Mapas del tiempo
Tenemos tormenta, y anuncian más nublado. Para pasar el tiempo, hay al menos dos buenas películas sobre hombres del tiempo: El día de la marmota, con Bill Murray, y El hombre del tiempo, con Nicolas Cage.
Pero en otro orden de cosas no me refiero a estos mapas del tiempo, sino
a los del otro tiempo: historias, cronologías, calendarios, historias
de la evolución, cosmogonías, físicas narrativas y temporalizadas.
Parece que no existe un término que englobe a estos términos, como no
sea el muy general de historias. Historias de todo, que hay varias—Si no
especificamos, el término historia se queda corto y tiende a ascribirse
sólo a acontecimientos humanos, pero se entiende intuitivamente, aunque
con un toque de paradoja, la expresión historia del tiempo, título del libro de Hawking que esboza uno de los más extensos mapas del tiempo.
La física, en un momento dado, se volvió narrativa—y allí empezó a
enlazar y ensamblarse con las cosmogonías científicas de Laplace etc.
Son dos historias que se juntan—grandes narrativas, cada vez más grandes
se van haciendo sin importarles que algún miope proclame la muerte de
las grandes narrativas. Con la teoría de la evolución, la biología
también se temporalizó y se hizo narrativa, en el siglo XIX; antes que
ella, la geología, con Lyell et al. Y así cada disciplina va aportando
su propia historia, y esas historias se van sumando y encontrando su
lugar en una Gran Historia. El lugar del hombre en el cosmos: La Gran Historia y el futuro de la humanidad—así
se llama el libro que me estoy leyendo, de Fred Spier (2010). La Gran
Historia se presenta como un empeño multidisciplinar que ubique la
historia humana como parte de la historia cósmica. "Además, el enfoque
de la Gran Historia nos ayuda a crear un marco teorético nuevo en el
cual puede integrarse, al menos en principio, la totalidad del
conocimiento científico" (24)—un planteamiento que emparenta los
conceptos de Gran Historia y de la Consiliencia—sobre el cual puede leerse más aquí.
Pero lo más llamativo para mí es que haya habido siempre alguna Gran
Historia antes de esta gran historia. La historia de cada disciplina
también puede narrarse como la manera en que se convierte en histórica y
se ubica con su historia propia en un mapa del desarrollo del
conocimiento y de la consciencia. Empiezo a sonar a Hegel, que es uno más (muy eminente) de los que trazaron semejantes grandes historias, en su Enciclopedia. Por abreviar la suma del conocimiento humano y la historia de la eternidad, iré enlazando sin más, yo también, algunas de estas historias de todas las historias.

Los mitos de origen estan en los orígenes—seguramente—de estos mapas del
tiempo. La capacidad de representación temporal amplia y compleja es un
desarrollo que se da sólo en la especie humana (ver al respecto las
reflexiones que surgen de la arqueología cognitiva). En cuanto las
culturas humanas desarrollan una capacidad de representación temporal
más avanzada, comienza la construcción de mapas temporales que conectan
el presente con el pasado, o ubican la acción humana actual en el seno
de la historia de todas las cosas. La Biblia ha sido y sigue siendo
quizá el más influyente de todos estos relatos, y es a su manera
modélico, pues el relato abarca desde la creación hasta el fin de los
tiempos. La Biblia está a medio camino entre el mito, la crónica y la
historia. A una fase más crítica del pensamiento pertenece el desarrollo
de la historiografía humana—a la que Oscar Wilde entendía como una
labor interpretativa y crítica, en su desarrollo gradual tal como se dio entre los historiadores griegos. (Aquí hablo del concepto de historicidad y su relación con los mapas narrativos).
