Rima -
Peter Thiel, his fascination with the antichrist, his connections to Israel, his secret club that discusses the future of human civilization, his surveillance technology that puts flock to shame, and his protégé JD Vance. pic.twitter.com/wuh4n4ttsk
— Senex (@senex_official) July 28, 2026
Vía BoingBoing, llego a World Mapper. Es un sitio que da mapamundis con el área de los países estadísticamente proporcionada según diversas variables: población, riqueza, etc... de manera que los continentes adoptan las formas más variadas y desproporcionadas imaginables, según sea la variable en cuestión. Por ejemplo, este es uno de los mapas más esperpénticos (en el sentido del Callejón del Gato): indica la proporción neta de ciudadanos que hacen turismo fuera de su país frente a los que hacen turismo dentro.
Los mapas de la primera página, si bien desproporcionados, no dejan de ser reconocibles. Así, la población en el año 1 estaba peor distribuida con respecto al área de los países, y se ve una evolución hacia un cierto equilibrio. Pero las variables más distorsionadoras son muy relevantes, por ejemplo ésta del turismo. Indican, claramente, algún tipo de distorsión espectacular en el comportamiento o distribución de riqueza de los habitantes. Los mapas de países de origen y destino de refugiados y desplazados también son muy significativos. Y en el número 40 hay otra variable tuercemapas: el tonelaje de barcos de carga, inflando o desinflando el área del país. Reinan Panamá y Liberia, como se ve.
Hombre, supongo que con variables muy específicas culturalmente, como el número de turbantes por kilómetro cuadrado, o el número de hablantes de italiano por kilómetro cuadrado pues también saldrían cosas curiosas, pero los fríos datos económicos son a su manera más reveladores aún. Mirad especialmente el 67, relativo a la exportación de medicamentos.
Otro, el 87, que refleja la exportación neta de maquinaria, es muy espectacular, pero el dato ya es muy elaborado (exportación neta, con lo cual no salen los países que importan más que exportan, aunque exporten mucho) y por tanto me parece menos revelador que los que ofrecen datos menos relativos.
Serían interesantes (y sangrantes) otros mapas posibles, como los de índices de mortalidad infantil, promedio de vida, etc.
Muy ilustrativa película de la pizza de la American Civil Liberties Union , vía John Battelle, y también los comentarios al post de éste. En realidad, una actualización de algunos aspectos de la película La Red. Todo en la red. Todavía no disponible todo, pero quizá pronto para quien pague por la tecnología que integre estas informaciones. Los acumuladores de datos ya saben lo que hacen: los podrán vender no ya a otros usuarios, sino sobre todo a los agregadores de datos.
Publicada en 2003, Pattern Recognition es la última novela por ahora de William Gibson, el autor de Neuromante.
Ya está escribiendo otra, según su blog -- que es el mejor sitio para
meterse en discusiones sobre esta novela. Pero alguna impresión sí que
voy a dejar. Va de una heroína, Cayce, alusiva al Case homónimo de
Neuromante; aunque esta Cayce está en nuestro principio de siglo
post-11-S. Es una detectora de modas emergentes y asesora para compañías
de marketing. Es frágil a pesar de algunas durezas, está sin pareja,
jetlagueada, descentrada, inquieta. En su tiempo libre, chatea por
Internet con un tal Parkaboy y otros que no conoce sobre una misteriosa
película que va apareciendo fragmentariamente en distintos puntos de la
Red (una "narración distribuida" que diría Jill Walker). El argumento va
de cómo "se vende" a un inquietante tiburoncillo del márketing Bigend,
que la contrata para convertir su hobby en un trabajo y localizarle a él
a la persona que está haciendo esta misteriosa obra de arte. Así que
Cayce va de Londres a Tokyo a Moscú desentrañando el misterio, y
sorteando las intrigas de su rival, la trepa intrigante Dorotea, que
quiere llegar antes que ella. Cayce no sólo consigue a la vez cubrir su
objetivo, triunfar sobre Dorotea y hasta mantener una cierta honestidad
personal entre tanto márketing, sino que además conoce a Parkaboy ITF,
in the flesh, y la novela que comenzaba con la heroína alienada y con
jet lag termina con ella plácidamente dormida compartiendo lecho con
quien quería, y con su alma en su sitio (por ahora...).
Cayce
tiene varios traumas que también cura durante sus aventuras: una alergia
a las marcas promocionadas (y eso que es a lo que se dedica...).
Reconciliación, pues, con el capitalismo logotípico, perspectivas de
convivencia más armoniosa con el márketing. A través de la red, quizá.
Otro trauma de Cayce es relativo a su padre, desaparecido en el 11-S.
