JoseAngel -
Ya hablé en un post anterior de Muertes paralelas, de Fernando Sánchez Dragó, y de lo forzado que me parecía alguno de los paralelismos que sirven de base al libro. Me ha gustado, sin embargo, como libro sobre la guerra civil española y sus consecuencias y la memoria de la misma y sus traumas, ejemplificados en el propio autor.
Es el libro una self-begetting novel de las que decía Steven G. Kellman, un libro que cuenta la historia de cómo llegó a ser escrito, y que, aún más, cuenta cómo quien lo escribe llega a ser quien es mediante la escritura de este libro. Escribe Sánchez Dragó con el siguiente planteamiento: tras muchos años de ignorar la figura de su padre, asesinado por los falangistas al comenzar la guerra civil, se ha dado cuenta, por diversas coincidencias y señales procedentes quizá del más allá, de que el destino de su padre y el suyo están estrechamente entrelazados, de que su padre es la persona más importante de su vida, "el personaje de más importancia, sustancia y trascendencia en la vida de su hijo" (583). Así, el hijo se da cuenta de que ha de escribir un libro para sacarlo del olvido, o para sacárselo del cuerpo, o para terminar de metérselo en el cuerpo quizá. Hace un seguimiento paso a paso de los últimos días de su padre, y más panorámicamente de toda su vida, y de la propia, y de la de su familia entera, con el trasfondo del país en la guerra y la posguerra. Analiza la manera en que su propia personalidad es producto de la herencia y de las circunstancias traumáticas que marcaron su infancia, y en suma busca "desamordazar y regresar" al difunto mediante un proceso de escritura intenso, superponiendo a esa escritura la investigación y la rememoración de su relación fantasmática con su padre, y de toda la carrera, personalidad y destino propios. Viene a concluir Dragó que él es quien es porque mataron a su padre —si no, es probable que hubiera seguido sus pasos en el periodismo y hubiese terminado dirigiendo la agencia Efe, y siendo un desdichado ejecutivo, o quizá un ciudadano Kane, en lugar del hippy feliz y anárquico que es. Aunque no parece haber razón para temer eso, si creemos que "todo lo que, bueno o malo, sucede a un hombre, a una persona, es culpa o mérito de su temperamento y de su conducta" (77).
Es
un libro pues contradictorio, y también excesivo, divagante,
desordenado, desvergonzado, que pasa de lo emotivo a lo carcajeante y a
lo absurdo o ridículo de manera deliberada sin gran orden ni concierto;
tan pronto es conmovedor como no puede callarse una asociación de ideas
deliberadamente grotesca, o desbarra con interpretaciones disparatadas;
todo con frecuentes repeticiones que van y vienen por oleadas o en
espiral creciente, conforme vamos entendiendo y conociendo mejor al
narrador y a su familia y obsesiones. Como digo lo he pasado bien
leyéndolo, a pesar de su longitud desmedida, de las repeticiones o
hipótesis inútiles, y de las abundantes ideas marulas del
autor-narrador.
Me ha interesado especialmente la dimensión traumática de la historia, y el sentido de ritual funerario de la escritura:
El
significado político de esta historia hoy es bien expresado por el autor
cuando dice que "pocos españoles hay que no lleven un dolor semejante
en el fondo de su almario" (59).
