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miércoles, 22 de abril de 2026

The Cambridge Companion to Shakespeares

 

The Cambridge Companion to Shakespeares

Siempre estoy a vueltas con libros nuevos y viejos sobre Shakespeare (ya que me dedico a enseñarlo). El último que me he leído es The Cambridge Companion to Shakespeare, una colección de capítulos de diversos autores editada por Margreta de Grazia y Stanley Wells (Cambridge: Cambridge UP, 2002). En el post anterior he citado a Dennis Kennedy; ahora traduzco otro trocito interesante suyo:

Desde el principio de la vida póstuma de Shakespeare como dramaturgo, dos cuestiones han estado presentes de modo continuo: las proclamas de su universalidad, y su apropiación en ambientes foráneos. La primera declaración de la universalidad de Shakespeare apareció en el primer documento crítico de importancia sobre Shakespeare, el poema dedicatoria de Ben Jonson en la edición Folio de 1623. En memoria de su amigo y rival, Jonson lo presentaba brillando más que los demás dramaturgos y poetas:

    Triunfa, Gran Bretaña mía, puedes mostrar uno

    A quien todos los escenarios de Europa deben rendir homenaje.

    No era de una época, sino para todos los tiempos ... (41-3)

Pero la universalidad es un concepto problemático: a menudo lo que creemos que tiene un atractivo global resulta ser más limitado localmente o temporalmente de lo que pensamos.Como los textos de Shakespeare parecen abiertos --intelectualmente y teatralmente inestables y sujetos a comprensiones y valoraciones divergentes-- hay públicos enormemente diferentes que han conseguido leer o proyectar sus propios intereses en ellos, o verlos como reflejos de su propia condición. El amplio atractivo del que ha disfrutado Shakespeare a lo largo del tiempo y el espacio puede ser resultado de la indeterminación de su obra más bien que de su universalidad. O quizá sea eso lo que la universalidad significa en última instancia en el arte: resistencia ante los cambios, basada en la elasticidad de un artefacto. ("Shakespeare Worldwide", 252).

La elasticidad teatral de Shakespeare está fuera de duda, pero aun allí hay que tener en cuenta que sus adaptadores lo vuelven aún más elástico... recortando y hasta añadiendo donde lo creen conveniente: hasta convirtiendo a Voltemand y Osric en personajes sustanciales, si hace falta (ver Barra Siniestra de Nabokov). Así pues, un clásico no nace, se hace... primero se hace a sí mismo, y luego lo hacemos entre todos los demás. Por eso interesa tanto Shakespeare, supongo: como el clásico más vivo y más comentado, presenta también de modo ejemplar lo que son las virtudes del clásico y que no podemos encontrar en un no-clásico: todos los ecos acumulados a su alrededor, las interpretaciones que lleva a cuestas, la intertextualidad de su recepción. No arrastra toda, claro, nunca se puede... pero arrastra bastante. Lluis Pasqual, que dirige estos días en Zaragoza Hamlet y La Tempestad, también nos recuerda que "cada generación se propone leer los grandes textos a la luz de sus vivencias".

Lois Potter cierra su capítulo sobre "Shakespeare in the Theatre, 1660-1900" reflexionando un tanto irónicamente sobre esta "flexibilidad" de Shakespeare con los tiempos cambiantes del siglo XX:

The dramatist who had once been championed as a force for both poetic language and realistic psychology would now be invoked instead to justify non-mimetic theatre, Brechtian political drama, fluid staging, and a post-modern treatment of character. (196)

Y más relativismo, más apropiación, más versatilidad y perspectivismo encontramos en el capítulo de David Scott Kastan sobre "Shakespeare and English History". Kastan ve las obras históricas de Shakespeare como reflexiones sobre la historia, no tanto metateatro como meta-historia (un poco a la Hayden White, supongo): "the plays are fundamentally about the difficulty of preserving the past" (180); son reflexiones dramatizadas sobre

the deepest truth of history writing: that it is not the representation of the past, but is the representation of the past. The past cannot be fully recovered from ’the swallowing gulf / of dark forgetfulness and deep oblivion’ (Richard III 3.7.128-9), and its representation is therefore inevitably partial, in both senses of the word, a product both of the incomplete traces that have survived and the shaping concerns of those who seek and study them. Shakespeare knows that history is always as much invented as found, speaking the interests of the present as much as those of the past that it would bring into view. His histories may be undependable registers of historical fact, but they are brilliant meditations on the nature of history itself" (181).