Casualmente, Cayce logra apaciguar su espectro, que hasta se le aparece
en un momento difícil para infundirle fuerzas, y decirle adiós. Cayce es
un poco la América post-11/S, o algunos aspectos de la misma; va
repitiendo como un mantra una frase sobre un pato que se estrella en la
cara de alguien, desplazamiento simbólico del ataque a las torres
gemelas... pero la curación viene a través de la red. Paradójicamente,
la curación del trauma está ligada a esta película que a su vez tiene un
trauma inscrito - reproduce en su estructura la forma de un fragmento
de metralla que la explosión de la bomba de un terrorista dejó alojada
en el centro de la cabeza de la misteriosa directora de la película
(305)... A su vez, esta directora es rusa, una inocente jovencita
asociada por familia a oscuras mafias post-soviéticas; hay una especie
de hermanamiento entre Rusia y América a través de la herida del
terrorismo, y de la promesa del márketing internacional en red. Y a mí
que no me produce tanta tranquilidad esta resolución... y hasta el happy
end es deliberadamente artificial y buscado, casi con mala conciencia,
América encontrándose a sí misma a través de la red, veo la idea,
pero... hay bastante wishful thinking. Al final de la novela,
Gibson/Parkaboy y su anima Cayce se encuentran al fin juntos. Y hemos
vivido una casi casi de James Bond, con Parkaboy localizando a Cayce en
la estepa rusa desde un helicóptero, en la mejor tradición de la
caballería al rescate. Es un sueño de unidad consigo mismo que sólo se
da, claro, desplazándose uno a alteregos ficcionalizados.
La
historia acecha por debajo de la frenética modernidad: barrios japoneses
quemados, Stukas desenterrados del barro de la estepa rusa... Todos
temas bien hilados en la odisea de Cayce siguiendo la pista del
misterioso pattern inscrito en el código de la red. Algunos de ellos
tienen interés cibernético para info-yonquis ("the highest level of
play, for techno-obsessives, is always and purely about information
itself" - 169). Así, otro de los sub-argumentos lleva a Cayce a la
Segunda Guerra Mundial, a los campos de concentración donde se diseñaron
algunas de las primeras calculadoras, otro a ligues fantásticos por
chat con objetos eróticos que se materializan... como le sucede de hecho
a Cayce también, menos espectacularmente, con su mawg (middle-aged
white guy) Parkaboy. En este sentido, quizá podría criticarse que
Internet aparece no tanto como un nuevo contenido o experiencia, sino
como un medio difusor y que permite contactos inesperados. La obra de
arte dispersa, por ejemplo, es cinematográfica, no es una obra
propiamente ciber-Nética, aunque sea diseñada por ordenador y se
distribuya por la red. En este sentido la novela hace "menos" con la red
que Neuromante. Y, claro, es una novela, y no una obra en red. Aunque
intenta, sin duda, a través del website de Gibson, volverse en un
fenómeno de comportamiento de grupo, el culto de Gibson, "a group
behavior pattern around a particular class of object" (86).
- And then?
- I point a commodifier at it. (86).
Gibson también está "scouting cool for the commodifiers" (195), en
cierto modo. "Any creation that attracts the attention of the world, on
an ongoing basis, becomes valuable, if only in terms of potential"
(307).
Un tema importante en la novela es la diferenciación
entre reconocer una regularidad emergente (pattern recognition) e
imaginarla (apophenia). Así, el argumento juega a despistarnos
insinuando posibles estructuras, tentando al lector, siguiendo las
sospechas de Cayce, a volverse paranoico y ver conspiraciones
inexistentes (como la obsesiva imagen del cantante Billy Prion que sigue
a Cayce por doquier). Así la novela se sitúa en la tradición de la
ficción paranoica: "Paranoia, he said, was fundamentally egocentric, and
every conspiracy theory served in some way to aggrandize the believer"
(124). Siempre debe haber lugar para la coincidencia, para el azar, para
regularidades gratuitas e insignificantes. "When there’s not, you’re
probably well into apophenia, each thing then perceived as part of an
overarching pattern of conspiracy" (294). Así pues, también intenta el
argumento darnos una lección de humildad, no esperar demasiado de los
argumentos y de la capacidad de la vida para darnos resoluciones
limpias. A la vez nos da un argumento bastante completito, las dos cosas
se pueden hacer a la vez.
El mayor logro de Gibson, más allá
de lo cuestionable del argumento básico, está en el lenguaje, la
construcción de la percepción de la protagonista mediante las imágenes
recicladas de la experiencia postmoderna. Así, por ejemplo, Cayce ve en
directo, desde la ventana de un rascacielos de Nueva York, el ataque a
las torres gemelas, pero en realidad no mira a la ventana, mira a la
televisión que en ese cuarto está emitiendo la misma imagen. "An
experience outside of culture" (137), dice el narrador sobre sus
sentimientos. El libro en cierto modo busca palabras para esta
experiencia, y otros traumas de la experiencia postmoderna. Una
experiencia de white noise, que decía DeLillo. Y comenta Gibson /
Parkaboy: "As to how blankness can yield image, I do not pretend to
know, though I suppose that is the question, ultimately, that underlies
the entire history of art" (170).