Ahora bien, el trauma familiar
de Sánchez Dragó, si bien es compartido con muchos españoles, a la vez
es vivido y analizado de modo muy particular por el autor. No me
convence el análisis que hace de su propio trauma: hay demasiada
palabrería y demasiado bailoteo hipotético alrededor, y un montón de
hojarasca de sincronías y reencarnaciones y destinos que para mí no son
sino síntomas de un cráneo mal amueblado y muy frívolo con las ideas y
con el orden de las cosas. No voy a ponerme a analizar el carácter de
Sánchez Dragó, pero creo que no sorprendo a nadie si digo que me parece
arrollador, egocéntrico, narcisista, fascinado consigo mismo y que le
encanta escucharse (vaya, todo eso menos lo de arrollador debería
hacérmelo recomendable al menos como alma gemela). Es un libro muy hindsight biassed, que
toma una historia llena de imprevistos, casualidades y contingencias, y
la organiza para reelaborar un relato de trayectos vitales
preorganizados en el más allá y simetrías vitales compensadas según las
necesidades fantasmáticas del autor, con el fin de explicar y justificar
el presente. La creencia en destinos, sobre todo destinos especiales,
en coincidencias asombrosas diseñadas para enseñarle lecciones, en
iluminaciones y caídas del caballo, etc., son todos síntomas de alguien
que cree desde muy adentro que la realidad está organizada en torno
suyo, algo de lo que evidentemente no se llega a curar mediante la
escritura de este libro.
Más interesante me ha parecido pues la
manera en que Sánchez Dragó escenifica el trauma de modo espontáneo, un
trauma no superado mediante la escritura, como querría hacernos creer,
sino por el contrario profundamente asentado, quizá más asentado que
nunca tras el proceso de escritura. Me refiero a las simpatías
profundamente derechistas (hippy-falangistas, por ser más preciso) de
alguien cuyo padre fue asesinado por los falangistas en la guerra. Claro
que Sánchez Dragó siempre ve esa circunstancia como un tanto paradójica
o contradictoria: su padre no era un "rojo", y especula que muy
probablemente habría hecho rápida carrera bajo el régimen de Franco, en
caso de haber sobrevivido (muy plausible suena esto).
El libro
empieza con el autor en sus años mozos e inconscientes. El autor, a
decir propio, no termina de hacerse adulto hasta que escribe este libro.
Era entonces, a mediados de los cincuenta, un rojillo comunistoide, o
más bien tenía un síndrome adolescente de revuelta contra su familia de
derechas y contra el franquismo paternalista y sofocante; y es al ser
arrestado por el célebre comisario Conesa cuando éste le espeta,
revelación para él, que a su padre no lo mataron los rojos sino
"nosotros" (sería borde el comisario), los nacionales. Segunda vuelta de
tuerca al trauma. Ya no sabe el futuro autor contra quién tiene que
rebelarse; en todo caso, aún no ha tenido lugar su caída del caballo y
su descubrimiento del misticismo oriental, que aquí aúna con el retorno a
la figura de su padre.
Primer toque de atención de los desbarres
mentales del autor es su simpatía por la figura de Queipo de Llano:
"Queipo, y eso le honra y, a mis ojos, le encumbra, ni era un político
ni se metía en política, tanto menos en politiquerías" (105)—¡pues menos
mal! Porque sólo dio un golpe de Estado, claro que eso no debe ser
meterse en política para Sánchez Dragó. En Queipo reconoce una especie
de anarquista de derechas como él. Pues con los jipis del calibre de
Queipo, ojo, digo yo.
