fernand0 -
Ya hablé en un post anterior de Muertes paralelas, de Fernando Sánchez Dragó, y de lo forzado que me parecía alguno de los paralelismos que sirven de base al libro. Me ha gustado, sin embargo, como libro sobre la guerra civil española y sus consecuencias y la memoria de la misma y sus traumas, ejemplificados en el propio autor.
Es el libro una self-begetting novel de las que decía Steven G. Kellman, un libro que cuenta la historia de cómo llegó a ser escrito, y que, aún más, cuenta cómo quien lo escribe llega a ser quien es mediante la escritura de este libro. Escribe Sánchez Dragó con el siguiente planteamiento: tras muchos años de ignorar la figura de su padre, asesinado por los falangistas al comenzar la guerra civil, se ha dado cuenta, por diversas coincidencias y señales procedentes quizá del más allá, de que el destino de su padre y el suyo están estrechamente entrelazados, de que su padre es la persona más importante de su vida, "el personaje de más importancia, sustancia y trascendencia en la vida de su hijo" (583). Así, el hijo se da cuenta de que ha de escribir un libro para sacarlo del olvido, o para sacárselo del cuerpo, o para terminar de metérselo en el cuerpo quizá. Hace un seguimiento paso a paso de los últimos días de su padre, y más panorámicamente de toda su vida, y de la propia, y de la de su familia entera, con el trasfondo del país en la guerra y la posguerra. Analiza la manera en que su propia personalidad es producto de la herencia y de las circunstancias traumáticas que marcaron su infancia, y en suma busca "desamordazar y regresar" al difunto mediante un proceso de escritura intenso, superponiendo a esa escritura la investigación y la rememoración de su relación fantasmática con su padre, y de toda la carrera, personalidad y destino propios. Viene a concluir Dragó que él es quien es porque mataron a su padre —si no, es probable que hubiera seguido sus pasos en el periodismo y hubiese terminado dirigiendo la agencia Efe, y siendo un desdichado ejecutivo, o quizá un ciudadano Kane, en lugar del hippy feliz y anárquico que es. Aunque no parece haber razón para temer eso, si creemos que "todo lo que, bueno o malo, sucede a un hombre, a una persona, es culpa o mérito de su temperamento y de su conducta" (77).
Es
un libro pues contradictorio, y también excesivo, divagante,
desordenado, desvergonzado, que pasa de lo emotivo a lo carcajeante y a
lo absurdo o ridículo de manera deliberada sin gran orden ni concierto;
tan pronto es conmovedor como no puede callarse una asociación de ideas
deliberadamente grotesca, o desbarra con interpretaciones disparatadas;
todo con frecuentes repeticiones que van y vienen por oleadas o en
espiral creciente, conforme vamos entendiendo y conociendo mejor al
narrador y a su familia y obsesiones. Como digo lo he pasado bien
leyéndolo, a pesar de su longitud desmedida, de las repeticiones o
hipótesis inútiles, y de las abundantes ideas marulas del
autor-narrador.
Me ha interesado especialmente la dimensión traumática de la historia, y el sentido de ritual funerario de la escritura:
El
significado político de esta historia hoy es bien expresado por el autor
cuando dice que "pocos españoles hay que no lleven un dolor semejante
en el fondo de su almario" (59).
Ahora bien, el trauma familiar
de Sánchez Dragó, si bien es compartido con muchos españoles, a la vez
es vivido y analizado de modo muy particular por el autor. No me
convence el análisis que hace de su propio trauma: hay demasiada
palabrería y demasiado bailoteo hipotético alrededor, y un montón de
hojarasca de sincronías y reencarnaciones y destinos que para mí no son
sino síntomas de un cráneo mal amueblado y muy frívolo con las ideas y
con el orden de las cosas. No voy a ponerme a analizar el carácter de
Sánchez Dragó, pero creo que no sorprendo a nadie si digo que me parece
arrollador, egocéntrico, narcisista, fascinado consigo mismo y que le
encanta escucharse (vaya, todo eso menos lo de arrollador debería
hacérmelo recomendable al menos como alma gemela). Es un libro muy hindsight biassed, que
toma una historia llena de imprevistos, casualidades y contingencias, y
la organiza para reelaborar un relato de trayectos vitales
preorganizados en el más allá y simetrías vitales compensadas según las
necesidades fantasmáticas del autor, con el fin de explicar y justificar
el presente. La creencia en destinos, sobre todo destinos especiales,
en coincidencias asombrosas diseñadas para enseñarle lecciones, en
iluminaciones y caídas del caballo, etc., son todos síntomas de alguien
que cree desde muy adentro que la realidad está organizada en torno
suyo, algo de lo que evidentemente no se llega a curar mediante la
escritura de este libro.