Y si sucede con la historia, sucede, claro, con la historia literaria. Shakespeare es como el cerdo, se aprovecha todo... y un cerdo proteico además, que si es necesario sabe a vaca o a carnero. Tampoco el volumen éste, The Cambridge Companion to Shakespeare, tiene desperdicio, por cierto; muy recomendable lo veo para quien quiera estudiar a Shakespeares.

 

Ackroyd’s Shakespeare

 

 

 

A photo on Flickr

viernes, 10 de octubre de 2025

Philology

My Bibliography of Literary Theory, Criticism and Philology is the most significant among the external links in the Wikipedia article on Philology. The English language Wikipedia, I mean. Which deserves celebration, Wikipedia being our closest approach so far to the World Brain devised by H. G. Wells.

 

Philology

Wikipedia. "Philology." Wikipedia: The Free Encyclopedia.*

         https://en.wikipedia.org/wiki/Philology

         2025

 

 

As for ourselves, we're still sticking to the classical approach and definition of the discipline...

 

PHILOLOGY, the generally accepted comprehensive name for the study of the word (Gr. λόγος), or languages; it designates that branch of knowledge which deals with human speech, and with all that speech discloses as to the nature and history of man. Philology has two principal divisions, corresponding to the two uses of “word” or “speech,” as signifying either what is said or the language in which it is said, as either the thought expressed—which, when recorded, takes the form of literature—or the instrumentality of its expression: these divisions are the literary and the linguistic. 

 

Encyclopaedia Britannica. "Philology." (1911 edition of Encyclopaedia Britannica). Wikisource.*

         https://en.wikisource.org/wiki/1911_Encyclop%C3%A6dia_Britannica/Philology

         2025

 


 

lunes, 25 de agosto de 2025

Retropost, 2005: La Guerra de los Mundos

 

La Guerra de los Mundos

Había un país lleno de tensiones en la convivencia familiar, y con sus problemas de política interior y exterior, un país empero donde se vivía básicamente la vida cotidiana -- y que de repente se vio sumergido en un problema de una dimensión mucho mayor: invadido, planchado, masacrado, bombardeado por una civilización tecnológicamente muy superior contra la que no tenía la menor esperanza de poder defenderse. Los invasores tenían los planes de conquista trazados, y los siguieron implacablemente hasta dominar totalmente la situación, mientras columnas de refugiados huían aterrorizados, en medio de un mar de destrucción, y veían a sus ejércitos estrellarse impotentes contra las indestructibles máquinas de matar venidas de otro mundo. Pero... "ninguna ocupación tiene éxito, lo ha demostrado la historia", cito de la película. Nuestra adaptación al terreno nos ha dado el derecho de vivir aquí, mientras que los invasores serán rechazados, a pesar de su triunfo inicial, por el mismo aire que respiran. Cuando no por la resistencia subterránea. Vamos, que la película de Spielberg va de la mala conciencia existente en los EE.UU. acerca del imperialismo agresivo de su país en países como Irak. Las filas de refugiados occidentales, imagen que nos lleva a la Segunda Guerra Mundial o a la guerra de Bosnia-Herzegovina, nos recuerdan que los iraquíes son como nosotros, y que no necesariamente nos va a tocar siempre estar del lado que bombardea. (El Holocausto también palpita por aquí debajo).

¿Que la película va también de América, y que los marcianos son una alegoría de los terroristas? Pues claro, no pretendo negarlo: una cosa no quita la otra. Tanto más onírico, y cinematográfico, si se fusionan el yo y el otro, si se crea en los marcianos una imagen compleja en la que se funden el Otro absoluto que es el terrorista para su víctima, y el otro Otro dentro de nos-Otros–el terrorista que somos nosotros para otros. (La lógica de la abyección una vez más). Porque los marcianos, claro, también son terroristas infiltrados en el vecindario: en nuestro patio trasero, debajo de nuestras casas se ocultaba la amenaza, y no lo sabíamos hasta que empiezan a derrumbarse las torres. Holy shit! Las escenas de destrucción de edificios y de reacciones de masas no pueden sino recordar al 11 de septiembre. Pero Spielberg toma aquí partido por la acción y por un punto de vista limitado: corta la electricidad. Con lo cual se autolimita en el uso de imágenes dentro de imágenes del que tanto gustaba en otras películas. Gana así la película en intensidad, pero pierde en complejidad, porque la dimensión informática de esta guerra de los mundos desaparece. Nunca vemos, por ejemplo, el punto de vista del extraterrestre, aunque ellos sí tengan comunicaciones. Pero ya se sabe que es mejor no mirar con mucho detenimiento dentro de uno mismo: buscando terroristas por los subterráneos puede que tu cámara se encuentre con un espejo.

