la escena donde Ofelia
describe los gestos de Hamlet al visitarla inopinadamente: más teatro
dentro del teatro. Shakespeare no le tiene miedo a la intensificación
del detalle teatral, y siempre le funciona, sólo Polonio se aburre con
el poem unlimited.
Aquí le sacaban partido a la teatralidad de
Hamlet. Eduard Fernández nos daba un Hamlet nada digno y solemne, sino
temblón, afeminado y amanerado, débil e intenso a la vez, "marica" según
su propia descripción (qué dirán de mí, se pregunta), aunque a medida
que avanza la obra va sacando facetas y remontándose hasta el personaje
sin límites. De cada nuevo actor y cada nuevo montaje logrado, sale un
nuevo Hamlet para hamletizar el mundo. También de cada nueva traducción.
Dice Dennis Kennedy que
es práctica común en los Shakespeares no ingleses hacer traducciones
nuevas y numerosas "cada generación, o incluso cada montaje nuevo, de
manera que Hamlet en idioma extranjero puede sonar como una
obra nueva, mientras que en inglés a menudo suena como una colección de
citas obsoletas y autoconscientes". Así, detrás de "ser o no ser", este
Hamlet no decía "he ahí el problema", ni "esa es la cuestión".
Al
tema de la posible homosexualidad de Hamlet no se le sacaba partido,
aparte del afeminamiento que daba el actor al personaje - también con
acierto en lo que se refiere a esta producción, aunque evidentemente la
cuestión daría para explorarla mucho más en otro tipo de montaje. Sarah
Bernhard ya pudo hacer un Hamlet mujer, o sea que cabe en el saco de
Hamlet mucho más de lo que se ha puesto aún.
Y una cosa que me
gustó: aparte de leer en su librito "palabras, palabras, palabras",
Hamlet también anotaba en él alguna frase memorable dicha por los demás
personajes, o por él mismo quizá, con lo que quizá resulte ser él el
autor de la obra, en una ruptura de marco imposible. Decía Harold Bloom
que Hamlet es el único personaje de Shakespeare que podría haber escrito
las obras de Shakespeare. Se confirmaría así la verdad de lo que Hamlet
le lee a Polonio sobre los viejos en su libro, pues esas palabras sí
figuran en la obra. Y al final de la obra, Hamlet saca otra vez su
librito y recita junto con Fortinbras y Horacio lo de la terrible escena
y la carnicería... Este Hamlet, por cierto, con el veneno en el cuerpo,
sigue vivo al final, cuando todos hablan de él como ya muerto, y no cae
hasta que suenan las salvas del honor del ejército noruego,
fusilándolo, mientras dice "the rest is silence": El silencio es un
descanso para los actores, aunque esta vez tuvieron que salir a saludar
cinco veces.
Por cierto, se me ha ocurrido una posible relación entre tres frases de Shakespeare: una en Hamlet,
cuando acepta el duelo con Laertes y la muerte que se teme lo
acompañará: "If it be now ’tis not to come, ; if it be not to come, it
will be now, if it be not now, yet it will come. The readiness is all."
En El Rey Lear encontramos una variante: "Ripeness is all". Y
en una notita posiblemente escrita por Shakespeare cuando ayudaba en la
tienda de su padre (acompañando a un regalo de unos guantes que hacía a
alguien el maestro de Shakespeare): "The gift is small / The will is
all".
The will is all. Will power, indeed. Ya te recordaremos, mientras podamos, ay poor ghost. Como que estamos demasiado hamletizados... there ain’t no cure for the man in black blues.
Notas
(1) "So, as a painted tyrant, Pyrrhus stood, and like a neutral to his will and matter, Did nothing": Pirro el de las negras armas también busca venganza por la muerte de su padre.
(2) Dennis Kennedy, "Shakespeare Worldwide", en The Cambridge Companion to Shakespeare, ed. Margreta de Grazia y Stanley Wells (Cambridge: Cambridge UP, 2001), 256. Traduzco.
(3)
Tanto Hamlet padre como Hamlet hijo piden a quienes quedan en escena
que los recuerden. Shakespeare, al parecer, interpretaba el papel del
primer Hamlet.
... y otro Hamlet
O el mismo. El de Victor Hugo, en su libro sobre William Shakespeare:
¡Hamlet!
No se sabe cómo definir este ser espantoso, este ser completo en lo
incompleto. Lo es todo para no ser nada. Es príncipe y demagogo, sagaz y
extravagante, profundo y frívolo, hombre y neutro. No tiene fe en el
cetro, se burla del trono, tiene por camarada a un estudiante, dialoga
con los transeúntes, argumenta con el primero que llega... Comprende al
pueblo, desprecia al populacho, tiene odio a la fuerza, duda del éxito,
interroga a las tinieblas y tutea al misterio. Comunica a los otros
enfermedades que él no tiene. Su fingida locura inocula verdadera locura
a la mujer que le ama. Se familiariza con los espectros y con los
comediantes. Se chancea empuñando el hacha de Orestes. Diserta sobre
literatura, recita versos, hace una crítica de teatros, juega con huesos
humanos en un cementerio, aterra a su madre, venga a su padre, y
termina el tenebroso drama de la vida y de la muerte con una gigantesca
interrogación. Primero espanta y después desconcierta. Jamás se ha
imaginado nada tan aterrador como el parricida preguntando: ¿Qué sé yo?
Pero
¿es parricida Hamlet? Sí y no. Se limita a amenazar a su madre; pero la
amenaza es tan feroz, que su madre queda aterrada: "¡Tu palabra es un
puñal...! ¿Qué vas a hacer? ¿Tratas de asesinarme? ¡Socorro! ¡Socorro!" Y
cuando muere, Hamlet, sin llorarla, hiere a Claudio con esta
exclamación trágica: "¡Sigue a mi madre!" Hamlet es el siniestro
parricida posible. Si en lugar de ser frío como el Norte, tuviera en las
venas, como Orestes, la ardiente sangre del Mediodía, mataría a su
madre.
Este drama es severo. Hasta lo verdadero inficiona en él la duda, y lo sincero miente. Nada hay tan colosal y tan sutil.
En
este drama el hombre es un mundo y el mundo es un cero. El mismo
Hamlet, que goza de la plenitud de la vida, no está seguro de existir.
En esta tragedia, que también es una filosofía, todo flota y duda, se
aplaza, oscila, se descompone, se dispersa y se disipa. En ella el
pensamiento es nube, la voluntad vapor, la resolución crepúsculo, la
acción se desenvuelve en sentido inverso y la rosa de los vientos
gobierna al hombre. Obra confusa y vertiginosa en la que se discute el
fondo de las cosas y en la que el pensamiento oscila entre el
espectáculo que ofrece el cadáver del rey y el entierro de Yorick, en la
que un fantasma representa a la realeza y la alegría se ve simbolizada
por una calavera.
Hamletlet