Más interesante me ha parecido pues la
manera en que Sánchez Dragó escenifica el trauma de modo espontáneo, un
trauma no superado mediante la escritura, como querría hacernos creer,
sino por el contrario profundamente asentado, quizá más asentado que
nunca tras el proceso de escritura. Me refiero a las simpatías
profundamente derechistas (hippy-falangistas, por ser más preciso) de
alguien cuyo padre fue asesinado por los falangistas en la guerra. Claro
que Sánchez Dragó siempre ve esa circunstancia como un tanto paradójica
o contradictoria: su padre no era un "rojo", y especula que muy
probablemente habría hecho rápida carrera bajo el régimen de Franco, en
caso de haber sobrevivido (muy plausible suena esto).
El libro
empieza con el autor en sus años mozos e inconscientes. El autor, a
decir propio, no termina de hacerse adulto hasta que escribe este libro.
Era entonces, a mediados de los cincuenta, un rojillo comunistoide, o
más bien tenía un síndrome adolescente de revuelta contra su familia de
derechas y contra el franquismo paternalista y sofocante; y es al ser
arrestado por el célebre comisario Conesa cuando éste le espeta,
revelación para él, que a su padre no lo mataron los rojos sino
"nosotros" (sería borde el comisario), los nacionales. Segunda vuelta de
tuerca al trauma. Ya no sabe el futuro autor contra quién tiene que
rebelarse; en todo caso, aún no ha tenido lugar su caída del caballo y
su descubrimiento del misticismo oriental, que aquí aúna con el retorno a
la figura de su padre.
Primer toque de atención de los desbarres
mentales del autor es su simpatía por la figura de Queipo de Llano:
"Queipo, y eso le honra y, a mis ojos, le encumbra, ni era un político
ni se metía en política, tanto menos en politiquerías" (105)—¡pues menos
mal! Porque sólo dio un golpe de Estado, claro que eso no debe ser
meterse en política para Sánchez Dragó. En Queipo reconoce una especie
de anarquista de derechas como él. Pues con los jipis del calibre de
Queipo, ojo, digo yo.
Pero el episodio más revelador viene con
la fascinación que siente el autor por José Antonio Primo de Rivera. Lo
elige para la portada de su libro, detalle que le afeé en su blog, y es
de hecho la principal "muerte paralela" de las que supuestamente
estructuran el libro. A decir verdad, el libro es una serie de
estructuras contradictorias en pugna, porque según confiesa el autor,
fracasa en su intento de escribir un auténtico libro sobre su padre y
José Antonio. Así pues, esa estructura se entrecruza con otra que divide
el libro en tres secciones: la primera, "el padre", la segunda "la
madre" y la tercera "el hijo", o sea él mismo. Pero la sección de José
Antonio Primo de Rivera se embute de manera un tanto improcedente en la
sección de "la madre", con lo cual tenemos a continuación del padre
real, el padre imaginario, o el doble quiástico del padre, José Antonio
Primo de Rivera. Porque el autor quiere enfatizar que al igual que su
padre no era de izquierdas, José Antonio no era de derechas, sino un
revolucionario, y acabó fusilado por el bando revolucionario... Cuenta
asimismo su simpatía por la Falange renovada (que distingue de la
franquista como el blanco se distingue del negro)... pero ay, no puede
evitar el problema de que a su padre no lo mató ni esta falange renovada
a la que Sánchez Dragó da conferencias, ni la falange oficialista de
Franco, sino la única que existía por entonces, la de José Antonio Primo
de Rivera... un hecho con el que autor pugna por no enfrentarse. Serían
falsos falangistas, advenedizos, los que mataban a la gente, no
auténticos falangistas, seres puros, idealistas, al menos tal como se
definen a sí mismos en la obra de José Antonio... En fin. Que aquí veo
yo el auténtico y profundo trauma de Sánchez Dragó: un trauma que no es
un trauma, por estar ya cicatrizado y asimilado; es ya la forma en que
ha crecido el árbol, una estructura de personalidad, y unas reacciones
viscerales asentadas de antaño ante la iconografía y retórica de la
extrema derecha española.