Pero el episodio más revelador viene con
la fascinación que siente el autor por José Antonio Primo de Rivera. Lo
elige para la portada de su libro, detalle que le afeé en su blog, y es
de hecho la principal "muerte paralela" de las que supuestamente
estructuran el libro. A decir verdad, el libro es una serie de
estructuras contradictorias en pugna, porque según confiesa el autor,
fracasa en su intento de escribir un auténtico libro sobre su padre y
José Antonio. Así pues, esa estructura se entrecruza con otra que divide
el libro en tres secciones: la primera, "el padre", la segunda "la
madre" y la tercera "el hijo", o sea él mismo. Pero la sección de José
Antonio Primo de Rivera se embute de manera un tanto improcedente en la
sección de "la madre", con lo cual tenemos a continuación del padre
real, el padre imaginario, o el doble quiástico del padre, José Antonio
Primo de Rivera. Porque el autor quiere enfatizar que al igual que su
padre no era de izquierdas, José Antonio no era de derechas, sino un
revolucionario, y acabó fusilado por el bando revolucionario... Cuenta
asimismo su simpatía por la Falange renovada (que distingue de la
franquista como el blanco se distingue del negro)... pero ay, no puede
evitar el problema de que a su padre no lo mató ni esta falange renovada
a la que Sánchez Dragó da conferencias, ni la falange oficialista de
Franco, sino la única que existía por entonces, la de José Antonio Primo
de Rivera... un hecho con el que autor pugna por no enfrentarse. Serían
falsos falangistas, advenedizos, los que mataban a la gente, no
auténticos falangistas, seres puros, idealistas, al menos tal como se
definen a sí mismos en la obra de José Antonio... En fin. Que aquí veo
yo el auténtico y profundo trauma de Sánchez Dragó: un trauma que no es
un trauma, por estar ya cicatrizado y asimilado; es ya la forma en que
ha crecido el árbol, una estructura de personalidad, y unas reacciones
viscerales asentadas de antaño ante la iconografía y retórica de la
extrema derecha española.
Recuerdo que en la escuela de mi
pueblo, en la época franquista, figuraban, a la izquierda y a la derecha
del crucifijo, los retratos de Franco y de José Antonio. Franco como la
realidad, lo que ERA (una gloriosa realidad según la
autorrepresentación del régimen); José Antonio era la posibilidad
frustrada, lo que PUDO haber sido, pero también era el más allá, el
mártir, el santo, un ser de sobrenatural pureza que velaba sobre el
presente desde un lugar privilegiado. Sánchez Drago, a la vez que
reacciona (como casi toda España) contra la pequeñez espiritual, la
mezquindad siniestra y la dantesca mediocridad de Franco, conserva
intacta la otra parte del binomio, al parecer sin caer en la cuenta
hasta qué punto es una construcción del propio franquismo que abomina, y
parte esencial de su mitología. Refuerza la figura de José Antonio con
lecturas de primera mano, de las que sale tanto más convencido.
Convencido a priori y por necesidad, pues José Antonio es, a un nivel
profundo, y como lo demuestra al estructura de su libro, el alter ego de
su padre, la dimensión sobrenatural, trascendental y secreta de su
padre; lo que su padre hubiera sido si hubiera sido un gran hombre, y no
sólo el que fue (un hombre dinámico, pragmático y sin ideario
político). Sánchez Dragó tampoco tiene ideales políticos, abomina de
España, que es una ciega pelea a bastonazos entre rojos y azules; pero
si los tuviera, en esa dimensión transcendental y secreta, serían los de
José Antonio, o los de la actual Falange a la que admira y desea una
suerte que augura no tendrá, dada la realidad de España (que por eso,
por esa realidad, es Sánchez Dragó anarco-jipi, y no falangista, pero
también por su carácter, y, en fin, que su identificación con José
Antonio es una identificación con un ideal imposible y sobrehumano, un
superyó). Hasta intenta hacer de José Antonio, no sólo "claro varón de
España" sino poeta... ésos son los mejores, los de obra puramente
hipotética.
Con respecto al "Alzamiento", es ambiguo Sánchez
Dragó, como lo es hoy gran parte de la derecha que lo contrata (aparte
de las conferencias a la Falange, la televisión de Madrid aparece como
su empleo más estable recientemente). La sublevación franquista tuvo
lugar "contra el gobierno legal—pero dudosamente legítimo, porque la
violencia imperante y la parcialidad de sus planteamientos lo
deslegitimaban" (312). También justifica las llamadas de José Antonio al
uso de la violencia, intentando quitar hierro a sus frases, y aceptando
al parecer que "no hay más dialéctica admisible que la dialéctica de
los puños y las pistolas cuando se ofende a la justicia o a la patria" o
cuando se insulta a nuestros sentimientos (390). Hay que destacar
también, por ser ecuánimes, que dice por otra parte que la condena a
muerte de José Antonio fue, si bien injusta, comprensible dadas las
circunstancias. (Tanto más me sorprende que insista pues en ponerlo de
figura paralela con su padre, ejemplo de muerte a todas luces
injustificable e incomprensible para quien no quiera ponerse del lado de
los asesinos).
