JoseAngel -
Rull, Jesús. El español, lengua común: El impacto de las políticas lingüísticas en la convivencia y la cohesión de España. 2026.
Ladrón de Guevara, Ernesto. "Reflexiones con Ladrón de Guevara 01/08/2026. – Interview with Jesús Rull, El español, lengua común: El impacto de las políticas lingüísticas en la convivencia y la cohesión de España. 2026. Ivoox (Informa Radio – Reflexiones con Ladrón de Guevara) 21 Aug. 2026.*
https://go.ivoox.com/rf/179295183
2026
Me acabo de leer este libro, España y Libertad, de Federico Jiménez Losantos,
a pesar de que me resulta un tanto sospechosa la conjunción de ambas
palabras, y aún más cuando la presentación del libro dice "España y
libertad. Valga la redundancia". ¿Redundancia? Ostrás, pues sí que vamos
bien.
Pero luego resulta que comparto gran parte de las cosas
que dentro se dicen, y hasta la base del razonamiento que justifica el
título. Jiménez Losantos defiende el orden constitucional de 1978 (no,
por cierto, a Franco) aunque se empeña en mantener de modo irritante
para el pensamiento aceptado que ese orden fue instaurado por los
franquistas: Suárez, por ejemplo, o Torcuato Fernández Miranda. O el rey
que puso Franco. Cosas que no gusta recordar así... Y es ese el orden
que sirve de base a la libertad que defiende Jiménez Losantos; y son las
maniobras torticeras con el ordenamiento legal y sus fundamentos la
mayor amenaza para la libertad. Sin ley, sin Estado de Derecho, no hay
libertad. Y la deriva anticonstitucionalista y pro-republicana de
Zapatero hace más por poner en peligro la libertad que por reforzarla.
Hasta
ahí, de acuerdo. Y con tantas y tantas cosas en el libro. Muchas veces
es certero, y despiadado con la estupidez y la falsedad. Pero desde
luego no es el libro de un hombre mesurado ni ecuánime, ni de una
persona políticamente correcta. Jiménez Losantos no se corta de decir
las cosas en un lenguaje directo y despectivo, que no sólo se
desentiende de ofender, sino que lo busca deliberadamente en ocasiones.
Se le sale la indignación por las orejas. Tiene fama de ser una especie
de fascista a la derecha de Franco, cuando para nada es así. Aunque a
veces se hace comprensible que la gente oiga a un señor tan cabreado
defender ideas de derechas, y lo confunda con una especie de Goebbels. Y
ni que decir tiene que no estoy de acuerdo con todas sus
descalificaciones y prejuicios conservadores: de hecho, creo que sería
difícil encontrar a una persona que esté de acuerdo con este hombre en
todo, tal es su manera de disparar cañonazos en todas direcciones,
cortándose un pelín sólo a la hora de criticar a la casa que lo alberga,
la Cope. Donde no creo que dure mucho a pesar de los índices de
audiencia espectaculares. Como locutor Jiménez Losantos es un artista de
la radio; a la vez informador, intelectual, payaso, espantapájaros,
aguafiestas, humorista, demagogo, pedagogo y sobre todo hombre airado;
apela al oyente completo, desde sus ideales más nobles hasta sus
instintos más bajos. Desde luego subestima el papel político de la politesse, la conveniencia de engrasar los engranajes sociales con el respeto al adversario, de ser poli en la polis. Es
impresentable la ligereza con la que trata a los árabes, todos en el
saco de los mojamés, aunque no le falte razón al criticar las dictaduras
y califatos de por ahí. O a Chávez, "el Gorila Rojo"; desde luego para
diplomático no cojáis a Jiménez Losantos.
Ahora, para cantar las
cuarenta a muchos cantamañanas, por ahí sí que es una lectura más
adecuada. No deja trapicheo con cabeza (menos los del PP, que para esos
tiene más tragaderas), ni lema políticamente correcto sin parodiar,
tiene un ojo clínico para eso. Los artículos recogidos en el libro se
quedan mayormente a las puertas de la anunciada negociación del gobierno
con la ETA. Pero Losantos la anuncia ampliamente, y disecciona su
lógica con enorme lucidez. Pongo un trocito revelador, de febrero de
2004, sobre el asunto de Carod y Perpiñán:
Puesto que el terrorismo es una forma de propaganda, la 'propaganda por el hecho' de que hablaban los anarquistas y nihilistas rusos en el siglo XIX, su única posibilidad de victoria frente a cualquier régimen es ganar la batalla de la propaganda, que empieza por la del lenguaje. Atender las largas y prolijas explicaciones de la ETA es mucho menos instructivo que observar el cadáver de uno de sus cientos de víctimas. La profunda y deliberada maldad, la inhumanidad pavorosa de esas bestias con boina les obliga, por compensación, a gastar folios y más folios en explicarse. Pero es un aspaviento verbal que sólo realizan ante sí mismos y ante su ensangrentada parroquia. No importa lo que digan, aunque convenga saberlo: importa lo que hacen. Y lo que hacen es matar españoles. Y lo que han dejado de hacer es matar catalanes. En realidad, ETA es la única entidad político-criminal en reconocer la independencia de Cataluña. (93).