Recuerdo que en la escuela de mi
pueblo, en la época franquista, figuraban, a la izquierda y a la derecha
del crucifijo, los retratos de Franco y de José Antonio. Franco como la
realidad, lo que ERA (una gloriosa realidad según la
autorrepresentación del régimen); José Antonio era la posibilidad
frustrada, lo que PUDO haber sido, pero también era el más allá, el
mártir, el santo, un ser de sobrenatural pureza que velaba sobre el
presente desde un lugar privilegiado. Sánchez Drago, a la vez que
reacciona (como casi toda España) contra la pequeñez espiritual, la
mezquindad siniestra y la dantesca mediocridad de Franco, conserva
intacta la otra parte del binomio, al parecer sin caer en la cuenta
hasta qué punto es una construcción del propio franquismo que abomina, y
parte esencial de su mitología. Refuerza la figura de José Antonio con
lecturas de primera mano, de las que sale tanto más convencido.
Convencido a priori y por necesidad, pues José Antonio es, a un nivel
profundo, y como lo demuestra al estructura de su libro, el alter ego de
su padre, la dimensión sobrenatural, trascendental y secreta de su
padre; lo que su padre hubiera sido si hubiera sido un gran hombre, y no
sólo el que fue (un hombre dinámico, pragmático y sin ideario
político). Sánchez Dragó tampoco tiene ideales políticos, abomina de
España, que es una ciega pelea a bastonazos entre rojos y azules; pero
si los tuviera, en esa dimensión transcendental y secreta, serían los de
José Antonio, o los de la actual Falange a la que admira y desea una
suerte que augura no tendrá, dada la realidad de España (que por eso,
por esa realidad, es Sánchez Dragó anarco-jipi, y no falangista, pero
también por su carácter, y, en fin, que su identificación con José
Antonio es una identificación con un ideal imposible y sobrehumano, un
superyó). Hasta intenta hacer de José Antonio, no sólo "claro varón de
España" sino poeta... ésos son los mejores, los de obra puramente
hipotética.
Con respecto al "Alzamiento", es ambiguo Sánchez
Dragó, como lo es hoy gran parte de la derecha que lo contrata (aparte
de las conferencias a la Falange, la televisión de Madrid aparece como
su empleo más estable recientemente). La sublevación franquista tuvo
lugar "contra el gobierno legal—pero dudosamente legítimo, porque la
violencia imperante y la parcialidad de sus planteamientos lo
deslegitimaban" (312). También justifica las llamadas de José Antonio al
uso de la violencia, intentando quitar hierro a sus frases, y aceptando
al parecer que "no hay más dialéctica admisible que la dialéctica de
los puños y las pistolas cuando se ofende a la justicia o a la patria" o
cuando se insulta a nuestros sentimientos (390). Hay que destacar
también, por ser ecuánimes, que dice por otra parte que la condena a
muerte de José Antonio fue, si bien injusta, comprensible dadas las
circunstancias. (Tanto más me sorprende que insista pues en ponerlo de
figura paralela con su padre, ejemplo de muerte a todas luces
injustificable e incomprensible para quien no quiera ponerse del lado de
los asesinos).
Estamos marcados por la guerra. "No son, amigo
Delibes, las guerras de nuestros antepasados. Son también, las de ahora
mismo y serán algún día las de nuestros descendientes. ¡Maldita Iberia!"
