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miércoles, 22 de abril de 2026

Retropost, 2006: Hamlet marica

 

Hamlet marica

Hamlet marica

 

Ayer vi la versión de Hamlet adaptada y dirigida por Lluís Pasqual, con Eduard Fernández como Hamlet y Marisa Paredes como Gertrudis, y veinte actores en total, todo un montaje... aunque sin escenografía, en plan escenario vacío, como en el teatro isabelino. Y lo pasé muy bien, así que no os la perdáis si tenéis ocasión. A Shakespeare le va bien este tipo de escenario —todos en realidad— y aún se da uno más cuenta de lo intensamente teatral, metateatral digo, que es la obra: no sólo el teatro dentro del teatro, con la obra esa de Agatha Christie que dirige Hamlet, sino también el monólogo sobre Pirro el de las negras armas, pequeña mise en abyme de la obra, que aquí tuvieron el acierto de no recortar —o bien la escena donde Ofelia describe los gestos de Hamlet al visitarla inopinadamente: más teatro dentro del teatro. Shakespeare no le tiene miedo a la intensificación del detalle teatral, y siempre le funciona, sólo Polonio se aburre con el poem unlimited.

Aquí le sacaban partido a la teatralidad de Hamlet. Eduard Fernández nos daba un Hamlet nada digno y solemne, sino temblón, afeminado y amanerado, débil e intenso a la vez, "marica" según su propia descripción (qué dirán de mí, se pregunta), aunque a medida que avanza la obra va sacando facetas y remontándose hasta el personaje sin límites. De cada nuevo actor y cada nuevo montaje logrado, sale un nuevo Hamlet para hamletizar el mundo. También de cada nueva traducción. Dice Dennis Kennedy que es práctica común en los Shakespeares no ingleses hacer traducciones nuevas y numerosas "cada generación, o incluso cada montaje nuevo, de manera que Hamlet en idioma extranjero puede sonar como una obra nueva, mientras que en inglés a menudo suena como una colección de citas obsoletas y autoconscientes". Así, detrás de "ser o no ser", este Hamlet no decía "he ahí el problema", ni "esa es la cuestión".

Al tema de la posible homosexualidad de Hamlet no se le sacaba partido, aparte del afeminamiento que daba el actor al personaje - también con acierto en lo que se refiere a esta producción, aunque evidentemente la cuestión daría para explorarla mucho más en otro tipo de montaje. Sarah Bernhard ya pudo hacer un Hamlet mujer, o sea que cabe en el saco de Hamlet mucho más de lo que se ha puesto aún.

Y una cosa que me gustó: aparte de leer en su librito "palabras, palabras, palabras", Hamlet también anotaba en él alguna frase memorable dicha por los demás personajes, o por él mismo quizá, con lo que quizá resulte ser él el autor de la obra, en una ruptura de marco imposible. Decía Harold Bloom que Hamlet es el único personaje de Shakespeare que podría haber escrito las obras de Shakespeare. Se confirmaría así la verdad de lo que Hamlet le lee a Polonio sobre los viejos en su libro, pues esas palabras sí figuran en la obra. Y al final de la obra, Hamlet saca otra vez su librito y recita junto con Fortinbras y Horacio lo de la terrible escena y la carnicería... Este Hamlet, por cierto, con el veneno en el cuerpo, sigue vivo al final, cuando todos hablan de él como ya muerto, y no cae hasta que suenan las salvas del honor del ejército noruego, fusilándolo, mientras dice "the rest is silence": El silencio es un descanso para los actores, aunque esta vez tuvieron que salir a saludar cinco veces.

Por cierto, se me ha ocurrido una posible relación entre tres frases de Shakespeare: una en Hamlet, cuando acepta el duelo con Laertes y la muerte que se teme lo acompañará: "If it be now ’tis not to come, ; if it be not to come, it will be now, if it be not now, yet it will come. The readiness is all." En El Rey Lear encontramos una variante: "Ripeness is all". Y en una notita posiblemente escrita por Shakespeare cuando ayudaba en la tienda de su padre (acompañando a un regalo de unos guantes que hacía a alguien el maestro de Shakespeare): "The gift is small / The will is all".

The will is all. Will power, indeed. Ya te recordaremos, mientras podamos, ay poor ghost. Como que estamos demasiado hamletizados... there ain’t no cure for the man in black blues.

 

 

Notas

(1) "So, as a painted tyrant, Pyrrhus stood, and like a neutral to his will and matter, Did nothing": Pirro el de las negras armas también busca venganza por la muerte de su padre.

