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martes, 9 de junio de 2026

Retropost, 2006: Nuevo colega

 

Nuevo colega

Vaya, entre el maremágnum de noticias que nos pasa nuestra universidad se me había pasado esta: en la segunda quincena de mayo tuvo lugar un concurso para una de las plazas de Profesor Titular que tenemos pendientes en el Departamento, y la ganó Jesús M. Sánchez García. Que, como veis por su página en Dialnet, se dedica sobre todo a la lexicología funcional y cognitiva, y viene de la Universidad de Córdoba. Pues welcome y bienvenido sea, en cuanto ocupe la plaza.

Qué poco se entera uno de noticias de este estilo cuando hace poco pasillo o no está en el ajo directivo. A ver cuándo se cambia el tablón de anuncios de corcho, donde supongo que se habrá publicado el resultado del concurso, por uno electrónico, en la página web del departamento. Aunque esto de la web a las instituciones más les alarma que otra cosa: todo demasiado público. Hágase pública la información oficial . . . pero dentro de un orden.

Aunque esta vez el presidente del tribunal, el Dr. Collado, no sólo nos anunció la celebración de las pruebas por la red, sino que con anterioridad había anunciado en la lista de distribución de AEDEAN que la plaza salía a concurso, algo atípico todavía por estos pagos universitarios (y bienvenido sea). Menudo contraste con lo que sucedió en la infausta cátedra a la que me presenté, cuando el Dr. Collado, entonces director del Departamento, dio a la Secretaría instrucciones explícitas de que no se avisase al profesorado del lugar y hora de la celebración de las pruebas, alegando que con el papelito pinchado en el corcho se cubría el expediente legal. Ante lo cual yo por mi cuenta envié un correo al personal para informarles del día y hora, para gran irritación (¿?) del Dr. Collado. Me alegro de que haya mejorado de criterio al respecto.

Por cierto, hoy acabo de colgar por primera vez notas en la web, antes de pincharlas en el corcho incluso -- en mi blog de la asignatura de Comentario de Textos.

Minding the Webbing

 

2 comentarios

JoseAngel -

Pues suerte con ella, jio.

jio -

menos mal que has puesto la guía del comentario de texto in spanish... ya sólo me quedan u par de semanas para mis "opo" ;-) 
 
 
___
 
PS. Mejor no cuento cómo salió el colega with the benefit of hindsight... 

 

 

viernes, 18 de julio de 2025

Retropost, 2005: Muere un compañero

 

Muere un compañero



Ha muerto Rafael Blasco, uno de los profesores de nuestro departamento, a consecuencia de un infarto. Apenas había tenido trato con él, y es difícil creer que ya he tenido todo el que iba a tener. No iré a su entierro, en Teruel (a mil kilómetros de donde estoy). Pero el redoble de campanas sí llega hasta aquí.
La muerte súbita es quizá el auténtico rostro de la muerte, el que preferimos no mirar, o no podemos mirar directamente mucho rato. Rafael, seguramente, no vio a la muerte cerca, como no la vemos nosotros día a día. Vivimos como si no fuésemos a morir nunca, y quizá esa sea nuestra mayor aproximación a la inmortalidad: vivir nuestra vida de siempre, la que hemos elegido, ignorando el momento de la muerte. Esperarla, o mejor dicho, no esperarla, haciendo pajaritas de papel, o viendo Operación Triunfo, como si la cosa no fuese con nosotros. Quienes mueren súbitamente no le han pagado a la muerte, al menos, el peaje de estar pendientes de ella, muriendo en vida un poco. Estuvieron más vivos que nadie hasta que un momento cualquiera se convirtió (para los demás) en su último momento. Para los demás, sí: ellos estaban en su vida, y están ausentes de su muerte, en la que sí estamos nosotros. Hay sin duda mucha sabiduría natural en este desprecio o ignorancia de la muerte. En compensación, los supervivientes no podemos quedarnos impasibles, y estas muertes súbitas nos matan más que otras. Hasta que conseguimos concentrarnos en la vida otra vez.
Los sabios suelen ser aguafiestas, y nos aconsejan, en cambio, "vivir para la muerte" - por ejemplo en este poema de William Drummond. Y también tienen, seguramente, su parte de razón.

Más de una vez la muerte me murmuró al oído,
graba lo que oyes en diamante y oro:
Yo soy ese monarca a quien todos los monarcas temen,
el que ha hecho rodar por el polvo su orgullo desmedido;
todo, todo es mío bajo la esfera de plata de la luna,
y nada, a no ser la virtud, puede retener mi poderío.
Esto, que no creías, te lo dijo experiencia cierta
cuando a tí me acerqué en un reciente peligro.
A modo de espantajo te mostré mi rostro entonces,
para que de mis horrores pudeses hacer buen uso,
tomando una senda de vida más sagrada.
Camina ahora siempre armado para mi golpe cruel,
no te fíes más de la vida que te halaga, redime el tiempo pasado,
y vive cada día como si fuese tu último.

(William Drummond, 1623)

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