(406). El mal nacional, la envidia, recibe esta formulación: "tienen
mis compatriotas—y cualquiera que despunte en algo, yo mismo, bien lo
sabe y padece—la muy puñetera y palurda manía de encasillar al prójimo y
de negarle a priori, y a machamartillo, toda posibilidad de sacar los
pies del plato y de transitar por caminos diferentes, aunque no por
fuerza opuestos, a los que les tienen asignados" (421). Con frecuencia
es elocuente Sánchez Dragó a la hora de describir los caracteres típicos
nacionales, sus pequeñeces y sus abominaciones grandes y pequeñas.
Pero,
revenons à nos moutons, es interesante cómo "la verdad se inventa"
según dice el autor citando a Machado (448); si eso es cierto de la
verdad histórica, tanto más de la "verdad" más subjetiva que necesita el
narrador. Así, Sánchez Dragó se enteró siendo hombre joven de que a su
padre lo habían matado los falangistas, pero la verdad que necesitaba en
su esquema emocional era otra (la que había recibido, de hecho....).
Tanto más a medida que desandaba simpatías políticas para volver a una
derecha bastante derechista, tras su sarampión comunista. Necesitaba que
su padre fuera de los buenos, no de los rojos (y no era de izquierdas... así que tanto más corregible la historia). En una novela autobiográfica, Las fuentes del Nilo (1986) imagina la huida de su madre y propia del Madrid republicano "en una avioneta falangista que volaba a ras de suelo". Es,
novelando la realidad, lo que le pedía el cuerpo. Analiza cómo su madre
regresó a la España de su clase social, de su entorno, de su vida
entera... pero no se aplica a sí mismo ese mismo razonamiento. O se
indigna con los milicianos que habían destrozado el mobiliario de su
casa en Alicante al ocuparla; tras denostarlos y preguntarse "¿qué
habría sido del país si semejante gentuza se hubiese llevado el gato de
la victoria militar al agua?" se excusa con este sorprendente
razonamiento:
"Lo siento. Sé que en la otra bandería de la guerra se perpetraron atrocidades análogas, pero no con las casas y las cosas de los míos. ¿Acaso no es lógico salir por los fueros de mi gente? Es la voz de la sangre la que aquí habla por mi boca" (499)
—esto, en una narración centrada en el asesinato de su padre por los de la otra bandería... es, como poco, un lapsus sorprendente.
Otro
episodio traumático significativo es el relativo a su hermanastro. Hijo
del segundo matrimonio de su madre, matrimonio sin amor, se obsesionó y
enloqueció con la idea de que en realidad era hijo del primer marido de
su madre. "Diciéndolo de otra forma: quería ser hijo del amor, no del
desamor, como en la triste realidad lo era, y bailando en ese alambre
enloqueció" (533). Una triste historia, pero que a su manera viene a
reforzar los ecos traumáticos que resuenan en las propias obsesiones del
autor: este también quiere ser hijo de la derecha, y no de la España
roja, y de ahí su obsesión con el paralelismo y analogía entre su padre y
José Antonio Primo de Rivera, y el retorno casi compulsivo e histérico a
la figura de este último. Aludiendo a su hermana mayor, que murió de
cianosis tras el nacimiento, lo expresa así: "Y ese niño, que no nació azul, aunque tal fuera luego (y lo siga siendo, cada vez más) su color favorito, fue Dioni" (Dionisio es su alter ego ficcionalizado
y corregido). Azul, pues, como el cuaderno de Aznar, o como la camisa
de José Antonio, y por voluntad propia de darse forma a sí mismo
volviendo una y otra vez al origen que era cierto poéticamente, si no
literalmente.