A principios de la Edad Media, hay un desarrollo interesante en los
mapas del tiempo: Beda el Venerable conecta la historia bíblica y la
historia clásica, y (junto con el calendario de la era cristiana de
Dionisio) se crea el calendario moderno con la datación relativa al
supuesto nacimiento de Cristo, y todos los acontecimientos de la
historia humana conocida, es decir, de la historia occidental, situados
en una línea temporal. (Para toda una colección de líneas temporales y
dataciones secuenciales, ver este artículo de la Wikipedia). En el siglo XVI, José Escalígero escribe una Enmienda de los tiempos (1583),
expandiendo el ámbito de la historia occidental para incluir las
historias de Oriente. Partiendo del estudio de los clásicos y de la
crítica textual, intentó racionalizar la cronología, cito de la
Wikipedia:
"It was reserved for his edition of Manilius (1579), and his De emendatione temporum (1583),
to revolutionize perceived ideas of ancient chronology—to show that
ancient history is not confined to that of the Greeks and Romans, but
also comprises that of the Persians, the Babylonians and the Egyptians,
hitherto neglected, and that of the Jews, hitherto treated as a thing
apart; and that the historical narratives and fragments of each of
these, and their several systems of chronology, must be critically
compared. It was this innovation that distinguished Scaliger from
contemporary scholars. Neither they nor those who immediately followed
seem to have appreciated his innovation. Instead, they valued his
emendatory criticism and his skill in Greek. His commentary on Manilius
is really a treatise on ancient astronomy, and it forms an introduction
to De emendatione temporum. In this work Scaliger investigates
ancient systems of determining epochs, calendars and computations of
time. Applying the work of Nicolaus Copernicus and other modern
scientists, he reveals the principles behind these systems."
Otra cronología muy influyente del siglo siguiente era más tradicional
en su perspectiva: la del obispo de Armagh, James Ussher, que con sus Annales veteri Testamenti
fechaba los acontecimientos de la historia bíblica desde la Creación en
el quinto milenio antes de Cristo, hasta el fin de los tiempos, que
según su cronología debería haberse producido hace pocos meses, a estas
alturas del siglo XXI.
Lo que a mí me llama la atención, más allá de las diferentes estrategias
usadas por cada cual, o de sus referentes más o menos históricos o
míticos, es lo intuitivo de esta maniobra de anclaje temporal—la
búsqueda de un marco cronológico a nuestra acción y situación, y más
allá, la búsqueda de un marco más amplio para ese marco, de tal manera
que cada vida y acción humana, por muchas vías distintas, busca ubicarse
en un contexto temporal cósmico—cada vida parece orientarse con
respecto a la vida del grupo humano o de la especie en su conjunto, y
hallar así un sentido transcendente—en general uno que tiene más de
mítico que de otra cosa, pues los marcos de referencia más usuales para
todos estos narrative mappings siguen siendo los mitos de una u otra especie. Incluso las narrativas científicas tienden a mitificarse en según que usos.
Como bien dicen los proponentes de la Gran Historia, ésta es un empeño
multidisciplinar. Creo que de hecho no sospechan cómo es de
multidisciplinar realmente, pues lo que ellos presentan como una
disciplina académica in fieri
con algunos antecedentes intelectuales lo veo yo como una manifestación
más (más científica si se quiere) de una actividad cognitiva humana muy
generalizada, que desborda disciplinas académicas. Es una práctica si se
prefiere, una práctica cognitiva o discursiva, la de insertar
mentalmente unas acciones en el marco de otras, y unas historias en el marco de otras: la creación de mapas temporales. En muchos contextos podemos llamarlos mapas narrativos, porque
la narración es el instrumento número uno que tenemos para manipular el
tiempo, organizarlo, conectarlo, o viajar por él en la medida de lo
posible. Pero con el término mapas narrativos
quiero referirme también al hecho de que hay muchos tipos de narración
posible, y que a la hora de hacer un mapa del tiempo o de situar una
narración en el tiempo, también tenemos en cuenta el género narrativo
que estamos utilizando para ello.
