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martes, 18 de agosto de 2026

Retropost, 2006: Crítica acrítica, crítica crítica

 

Crítica acrítica, crítica crítica

He terminado de traducir mi artículo sobre la relectura y la repetición. Ya sé que me repito, pero al releerlo me han dado ganas de separar en un articulillo aparte, y desarrollarla, mi distinción entre la crítica propiamente crítica y la crítica acrítica, que es uno de los temas que allí trato, en estos términos (autocito mi autotraducción):

La narración es, entre otras cosas, un drama de identidades, en el cual el autor y el lector interactúan de manera compleja, a través de una interacción simbolizada entre diversos sujetos textuales: autores y lectores implícitos, narradores y narratarios, personajes. El lector es invitado, a veces mediante una compleja retórica de alocución a narratarios ficticios, a adoptar un identidad propuesta por la narración--a comportarse como el lector implícito. La posición del lector implícito es, pues, el lugar provisional para la instalación del lector en el intercambio discursivo--en tanto que lector, no en tanto que interlocutor plenamente autorizado. Desde el momento en que el lector se convierte en alguien más, en escritor, en crítico, etc., se plantea la elección entre dos alternativas: o bien seguir siendo un lector ideal que simpatiza con el texto, o bien delimitar una actitud fuera de los cálculos del texto, volviéndose un lector resistente (10). La lectura resistente conlleva delimitar la posición ideológica del lector frente al texto. La lectura resistente encuentra su espacio de expresión más propio en la escritura crítica: en realidad deberíamos hablar de crítica resistente o de escritura resistente. La lectura de por sí estimula la participación, la aceptación temporal de los presupuestos del texto (excepto en el caso de textos provocativos u ofensivos). Sólo la escritura tras la relectura invita a las modalidades más sutiles de análisis ideológico y respuesta crítica considerada.

Podemos ahora reexaminar desde esta perspectiva el concepto de configuración narrativa desarrollado por teorizadores como Mink y Ricoeur. Ambos insistieron en que la narración tiene una dimensión retrospectiva o aun retroactiva, haciendo resaltar un esquema interpretativo en los acontecimientos de la historia o de la experiencia personal. Así lo expresa Polkinghorne:

"La actividad del argumento consiste en extraer una estructura a partir de una sucesión, y supone un tipo de razonamiento que va y viene desde los acontecimientos hasta el argumento hasta que se da forma a un argumento que a la vez respeta los acontecimientos y los comprende en un todo. Hasta la 'más humilde' de las narraciones es siempre más que una serie cronológica de acontecimientos: es la recopilación de los acontecimientos para formar una historia con sentido". (Polkinghorne 1988: 131, trad. mía)

La perspectiva hermenéutica, que considera a la narración un modo particular de conocimiento, ha resultado en una revalorización del concepto de argumento. Para Paul Ricoeur, "el argumento puede aislarse de los juicios acerca de la referencia y contenido de una historia, y puede verse en lugar de eso como el sentido de una narración" (Polkinghorne 1988: 131). Naturalmente, el argumento de una narración es "el sentido" propuesto por la propia narración. El ojo de un lector resistente, de un crítico crítico o "disonante" con el texto, puede detectar la violencia que se ha usado con los acontecimientos para configurar el argumento. Este es el tipo de razonamiento que emplean aquellas tendencias de la hermenéutica narrativa que denuncian la "distorsión retrospectiva" (hindsight bias) y las ilusiones perspectivísticas que se imponen mediante la forma narrativa, como por ejemplo la ilusión de fatalidad o la imposición artificial de esquemas interpretativos trágicos o cómicos sobre la experiencia (Bernstein 1994; Morson 1994).

