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Sociobiología del Hombre de Negro
Comentamos el personaje del Hombre de Negro que aparece en las 'Cartas Chinas' de Oliver Goldsmith, atendiendo a la dialéctica entre egoísmo y altruismo que se da en estos relatos y de modo similar en otros personajes y obras de Goldsmith. Ponemos todo ello en contexto con las ideas económicas y morales de la época, en particular las de Adam Smith, atendiendo también a la relación que puede establecerse entre estas ideas sobre las actitudes y la naturaleza humana, y la comprensión de las motivaciones del comportamiento y de la sociabilidad humana que nos han dado el evolucionismo y la sociobiología.
Texto completo en SSRN:
Sociobiología del Hombre de Negro
http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.4315866
10 Pages Posted: 5 Jan 2023
Jose Angel Garcia Landa
Universidad de Zaragoza
Date Written: December 13, 2022
English abstract:
Sociobiology of the Man in Black
This paper examines the character of the Man in Black in Oliver Goldsmith's 'Chinese Letters', focusing on the dialectics between selfishness and altruistic behavior shown in these stories and likewise in other characters and stories by Goldsmith. This is set in the context of contemporary economic and moral ideas, particularly those of Adam Smith. These ideas on human nature and attitudes are also related to our current understanding of human sociability and behaviour as explained by evolutionary theory and sociobiology.
Note: Downloadable document is in Spanish.
Keywords: English literature, Oliver Goldsmith, Motivations, Selfishness, Altruism, Sociobiology, Sociability, Economic behavior
Suggested Citation:
_____. "Sociobiología del Hombre de Negro." In García Landa, Vanity Fea 25 April 2021.* (Oliver Goldsmith, Altruism, Sociality).
https://vanityfea.blogspot.com/2021/04/el-hombre-de-negro.html
2021 DISCONTINUED 2025 – Online at the Internet Archive.*
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_____. "Sociobiología del Hombre de Negro." Net Sight de José Angel García Landa 13 Dec. 2022.*
https://personal.unizar.es/garciala/publicaciones/sociobiologiadelhombre.html
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https://personal.unizar.es/garciala/publicaciones/sociobiologiadelhombre.pdf
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_____. "Sociobiología del Hombre de Negro." SSRN 5 Jan. 2023.*
https://ssrn.com/abstract=4315866
http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.4315866
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Behavioral & Experimental Economics eJournal 5 Jan. 2023.*
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English & Commonwealth Literature eJournal 5 Jan. 2023.*
https://www.ssrn.com/link/English-Commonwealth-Lit.html
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https://www.ssrn.com/link/Philosophy-Action.html
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_____. "Sociobiología del Hombre de Negro." In García Landa, Vanity Fea 14 Jan. 2025.*
https://vanityfea.blogspot.com/2025/01/sociobiologia-del-hombre-de-negro.html
2025 DISCONTINUED 2025
Sociobiología del Hombre de Negro
En su serie de ensayos The Citizen of the World,
o "Chinese Letters", Oliver Goldsmith tiene un par de alter-egos entre
los personajes, figuras irónicas en modo diverso los dos: uno es el
visitante chino autor de las cartas, que observa con ojo crítico y nada
ingenuo la sociedad británica del XVIII, es decir, un trasunto del el
propio autor en modo irónico distanciador, al modo de Montesquieu en las
Lettres persanes o Cadalso en las Cartas Marruecas. O Swift en tantos pasajes de Los viajes de Gulliver. El otro trasunto es el amigo inglés del viejero oriental, the Man in Black.
Este podría parecer mucho más cercano a Goldsmith en carácter y en
algunos aspectos de su biografía, aunque también es por supuesto una
versión de sí irónica y ficcionalizada.
Aclaremos que Goldsmith era cualquier cosa menos un man in black; aficionado desmedido a las ropas caras y llamativas, para sobrecompensar lo poquita cosa que era, no logró entrar en el clero, según dicen, por unas ofensivas calzas rojas que vestía cuando le fue a presentar su candidatura a un obispo. De haber vestido de negro en esa ocasión, quizá hubiera seguido vistiendo de negro toda su vida, pero su destino iba a ser otro: flautista itinerante y hippie avant la lettre primero, luego médico más o menos aficionado e incompetente, también pluriempleado ujier de colegio, dramaturgo y poeta, jugador empedernido y hombre de mundo, humanista polígrafo y periodista desbordado...
Se
dice que una de sus incompetencias como médico era una cierta
incapacidad a la hora de cobrar sus honorarios, en particular de la
gente necesitada. Y es cierto al menos que abundan en la obra de
Goldsmith los personajes benevolentes un tanto autodestructivos, a modo
de autorretrato sarcástico o de recordatorio personal, que
invariablemente reciben lecciones prácticas sobre the way of the world. Hay
algo de autorretrato irónico, por tanto, en todos estos retratos de
benevolentes estafados o de altruistas enfrentados a la realidad de los
intereses humanos. Es el autorretrato de un reincidente, de un
desilusionado que sin embargo no se resiste a la benevolencia (como
vemos en "The Man in Black" I), pues se ve llevado a ella por un impulso
más fuerte que él y más fuerte que lo que la razón le dice sobre los
hombres y el mundo. Es un reincidente doblemente reincidente, en cierto
modo, pues aquí Goldsmith observa en sí mismo algo que ya había
observado en su padre, otro inocente o generoso excesivo, o ingenuo
estafado, que sirvió en parte de modelo para el por otra parte modélico
Dr. Primrose de The Vicar of Wakefield.