Termina el libro entre escenas de excavaciones en
las Fosas de la Memoria, con estudiosos identificando los cuerpos de
fusilados anónimos en la guerra civil, y regresando a los traumas para
curarlos ceremonialmente: "el familiar, para recuperarse del trauma de
la desaparición del ser querido, necesita 'cerrar el duelo', y eso sólo
se consigue recuperando los restos del familiar desaparecido y dándole
una sepultura digna" (608). Pero el autor ya no está interesado en los
restos literales de su padre; ha recogido y reelaborado a su manera sus scattered textual bones,
y le da pagana sepultura en su libro, fundiéndolo de manera más
satisfactoria no cabe con una recreación de su propia personalidad, la
recreación a la que estaba "destinado" tras la original creación de su
persona que habría de nacer póstumamente. En una imaginativa sesión de
psicoanálisis mediúmico con su amigo Jodorowski, llega a la certidumbre
de que si su padre no vivió la vida que parecía tener destinada, es
porque la vivió reencarnado en su hijo (en versión corregida y
aumentada, menos oficinista...). La identificación con el padre a través
de la reencarnación es desde luego una buena solución para desenterrar y
regresar al muerto, para quien se la pueda creer. Aún va más allá
Sánchez Dragó, y llega a concluir lo siguiente, paradigma de la
reconciliación consigo mismo y con los hechos y hasta con los actores de
la muerte de su padre:
—¿Significa,
lo que acabas de decirme, que yo debo la buena marcha de mi vida, su
encarrilamiento, los éxitos alcanzados en ella, a la muerte de mi padre?
—Sí, sí, sí...
— En ese caso, maestro Jodorowsky, estaría
obligado a admitir que el crimen cometido con mi padre, malo para él,
fue bueno para mí y que , desde ese punto de vista, debería, incluso,
estar agradecido a las personas que lo asesinaron.
Así el
libro invierte su proyecto, y pasa a celebrar y justificar la muerte del
padre, incluso a recrearse en ella de modo autocrítico.
Pero entre esta
frase y las loas a José Antonio y la Falange hay una relación
traumática que el texto, aun en sus piruetas más grotescas, evita ver.
Demasiado pronto "mató al padre" Sánchez Dragó (630)—fue una muerte en
falso, no conocía a su padre y así mal pudo matarlo, y por tanto sigue,
matándolo imaginativamente sin lograr salir de su adolescencia ni aun en
la vejez, y siempre lo mata en falso, mientras el padre fantasmático,
muerto pero eternamente joven, José Antonio Primo de Rivera, lo
contempla impasible desde su retrato.
En el Blog Bibliográfico:
Bibliografía sobre PADRES y paternidad: https://bibliojagl.blogspot.com/2026/07/padres-y-paternidad.html
Me llaman por teléfono, me organizan una cena de cumpleaños, me mandan mailes y postales electrónicas… (Mariajico: ¡felicidades, bloguero! – y hasta Rosa C. me llama). A Woman with a Sorrowful Name me regala unas sandalias (para llevar con calcetines si es preciso), un polo . . . Escribo mi post sobre transexualas y hermafroditos, hoy no corrijo ni un trabajo, llevo retraso. Paseo con mi padre por la feria del libro… Proceso a un maestro republicano. "Bueno, por lo menos a éste lo procesaron". Compro la Misión lingüística en el Alto Aragón de Jean-Joseph Saroïhandy. ("Mira, igual hasta conoció a tu padre, tanto ir preguntando por los pueblos del Pirineo… igual que tú con Corominas. ¿Sabes que hace poco celebraban el centenario de Corominas?" – "Pues estuvo en casa varias veces Corominas. En La Rambla se alojaba. Y hablábamos mucho, lo acompañaba a preguntar por esos topónimos que no figuran en las partidas . . . ’Espelunciecha’, ’Traconeras’, etc. – Era altísimo, enorme, casi me daba vergüenza ir a su lado… Estaba de sabático, de la Universidad de Chicago." – "Gente como ésta hizo un trabajo admirable. No por lo que les pagaban, por supuesto. Se podían