La narración tiene una fuerza configuracional retrospectiva que puede llegar a ser incluso una especie de retroacción, ya que los acontecimientos pasados son "generados" en tanto que tales por las perspectivas actuales, y reciben la clase de identidad ideal que describía Hume. Lo que deberíamos enfatizar aquí es que la observación o valoración de una narración supone un nuevo tipo de reconfiguración, especialmente cuando la narración es recontextualizada críticamente. (11). Se genera un nuevo argumento, uno que incluye al observador o lector. Una de las principales tareas de la crítica (incluso de la crítica hermenéutica "consonante" con la ideología del texto) es hacer explícito lo que estaba implícito. Pero esto implica también transformar, interpretar, desplazar el énfasis, apropiarse del sentido, dar una nueva configuración a acontecimientos y relaciones.


(Notas)

(10) El término es de Judith Fetterley (1978). Cf. las "lecturas sintomáticas" de Abbott (2002: 97ss.), y mi artículo (2004) sobre las transformaciones de las situaciones comunicativas triangulares cuando son interpretadas por un tercero (o por un cuarto).

(11) Cf. Kerby sobre las autonarraciones: "También aparece aquí8 una división o no-coincidencia en el sujeto debido a la naturaleza interpretativa de esta participación. Puede ser, por ejemplo, que uno no acepte la expresión como una representación adecuada de sí mismo, lo cual puede hacer que el ciclo continúe de nuevo. Este ciclo de significaciones nuevas no es, naturalmente, sino el marco dinámico en el cual tiene lugar el desarrollo personal" (1991: 108). Estas nociones de Kerby sobre la situación circular y hermenéutica del yo, interpretándose con sus propias expresiones, están también influidas por Taylor (1985).

 

 

Repito aquí los términos del binomio de actitudes críticas que opongo una a otra:

Crítica acrítica - Crítica crítica (términos míos)

(Lectura aquiescente) - Lectura resistente (Judith Fetterley)

Hermenéutica de la recuperación del sentido - Hermenéutica de la sospecha (Paul Ricoeur)

Lectura intencionalista - Lectura sintomática (H. Porter Abbott)

Friendly criticism - Unfriendly criticism (términos míos)

Crítica simpática - Crítica antipática (podría ser la traducción de los anteriores)

Crítica (ideológicamente) consonante - Crítica (ideológicamente) disonante

Crítica constructiva - Crítica desconstructiva (o hasta destructiva)

Con lo cual no quiero decir que sea propio de una mentalidad poco constructiva el dedicarse a la desconstrucción. Los términos podrían multiplicarse, como se ve. Una de las formulaciones más influyentes de este binomio la daba Ricoeur en su De l'interprétation: Essai sur Freud. Allí la actitud hermenéutica tradicional, en la que el intérprete se acerca humildemente a un texto considerándolo como un foco de autoridad y sabiduría del cual hay que aprender, cuyo sentido ha de recuperarse por bien del propio intérprete, se contrapone a las "hermenéuticas de la sospecha (marxismo, estructuralismo, psicoanálisis--tembién desconstrucción, feminismo, postestructuralismos diversos, etc.). Estas hermenéuticas de la sospecha son, además de suspicaces, un tanto orgullosas o engreídas, puesto que consideran al texto como ciego sobre sí mismo, y se erigen en tanto que intérpretes en depositarias de la verdad y la iluminación que ha de desentrañar los errores y cegueras del texto sobre el mundo y sobre sí mismo.

Los beneficios que reporta la humildad (crítica simpática) frente a la soberbia hermenéutica (crítica antipática) son mayores, parece sugerir Ricoeur. Pero a mí me toca romper una lanza en favor de la soberbia del lector escéptico, en favor de la crítica antipática, que es (como el término sugiere) la más propiamente crítica. Primero entender, luego criticar. Tras la hermenéutica, la crítica; no en vano la hermenéutica se asocia a la reverencia debida por la tradición a los textos sagrados, y la crítica se asocia más bien a la indagación filosófica sobre el mito, al humanismo que contesta las verdades reveladas, o recibidas de la autoridad de la Iglesia, y al escepticismo hacia los sistemas explicativos que pretenden dar una versión demasiado acabada o demasiado bonita y totalizante de la realidad. Un texto propone su sistema, su interpretación de la realidad (reducida a sistema); y es labor del crítico buscar los límites de ese sistema o las falsificaciones que ha habido que imponer a la realidad para reducirla a sistema, o a texto. Como diría H. Porter Abbott, en esta modalidad interpretativa dejamos de considerar el razonamiento o argumento del texto como tal razonamiento o argumento (tan cuidadosamente estructurado) y pasamos a considerarlo como un síntoma que espera nuestro diagnóstico; y la supuesta verdad revelada por el texto ya no es sino un síndrome intelectual, un delirio de la razón, una ideología por diseccionar.

