Huy, qué tarde llego a la discusión sobre este tema en el blog de Magda... pero bueno, aquí dejaré mi granito de arena (o de cal, oye, una de cal y otra de arena). Yo creo que la interpretación no tiene otros límites que los que pone el acuerdo entre la comunidad de intérpretes. "No todo vale" para Eco, pero lo que no vale para Eco valdrá para otros... quizá menos autorizados, ojo, que no digo que todo valga para mí, yo también estoy ubicado en esas comunidades de sentido... Pues bien, en muchas de esas comunidades, no se disocia autor y obra tanto como aquí sino que la obra se entiende como un discurso que, para su comprensión en muchas dimensiones, necesita interpretarse en relacion a quien la ha escrito. Si no quedaría desubicado, flotante en la historia, podríamos tacharle el nombre del autor, y no lo hacemos, en absoluto. ¿Qué sería de Mrs Dalloway sin Virginia Woolf? Y hasta las interpretaciones más peregrinas encuentran una pequeña comunidad para obtener allí su parte de verdad. Claro que igual no es nuestra verdad.
Verdades hay muchas, pero no todas son verdad para nosotros. De hecho, las verdades más firmes son también, unos kilómetros o metros más allá, las falsedades más evidentes. Sentar una verdad en un determinado ámbito de discusión (una verdad como creencia compartida por los interlocutores) no es nada fácil. Esa verdad marca muchas veces los límites de la interpretación (por un proceso de reducción a común denominador). Más allá de esta definición interactiva de la verdad, no tiene mucho sentido intentar establecer los límites de la interpretación fuera de una situación interlocutiva determinada.
(Sobre esto habló Fish, con sus "comunidades interpretativas", y también lo trataron de modo más fascinante, William James y George Herbert Mead, en sus teorías sobre la verdad).
Otro problema interesante, y sólo parcialmente distinto de éste, es el de establecer los límites de la interpretación en una interlocución con uno mismo. Que es mi caso.
Pragmática, interaccionismo, y análisis crítico del discurso
Respondemos al
artículo de Umberto Eco "Hay cosas que no se pueden decir: En torno al
Realismo Negativo". Criticamos la postura positivista lógica de Eco
desde una perspectiva pragmática, interaccionista y dialógica, ligando
la efectividad en la argumentación y la definición de la verdad a una
multiplicidad de posibles contextos comunicativos.
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Keywords: Argumentation, Truth, Logic, Realism, Dialogism
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También aquí:
_____. "Sobre lo que no se puede decir." In García Landa, Vanity Fea 17 July 2012.*
http://vanityfea.blogspot.com.es/2012/07/sobre-lo-que-no-se-puede-decir.html
2012
_____. "Sobre lo que no se puede decir." Ibercampus (Vanity Fea) 19 July 2012.*
http://www.ibercampus.es/articulos.asp?idarticulo=14571
2013
_____. "Sobre lo que no se puede decir (On What Cannot Be Said)." SSRN 26 March 2015.*
http://papers.ssrn.com/abstract=2584611
2015
Epistemology eJournal 26 March 2015.*
http://www.ssrn.com/link/Epistemology.html
2015
Philosophy of Language eJournal 26 March 2015.*
http://www.ssrn.com/link/Philosophy-Language.html
2015
Rhetorical Theory eJournal 26 March 2015.*
http://www.ssrn.com/link/Rhetorical-Theory.html
2015
Rhetoric and Public Discourse eJournal 26 March 2015.*
http://www.ssrn.com/link/Rhetoric-Public-Discourse.html
2015
_____. "Sobre lo que no se puede decir." In García Landa, Vanity Fea 3 May 2015.*
http://vanityfea.blogspot.com.es/2015/05/sobre-lo-que-no-se-puede-decir.html
2015
_____. "Sobre lo que no se puede decir." Academia 6 Nov. 2017.* http://www.academia.edu/35064269/sobreloqueno.pdf
2017
_____. "Sobre lo que no se puede decir." ResearchGate 7 Nov. 2017.*
https://www.researchgate.net/publication/320908513
2017
_____. "Sobre lo que no se puede decir." Net Sight de José Angel García Landa 4 Jan. 2023.*
https://personal.unizar.es/garciala/publicaciones/sobreloqueno.pdf
2023
https://personal.unizar.es/garciala/publicaciones/sobreloqueno2.pdf
2025
_____. "Sobre lo que no se puede decir." In García Landa, Vanity Fea
26 July 2025.*
https://blogdenotasvanityfea.blogspot.com/2025/07/sobre-lo-que-no-se-puede-decir.html
2025
https://x.com/JoseAngelGLanda/status/1949163019851989282
2025
Sobre lo que no se puede decir
Unas apostillas al artículo de Umberto Eco "Hay cosas que no se
pueden decir: En torno al realismo negativo", aparecido en junio en la Revista de Occidente.