(2) Dennis Kennedy, "Shakespeare Worldwide", en The Cambridge Companion to Shakespeare, ed. Margreta de Grazia y Stanley Wells (Cambridge: Cambridge UP, 2001), 256. Traduzco.

(3) Tanto Hamlet padre como Hamlet hijo piden a quienes quedan en escena que los recuerden. Shakespeare, al parecer, interpretaba el papel del primer Hamlet.

 

 

... y otro Hamlet

O el mismo. El de Victor Hugo, en su libro sobre William Shakespeare:

¡Hamlet! No se sabe cómo definir este ser espantoso, este ser completo en lo incompleto. Lo es todo para no ser nada. Es príncipe y demagogo, sagaz y extravagante, profundo y frívolo, hombre y neutro. No tiene fe en el cetro, se burla del trono, tiene por camarada a un estudiante, dialoga con los transeúntes, argumenta con el primero que llega... Comprende al pueblo, desprecia al populacho, tiene odio a la fuerza, duda del éxito, interroga a las tinieblas y tutea al misterio. Comunica a los otros enfermedades que él no tiene. Su fingida locura inocula verdadera locura a la mujer que le ama. Se familiariza con los espectros y con los comediantes. Se chancea empuñando el hacha de Orestes. Diserta sobre literatura, recita versos, hace una crítica de teatros, juega con huesos humanos en un cementerio, aterra a su madre, venga a su padre, y termina el tenebroso drama de la vida y de la muerte con una gigantesca interrogación. Primero espanta y después desconcierta. Jamás se ha imaginado nada tan aterrador como el parricida preguntando: ¿Qué sé yo?

Pero ¿es parricida Hamlet? Sí y no. Se limita a amenazar a su madre; pero la amenaza es tan feroz, que su madre queda aterrada: "¡Tu palabra es un puñal...! ¿Qué vas a hacer? ¿Tratas de asesinarme? ¡Socorro! ¡Socorro!" Y cuando muere, Hamlet, sin llorarla, hiere a Claudio con esta exclamación trágica: "¡Sigue a mi madre!" Hamlet es el siniestro parricida posible. Si en lugar de ser frío como el Norte, tuviera en las venas, como Orestes, la ardiente sangre del Mediodía, mataría a su madre.

Este drama es severo. Hasta lo verdadero inficiona en él la duda, y lo sincero miente. Nada hay tan colosal y tan sutil.

En este drama el hombre es un mundo y el mundo es un cero. El mismo Hamlet, que goza de la plenitud de la vida, no está seguro de existir. En esta tragedia, que también es una filosofía, todo flota y duda, se aplaza, oscila, se descompone, se dispersa y se disipa. En ella el pensamiento es nube, la voluntad vapor, la resolución crepúsculo, la acción se desenvuelve en sentido inverso y la rosa de los vientos gobierna al hombre. Obra confusa y vertiginosa en la que se discute el fondo de las cosas y en la que el pensamiento oscila entre el espectáculo que ofrece el cadáver del rey y el entierro de Yorick, en la que un fantasma representa a la realeza y la alegría se ve simbolizada por una calavera.

 

Hamletlet

martes, 30 de diciembre de 2025

Retropost, 2005: Hamlet se ahoga, y renace

 

Hamlet se ahoga, y renace

¿Ser o no ser? Esa es la cuestión. Quizá pensaba eso Hamlet, joven pero más mayor que Shakespeare, andando a orillas del río Avon, en Stratford. ¿Se suicidó Hamlet? Lo que sí sabemos es que murió, en 1580, ahogándose en el río. "The Avon at this juncture, by Tiddington, is known for its overhanging willows and coronet weeds", nos dice Peter Ackroyd, observando que "this suggests images of Ophelia". No sabemos si Hamlet, como Ofelia, cantaba trozos de viejas canciones mientras se iba hundiendo, flotando río abajo, pasando de un mélódico canto a una muerte cenagosa. O Will o Will o Will o... "The fresh streams ran by her and murmured her moans". También de Ofelia, como de Hamlet, dicen que se ha suicidado, y que por tanto "should in ground unsanctified have lodged" (Hamlet, 5.1). Hubo sus más y sus menos, con una investigación de por medio (Peter Ackroyd, Shakespeare p. 86), pero al final se decidió que la muerte de Hamlet había sido per infortunium, sin felo de se, y se autorizó el entierro en tierra santa. Una solución más satisfactoria para todos; es la que adoptamos en cuanto nos lo permiten las circunstancias, en cuanto no sabemos, y casi nunca sabemos. Tampoco sabemos si se conocían Hamlet y Shakespeare. Quizá si el joven Shakespeare andaba entonces por Lancashire (big if...), no conoció el suicidio de Hamlet hasta más tarde. Quizá, por qué no, se lo contaron a Shakespeare sus amigos Hamlet y Judith. Cinco años después nacía Hamlet Shakespeare, que moriría niño. "So went he suited to his watery tomb", dejando sola a su gemela Judith. Pero Shakespeare escribió Twelfth Night, obra en la que los gemelos supuestamente ahogados emergen del agua, para encontrarse en una resurrección final de los cuerpos. Entretanto llega, Viola hace de Hamlet y de Judith, dividiendo su cuerpo en dos sexos de modo imposible, hasta que sale del agua el reflejo ahogado. "I my brother know / Yet living in my glass". Hamlet era mujer; a Ofelia, como a Viola, la interpretaba un hombre.