Los extraterrestres, por cierto, son el resultado de una noche de amor entre Alien y E.T. (los autoguiños de ojo del director son numerosos, parece un tic temblón). Casi parecen vulnerables estos no-marcianos: repugnantes pero no personalmente temibles en un cuerpo a cuerpo, si nos conociésemos en otras circunstancias. Son sus máquinas, los trípodes (hechas a su imagen y semejanza, claro, uno y trino - también a modo de los trífidos) las que hacen la destrucción. Recuerdan a pulpos y monstruos submarinos - pero también a un F-117 con patas. De repente se derrumban: los marcianos mueren envenenados por las bacterias terrestres. Aquí ha fallado su tecnología, y la de Spielberg - pero qué vergüenza, puestos a planear las cosas con tanto cuidado y tanta pasta. Puestos a modernizar la novela de H.G. Welles (oops), un retoque inteligente al final hubiera ayudado: los "gérmenes" no tienen hoy el impacto novedoso que tenían a finales del 19, al margen de que el final predecible a la manera sabida resulta decepcionante. Es decir, no basta con ambientarla en el siglo XXI para ambientarla en el siglo XXI. Orson puso el listón metaficcional muy alto al mezclarla con la realidad, y Spielberg ha preferido cortar por lo sano y contener la historia en unos límites en los que ya no cabe.

En cualquier caso, la película está llena de aciertos por aquí y por allá: gran parte del trabajo de los actores y de la cámara, escenas como la de la tormenta inicial, los cadáveres en el río, la lucha por el coche, o el tren incendiado... Hay otras escenas falsas, como el encuentro con la reportera en el avión estrellado (otra alusión 7/11 esa). Parece insertada bajo el dictado de la corrección política - solidaridad entre judíos, negros y blancos. También está escena del americano profundo paranoico (je, con razón - hasta los paranoicos tienen enemigos). Se supone que hay que exterminarlo, como momento moralmente duro de la peli; pero no queda convincente. Toda esta escena es demasiado larga y chirría. Tampoco Cruise debería ponerse al final a volar trípodes, eso abarata la película. Ni gusta (veo por las reseñas) que toda la familia se reúna al final, sin víctimas. Queremos más víctimas. Bueno, Cruise sigue siendo the odd man out, es una falsa reconciliación con su familia desestructurada la que sigue, tanta calamidad para que al final no se consiga remendar la familia americana. Y nos quedamos sin saber si el hijo, por fin abrazado, termina de hacer su trabajo de curso para el lunes sobre "la guerra de Argelia": le sugiero una visión comparativa con la de Irak y con la invasión marciana.

(Y más ciencia ficción y más extraterrestres: me han regalado, a domicilio además, This Island Earth, una peli de vintage SF que llevaba con ganas de ver desde los 70... ¡Gracias, Alessandra! Por cierto mientras leía varias críticas de la película en Google, me he fijado por primera vez en el pie de página que ponen, imitando los finales de las películas: "Ningún crítico cinematográfico ha sufrido daños durante la creación de esta página. De hecho, la página se ha creado sin su ayuda, ya que la selección y colocación de las críticas se ha determinado automáticamente mediante un programa informático." Ya que no hacen daño, ¿se va a apuntar alguien al servicio este de mensajería de Google?)

 

1 comentario

daniel -

demasiado buena la pelicula cabe destacar que spealberg es un genio en cuanto se trata de efectos especiales y toda la parafernaria holliwoodence...pero a parte de eso es un genio en lo que se trata de lo que es un guion y una realidad la saber profundizar un tema que esta ante de nuestros ojos, como un dialogo de la pelicula para vencer a los extraterrestres hay que tener los ojos bien abiertos. que mas advertencia que la que nos dice el mismo film, no queremos ver mas alla de nuestras narices a lo que esta mas claro que el agua, y que no hace falta dejar de lado el nucleo familiar por las frivolidades, a todas aquellas personas que no han visto la pelicula, se las recomiendo con los ojos cerrados, pero despues de allan leido el libro, no se trata de una pelicula mas de extraterrestres como dije al principio si no de una realidad como la vida misma....daniel di cristoforo...venezuela

 

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