La crítica contestataria, antipática y disonante tiene su lado de soberbia, insistiendo en la visión que tiene el crítico e intentando anteponerla al texto comentado ("Os comento a Shakespeare, que es quien os interesa; pero no le hagáis caso a él, hacedme caso a mí, él no se conoce, yo lo conozco, ergo es mi texto el que os interesa, ¡leedme a mí, no leáis a Shakespeare!"). Pero la otra versión de la crítica también tiene su soberbia, más insidiosa por humilde. A su manera viene a decirnos: no hace falta indagar más en la verdad. La verdad ya la conocemos, nos ha sido revelada, o nos la transmite esta Escritura (la Biblia, Shakespeare, Derrida, etc.). Podemos añadirle glosas aclarativas, pero no, por supuesto, un comentario que contradiga sus presupuestos básicos. Eso es destrucción de la Escritura. No necesitamos críticos de la Escritura, ya tenemos la Escritura. Y nosotros estamos de su lado. Cerrad la boca, críticos, vuestras verdades no son necesarias, la Verdad ya está dicha, no hemos de hacer sino aprenderla, entenderla y aceptarla.-- ¿No es eso siniestro, por muy humilde y respetuoso con el texto que sea?

Por suerte, esta diferencia entre la crítica crítica y la crítica acrítica es, como todas las polaridades absolutas, ideal más que real. No es que no se manifieste a veces en estado muy puro: las reseñas de encargo por un lado, y las reseñas destructivas, por otro, se acercan bastante a la pureza. También suelen ser las modalidades de la crítica menos interesantes de por sí (si bien la destructiva, especialmente, puede tener sus amenidades y ser muy divertida). El terreno más propio para la crítica reflexiva y considerada se hallará más bien en el terreno intermedio en el que la crítica, sin dejar de ser crítica, también sintoniza con las preocupaciones o argumentación del texto, en lugar de simplemente rechazarlo por irrelevante. Una crítica meramente negativa no aporta mucho al conocimiento, simplemente suprime el texto del autor y propone en su lugar otras preocupaciones, otra ideología, otra visión del mundo. Una crítica parcialmente sintónica, en cambio, puede suponer una síntesis entre la postura del crítico y la del texto. Una síntesis que es efectuada por el crítico, claro, en cuyo caso el crítico ocupa tanto la posición de antítesis como la de síntesis (y se ha llevado a sí mismo a superar su postura inicial o a ahondar en ella). La síntesis entre ambas posturas, la del texto y la del crítico, la puede efectuar si no el lector, pero es entonces al lectora a quien se remite la función del crítico. La crítica más constructiva, aunque sea desconstructiva, tiene que hacer parte sustancial de ese trabajo de síntesis, si ha de ahondar en el pensamiento propuesto por el texto, y no meramente suprimirlo o declararlo improcedente.

Y en todo caso, lo que merece un crítico crítico es un poco de su propia medicina. Que le desconstruyan su texto; que le den una recepción antipática, que contesten sus presupuestos y sus conclusiones. ¿O esperaba el crítico crítico hallar interlocutores mansos y aquiescentes? Una vez roto el consenso en torno a la Escritura, no hay esperanzas de recomponerlo. Aunque constantemente se propongan nuevas Escrituras--"Silence once broken", decía Beckett en El Innombrable, "will never again be whole".