Nos dice Charles Duke Yonge sobre "The Man in Black" (II):
This description of the father of the Man in Black is understood to have been taken, in many of its incidents, from the character and situation of Goldsmith's own father. In that respect, it resembles the pictures he drew of Dr. Primrose in the opening chapters of the 'Vicar of Wakefield', and the resistance of the Man in Black to the proposal that he should become a clergyman was a representation of at least some of the considerations which comforted Goldsmith himself when the Bishop refused to admit him to ordination. So again the position in which the Man in Black found himself as a hanger-on to a great nobleman, is portrayed in the adventures of George Primrose as the humble companion of Squire Thornhill.
Más conocido que este autorretrato caricaturesco titulado "The Man In Black" (II) es el ensayo o sketch sobre "The Man in Black" (I), en el que se nos presenta al amigo del filósofo chino como un teórico enemigo de la caridad que, sin embargo, da limosna en secreto a los necesitados cuando cree que no lo ven los auditores de sus diatribas sobre la necesidad de ayudarse a sí mismo. Es decir, es un hombre en el que están en conflicto una teoría y una práctica, y más allá, una teoría social (o económica, o antropológica) y las emociones—es un man of feeling, muy de su época, mal que le pese, aunque también se nos presenta inicialmente como la caricatura de lo que podría ser el capitalista liberal de su siglo, supuestamente teorizado por Adam Smith o quizá más bien caricaturizado así por la posteridad.
Esta paradoja aparece planteada, y resuelta, de otra manera muy distinta, en el inteligentísimo relato "Asem: An Oriental Tale", titulado a veces "Asem the Man-Hater." Hay muchas cosas en este relato, y en otro artículo ("Goldsmith darwinista") ya señalé sus relaciones con el protoevolucionismo dieciochesco del Universo Pleno y la Gran Cadena del Ser (—véase también el ensayo "Addison on Aliens" para ver hasta qué punto es protoevolucionista esta concepción). Hay también en Asem otra versión del autorretrato del good-natured man que se ve frustrado y aprende una lección sobre los excesos de la confianza y la benevolencia. Aquí Asem comienza como "buen cristiano" (si bien en el relato es un musulmán) desprendido y generoso, dando todo a los pobres sin cuidarse de su propio futuro y bienestar; y tras pasar por la ruina, el desengaño y la misantropía, termina como un comerciante próspero y cuidadoso con su libro de asientos, contribuyendo a la sociedad un poco al estilo de La fábula de las abejas de Mandeville, o sea, empezando la caridad por uno mismo.
Encontramos en Asem, pues, una caricatura del idealismo altruista, cristiano o (en modo anticipatorio) vegano y woke, pues a estos activistas modernos nos recuerda Asem cuando sueña con un mundo vegetariano, sin violencia entre las especies, ni impacto ecológico discernible. Pero cuando el Genio le transporta efectivamente a un mundo construido sobre estos principios, se encuentra Asem con que en ese mundo los humanos no son propiamente humanos, sino que son (como dice Yuval Noah Harari en Sapiens) un animal tan insignificante y tan carente de historia y cultura como las cucarachas o los orangutanes. La civilización se erige no en el Edén vegano, sino sobre principios un tanto más desagradables, asertivos, interesados y carnívoros, y sobre modalidades de cooperación más complejas que la mera benevolencia altruista.
Comparando el relato sobre Asem con los ensayos titulados "The Man in Black" se aprecia mejor una recurrencia de temas y una coherencia, y el triángulo queda completado una vez tenemos en cuenta un cuarto vértice que termina de cuadrar este complejo intertextual: la vida del propio Goldsmith. A lo que podríamos añadir los ecos autobiográficos presentes en numerosas obras, desde "The Deserted Village" a "The Traveller". Se hacen con ello más perceptibles los elementos de autobiografía, más o menos literales o más o menos figurativos, que subyacen y dan forma a la ideología de estos relatos. Autobiografía interpretativa, sobre el propio trayecto vital y sobre los rasgos o debilidades de carácter que llevaron primero a un decurso vital fracasado y finalmente a un autoconocimiento, enmienda y reconciliación con la realidad propia y la capacidad de acción en un entorno social, en el que juegan valores tanto éticos, empáticos y humanitarios como económicos, egoístas y prácticos.
En el primer relato sobre el Hombre de Negro (nº XVI en la edición referida) veíamos la contradicción entre un altruismo de temperamento, al parecer irrefrentable, y la teoría económica que lo desautoriza y desmiente. Así sermonea, en pura teoría, al visitante chino:
"In every parish house (...) the poor are supplied with food, clothes, fire, and a bed to lie on; they want ono more, I desire no more myself; yet still they seem discontented. I am surprised at the inactivity of our magistrates, in not taking up such vagrants, who are only a weight upon the industrious; I am surprised that the people are found to relieve them, when they must be at the same time sensible that it in some measure encourages idleness, extravagance, and imposture. Were I to advise any man for whom I had the least regard, I would caution him by all means not to be imposed upon by their false pretences; let me assure you, sir, they are impostors, every one of them, and rather merit a prison than relief." (97)
Obsérvese que la aparente teoría anti-caritativa o chacun pour soi del Hombre de Negro no es tal, pues está dando por supuesto el sistema de caridad organizada de la Iglesia, esa seguridad social primitiva que impedía la carencia terminal, alimentaba o albergaba a los necesitados y aseguraba al menos la paz social. A lo que se opone el Hombre de Negro es a la "doble imposición" que suponen la caridad individual o la tolerancia de la mendicidad. Pero su oposición resulta ser más teórica que práctica, pues el narrador chino no sólo le ve dar discretamente todo lo que lleva encima, pagando de más por unas cerillas que le ofrecen, sino que observa que si no lleva más es porque lo ha dado antes a otros, cuando no era observado. Y ahore da como limosna las cerillas que ha comprado con sobreprecio.