Esperaba yo un tratado largo sobre la censura, o sobre las verdades
aceptadas, o sobre temas
políticamente incorrectos. Pero se centra en
una cuestión muy concreta (y se queda corto por tanto)—lo que no se debe decir
por ser obviamente falso o arbitrario. Que se puede decir, sin embargo,
lo prueba el chiste del vasco, ese que meaba en la vía pública, y le
dice su amigo: "Oye, que aquí no se puede mear"—"¿Que no se puede?
¡Mira qué chorro!"
Eco viene a decir que la realidad nos desmiente algunas afirmaciones,
contra el postmodernismo etéreo y arbitrario que vendría a decir que
todo vale, y que todas las interpretaciones son correctas —y que no sé
si en realidad lo habrá dicho algún postmodernista aparte
de Stanley
Fish quizá en sus buenos tiempos, o de mí mismo en mis peores
tiempos
según voy a proceder a argumentar. Porque no se me ocurre nada que no
se pueda decir en un contexto u otro.
Hay un sentido en que los hechos que interpretamos nos ponen límites,
dice Eco; y por eso
Y así aparece por ejemplo la muerte como la fundamental experiencia de
un límite o de esa negatividad del mundo que desautoriza la libre
interpretación. Pero es curioso que no se acuerde Eco del cristianismo
y su negación de la muerte, o de la creencia casi unánime en la
humanidad de que "la Muerte no es el final". No digo que sea esa una
creencia con fundamento—sólo que nos recuerda que hay muchos contextos
de creencias e interpretación en los que los límites más obvios pueden
sujetarse a reinterpretación, o negarse, para irritación de los
críticos y para regocijo de los fieles que participan de un sentido
comunitario de negación de ese límite.
Lo que se echa en falta en el ensayo de Eco es la razón por la que se
dice (eppur si dice)
lo que no se puede decir. Pura maldad o capricho, parecería, a falta de
otra razón. O pura ignorancia, claro—es de suponer que visto el
planteamiento de Eco, según el cual decir lo que no se puede decir es
llevarle la contraria a la Realidad, o a la Naturaleza, un elemento de
ignorancia no hay que descontarlo, y ahí lo tendremos presente. Pero
rara vez la ignorancia está en estado puro, cada locura tiene su grano
salis, y cada creencia absurda o práctica estúpida tiene su razón de
ser, con frecuencia socialmente aceptada. Y a eso es a lo que vamos:
que en el ensayo de Eco se echa en falta un interlocutor —ya lo pongo
yo— aparte de la Realidad, o la Fuerza de las Cosas, o la Ley de la
Gravedad. Cuando lo que se dice choca con algo por lo que no se puede
decir, a veces choca con la Ley de la Gravedad, pero otras veces choca
con otra enunciación, o con el obstáculo que pone otra persona, o las
creencias sociales, o topa con la Iglesia. A veces el zócalo duro del
ser contra
el que topa la interpretación es la existencia de una interpretación
contraria—y más poderosa a efectos prácticos. Son obstáculos a veces
más densos que
la piedra ésa que pateaba Samuel Johnson para refutar al postmoderno e
inmaterialista Berkeley.
Y si la falta de interlocutor se echa de ver en Eco a la hora de
centrar qué es lo que no se puede decir, la presencia del interlocutor
explica muchas veces por qué se puede decir lo que no se puede decir.
Por qué se puede decir en ese contexto comunicativo concreto, o por qué
se puede decir—¡incluso se tiene que decir!— a ese interlocutor en
concreto. Pero es que también falta el contexto concreto, en el ensayo
de Eco. Parece que esté hablando en un vacío (ecchoing void), y que
sólo se encuentra con la interlocución de su propio pensamiento, que
(en forma de Realidad) se dice a sí mismo que tal o cual cosa es
absurda y no se puede decir, al toparse con ese zócalo duro del Ser.
Podríamos decir (si se puede) que Eco cae
en la falacia del contexto único
—algunas de sus variantes las analizaba Roger Sell a cuenta de
otros
teorizadores estructuralistas y postestructuralistas. El contexto único
y final que sería el Tribunal de Cuentas de todas las enunciaciones, o
la Ciencia de Última Apelación...
Pero la mayoría de los dichos y hechos ni se dicen en ese contexto de
magno examen, ni llegan allí jamás ni se elevan a esos
tribunales por procedimiento contencioso administrativo. Sencillamente
suceden en otros contextos y se dicen en otros contextos, y por eso se
dicen aunque en sentido estricto no se puedan decir, y surten efecto en
ese contexto y
cumplen sus funciones sociales o espirituales o religiosas o ufológicas
o lo que sea. Un acercamiento más dialógico, más interaccional y más
científico a la
cuestión de qué es lo que se puede decir y lo que no habría de tener en
cuenta estos variados contextos, que vienen a ser lo que llamábamos la
Realidad de los otros, y de sus creencias y enunciaciones, y no
meramente la Realidad objetiva y dura con la que parece vérselas a
solas Eco en su ensayo.