Disintiendo de los disidentes

 

1 comentario

giomar -

bueno me parece interesante ya que hay paradojas de distintos autores pero bueno resulta interesante

 

domingo, 4 de mayo de 2025

El interlocutor interiorizado

Presentamos una perspectiva pragmalingüística sobre la actuación discursiva inspirada en la sociología dramatística de Erving Goffman. En su actuación discursiva el hablante intenta justificar su postura con respecto a la afiliación con grupos e identidades sociales determinadas. Al posicionarse, perfila su identidad y modela su personalidad social, presentándose como imbuido de ciertos valores representativos de procesos discursivos y sociales más amplios. Y haciendo esto proyecta tanto una imagen de sí mismo como una imagen implícita de sus interlocutores y de las actitudes de estos frente al hablante y a su discurso.

Texto completo:

El interlocutor interiorizado 

https://ssrn.com/abstract=3512150


Ibercampus (Dec. 28, 2019)

14 Pages Posted: 24 Jan 2020

José Angel García Landa

Universidad de Zaragoza

Date Written: 2009


English Abstract:

The Internalized Interlocutor

This is a paper in pragmalinguistics and discursive performance inspired by Erving Goffman's dramatistic sociology. In discursive action, speakers try to justify their positions with reference to an affiliation with specific groups and social identities. In thus positioning themselves they fashion their identity and model their social self, presenting it as imbued with certain values representative of wider discursive and social processes. In so doing, speakers project an image of themselves as well as an implicit image of their interlocutors and of their attitudes regarding the speakers and their discourse.

Note: Downloadable document is in Spanish.

Keywords: Pragmalinguistics, Goffman, Discourse analysis, Dramatism, Self, Subject positions, Ideology

Garcia Landa, Jose Angel, El interlocutor interiorizado (The Internalized Interlocutor) (2009). Ibercampus (Dec. 28, 2019), Available at SSRN: https://ssrn.com/abstract=3512150

 

 


 

 

martes, 29 de diciembre de 2009

El interlocutor interiorizado


Me he estado leyendo últimamente el libro de Antonio García Gómez Habla conflictiva como acción social, que analiza los diferentes posicionamientos de los hablantes a la hora de enfrentarse a otros en una confrontación verbal—algo que hacen asumiendo diversos tipos de yo, o de "self" como dice él no sé por qué.

García Gómez no presenta el yo del hablante como algo monolítico, sino más bien como algo mediado por una retórica y una pragmática interpersonal—el yo que se presenta y se manifiesta es el resultado de diversas estrategias posibles de posicionamiento, presentándose ya sea como un yo individualizado o como el representante de un grupo social, o de valores socialmente sancionados. Buena parte de la discusión va dirigida a negociar el posicionamiento social de los hablantes, su aceptación simbólica en un grupo socialmente prestigioso, o el rechazo de esta pretensión. O bien, al contrario, el hablante puede representarse a sí mismo delimitando una autonomía personal frente a un grupo.

"En lo que respecta a la construcción y negociación de las versiones del mundo a través del discurso, hemos confirmado que el self es un proyecto reflexivo, social y discursivo (Giddens, 1991; Lorenzo-Dus, 2000). En un episodio de habla conflictiva, los hablantes se valen de un complejo entramado de estrategias de cortesá verbal para categorizarse, compararse socialmente con el adversario e invocar para sí una identidad social concreta. Dicho de otro modo, los hablantes negocian las realidades opuestas que defienden en función de activar un posicionamiento determinado. Además, la activación de un posicionamiento u otro no es sino una construcción discursiva." (132)

Establece García Gómez un paralelismo entre los posiconamientos que adoptan los hablantes según su poder discursivo y los dos ejes fundamentales de la teoría de la cortesía verbal: estrategias de inclusión o búsqueda de solidaridad, y estrategias de exclusión o búsqueda de autonomía. Así, los hablantes con poder o con apoyo social se presentarán (en una confrontación o debate) como portavoces sociales autorizados, como un yo normativo que negocia el acercamiento del interlocutor al grupo prestigioso, o bien como un yo disciplinario que castiga al interlocutor y destruye su autoimagen. Los hablantes con menos asideros sociales se presentarán como un yo redimido, o como un altruista. Una estrategia posible es disociarse de su yo pasado e intentar acceder al grupo social representado por el interlocutor. En todo caso, la actuación discursiva discrepante negocia y redefine la naturaleza de los hablantes y la versión de la realidad que ofrece su discurso:


"la intención del hablante de introducir una versión diferente de la realidad que el adversario sostiene tiene como finalidad presentar unos valores distintos que provoquen un nuevo proceso de comparación social que favorezca, a su vez, la recategorización social del hablante, con el consiguiente cambio en su identidad social. Este hecho, finalmente, le asegura la movilidad social a una categoría socialmente aceptable". (133)

Si la actuación o posicionamiento de los hablantes socialmente reprobables es indefendible, y el interlocutor no ofrece un punto de encuentro, se presentarán los primeros como víctimas de la sociedad, o bien como seres antisociales, agresivos con el interlocutor.

El análisis llevado a cabo en este libro parece un tanto mecánico a veces, a modo de tesis doctoral—supeditado al método elegido y condicionado sobre todo por las características muy particulares del tipo de interacción conflictiva que analiza—un programa tipo telebasura británico (Kilroy) en el que los hablantes debaten y se posicionan claramente frente a un problema social o de comportamiento que afecta directamente a algunos de ellos.

Es interesante ver cómo los hablantes intentan justificar su postura con respecto a la afiliación con grupos e identidades sociales determinadas: en el debate, cada hablante, al posicionarse, perfila su identidad y se modela a sí mismo, o lo intenta, presentándose como imbuido de ciertos valores sociales o ciertas características que le trascienden, y que son representativas de procesos discursivos y sociales más amplios. O bien pretende dramatizar su desvinculación de un grupo indeseable y su nueva vinculación al grupo favorecido por los hablantes fuertemente posicionados (y por el público). Pero en general en los diálogos transcritos se aprecia (quizá dadas las características del programa, que prima la confrontación) poco interés por comprender la posición del otro, y una clara voluntad de arroparse en su propio papel y expresarlo coherentemente hasta sus últimas consecuencias. Mientras que otros actores pugnan por arrancar al hablante la máscara que elige ponerse y que cree que le favorece. Un actor social, nos dice Goffman, tiene como objetivo prioritario mantener la definición de la situación promovida por su actuación—y esto supone la sobrecomunicación de algunos aspectos de la situación, y la infracomunicación o supresión de otros aspectos (141). Todos somos tendenciosos, y grandes partidarios de nosotros mismos.

En otros tipos de conversación menos confrontacionales se aprecia menos claramente que en los debates de Kilroy, pero aun allí me ha llamado la atención muchas veces cómo cada interlocutor va a lo suyo, cada loco con su tema, y va desarrollando su propia línea de pensamiento, o la que quiere imprimir al encuentro conversacional, sin atender mucho a los intereses de los demás. A veces es casi delirante, y el discurso de cada cual parece más expresivo que comunicativo—el desarrollo de un identity theme, que diría Norman Holland. La conversación corre el riesgo de convertirse en un par de monólogos superpuestos o alternantes, con cada uno de los discursos ofreciendo una imagen favorable de quien lo promueve pero a veces sin mucho punto de encuentro.

Leyendo el libro de Erving Goffman The Presentation of Self in Everyday Life también se encuentran observaciones útiles para el análisis de la conversación. La tesis central de Goffman es que cada interactor social no sólo desempeña un rol social determinado mediante la actuación o la palaba, sino que además lo proyecta y lo representa activamente, dando señales sobradas de quién cree que es, de quiénes cree que son los demás interlocutores, y de cómo espera cada cual que se interprete la situación presente en que se hallan; para engrasar la vida social, conviene que haya pocos equívocos sobre el tipo de intercambio social que se está realizando—un encuentro profesional, una pausa en el trabajo, o lo que sea en cada caso. Así, la situación o encuentro social no sólo tiene lugar efectivamente, sino que se resignifica, se negocia o se modula desde el punto de vista de cada uno de los interlocutores.