En su prefacio a Essays of Oliver Goldsmith, Yonge señala la inspiración autobiográfica de diversos episodios de la ficción de Goldsmith, y observa sobre su carácter desprendido e impulsivo lo siguiente:
"It is characteristic of the impulsive good-nature which, to the end of his life, was a marked feature of his disposition, that, though he had only five shillings left to carry him back to his home, mor than 100 miles distant, he gave half of it to a poor woman whom he met on the road, and who moved his compassion by a piteous tale of distress. He calculated, indeed, on obtaining a futher supply from a friend whom he himself had often obliged in a similar way; but who, on being applied to, ungratefully turned his benevolence and subsequent distress into ridicule" (vii).
Veremos que "El Hombre de Negro (II)" extrae consecuencias más amargas y maquiavélicas de esta lección vital.
El
contraste entre rigorismo económico y altruismo benevolente no queda
resuelto en el primer relato, y ello provoca la mirada irónica del
narrador chino que observa los absurdos actos de caridad del que era un
supuesto darwinista social avant la lettre, el cuasi-spenceriano
Hombre de Negro, cuyo severo exterior esconde un corazón de oro (al
menos en el primer relato). A pesar de sus teorías sobre el parasitismo
social y lo contraproducente de la beneficencia, en este aspirante a
economista liberal en realidad prima al final la caridad cristiana, y
eso le hace tanto más entrañable para el visitante extranjero que toma
nota de sus contradicciones. En términos de sociobiología evolucionista,
observamos un individuo social en el que prima el altruismo antes que
otro móvil de conducta señalado por los sociobiólogos, a saber, el
castigo a los parásitos que abusan de la sociabilidad altruista. Para la
observación valorativa del autor implícito, no cabe duda de que el
pobre Hombre de Negro (I) recibe una alta aprobación, a pesar del
potencial ridículo de sus contradicciones. Es curioso que las teorías en
sí no quedan ridiculizadas o desmentidas, son buena teoría, pero la
práctica social es más diversa y no obedece a un solo motivo. El humor
viene de comprobar que estas dinámicas sociales contradictorias pueden
darse simultáneamente en un mismo individuo, haciendo de él una
contradicción viviente. El viajero chino se limita observar que es mucho
sermoneo por parte del Hombre de Negro para luego contradecirse él
mismo: en el chino no se dan tales contradicciones, "He was proceeding
in this strain, earnestly to dissuade me from an imprudence of which I
am seldom guilty"... Quizá, por ello, a pesar de que este viajero chino
sea el alter-ego más obvio del autor, podamos ver en el Hombre de Negro
una analogía más cercana a ciertos aspectos del propio carácter de
Goldsmith que el autor está retratando, de modo irónico, pero
seguramente certero, en un autorretrato desplazado.
Es
en el segundo relato sobre el Hombre de Negro (cap. XVII en nuestra
edición) donde encontramos analogías todavía más significativas tanto
con las experiencias vitales del propio autor, como con la didáctica
económica que veíamos en "Asem." Es una historia de errores de juventud y
de imprudencia económica, seguida por una enmienda y una madurez
estable, serena y castigada por la experiencia de la vida; la actual
prudencia contempla la vida pasada desde la atalaya de la retrospección,
y diagnostica los pasados errores y los posteriores aciertos que
llevaron hasta este momento de sabiduría y serenidad. Aquí relata el
Hombre de Negro la historia de su vida, que tiene algunos paralelos con
la vida de Asem y muchos puntos de contacto con la de Goldsmith.
Veremos, por tanto, cómo el personaje va madurando desde una ingenuidad
ridícula apenas reconocible como propia, hasta acercarse mucho más, a la
vez que al presente narrativo y al narrador intradiegético, el Hombre
de Negro, a la identidad y valores del propio autor implícito.
El padre del Hombre de Negro, al igual que el de Goldsmith, es un clérigo, y ambos son benevolentes y generosos o caritativos, con un punto de vanidad, pues observa el narrador que sus actos de generosidad se los pagaban de vuelta con loas, "for every dinner he gave them they returned an equivalent in praise, and this was all he wanted" (101). Es un cristiano, no cabe duda, pero también un ingenuo y un imprudente: "he loved all the world, and he fancied all the world loved him" (101). No se cuida de dejar un patrimonio a sus hijos (gran imprudencia) y atiende más a los lejanos que a los cercanos, contrariamente a los principios de buena economía observados por Adam Smith. En un error de concepto, prefiere dejar a sus hijos formación que patrimonio, pero la formación es errónea, pues en ella la benevolencia cristiana no se ve compensada por una dosis igual de realismo y prudencia—y así convierte a sus hijos, a imagen y semejanza suya, en "mere machines of pity" (102), con insuficiencia de criterio que les diga hacia dónde orientar esa benevolencia que no puede ser infinita, pues limitados somos. Sus hijos, donantes universales como él, no son capaces de establecer prioridades ni de distinguir las necesidades reales de las fingidas; en suma, que ni tienen criterio ni saben distinguir la verdad de las imposturas. "In a word, we were perfectly instructed in the art of giving away thousands, before we were taught the more necessary qualifications of getting a farthing" (102).