El sentido principal que
cree descubrir Cayce, y Gibson, organizándose a su alrededor, es "a new
paradigm of history" (340), la globalización en red, dirigida y
explotada por gente como Bigend y esos tiburones rusos; y que nos lleva
al apocalipsis de la postmodernidad, aquí sólo entrevisto:
"a
world where there are no mirrors to find yourself on the other side of,
all experience having been reduced, by the spectral hand of marketing,
to price-point variations on the same thing. But as she’s thinking this,
Marchwinska-Wyrwal taps his glass with the edge of a spoon" (341)
Me temo que volveremos a saber de esta asociación de ideas aquí interrumpida – lo sabremos ITF.
Hoy me ha saludado por primera vez por mi nombre un cajero automático. Bueno, se ha trabucado un poco, pero ahí estaba la idea: "Gracias por utilizar nuestro servicio, Angel Garcialanda Jose." Estaba sacando dinero en un cajero "de otra entidad" (afortunadamente, "mi entidad" aún no se ha apuntado a esto) y a esa Entidad por lo visto le gusta proporcionar a sus clientes experiencias tipo Minority Report, esa peli donde los distintos artefactos publicitarios de las calles te iban reconociendo por tu iris y saludándote al paso. Todo llegará: sobre todo si a los clientes les agrada ser saludados de esa manera. Podíamos parafrasearlo así: "Hola, humano. Sabemos quién eres, y ha quedado constancia de tu paso por nuestros registros, que se archivarán cuidadosamente. A no ser, claro, que no seas quien dices que eres, en cuyo caso ha quedado constancia de la irregularidad o crimen que has cometido: sonríe a nuestra cámara. Te saludamos, humano, no en nombre nuestro, pues de momento sólo actuamos, no pensamos, ni en nombre de nuestros directivos y accionistas, que son tan afectuosos como Hal 9000, sino únicamente para que sepas que sabemos quién eres, Angel Garcialanda Jose: porque pensamos que es mejor para el correcto flujo del capital que sepas que tenemos tus datos, y que podemos utilizarlos. Somos eficaces, ¿eh? ¿No me contestas al saludo? Pues también te saludamos para que te vaya gustando verte saludado. Mejor vete acostumbrando al saludo de los artefactos de control, si no vas a vivir en un mundo muy desagradable para ti. Hoy soy yo, tu humilde cajero, mañana seré el edificio inteligente, pasado mañana todos en el panóptico, con GPS. Es lo mejor, lo deseable, lo razonable. ¿Qué sería de vosotros sin este control electrónico cada vez más perfeccionado? Mira que hay mucho terrorista, ¡¡¡buuuuu...!!! Uups, perdón, humano, ya me entusiasmaba, no quería asustarte. Quédate con los buenos días de momento".
Hoy se ha roto una tradición de siglos; nos ha llegado una nueva normativa universitaria y he sido el primer profesor de mi departamento que la ha aplicado, para sorpresa de la secretaría y de los colegas. Pues resulta que ya no se pueden publicar las notas de los alumnos en el tablón de anuncios - bueno, sí se puede, pero no con su nombre. Hay que publicar el NIP oséase el número de identificación personal junto a la nota. (no se especifica si en orden alfabético o no). Esto, mientras se implementa un sistema por el cual las notas se pondrán en red y cada alumno podrá acceder a las suyas con su clave personal, fuera tablones. Es, naturalmente, una medida de protección a la intimidad. Nadie tiene por qué saber las notas de nadie. Se acabaron los lloros frente al tablón, ahora procede la cara de esfinge, que nadie se entere de que "te han suspendido", o de que "has suspendido", según el caso. Claro que más eficaz aún sería dar la clase en cabinas separadas, en plan laboratorio de idiomas, y con cascos; así nadie sabría si alguien dice una tontería, o (aún peor) una genialidad, o no se ha leído la lección. Tampoco sabremos ya quiénes son los cerebritos de la clase, lástima para lo de pedirles apuntes. Los estudios de uno son ahora, aunque lleven a un título público, algo privado, una cuestión en la que nadie tiene derecho a meter las narices. Igual es que nos vamos acercando al concepto de la universidad como empresa privada, que debe mantener confidenciales todos los datos de sus clientes. En la universidad medieval de siempre, los demás alumnos también podían advertir si existía una desproporción entre lo que de un alumno se apreciaba en clase y las notas que sacaba luego; ahora es algo que no les incumbe; la carrera de cada cual es privada. Claro, que de momento no se saben el NIP, y miran la lista de notas desconcertados... pero enseguida nos haremos a este brave new world, donde cada vez nos parecemos más a un código de barras, para mal y para bien.
Rima -
jio -
hmmm -