haber ahorrado muchos paseos de los que hacían por pura vocación"). Hablamos de gente de Biescas: de Maxi, de Miguel Santolaria (con ocasión de los libros en aragonés). De Miguel Cajal, nuestro vecino, que ha muerto hoy, poco después de su hermana Consuelo. Y allí termina su casa. Transformaciones de todo, el fin de las casas y los pueblos . . . Biescas, una urbanización proliferante. La globalización. De la ciencia, cómo hace cuestionar los planteamientos mismos de la filosofía y la religión . . . "La filosofía dice: hay que dudar, el buen filósofo es el que duda. La religión dice: hay que creer, sin comprender, es la fe. La ciencia dice: Vamos a resolver problemas, a encontrar leyes cada vez más generales. La manzana se cae. ¿Por qué? Porque las cosas se caen hacia abajo. Vale, pero entonces por qué no se cae la luna? Y seguir. Y nos lleva así a la conclusión de que las cosas son ciertas . . . según y cómo y según y dónde. En una determinada frecuencia o longitud de onda. Fuera de eso, no hay siquiera existencia. Uno y uno son dos . . . bueno, quizá. Quizá en el centro del sol no tenga sentido esa pregunta." Son las meditaciones de mi padre: "Ponte un blog", le digo. Nos comemos una buena tarta y un flan que me ha bajado mi madre de Biescas: el Arquetipo, que diría Borges. Acarreo personal familiar de acá para allá, los nenes al cole, los padres al dentista. Álvaro, Ivo y Oscar también reciben libros: del Jabato, de Kika Superbruja y Dani, y de Sito Kesito contra los Buitres Bestiales de Venus. ("Eh, y su robot gigantesco te falta. Bueno, pero da igual"). Oscar nos hace demostraciones de Fliporamas. Hemos descubierto que se parece, vestido de rojo, a los nuevos duendes de la campaña publicitaria de la ONCE. Llevo a Amayita a su casa de Delicias en moto; al dejarla veo que volaba una cigüeña por encima (¡qué tienno! ¡qué apropiado!). Y cómo está la circulación, como para tener un tráfico accidente; un negrito precioso que va con su mamá me mira la moto boquiabierto. Nací a las seis de la mañana, me informan: más de cuatro kilos. Don Alfredo Sahagún, el médico que me ayudó a venir al mundo; hubo de abandonar su partida de cartas después, por sustos que se llevaban mis padres conmigo. El primero, de once. No fue un parto especialmente fácil por eso, aunque tampoco hubo complicaciones. "Con la sexta hija, luego, la gente ya le daba a tu madre el pésame más que la enhorabuena". Pero mi madre lo sobrellevó, los años de criar hijos, ahora nietos; y aún jugaba al futbito; ahora sólo nada —y pinta. ¡A ver si me pinta un cuadro! Vemos los cuadros que me regaló mi maestra Antonia Fatás (igual mañana vamos a ver a sus sobrinos, y antiguos vecinos nuestros, Marisol y Adrián. Vaya, también me llama Marisol). Y hablamos de Luis y sus bicis y su Quebrantahuesos, y de mi sobrino David, que este año se coloca de maestro en Rubielos de Mora, cerca de Mora de Rubielos. También les enseñamos a los padres los últimos libros que han salido con cosas nuestras. "¡Mira que os da tiempo a hacer cosas!" – "Bueno, esa es siempre la impresión que producen los demás, porque no sacaríamos tiempo para hacer lo que hacen ellos" – "¿Y tú, qué? ¿Ubicado en Zaragoza?" – "Pues . . . en ningún otro sitio estoy más ubicado". Como no sea en el no-sitio de la Web, a ratos. Ya se han ido. El abuelo José se ha alegrado de las visitas; "Y ¿cuántos caen entonces?" pregunta - "Ni la mitad que usted". Y medita mirando a su hija, "Pues pronto llega el siguiente. Me recuerdo yo, me dijeron el día que cumplí cincuenta años, en qué fase de la vida estaba. Y contesté, pues hoy paso de la madurez a la vejez. Bueno, las cosas eran así entonces. Nunca pensé en llegar a donde he llegado. Así que bueno, no estoy tan mal, digo yo, cuando tan bien me sabe la comida y lo bien que duermo . . ."