Su padre, nos dice el personaje, le da una educación poco realista, basada en un saber obsoleto y que ya nada importa al mundo, y lo envía así desprotegido y sin a la pelea de gladiadores que (ahora ya sabe el Hombre de Negro) es el teatro social de la vida. En la universidad es mediocre y no se distingue en absoluto (como el propio Goldsmith, pues sigue aquí el retrato autobiográfico—y autobiográfica es muy posiblemente la valoración que recibe de su tutor universitario, y que va a servir de Leitmotiv o casi de estribillo a la historia de la vida del Hombre de Negro: a saber, su tutor, como todo el mundo luego, opina de él que es un personaje de buen carácter e incapaz de hacer el mal. Valoración que es la más alta que va a recibir, unánimemente, a lo largo de su vida.
Seguidamente vemos la versión que elige darnos Goldsmith de su frustrada carrera eclesiástica. No se mencionan los calzones rojos, pero sí la aversión que tenía al traje eclesiástico... y al negro, que es ahora en su madurez el color que lo caracteriza. Renuncia pues a una vida no precisamente llena de atractivos espirituales, pues esos no se mencionan, sino de comodidad e indolencia, por un capricho infantil, una fijación desmedida con las ropas. A las que ahora ha renunciado, como bien puede ver el visitante chino—y aquí hay que observar que Goldsmith está retratando su futura madurez anticipada, pues murió el autor no muy entrado en años y todavía muy aficionado a los trajes caros y de colores vistosos, y en absoluto al negro que sin embargo ya entreveía por el horizonte futuro, a modo de autocrítica. Sus amigos observan que al no elegir el camino eclesiástico ha echado a perder su carrera, pero repiten que es buena persona sin capacidad alguna para hacer el mal.
Sobre el origen autobiográfico de estos episodios observa Yonge lo siguiente:
This description of the father of the Man in Black is understood to have been taken, in many of its incidents, from the character and situation of Goldsmith's own father. In that respect it resembles the pictures he drew of Dr. Primrose in the opening chapters of the 'Vicar of Wakefield,' and the resistance of the Man in Black to the proposal that he should become a clergyman was a representation of at least some of the considerations which comforted Goldsmith himself when the Bishop refused to admit him to ordination. So again the position in which the Man in Black found himself as a hanger-on to a great nobleman, is portrayed in the adventures of George Primrose as the humble companion of Squire Thornhill. (201)
Pues en efecto, seguidamente intenta el Hombre de Negro, como el hijo del Vicario de Wakefield, ser cortesano pobre o más bien parásito y adulador de un aristócrata, otro ejemplo de situaciones recurrentes en la ficción y biografía de Goldsmith. Pero el futuro Hombre de Negro es demasiado inteligente y se nota que sus halagos no son sinceros, así que por tanto no sirve para el puesto y es despedido por su patrón, que sin embargo concuerda que es una persona de buen carácter e incapaz de hacer el mal, algo que empieza a sentirse ya como una maldición o como una... incapacidad del futuro Hombre de Negro. Veremos que este relato es un pequeño Bildungsroman, la historia de cómo el personaje narrador adquirió su costra de negro, moderando su incapacidad de hacer el mal y logró así sobrevivir en el mundo. (Se apreciará el paralelismo de fondo con la filosofía y el argumento de "Asem").
El siguiente episodio vital que nos narra el Hombre de Negro es su experiencia con el amor. Cortejó a una jovencita con la que parecía entenderse, ya que ella se reía ante él de su rival Mr. Shrimp, un petimetre que calzaba zapatos de tacón alto. En su entusiasmo con la jovencita, que tenía buena fortuna y vivía con una tía suya, el Joven Hombre de Negro no pareció atender mucho a que la joven le hablaba de amistad y de la belleza de la mente, no de amor ni de otros atractivos. Recordemos que Goldsmith era notoriamente feo, poquita cosa y desfigurado por la viruela, algo que procuraba compensar al menos en su mente con la elegancia (o "elegancia") en el vestir. También parece apuntarse aquí discretamente que la fortuna de la jovencita no era el menor de sus atractivos para el Hombrecillo de Negro... que recibe su castigo quizá merecido cuando, al declararse a la joven, ésta le informa que se había casado poco antes con el señor de los tacones altos... Pero que una idea factible era, según ella, que el frustrado enamorado dirigiese sus atenciones a la señora tía, pues de buena tinta sabía la sobrina que tenía muy buena opinión del Joven Hombre de Negro, o al menos lo consideraba una buena persona sin capacidad alguna para hacer el mal.