En otros artículos hablé de cómo Goffman define a los sujetos actores, de cómo estudia su organización por grupos y equipos—no es bueno ni frecuente que el actor esté solo—y de cómo se distribuye el espacio social dividiéndolo en frente o escena y trasera o bambalinas, para presentar estas actuaciones al público. Normalmente un encuentro social se presenta como un equipo de actores (con acceso a bambalinas) actuando para otro equipo, el público, sin acceso éste a las traseras del teatro. Luego hay que añadir a los que no son actores ni público, y que normalmente ni están ahí, aunque a veces irrumpen e interrumpen la función.

Bien, pues en el capítulo cuarto, "Roles discrepantes", trata Goffman de diversos tipos de posicionamiento social intermedios o complejos, que hacen más complicada la división simple entre actores y público al ser por definición roles múltiples, superpuestos o ambiguos.

Una cuestión crucial en la representación social es que hay secretos. Los actores conocen secretos que el público no debe conocer—los secretos de las bambalinas, ligados al espacio no accesible para el público. Por tanto, una cuestión primordial en la actuación social es la dosificación de la información y la gestión de los secretos. Una importante función de los "roles discrepantes" es acceder a los secretos, o gestionarlos, complicando una división ingenua y simple entre actores y público. Los roles discrepantes más espectaculares son los que conllevan una falsa identidad: informantes, espías, plantaos.... (Nota: si un espía es alguien del público que se hace pasar por uno de los actores, un "plantao" es uno de los actores que se hace pasar por un miembro del público–pero que juega para el equipo de los actores). También hay inspectores, oficiales o de tapadillo—e incluso suplantadores de estas posiciones, "listillos" que se hacen pasar por miembros autorizados para inspeccionar a los actores, y hasta a los inspectores si te descuidas. O espías de la competencia—actores de otra compañía que se hacen pasar por inocentes miembros del público.

Aún define Goffman otros roles que pueden superponerse a éstos:
1) el de "no persona", como los sirvientes u operarios que convencionalmente no existen—o niños, viejos, y demás,
2) los especialistas profesionales de servicios, con acceso a secretos profesionales: médicos, abogados, etc.;
3) Los colegas—los de otro equipo—son aún otro tipo de rol discrepante, a veces competencia y a veces miembros asociados y conocedores de secretos por analogía)
4) los confidentes, que supuestamente se mantienen al margen pero son depositarios de los secretos de los actores.

Un rol discrepante que me interesa aquí es el de mediador—mediador entre dos equipos o entre actor y público: "el mediador se entera de los secretos de cada una de las partes y le da cada una de las partes la impresión de que le mantendrá los secretos; pero tiende a dar a cada una de las partes la impresión (falsa) de que es más leal a ellos que a los otros" ( 149). Hay algunos roles profesionales o institucionales afines a estos mediadores—como los capataces, mediadores entre patrono y obreros. O, también, los presentadores de un conferenciante—que median entre él y el público, "con frecuencia sirviendo como un modelo altamente visible para los demás oyentes, ilustrando con expresión exagerada el interés y apreciación que deberían mostrar, y dándoles pistas sobre si una observación dada debería ser recibida con seriedad, carcajadas o risitas apreciativas" (150).


Bien, todo esto viene a cuento de los roles conversacionales, y a ellos nos vamos acercando. La conversación también es una performance teatral, para Goffman, y aunque los equipos se turnen, normalmente uno de ellos (un equipo de un solo actor, normalmente) ocupa la escena. Esto es especialmente claro en el caso de la narración conversacional, cuando los demás oyentes ceden voluntariamente tiempo y preeminencia al narrador, y se constituyen en público paciente. Recordemos que, aunque en la acción intervengan diferentes grupos sociales y equipos, o aunque actores y público alternen sus papeles, hay una cierta tendencia espontánea según Goffman a generar en un encuentro dado una situación de interacción entre dos equipos.