Oscar: ¿Cómo se dice "papá" en inglés?
Ivo: Dad.
Oscar. Vader. Dad Vader.
fernand0 -
JoseAngel -
jio -
José Angel -
Magda -
(Oscar) - Hola, Papineitor.
- Vaya, ¿papineitor me llamas? ¿Ya estás otra vez viendo blovots?
- Sí. Mila, este es eledós dedós. Mila cuántas cosas tiene. Cuántos gayets.
- Tiene montones de botoncitos. Yo no lo sabría conducir. Pero menos mal que es un robot y va solo, ¿no?
- Pues dice Abo que eledós tiene un señol dentlo. Un señol pequeñito que lo conduce.
- Vaya, ¿un señor pequeñito como tú? Qué raro, si yo creía que era un robot.
- Sí que es un blovot, pelo lo conduce ese señol.
- Pues yo no he visto nunca al señor pequeñito. ¿Por qué no se asoma?
- ...mmmm..... (¿?) ... no sé...
(llega Ivo): Sí es cierto, tiene un señor, y Cetrespeó tiene otro señor que lo lleva así (anda como C3PO).
- Bueno, pero entonces no son robots. Pues Anakin creía que eran robots.
(Oscar encuentra la solución:) - Es que si no tuviese un señol cleo que no podlía existil.
(Ivo) - Claro, porque creo que ese señor es un actor.
- ¿Pero entonces todos son actores? ¿Y los enemigos son de mentira?
(Tercia
Álvaro): Lo que pasa es que son actores, pero en la película son de
verdad. Y cuando los filman los lleva un actor, pero luego, al hacer la
película zas, lo eliminan.
- ¿Lo eliminan? ¿A la vez que a los droides de combate?
(Álvaro, con voz de droide). - JAA JAA.
("Gibbon
said. ’You lack a sense of personal worthlessness. A sense of personal
worthlessness is the motor that drives the overachiever to his splendid
overachievements that we all honor and revere’ . . . . ’I myself’, said
Gibbon, "am slightly underdone in the personal worthlessness line. It
was Papa’s fault. He used no irony. The communication mix offered by the
parent to the child is as you know twelve percent do this, eighty-two
percent don’t do that, and six percent huggles and endearments. That is
standard. Now, to avoid boring himself to death during this monition the
parent enlivens the discourse with wit, usually irony of the cheaper
sort. The irony ambigufies the message, but more importantly establishes
in the child the sense of personal lack-of-worth. Because the child
understands that one who is talked to in this way is not much of a
something. Ten years of it goes a long way. Fifteen is better. That is
where Pap fell down. He eschewed irony’" - Donald Barthelme, "Daumier").
Mi padre me debió explicar el teorema de Pitágoras allá por 1970. Ahora se le ha ocurrido, una noche de duermevela, una nueva demostración o explicación del mismo.
Aunque parece tratarse más bien de una demostración de la anámnesis de Platón—que también demostraba el teorema. O quizá se trate de un encuentro de la razón pura con la razón pura en el Mundo de las Ideas.
(PS - Aquí hay una versión más bonita).
(PS
2: Me dice también mi padre que los albañiles analfabetos conocen otra
versión, silvestre o de andar por casa, del Teorema de Pitágoras. Es una
relación de medidas que utilizan para trazar ángulos rectos en el
suelo. La llaman "el tres-cuatro-cinco": porque 3 x 3 + 4 x 4 = 5 x
5).
"Mamá" y "papá" están entre las palabras más primarias y son
utilizadas en varios idiomas indoeuropeos: provienen de raíces tanto
germánicas como latinas, y se encuentran variantes suyas en inglés,
francés, alemán, español, italiano, y muchos otros idiomas. A las
explicaciones etimológicas convencionales de este éxito hay que sumar el
papel que desempeñan la fisiología y la estructura de la familia y de
la educación infantil en mantener estas palabras en convergencia
permanente, siempre candidatas a perpetuarse como un par de opuestos
relacionados en un idioma, o a importarse a otro con facilidad y
garantías de éxito.