Esta historia también sugiere una raíz autobiográfica, al menos en sus fundamentos, pues de las conversaciones privadas de Goldsmith sólo podemos saber lo que elija él contarnos probablemente ficcionalizado y entre líneas. Goldsmith nunca se casó, pero no fue indiferente a la atracción de las mujeres. De hecho tuvo durante años una célebre obsesión amorosa no correspondida (no correspondida con amor, aunque sí con afecto amistoso) con la que llamaba su Jessamy bride, Mary Horneck, una jovencita a la que acompañó durante un viaje en familia a París. Para Washington Irving entre otros, es una historia de amor imposible o frustrado o unidireccional por parte del autor, unrequited love. No se sabe a ciencia cierta que hubiese una declaración y rechazo de por medio, pero sí hubo una burla pública a Goldsmith en la prensa, y una furibunda respuesta de éste al autor de la misma (Kenrick, y el editor de The London Packet Thomas Evans). Nos dice Tom Taylor (II,71) que al morir Goldsmith poco después de este incidente, la muchacha hizo abrir el ataúd para cortar un rizo de cabello del autor, y al parecer lo conservó toda su vida, hasta su muerte casi setenta años después. Mary, más adelante señora de Francis Edward Gwyn, vivía por entonces no con su tía sino con su hermana y la madre viuda de ambas, y hay otras circunstancias que varían en la ficción de Goldsmith, como el matrimonio con el petimetre, pero las conexiones autobiográficas sugeridas por esta historia pudieron traslucirse lo suficiente como para dar lugar, sumadas al cotilleo del mundillo social y literario del momento, a las burlas que sufrió el autor por su frustrado enamoramiento. Seguramente no faltaron (pero especulo) quienes, contemplando burlonamente el enamoramiento del feucho autor por la adolescente, comentasen que la madre viuda sería una pareja más adecuada para Goldsmith, especialmente tras el viaje a París en familia. Goldsmith usó el apelativo "Jessamy bride" para Mary Horneck en un poema de 1769; el viaje a París fue en 1770, la pelea con Kenrick en 1773, y el episodio del ataúd y el rizo en 1774. Ahora bien, lo realmente llamativo es que el relato de The Citizen of the World es muy anterior, anterior a la fecha (1766) en que Joshua Reynolds presentó a Goldsmith a esta familia, a la señora y señoritas Horneck. Es decir, que esta historia se superpuso a la ya existente (premonitoriamente por así decirlo) en la ficción—un caso digno de ser estudiado por Pierre Bayard (ver mi artículo "(El) mañana habrá sido escrito"). Quizá se trate de un caso de complejo emocional recurrente, o de premonición de carácter similar a la que llevó a Oscar Wilde describir su encuentro con Lord Alfred Douglas en El retrato de Dorian Gray, antes de que tuviese lugar en la vida real.
Es, en todo caso, un episodio más de realpolitik de la vida social, y un capítulo más en el desengaño con el mundo y educación emocional del Hombre de Negro—que, como vemos, es en su madurez un estoico desilusionado de la escuela de Timón de Atenas. La obra de Shakespeare, sobre la lección que un ingenuo generoso y desprendido recibe a manos de los desagradecidos, es un trasfondo necesario tanto para la historia de Asem como para la del Hombre de Negro. En "Asem" se nos despacha en unas pocas líneas la acción que aquí se desarrolla en unos párrafos: cómo la generosidad del protagonista va unida a un buenismo poco realista y a una ignorancia del mundo y de la gente. Las personas a quienes ayuda no hacen sino traerle problemas y no responder luego cuando las necesita; los amigos que supuestamente estaban dispuestos a prestarle cuando tenía dinero, no lo hacen cuando realmente lo necesita; actuando como avalista imprudente de un imprudente, acaba en la cárcel—y descubre que no está llena de ingenuos benevolentes como él, sino de personas taimadas y avisadas del mundo, que siguen explotándole y estafándole.
La
cárcel actúa como un inframundo—el inframundo imaginario del lago en
"Asem"—y prepara al protagonista para un nuevo nacimiento a la sociedad,
tras "an entire reformation in my conduct and behaviour" (107). En
lugar de ser abierto, generoso, buenista e ingenuo, pasa a ser como
aquellos a quienes conoce y desprecia, y el acto simbólico con el que
inaugura su nueva vida es negar dinero a un viejo conocido que se lo
pide, cuando bien podría haberle ayudado. Pero a estas alturas ya es una
cuestión de principios. Se hace una reputación de agarrado y ahorrador
que le hace subir en la estima social: la gente ya no lo desprecia sino
que lo respeta; se resiste a quienes buscan casarle con sus hijas. Su
nuevo carácter es el buscar su propio interés, y la gente entiende
rápidamente ese lenguaje—su reputación sube. "Me hice amigo de un
concejal sólo por observar que si le quitamos un penique a mil libras,
ya no tenemos mil libras". Quizá se case con una viuda rica. "Si hay una
colecta para beneficencia, voy pasando el sombrero pero yo no pongo
nada", y no da limosna. Como Asem, se ha vuelto un ciudadano respetado y
ha puesto en orden sus asuntos financieros dejando atrás el buenismo y
guiándose por el interés, que lo mueve ahora en armonía con el resto de
la sociedad; "no dando nada, mantenemos la posibilidad de dar mucho".
Con esta lección termina el Hombre de Negro su explicación al Viajero
Chino, y su apólogo vital, que es también, como sucedía en Asem, toda
una teoría económica muy en la línea de Adam Smith.
Es un autorretrato cínico y caricaturesco, el de "The Man in Black (II)", que viene atemperado sin embargo por varias circunstancias. Primero, que Goldsmith quizá viese la lógica expuesta por el Hombre de Negro (II), pero no llegó a practicarla a pesar de las tentaciones, y fue generoso e imprudente hasta el final (sin llegar a vestir ropa negra). Segundo, que el relato anterior ("The Man in Black (I)") muestra que la teoría del Hombre de Negro y su práctica son a menudo contradictorias—tanto, que parecemos habérnoslas con dos Hombres de Negro distintos, o dos posibles versiones del personaje en el que Goldsmith busca proyectarse. Uno de los versos más famosos del autor, en The Deserted Village, lamenta los estragos en la vida rural y las comunidades tradicionales producidos por el desalmado capitalismo ("Trade's unfeeling train"). Es curioso ver a Goldsmith como una especie de portavoz de Adam Smith en 'Asem' o en 'The Man in Black (II)', a la vez que dividido con sus tendencias naturales irreprimibles, benevolentes y sentimentales, en The Deserted Village, o en "The Man in Black (I)".