Lo pavoroso no es que la Eta haga estas cosas; lo pavoroso es que el Gobierno acepte esa lógica y siga el camino que le trazan al parecer desde Perpiñán, aceptando de buena gana perder la batalla de la propaganda (o la de los símbolos patrios, que es la misma).
Hay quien dice que al ser él mismo una víctima del terrorismo, las opiniones de Jiménez Losantos deberían ponerse entre comillas y usarse con precaución. Yo estoy de acuerdo; aunque de hecho creo que eso hay que hacerlo con todas las opiniones en España, pues todos somos víctimas del terrorismo que envenena el orden político: algunos víctimas directas, y otros indirectas: por temerosos, por abducidos mentales, o por sputniks (los más víctimas quizá de los tres, aunque no me dan pena). Jiménez Losantos podrá ser víctima directa, y hasta estar (justamente) resentido, pero desde luego no cae en ninguna de estas otras tres categorías. Y a pesar de su saeva indignatio y su nula voluntad de no ofender, el mensaje central de su libro es válido: la libertad política es precaria, está en peligro constante, y hay que atreverse a defenderla a cada momento. Contra los criminales y contra los gobernantes; contra la mentira, y contra la verdad oficial. Y el primer paso para defender la libertad es defender la ley. Sin ley, no hay libertad... más que para el que atropella los derechos de los demás.
Aquellos polvos, estos lodos, y los que han de venir
JoseAngel -
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Frente a la tesis gubernamental (entre dejadista e imperialista) de que todo el mundo es español...
por supuesto. Vergüenza les debería dar a los "socialistas" que le dan alas al nacionalismo. Esto es ir vendiendo el rellano del piso para pagar los gastos de comunidad, o sea, una política de insolventes. Y malas consecuencias va a tener; la primera, el Euskatut que se le va a sumar enseguida. Menuda mina en política, los demonios de Maxwell y las leyes del embudo. Aún tienen cancha para rato los nacionalistas; de aquí a Yugoslavia...; mientras se la den. Y está claro que se la dan. También los de Yugoslavia eran socialistas, se supone.
Y a favor
de que el rendimiento de los funcionarios tenga un control, y que no se pueda aplatanar descaradamente el personal y tratar al administrado con descaro y vagancia. Soy un tanto pesimista, sin embargo: porque preveo que en muchos casos se utilizará este control de rendimiento de manera tergiversada, para acosar al funcionario indeseable para el jefe o para los compañeros y someterlo a presiones con argumentos aparentemente objetivos. Ya se sabe: con el amigo, tan amigos y vista gorda; al enemigo, con que le apliques la ley, ya lo machacas. Es otra aplicación de la ley del embudo, que sin duda veremos proliferar. (Y si nos metemos ya en si el funcionario no paga la cuota a Esquerra, o en si no habla la lengua que manda el gobierno de turno... ya ni te digo).
Mi blog sobre Antiespañoles. Que haberlos, haylos —aunque algunos hagan aspavientos al oír el vocablo. Es más, el antiespañolismo es la clave de muchísimas cosas en la sociedad y política española, y un filtro para ver claro en un montón de cosas inexplicables o absurdas. Se solía decir por allí en tiempos lo del autoodio de tal o cual colectivo: judíos, negros, homosexuales... como una curiosa patología que les afectaba no tanto al colectivo en sí como a algunos señeros representantes o ejemplares del mismo. Pues bien, el autoodio de los antiespañoles los deja chiquitos a todos los colectivos del autoodio.
Vanity Fea (Antiespañoles).*
https://vanityfea.blogspot.com/search/label/Antiespa%C3%B1oles
https://blogdenotasvanityfea.blogspot.com/search/label/Antiespa%C3%B1oles
2026
Con la aprobación del nuevo Estatut de Cataluña se ha cambiado
por la puerta trasera el modelo de Estado. La negociación ha tenido
lugar en ese lugar donde la democracia pierde su honesto nombre: en
reuniones a puerta cerrada de los líderes de los partidos, y llamadas al
cierre de filas y al punto en boca a los numerosos militantes del PSOE
que no están de acuerdo ni con el cambio ni con la manera en que se ha
llevado a cabo. Pero han aceptado callarse, ¿no? Y van a seguir votando a
su líder, ¿no? Pues eso. Se hace la democracia con lo que hay en ella,
incluidos los feudalismos y espíritu corporativista, que son de este
mundo y no se van a ir. Por las puertas traseras se hace mucho trajín;
claro que como se viene haciendo uso exclusivo de ellas las
instituciones de representación, el Congreso y el Senado, se vuelven
cada vez más en un frontispicio decorativo donde los supuestos
representantes sólo dicen "sí bwana" a las decisiones previamente
tomadas por lobbies y reuniones entre caballeros. Un sistema más
presidencial, o monárquico (siendo el monarca Zapatero) que
auténticamente parlamentario. Pero son servidumbres del sistema
partidista, que desde luego los partidos no están dispuestos a cambiar
desde dentro, por lo que parece.