"El rol de mediador parece ser especialmente significativo en el trato social informal, ilustrando de nuevo la utilidad del enfoque basado en dos equipos. Cuando un individuo de un círculo conversacional emprende un acción o discurso que recibe la atención concertada de los allí presentes, define la situación, y puede definirla de una manera que no sea fácilmente aceptable para su audiencia. Alguno de los presentes notará mayor responsabilidad por él de la que sienten los demás, y podemos esperar que esta persona más cercana a él haga un esfuerzo por traducir las diferencias entre hablante y oyentes a un punto de vista que sea más colectivamente aceptable que la proyección original. Un momento más tarde, cuando otra persona recibe la palabra y la atención, otro individuo puede encontrarse asumiendo el papel de mediador e intermediario. Una sesión de conversación informal puede verse, de hecho, como la formación y reformación de equipos, y la creación y recreación de intermediarios" (151)

De hecho podríamos llevar un poquito más allá el análisis de Goffman—pero en su línea de razonamiento, que nos hace pensar constantemente que el sujeto individual y la interioridad compleja se generan interaccionalmente—mediante la interiorización de la interacción social.

Así pues, una vez visto que cada individuo llega a una situación de diálogo con una identidad y un posicionamiento social, y con una línea de acción a la que atenerse—y con la voluntad de mantener esa faz pública, hay sin embargo una posibilidad de mediación entre su postura y la de los interlocutores, sobre todo una vez éstos manifiestan su propia postura, o manifiestan su reacción a la postura del hablante. Esta mediación se da en particular si el hablante desea un acercamiento a las posturas del grupo de interlocutores, o atraerlos a sí. El papel de mediador lo puede hacer un tercero, como hemos visto—pero también lo puede hacer un crítico interno, es decir, un tercero interiorizado. Así el sujeto modula su postura inicial y hace concesiones a lo que pueden ser otros puntos de vista sobre la cuestión que presenta, estableciendo un acercamiento entre su postura y la de los interlocutores, o la que se supone a los interlocutores.

(Pues aquí hay que diferenciar en cada caso las posturas manifiestas públicamente en el encuentro, de las "reales" o posturas que se manifestarán frente a otros interlocutores—y también de las posiciones discursivas o posicionamientos dialógicos implícitos, los supuestos en el discurso de un interlocutor, el "oyente implícito" que construye, y que va reconstruyendo o modificando con las pistas o indicaciones que recibe de los interlocutores efectivos. En estudios literarios se habla con frecuencia del lector implícito; en análisis del discurso hablado no se habla tanto de oyentes implícitos, pero haberlos haylos).

Así, el sujeto interioriza la propia situación conversacional y establece un dialogismo interno, que le lleva a asumir internamente papeles de interlocutor implícito o proyectado, y a responder a ellos con un discurso que si bien es el suyo propio, también es un discurso filtrado por un mediador interno, y adaptado a la situación conversacional efectiva. El discurso deviene así una mediación por anticipado entre "nuestra" postura y la de los demás, mediación que hacemos nuestra al menos provisionalmente. Quien argumenta bien, llega incluso a formular los argumentos del interlocutor mejor que el interlocutor, y a la vez a orientarlos, enmarcarlos adecuadamente y rebatirlos, incluso antes de que se formulen. Gran parte del razonamiento y exposición de una cuestión puede consistir así en la interiorización de un oponente, o la creación de la imagen virtual de un interlocutor más o menos distante de las propias posturas—un oyente resistente, como diríamos adaptando la noción del lector resistente de Judith Fetterley. Así, como Whitman, contenemos multitudes—y no sólo dialogamos con quienes tenemos delante, sino con nuestra versión interiorizada de ellos, ya por anticipado. Y también puede un hablante comenzar su discurso de modo tentativo, próximo a los interlocutores, o haciéndoles concesiones, para a continuación ir aproximando la argumentación a su terreno, si percibe que ha logrado atraer al interlocutor a una postura más próxima de la esperada, o de la mantenida inicialmente.

Aunque también se da el caso de que muchos hablantes se adaptan bien poco al que los escucha. Es, quizá, una cuestión de pocos recursos comunicativos—o de sofisticación comunicativa en el caso de quienes sí lo hacen.


