Me acaban de invitar, un equipo de investigación de
la Universidad de Hamburgo, con el que ya había colaborado antes, a
participar en una publicación sobre teoría de la narración, un Handbook of Narratology
que se publicará en red en la universidad de Hamburgo, y que se irá
actualizando periódicamente, a la vez que se sacan ediciones impresas
que publicará Walter de Gruyter. Me proponen que escriba uno de los
capítulos (33 en total), que serán más bien pequeños tratados que
entradas de enciclopedia.
Y lo dudo... por una parte me tienta,
es lo que se considera "una buena publicación" en mi contexto
profesional, de las que hace falta tener en el currículum. Por otra
parte, en este momento no me tienta la escritura tratadística (ya
escribí un tratado en tiempos, cuando hice la tesis, dura experiencia). Y
más que seguir practicando la publicación académica disciplinada y
clásica me apetece más experimentar con la autopublicación y las
modalidades de escritura sin disciplina, ni autodisciplina, ni control,
ni forma identificable, a que puede llevar. Quizá no para siempre, sólo
para un rato (aunque toda la vida es un rato, la verdad).
Así que
le he contestado al colega que me invita, agradeciéndole por supuesto
la invitación (ya me hubiera dado yo con una piedra en los dientes en
otro momento) pero aplazando la respuesta. Y es que he empezado la carta
para decirle que sí, y me he encontrado diciéndole que no conforme la
escribía, y luego lo he borrado y le he dicho que sí... y al final he
tenido que optar por decirle que se lo digo otro día.
Vamos, que le debería haber enviado un Fuzzmail, para que viese claramente lo que hay. ¡Igual me desinvitaba pero ya!
En otro orden de cosas, le he enviado al Rector una queja por el episodio del otro día
en el Consejo de Departamento. También dudándolo; pero es que se pasa
de castaño oscuro ya. Que en una situación de conflicto la gente se lave
las manos hasta el punto de darle la razón al mentiroso, cuando les
consta que está mintiendo, y ellos con él, sólo por no elegir bando.
Malo, cuando dar testimonio de si efectivamente se ha oído decir tal o
cual cosa, o no, se interpreta como elegir bando. Hoy me ha llegado el
eco de una profesora que se excusaba diciendo que no había podido hacer
otra cosa, porque no tiene puesto fijo. Muy sintomático: al parecer
considera que su puesto inestable no peligra por mi parte ni aunque
declarase falsedades contra mí, y que en cambio sí puede peligrar por
obra de la otra parte si no se pliega a apoyarles prietas las filas aun a
costa de falsificar la evidencia. Como digo, irrelevante de todo punto,
pero muy significativo.
Los demás asistentes al Consejo no
sabían si yo me estaba inventando una acusación contra el Dr. Collado,
en plan delirio, o si éste en efecto me había insultado, y los testigos
que había, al negarse a decir que era cierto lo que yo decía, apoyaron
al Dr. Collado, sabiendo muy bien que estaban falseando la verdad del
asunto. Vergüenza les debería dar. Y, como dudo que les vaya a dar, por
eso le he mandado la protesta al Rector.
Aunque creo que acabaré haciendo como Tito Andrónico, y mandaré flechas al aire con protestas a Saturno. You were as good to shoot against the wind.