Por ejemplo, en los mundos de ficción de novelas fantásticas como las de
Tolkien, el lector sabe (aprende gradualmente) qué convenciones
narrativas esperar, en cuanto a la representación del tiempo y a la
ubicación narrativa de estas acciones en un universo alternativo al
nuestro. Y también conoce o llega a conocer, en mayor o menor medida,
que ese universo está conectado al tiempo mítico y a la Edad Media
histórica por dos vías: el mundo narrado es una especie de versión
alternativa de las Eras Oscuras, y el instrumento narrativo que le da
forma se ha creado (pues Tolkien era medievalista) por influencia de los
géneros literarios medievales. Así, las historias de Tolkien se sitúan
temporalmente en el marco de la historia humana—aun aparte del hecho de
que su escritura es de por sí un acontecimiento histórico concreto del
siglo XX.
Así que hablaré de mapas temporales o mapas narrativos,
según caiga el énfasis en la construcción de relaciones temporales
entre las historias, o en la competencia en el manejo de géneros y
convenciones narrativas para crear esos mapas temporales. También he
empleado el término anclaje narrativo,
más específicamente para referirme a la manera en que unas historias se
engarzan en otras historias más amplias, las presuponen como su
trasfondo, o las crean por el hecho mismo de conectarse entre sí. Un
estudio interesante de la narración, quizá descuidado, consistiría en
seguir las maniobras textuales y discursivas específicas que consisten
en conectar narraciones o temporalidades, generar mapas del tiempo y
ubicar unas secuencias narrativas con respecto a otras. Mi tesis es que
sucede continuamente, en la literatura, en la historia, en la ciencia,
en el pensamiento, y en la conversación. Porque, como casi dijo Emerson,
somos historias y habitamos dentro de otras historias.
Y nos gusta saber dónde estamos, de dónde venimos, a dónde vamos. Son,
se supone, las preguntas básicas que nos caracterizan, y tienen una
dimensión narrativa incuestionable.
_______
Una cuestión que me llama la atención, en el libro de Spier sobre la
Gran Historia. Comienza con una historia de los precedentes de la Gran
Historia, y trata de algunos que ya hemos tratado aquí, en efecto, y
otros que no. Presenta la obra de Alexander von Humboldt Kosmos como prácticamente fundacional, aunque también menciona a Kant, Hegel, y otros. De allí pasa directamente a H. G. Wells y su Esquema de la historia universal en 1920, y a los modernos proponentes de la Gran Historia en The Columbia History of the World (1972), y más recientemente Preston Cloud, G. Siegfried Kutter, George Field y Eric Chaisson, y sus modelos más directos: Erich Jantsch, en The Self-Organizing Universe de 1980, así como David Christian y John Mears.
Lo que me extraña sumamente es la afirmación de Spier que en la segunda
mitad del siglo XIX no hubo ningún nuevo texto de Gran Historia, debido a
la creciente fragmentación y especialización del mundo académico. Creo
que hay al menos una gran excepción que debería hacerse: la obra de
Herbert Spencer. Spier define así el proyecto global de la Gran
Historia:
"El
enfoque general que aquí presento aborda la cuestión de la aparición,
la existencia sostenida y el inevitable declive de la complejidad, y
ello en todas las manifestaciones que ésta ha tenido a lo largo de la
Gran Historia. El hecho de que el marco en que coherentemente hemos de
insertar dicha Gran Historia abarque la totalidad del tiempo y del
espacio conocidos contribuirá a justificar la importancia que tiene
comprender la historia humana en su contexto cósmico." (97)
Podría ser el planteamiento de First Principles
de Spencer, que si bien no tiene forma narrativa en su conjunto, sí se
presenta como una articulación de diferentes procesos evolutivos a
diferentes escalas: cósmica, planetaria, biológica, social y cultural.
La obra de Spencer lleva al menos cincuenta años siendo unánimemente
ignorada, cuando no abucheada, para compararla desfavorablemente con
Darwin, que no se ocupó en absoluto de las mismas cuestiones. A mí me
parece la primera exposición coherente de la Gran Historia, tal como hoy
podemos concebirla de la manera más coherente. Aquí lo dejo, pues,
remitiendo a Spencer y su propia Gran Historia.
—oOo—
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