Quizá sea la paradoja inherente al altruismo—que se aplica sabiamente no de modo indiscriminado, sino más bien favoreciendo a quienes son nuestro prójimo.... ¿pero quiénes son nuestro prójimo, exactamente? Parece ser una cuestión irresoluble, si le preguntamos a estos dos Hombres de Negro.
En su libro de psicología evolucionista The Meaning of Human Existence, el sociobiólogo E. O. Wilson señala dos tendencias básicas e inherentes a la sociabilidad humana: una de fondo, más básicamente darwiniana, es la lucha por la vida, la competición con otros individuos y el cultivo egoísta de los intereses que favorecen al individuo; la otra, un desarrollo posterior y más específico de la sociabilidad humana (un desarrollo que no llega a eliminar la primera tendencia, sino que se construye sobre ella), lleva al individuo a posiciones altruistas, que favorecen no tanto a su persona como al grupo social al que pertenece. Esta otra tendencia básica de la psique es la que permite las actitudes desprendidas como las que caracterizan al Hombre de Negro I y al II cuando era joven. Son las que hacen a la sociedad humana una sociedad cohesionada y cooperativa, en competición eso sí con otros seres vivos, incluyendo otros grupos humanos. (Por eso decíamos que esta tendencia no anula la lucha por la vida sino que se construye en su seno, o sobre ella).
"In a nutshell, individual selection favors what we call sin and group selection favors virtue. The result is the internal conflict of conscience that afflicts all but psychopaths" (Wilson, The Meaning of Human Existence 179).
Son estas dos tendencias
inherentes a la sociabilidad humana y a las motivaciones del
comportamiento las que vemos dramatizadas, a modo de contradicción
paradójica, en la figura del Hombre de Negro, como resultado al parecer
de la intensa manera en que Goldsmith sentía la paradoja del altruismo
en sí mismo, en conflicto y coexistencia con sus agudas observaciones
sociales del comportamiento propio y de otras personas. Goldsmith nos
muestra cómo estos principios de comportamiento, cuya raíz
sociobiológica y evolucionista desvela E. O. Wilson, inspiran no sólo
dos teorías económicas contradictorias en su época (lo que podríamos
llamar el tradicionalismo benevolente cristiano frente al capitalismo liberal) sino
también la actuación práctica de los individuos en su diversidad
social, y también en sus contradicciones internas, vale decir: los
conflictos éticos y políticos que gobiernan y dividen tanto a los
movimientos sociales como a la interioridad de los individuos.
_____
Referencias
Bayard, Pierre. Demain est écrit. (Paradoxe). París: Minuit, 2005.
Goldsmith, Oliver. Essays of Oliver Goldsmith. Ed. Charles Duke Yonge. Nueva York: Macmillan, 1904.
García Landa, José Angel. "(El) Mañana habrá sido escrito." En García Landa, Vanity Fea 29 enero. 2008. Reseña de Demain est écrit, de Pierre Bayard.
https://garciala.blogia.com/2014/091105--el-ma-ana-habr-sido-escrito.php
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http://ssrn.com/abstract=2626377
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https://www.nationaltrustcollections.org.uk/object/766137
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Oxford Companion to English Literature, ed. Margaret Drabble. Oxford: Oxford UP, 2000.
Wilson, E. O. The Meaning of Human Existence. New York and London: Norton-Liveright, 2014.
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martes, 13 de mayo de 2025
Goldsmith darwinista
Goldsmith darwinista
José Ángel García Landa
Universidad de Zaragoza
2022
Oliver Goldsmith era un tanto dado (y no es en eso excepcional) a crear, en sus
ficciones y poemas, proyecciones
autobiográficas, variaciones imaginativas de su propia vida, reflexiones sobre
su propia personalidad. Así sucede con los versos sobre el muchacho con el
rostro marcado de viruelas en el poema "The Deserted Village", un
inocente que se tiene por uno más y al que el tiempo irá haciendo más
consciente de algunas limitaciones personales. En diversas ocasiones reflexiona
Goldsmith en sus obras sobre la benevolencia, el altruismo, y su problemática. Goldsmith
atribuía muchos de sus problemas financieros, en su propia vida, a su
altruismo, aunque otros los han atribuido también a su falta de previsión, a su
gusto por el lujo inútil, y a su adicción al juego. Sea como sea, con
frecuencia infundió el autor parte de su propio carácter a diversos personajes
improvidentes y benevolentes, a modo de autoanálisis o de autoadmonición.
Sucede esto en su novela The Vicar of Wakefield (1766) y también en un drama escrito un tanto a rebufo del éxito de esa obra, The Good-Natured Man (1768). Otro personaje contradictoria o ambiguamente benevolente y altruista es el "Hombre de Negro" de sus Cartas Chinas (ver mi ensayo sobre "El Hombre de Negro"). También es el caso del protagonista del relato que aquí examinaremos, conocido a veces como "Asem, the Man-Hater", un relato al estilo "oriental" de Las Mil y una Noches. El protagonista Asem, un altruista contraproducente, es no sólo una admonición moral para el lector, sino también una reflexión sobre el altruismo más profunda de lo que podría parecer. Propondremos, de hecho, que la reflexión de Goldsmith sobre el altruismo y el interés propio tiene cierta relevancia para el pensamiento ecológicó y sociobiológico, y que anticipa algunos aspectos de las teorías de Charles Darwin sobre los ecosistemas y la selección natural.