La solución dada al asunto de
la "nación catalana" es obviamente transitoria, y está esperando a la
siguiente vuelta, cuando se haya hecho más trabajo (todavía) de
atrincheramiento de lo catalán en lo catalán, para terminar de nivelar
"nacionalidad" y "nación" en más terrenos. De hecho el gol ya estaba
marcado con el término "nacionalidad" en la Constitución, y con la
política de vender competencias a cambio de votos que se ha llevado
durante las últimas décadas, tanto por parte del PP como del PSOE. Y,
más aún que la venta de competencias, la renuncia a ejercer competencias
propias o salvaguardias de derechos que pudiesen ofender a los
nacionalistas. Es lo que ha pasado en asuntos de política contra el
terrorismo en el País Vasco, y de la política lingüística tanto allí
como en Cataluña. La terminología es importante, como los demás
símbolos, y aquí la cesión terminológica y simbólica ha sido constante
(la renuncia a la guerra de las banderas, por ejemplo, donde también se
incumple la ley sistemáticamente). Y ha ido a la par, claro, con la
cesión de políticas y fondos del Estado central a las autonomías. La
dirección está clara, y no va a cambiar.
Algunos aspectos de
este proceso son más democráticos. Por ejemplo, los dineros de los
catalanes, como desean los catalanes, se quedarán en Cataluña. No se les
obligará a ser solidarios en contra de su voluntad, y eso sí que es
respeto a la libertad de elección (presupongo aquí, por simplificar, que
los políticos catalanes llevan a cabo las políticas que desean los
catalanes). La periferia española, exceptuando Madrid, tiene más
población que el centro; y la costa mediterránea, turística, obtiene más
ingresos que el centro/sur, o el noroeste. Por tanto es de prever que
los políticos del PP de esas comunidades (como ya hace Piqué) se subirán
pronto al carro de "lo nuestro para nosotros" si les interesa mantener
los votos y la fidelidad de los lobbies locales (que les interesa). En
Madrid aguantarán mecha a título simbólico, sujetando Ejpaña, pero a la
larga pasará a aplicársele el mismo principio. Porque lo que se juega
aquí, con mucha agitación de banderas y de sentimientos, tiene mucho que
ver con una marea de fondo mucho más poderosa aún: la globalización.
Desde el punto de vista de la globalización, no hay naciones ni
repartos solidarios que valgan: hay dos países, que son la ciudad y el
campo. El campo, a dedicarse a la agricultura industrial, o
subvencionada mientras aguante el lobby; la ciudad, a seguir absorbiendo
población y recursos. Los recursos generados en la costa se invertirán
ahora en potenciar las infraestructuras de transportes, abastecimientos
(agua, etc.), urbanización y servicios sociales de la costa. Al estar la
costa más poblada, también es una opción más democrática, menos
nacionalista, en cierto modo. Lo que es nacionalista es construir
autopistas en Teruel, o en Salamanca, con los fondos de los catalanes.
Oía decir a una señora de Castilla-León en la radio, "Yo estoy de
acuerdo con los catalanes, que piden lo mejor para su comunidad, ójala
tuviésemos políticos que consiguiesen lo mejor para nuestra
comunidad".... Ah, pero es que lo mejor para unos no es lo mejor para
otros. Los catalanes tendrán más justicia para ellos, gastando en
Cataluña sus dineros; pero la España rural se seguirá despoblando por
falta de servicios, de comunicaciones y de una política estatal decidida
a forzar un equilibrio entre territorios aplicando presiones contrarias
a la marcha de la economía. Y la economía lleva a rastras a toda la
parafernalia ideológica-nacional-institucional, como bien veía Marx.
Vamos a menos España, y más Urbanización; porque los territorios están
desequilibrados, y ahora eso se reconoce un poco más, y se acepta. Pero
eso no es sólo nacionalismo. Es globalización, que es la plataforma
móvil en la que los políticos montan sus tablados, y con el movimiento
de banderas y la acción de la escena no nos fijamos cómo el suelo mismo
se va desplazando.
Se tenía que decir, y se dijo.
Un artículo sobre Unamuno y sobre pragmática literaria y actos de habla: Sánchez-Vertiz Ortiz, Laura Gabriela. (Universid...