Y aquí lo dejamos, por no seguir debatiendo a solas, o con Eco ausente.
Leo la última colección de ensayos Sobre Literatura de Umberto Eco (2002); "Las brumas del Valois" es un ensayo narratológico sobre Sylvie de Gérard de Nerval: las brumas narrativas son las que hacen que se condensen los tiempos vagamente recordados o asociados, y son esas brumas las que experimentamos en Sylvie. Je me souvenais... Eso me hacía recordar a Sylvie, hasta en un día de sol implacable como hoy; recordaba que aquellos años yo también leía a Nerval, y que por entonces ya se me confundían las dos Sylvies. Sin la distancia de las brumas, claro. Volvía especialmente a un paseo con Sylvie río arriba, mirando desde lo alto de la colina donde gira el río un valle que parecía de repente extrañamente vacío, aparte de los dos. Era marzo, y habíamos cruzado el río descalzos (otras veces nos habíamos bañado, o nos bañaríamos); se veía abajo la hoz del río, y al otro lado un valle casi irreconocible y silencioso, sin nadie, sin caminos, todo brezos y matorrales sin hojas, y más a los lejos la cascada y los Pirineos. Muchos años después, sentados los dos, una tarde de tormenta, en la terraza de casa, recordábamos, o recordaba yo, aquel día, y los capítulos que le seguían... Aunque de hecho, ya entonces, si recordaba una escena de las que me venían espontáneamente a la memoria, el presente del recuerdo desvaía la secuencia de las otras escenas, y quedaba una imagen suspendida en el tiempo, una especie de presente flotando en un trasfondo de pasado. Lo mismo pasaba en la novela de Nerval, ya por entonces me resultaba difícil recordar qué sucedía exactamente en el argumento, aparte de las escenas sueltas (la escena de los disfraces sobre todo, y el paseo por el campo). Hoy me acordaba de estos dos momentos, no sé si en realidad tenían mayor relación entre sí, aparte de la del recuerdo, s’il vit—si elle vit—y el sonido de su nombre. Había una tormenta de verano espectacular, que mirábamos desde la terraza, y todo parecía ya una mémoire d’outre-tombe: "J’avais l’impression d’être un revenant", que je lui disais. Hablábamos de otras historias, de otros amores y desamores, cada cual llevábamos la procesión por dentro, después de les quatre cents coups, o dos procesiones quizá, dos por dos cuatro. Según Eco, "los catorce capítulos en que se organizaba la trama podían dividirse en dos mitades, la una sobre todo nocturna y la otra prevalentemente diurna. La secuencia nocturna se refería a un mundo anhelado en el recuerdo y en el sueño: todo se vivía de manera eufórica, en el encanto de la naturaleza, el espacio se recorria lentamente, se describía con amplitud de detalles gozosos. En la secuencia diurna, en cambio, Jerard encontraba un Valois que era puro artificio, hecho de falsas ruinas, donde los mismos recorridos del viaje anterior se revivían en un estado de disforia, sin detenerse en los detalles del paisaje y enfocando sólo epifanías de la contrariedad". Quizá en toda trama vital estén esos catorce capítulos, y quizá por eso era Sylvie tan memorable: tanto más cuando a las brumas del Valois se añaden las nuestras propias—porque ya hace total nada, veinte años, que leía yo a Nerval, y ahora ni el libro me queda, perdido en una de las mudanças con que nos obsequiaba la vida. Ni siquiera recuerdo bien de qué iba— de los amores del alter ego de Nerval con Sylvie, con Adrienne y con Aurélie, de cómo nos volvemos irreconocibles, de cómo unos recuerdos llevan a otros, de cómo volviendo al pasado se mezclaban lo real y lo imaginado, y también en la persona que teníamos delante. Con el tiempo queda sólo la música del libro, o el eco de una música olvidada, la del pretérito imperfecto sobre todo. Leía Les Filles du feu e intuía quizá lo que sería o ya era, "que cierto empleo del imperfecto de indicativo, de ese tiempo cruel que nos presentaba la vida como algo efímero y pasivo a la vez, que en el mismo momento en que narraba nuestras acciones les imprimía ilusión, las aniquilaba en el pasado sin dejarnos, como el perfecto, el consuelo de la actividad era ya para mí una fuente inagotable de misteriosas tristezas". Lo decía Proust de Flaubert, Eco de Nerval; se puede decir de Sylvie en concreto, o del pretérito en general, el imperfecto pretérito. Yo también reescribía aquí algunos imperfectos. Les chemins du passé qui ne mènent, qui ne menaient, nulle part. Dice Eco que en Sylvie los relojes no funcionan. Pero hasta un reloj que no funciona marca la hora exacta cada noche y cada día: la de hoy, o la de ayer, tanto da.
Yira, yira (6): pic.twitter.com/1M9u9uCBLE — JoséAngelGarcíaLanda (@JoseAngelGLanda) August 28, 2026