El sonido "a" que tienen en común ambas
palabras y que las asocia es la vocal más relajada del sistema vocálico
español y la más central de muchos otros sistemas vocálicos, en especial
cuando deriva hacia una schwa indefinida. Es por tanto el sonido más
próximo a la vocalización primigenia, el sonido base con respecto al
cual se han de crear, por diferencia, las demás vocales. No es extraño
que aparezca asociado a las primeras palabras articuladas, a las más
básicas.
La palabra "mamá" está asociada al acto de mamar. En
efecto, los bebés, pequeños primates, son capaces de respirar y tragar a
la vez, y por eso pueden mamar, habilidad que se pierde al cambiar de
forma la faringe con el crecimiento (a cambio adquirimos la capacidad de
vocalizar mejor). Al mamar queda abierto el conducto nasal, con lo cual
el sonido producido es nasalizado: "m" y no "p". Y es bilabial por la
forma que adoptan los labios al mamar: así tenemos "m" y no "n", lo cual
nos da "mamá" como una palabra fisiológicamente asociada al contacto
con el cuerpo materno durante la lactancia.
El padre es un
símbolo lacaniano de la entrada en el régimen simbólico: separación del
cuerpo de la madre, iniciación a la cultura. Así, al nombrar al padre,
éste aparece como un cuidador, una "segunda madre", pero diferenciado
crucialmente de ella por el cierre del conducto nasal: el padre no da de
mamar, y por tanto se indica su papel transformando la bilabial "m" en
su equivalente oralizada "p" - en realidad la equivalente desnasalizada
sería "b", pero el contraste articulatorio queda mejor indicado con un
ensordecimiento y desnasalización simultáneos, a la vez que se conserva
la huella bilabial que liga ambas palabras. "Papá" no amamanta, aunque
sí pueda dar "papilla": en todo caso, al destetar al infante, éste
ingresa en el régimen de mayor autonomía corporal (anda) y simbólica
(habla). Entra así, con su pequeño edipo a cuestas, en su casilla social
de nene o nena (casilla que los demás conocían pero el/la no). La
papilla está unida simbólicamente al ingreso en el orden social, que,
como sabemos, es un orden patriarcal. También simboliza esa "p" la
imposibilidad de comer y respirar a la vez: el ingreso en el orden
humano inscrito filogenéticamente en el desarrollo de los órganos
fonadores.
De este modo, las primeras palabras que aprendemos
contienen en sustancia nuestro desarrollo tanto biológico como social,
nuestros cambios de régimen alimenticio y de la forma de nuestra cabeza;
el desarrollo de nuestra autonomía personal y de nuestra ubicación en
la familia, nuestra historia como individuos y como especie.
José Angel -
joaquim -
En El lado oscuro
http://blogia.com/el_lado_oscuro/index.php?idarticulo=200505071#comentarios
hay
un post sobre el Golem, ese ser de barro creado por un rabino; luego el
rabino andaba bajo de empatía y no se hacía totalmente responsable de
su creación. Es una historia muy bien retomada en Frankenstein, de Mary
Shelley. Le pongo este comentario al post de Luis Muíño:
Dios
también anda flojo de empatía. Igual por eso eligió él también el barro
como material de fabricación. Borges escribió un poema sobre el golem,
que terminaba así:
El rabí lo miraba con ternura
y con algún horror. "Cómo " (se dijo)
"pude engendrar este penoso hijo
y la inacción dejé, que es la cordura?
¿Por qué di en agregar a la infinita
serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana
madeja que en lo eterno se devana
di otra causa, otro efecto, y otra cuita?"
En la hora de angustia y de luz vaga,
en su Golem los ojos detenía.
¿Quién nos dirá las cosas que sentía
Dios, al mirar a su rabino en Praga?
--- a este habría que superponerle aquél otro soneto del ajedrez, en el que Borges dice que
Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?
Y es que Dios no empatizaba ni con su propio Hijo. Menos mal que a los humanos se nos da, en general, un poco mejor.
JoseAngel -
yunikua -
yunikua -
José Ángel -