Si muchas veces no se cae en la cuenta de que Darwin es un gran pensador ecologista, menos todavía se tiene en cuenta que las reflexiones de Darwin sobre estas cuestiones, y en concreto sobre los resultados evolutivos de la voluntad de supervivencia y de la lucha por la vida, se encuentran enraizados en el pensamiento ilustrado del siglo XVIII. Sí se ha señalado con frecuencia que las teorías biológicas de Darwin cristalizaron con su lectura de Malthus y de Adam Smith, y que tanto los conceptos de superpoblación y escasez de recursos usados por el primero, como la "selección natural" efectuada por la mano invisible del mercado, en el caso del segundo, son cruciales ingredientes formadores del darwinismo.
Pero la historia va más allá, y querríamos apuntar la relevancia a tal efecto del pensamiento de Bernard Mandeville en su Fábula de las abejas. Mandeville proponía su propia versión de la "mano invisible" al observar con cierto sarcasmo cómo la búsqueda del propio beneficio daba lugar también a efectos no calculados, efectos económicos a la larga beneficiosos para el ecosistema social por así llamarlo. Se trataría de una selección natural (es decir, no intencional ni calculada ni calculable) de las dinámicas económicas deseables para la prosperidad y buen orden de una sociedad, habida cuenta del elemento de base del que hay que partir, la búsqueda del propio interés.
Y, posiblemente, también sea relevante para una genealogía conceptual de la selección natural (tanto de los ecosistemas naturales como del orden social) esta obra de Oliver Goldsmith, "Asem," que está muy a tono a su vez con Bernard Mandeville en su defensa de la libre competencia, del mercado, y en su ambiguo enraizamiento de la moralidad humana, y de la sociabilidad humana, en impulsos y dinámicas sociales básicamente egoístas y competitivos, en el motor del interés propio.
El relato de Goldsmith se recogió en sus Essays, y puede leerse por ejemplo en The Life of Oliver Goldsmith with Selections from His Writings (Nueva York: Harper, 1840).
Señalaremos
algunos de los elementos pre-darwinianos que tiene el relato. Estos elementos
están en una tradición dieciochesca, como no podría ser menos, y se podrían
relacionar en su línea de pensamiento con las teorías de la economía política
desarrolladas por Adam Smith, y con la tesis de éste sobre los beneficios
económicos de la libre competencia generalizada.
Hemos apuntado que Charles Darwin también se inspiró tanto en el Ensayo sobre el Principio de la Población
de Malthus como en la "mano invisible" de Adam Smith (The Wealth of Nations) para formular su
teoría de la Selección Natural. En la
Teodicea de Darwin (ver mi artículo "Grandiosa secuencia de
acontecimientos"), la muerte, la extinción y la lucha por la vida son
necesarias para el proceso evolutivo, y para que surjan formas complejas. De
manera paralela, Goldsmith dedica su cuento sobre un misántropo idealista,
Asem, a desautorizar la tesis de que el mal y el bien se puedan separar o
desentrelazar. El misántropo Asem, desengañado de los hombres tras escarmentar
en su experimento de generosidad y benevolencia generalizada, querría un mundo
perfecto, pero cuando el Genio se lo hace visitar, ve que no es ni siquiera un
mundo humano, ése en el que no hay ni competencia, ni vicio... ni virtud, pues
la virtud necesita del vicio para surgir y contrastarse. Donde no hay
competencia, ni emulación, ni interés por lo propio ni por lo ajeno, no hay ni
siquiera humanidad propiamente dicha, y Asem no reconoce cultura, sociedad,
comportamientos o actitudes humanas en el supuesto paraíso benevolente,
buenista y primitivista que había deseado, y que le había sido concedido por el
Genio.
Así que Asem vuelve de su retiro en las montañas otra vez a la
civilización, y se dedica al comercio, no a la caridad como hacía antes de su
ruina y exilio. Ahora hace como los demás: busca su beneficio personal. Y
prospera, y hace prosperar a la sociedad con él. Del interés propio del
comercio (una lucha por la vida) surgen beneficios para la sociedad: private vices, public benefits, nos
diría Mandeville. Surgen la cultura y la prosperidad, y la humanidad se
diferencia de las sociedades animales (y las domina y explota) precisamente en
competencia con ellas, y buscando su propio beneficio, no adoptando la postura
benevolente y buenista de Asem hacia las otras criaturas y otros seres humanos.
Es ésta una defensa muy dieciochesca de la vida en sociedad y del progreso, y
del capitalismo liberal—nada sentimental-prerromántica. Un arranque proto-victoriano,
tuvo ese día Goldsmith.
Bien, pues todo esto que podría parecer bastante darwiniano, así a modo de aire
de familia, todavía se queda chiquito si comparamos un texto de Goldsmith y
otro de Darwin sobre la lucha por la vida y sus beneficios ecológicos. En el
primer texto, el genio explica a Asem cómo un equilibrio y tensión entre
depredadores y presas es mejor desde el punto de vista "vital" que un
ecosistema plácido y con menos competencia. Da lugar a formas de vida más ricas
y variadas:
"
Here," cried Asem, " I perceive animals of prey,
and others that seem only designed for their sub-
sistence; it is the very same in the world over our
heads. But, had I been permitted to instruct our
Prophet, I would have removed this defect, and
formed no voracious or destructive animals, which
only prey on the other parts of the creation."