 

2 comentarios

Jose Angel -

Gracias, Hester B )
Yo ya no sólo te lo deseo, sino que te casi te lo predigo. Oslo.

Hester Prynne -

Feliz 2006, amigo!!! Que entres, estes y salgas de lo mejorcito...

 

martes, 15 de julio de 2025

To Thine Own Self Be True: The Oedipal Subject in 'Hamlet'

Notes on a psychoanalytic reading of William Shakespeare's Hamlet, from "Hamlet: The Poisonous Message"—a chapter in Nicholas Ray´s Tragedy and Otherness: Sophocles, Shakespeare, Psychoanalysis (Oxford, etc.: Peter Lang, 2009). 

A retropost from 2011 - Vanity Fea, 5 Sept. 2011




To Thine Own Self Be True

Notes on "Hamlet:The Poisonous Message"— in Nicholas Ray's Tragedy and Otherness: Sophocles, Shakespeare, Psychoanalysis. Oxford (etc): Peter Lang, 2009.

Nicholas Ray finds significant that Freud's The Interpretation of Dreams was written in response to the death of Freud's own father. This book's reading of the protagonist's Oedipal conflict in Hamlet is well known, and it will therefore come as no surprise that Ray's last chapter on Hamlet engages more directly with Freud. While it examines the play from an interesting and original perspective, I find that it is less suggestive and intense than the previous chapters on Oedipus Tyrannus and Julius Caesar. 

The main point is once again Freud's failure to adequately engage with otherness—in this case "leaving increasingly unacknowledged the significance of parental desire in the constitution of the subject's psychic life" (174).  Once again the historical context plays a role—praying for the dead being at the time a Catholic custom recently banned under the new dispensations of the Church of England. The Ghost's call "Remember me!" rather than "Revenge!" should be interpreted in this connection, as well as Hamlet's general predicament, trapped in a mourning ritual without issue. 

This argument echoes well with Stephen Greenblatt's reading of Hamlet in Will in the World or in Hamlet in Purgatory. Ray's reading complexly engages the critical literature on Hamlet understood (mistakenly, he argues) as a modern subject; Ray emphasizes the imagery of audition and "poisoning through the ear"—as symbols of excessive remembrance. Polonius' injunctions to Laertes are reread here, paradoxically, as representing a quite modern self-fashioning, free from the excessive weight of fatherly instruction. There is no absolute freedom from the father in Hamlet, but it is only when Hamlet becomes more self-determined, like Laertes, that he achieves a measure of freedom from the weight of paternal overdetermination, and is able to fulfil his mission. "Auto-fidelity must, in the final analysis, override fidelity to any of the father's foregoing precepts" (207). 

But, as shown by the example of Polonius, this autonomy from paternal authority is also elicited and enabled by the father himself. As noted before, one might argue that there is in Ray's Hamlet an element of self-portrayal—as regards this distancing from the psychoanalytic Father, the better to fulfil his mission and also fashion one's own life path.

An afterword insists that Freud's approach was not "mistaken" but rather caught up in the exigency of his own ipsocentric focus on the individual psyche. Ray, with Laplanche, emphasizes the role of unforeseen, multiple, and irreducible others in the constitution of the self. Attention to the role of otherness in the de-centered subject, he argues, should make psychoanalysis more aware of the multiple dimensions of the cultural field, and transform itself into a more de-centered, and more complex, inquiry into the structure and constitution of human subjects and their cultural artifacts. His book is an excellent contribution to this project.


 
—oOo—

Tirando a vaciarse