Vencer, convencer


—oOo—

 

 

También aquí:

_____. "El interlocutor interiorizado." In García Landa, Todo Es cultura: Blog de notas (Diciembre 2009): 29 Dec. 2009.* (Antonio García Gómez; Linguistic interaction; Conversation; Goffman).

         http://www.unizar.es/departamentos/filologia_inglesa/garciala/z09-12.html

         2012 DISCONTINUED 2018 – Online at the Internet Archive:

         https://web.archive.org/web/20120217180447/http://www.unizar.es/departamentos/filologia_inglesa/garciala/z09-12.html

         2020

         https://www.flickr.com/photos/garciala/45961176005/in/dateposted-public/

         2025

_____. "El interlocutor interiorizado." In García Landa, Vanity Fea 29 Dec. 2009.*

         http://vanityfea.blogspot.com/2009/12/el-interlocutor-interiorizado.html

         2020 DISCONTINUED 2025 – Online at the Internet Archive:

         https://web.archive.org/web/20240625053436/http://vanityfea.blogspot.com/2009/12/el-interlocutor-interiorizado.html

         2025

_____. "El interlocutor interiorizado." Ibercampus (Vanity Fea) 28 Dec. 2019.*

         https://www.ibercampus.es/el-interlocutor-interiorizado-39211.htm

         2020 DISCONTINUED 2024 – Online at the Internet Archive:

         https://web.archive.org/web/20220331204559/https://www.ibercampus.es/el-interlocutor-interiorizado-39211.htm

         2024

_____. "El interlocutor interiorizado." In García Landa, Vanity Fea 4 Jan. 2010.*

         https://garciala.blogia.com/2010/010401-el-interlocutor-interiorizado.php

         2025

_____. "El interlocutor interiorizado." Academia 5 Jan. 2020.*

         https://www.academia.edu/41522044/

         2020

_____. "El interlocutor interiorizado." SSRN 24 Jan. 2020.*

         https://ssrn.com/abstract=3512150

         2020

         Interpersonal Communication eJournal 24 Jan. 2020.*

         https://www.ssrn.com/link/Interpersonal-Communication.html

         2020

         Communication & Identity eJournal 24 Jan. 2020.*

         https://www.ssrn.com/link/Communication-Identity.html

         2020

         Sociolinguistics & Variation eJournal 24 Jan. 2020.*

         https://www.ssrn.com/link/Sociolinguistics-Variation.html

         2020

         Philosophy of Language eJournal 24 Jan. 2020.*

         https://www.ssrn.com/link/Philosophy-Language.html

         2020

_____. "El interlocutor interiorizado." ResearchGate 9 Feb. 2020.*

         https://www.researchgate.net/publication/339136878

         2020

_____. "El interlocutor interiorizado." Humanities Commons 18 Feb. 2020.*

         https://hcommons.org/deposits/item/hc:28835/

         http://dx.doi.org/10.17613/tk0h-f083

         2020

_____. "El interlocutor interiorizado." In García Landa, Vanity Fea 2 Feb. 2020.*

         https://vanityfea.blogspot.com/2020/02/el-interlocutor-interiorizado.html

         2020 DISCONTINUED 2020 – Online at the Internet Archive.*

         https://web.archive.org/web/20231120161657/https://vanityfea.blogspot.com/2020/02/el-interlocutor-interiorizado.html

         2025

_____. "El interlocutor interiorizado." Net Sight de José Angel García Landa 4 Jan. 2024.*

         https://personal.unizar.es/garciala/publicaciones/interlocutorinter.pdf

         2024

         https://personal.unizar.es/garciala/publicaciones/interlocutorinteriorizado.pdf

         2025

_____. "El interlocutor interiorizado." In García Landa, Vanity Fea 4 May 2025.*

         https://blogdenotasvanityfea.blogspot.com/2025/05/el-interlocutor-interiorizado.html

         2025

         https://x.com/JoseAngelGLanda/status/1919752685617561813

         2025

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