" Your tenderness for inferior animals is, I find, re-
markable," said the genius, smiling. " But, with re-
gard to meaner creatures, this world exactly resem-
bles the other; and, indeed, for obvious reasons: for
the earth can support a more considerable number
of animals by their thus becoming food for each
other, than if they had lived entirely on her vegeta-
ble productions. So that animals of different na-
tures, thus formed, instead of lessening their multi-
tude, subsist in the greatest number possible. But
let us hasten on to the inhabited country before us,
and see what that offers for instruction."
(de The Life
of Oliver Goldmith, with Selections from His Writings).
Compárese
con las ideas del Origen de las Especies,
en especial con la imagen darwiniana del proceso de la vida como un
"entangled bank" en el que la variedad y perfección de especies se
debe a su coexistencia compleja, en la que subyace una competición a muerte,
una lucha incesante por la vida y por la reproducción ventajosa. Así termina Darwin su libro:
It is interesting to contemplate an entangled bank, clothed with many plants of many kinds, with birds singing on the bushes, with various insects flitting about, and with worms crawling through the damp earth, and to reflect that these elaborately constructed forms, so different from each other, and dependent on each other in so complex a manner, have all been produced by laws acting around us. These laws, taken in the largest sense, being Growth with Reproduction; inheritance which is almost implied by reproduction; Variability from the indirect and direct action of the external conditions of life, and from use and disuse; a Ratio of Increase so high as to lead to a Struggle for Life, and as a consequence to Natural Selection, entailing Divergence of Character and the Extinction of less-improved forms. Thus, from the war of nature, from famine and death, the most exalted object which we are capable of conceiving, namely, the production of the higher animals, directly follows. There is grandeur in this view of life, with its several powers, having been originally breathed into a few forms or into one; and that, whilst this planet has gone cycling on according to the fixed law of gravity, from so simple a beginning endless forms most beautiful and most wonderful have been, and are being, evolved. (On the Origin of Species, 1859, conclusión)
En varios otros puntos de su libro, Darwin enfatiza esta observación: que una
misma superficie de terreno es capaz de sostener mayor volumen de vida si se
mantienen en ella diversas especies en interacción que si es una sola especie
vegetal la que se siembra allí. Y de ahí llega por pasos a su teoría de que es
de la lucha a vida o muerte, en el fondo, de donde salen en última instancia
todas las bondades y virtudes y excelencias que apreciamos en nuestro mundo
humano.
La doctrina darwiniana debe enraizarse, parece claro, en las teorías dieciochescas sobre la naturaleza plena que subyacen también a las reflexiones economicistas de Adam Smith o Malthus—reflexiones que a su vez influirían directamente en Darwin. La noción de la naturaleza plena es un lugar común de las teodiceas naturalistas en el siglo XVIII; aparece también en las Characteristicks de Shaftesbury, o en el Essay on Man de Pope. Y también Goldsmith se alimenta de la tradición de la Naturaleza Plena—que a su vez puede relacionarse con otra noción protoevolucionista, la Gran Cadena del Ser, una scala naturae que asegura que el Universo se vea poblado por seres de diferentes capacidades que hacen rendir al máximo las potencialidades del Creador.
Un razonamiento extremadamente protoevolucionista
en esta línea puede encontrarse en el ensayo de Addison "Sobre la Escala
del Ser" (en el Spectator 519,
de 1712), y remitimos para un comentario del mismo a nuestro ensayo
"Addison on Aliens." A.O. Lovejoy comenta ambas nociones, la
Naturaleza Plena y la Gran Cadena del Ser, así como su parentesco mutuo, en su
libro The Great Chain of Being. El
ecologismo darwiniano que se vislumbra en la citada noción de "the
entangled bank" en El Origen de las
Especies debe mucho a estas reflexiones de una tradición naturalista más
antigua, que aprecian el complejo entrelazamiento de lo simple y lo complejo en
una "Cadena del Ser" que llena el conjunto del universo con una
diversidad de seres, una escala natural en la que los más simples sirven de
entorno y de alimento a los más complejos.
Goldsmith era un naturalista divulgador, autor no sólo de poemas, comedias o
relatos, sino también de una History of the Earth and Animated
Nature (en 8
volúmenes, 1774) y de un Survey of
Experimental Philosophy, Considered in its Present State of Improvement. Conocía seguramente la mencionada
obra de Addison, como la de su predecesor Fontenelle, y la de otros naturalistas
ingleses y franceses del XVIII. Sus propias cualidades de polígrafo y
divulgador le permitieron también relacionar con estas observaciones sobre el
mundo natural las reflexiones de los historiadores y de los economistas sobre
el desarrollo de las sociedades humanas. Su relato sobre el doblemente desengañado
Asem no se inspira por tanto únicamente en la tradición de las fantasías
orientales. Hemos señalado que Charles Darwin tampoco inventó todo el darwinismo él
solo—descansaba sobre hombros si no siempre de gigantes, sí en todo caso sobre
los hombros de su recio abuelo Erasmus—otro Darwin evolucionista. Y bien pudo
Charles Darwin reposar también sobre los hombros de un señor bajito y
regordete, feúcho y hoy algo despreciado como escritorzuelo démodé, Oliver Goldsmith—que cuando
escribió "Asem" tuvo un día victoriano, pero también tuvo un día darwiniano
y genial.
—oOo—
Referencias
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Darwinian logic... and history
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Yira, yira (6): pic.twitter.com/1M9u9uCBLE — JoséAngelGarcíaLanda (@JoseAngelGLanda) August 28, 2026
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Reading notes on Donald Polkingorne's book Narrative Knowing and the Human Sciences (1988). Human beings exist on three realms: materia...
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Hiperhipertexto: Hipertextualizar todo el texto 06 de septiembre de 2005 - 21:58 ...