Estamos marcados por la guerra. "No son, amigo
Delibes, las guerras de nuestros antepasados. Son también, las de ahora
mismo y serán algún día las de nuestros descendientes. ¡Maldita Iberia!"
(406). El mal nacional, la envidia, recibe esta formulación: "tienen
mis compatriotas—y cualquiera que despunte en algo, yo mismo, bien lo
sabe y padece—la muy puñetera y palurda manía de encasillar al prójimo y
de negarle a priori, y a machamartillo, toda posibilidad de sacar los
pies del plato y de transitar por caminos diferentes, aunque no por
fuerza opuestos, a los que les tienen asignados" (421). Con frecuencia
es elocuente Sánchez Dragó a la hora de describir los caracteres típicos
nacionales, sus pequeñeces y sus abominaciones grandes y pequeñas.
Pero,
revenons à nos moutons, es interesante cómo "la verdad se inventa"
según dice el autor citando a Machado (448); si eso es cierto de la
verdad histórica, tanto más de la "verdad" más subjetiva que necesita el
narrador. Así, Sánchez Dragó se enteró siendo hombre joven de que a su
padre lo habían matado los falangistas, pero la verdad que necesitaba en
su esquema emocional era otra (la que había recibido, de hecho....).
Tanto más a medida que desandaba simpatías políticas para volver a una
derecha bastante derechista, tras su sarampión comunista. Necesitaba que
su padre fuera de los buenos, no de los rojos (y no era de izquierdas... así que tanto más corregible la historia). En una novela autobiográfica, Las fuentes del Nilo (1986) imagina la huida de su madre y propia del Madrid republicano "en una avioneta falangista que volaba a ras de suelo". Es,
novelando la realidad, lo que le pedía el cuerpo. Analiza cómo su madre
regresó a la España de su clase social, de su entorno, de su vida
entera... pero no se aplica a sí mismo ese mismo razonamiento. O se
indigna con los milicianos que habían destrozado el mobiliario de su
casa en Alicante al ocuparla; tras denostarlos y preguntarse "¿qué
habría sido del país si semejante gentuza se hubiese llevado el gato de
la victoria militar al agua?" se excusa con este sorprendente
razonamiento:
"Lo siento. Sé que en la otra bandería de la guerra se perpetraron atrocidades análogas, pero no con las casas y las cosas de los míos. ¿Acaso no es lógico salir por los fueros de mi gente? Es la voz de la sangre la que aquí habla por mi boca" (499)
—esto, en una narración centrada en el asesinato de su padre por los de la otra bandería... es, como poco, un lapsus sorprendente.
Otro
episodio traumático significativo es el relativo a su hermanastro. Hijo
del segundo matrimonio de su madre, matrimonio sin amor, se obsesionó y
enloqueció con la idea de que en realidad era hijo del primer marido de
su madre. "Diciéndolo de otra forma: quería ser hijo del amor, no del
desamor, como en la triste realidad lo era, y bailando en ese alambre
enloqueció" (533). Una triste historia, pero que a su manera viene a
reforzar los ecos traumáticos que resuenan en las propias obsesiones del
autor: este también quiere ser hijo de la derecha, y no de la España
roja, y de ahí su obsesión con el paralelismo y analogía entre su padre y
José Antonio Primo de Rivera, y el retorno casi compulsivo e histérico a
la figura de este último. Aludiendo a su hermana mayor, que murió de
cianosis tras el nacimiento, lo expresa así: "Y ese niño, que no nació azul, aunque tal fuera luego (y lo siga siendo, cada vez más) su color favorito, fue Dioni" (Dionisio es su alter ego ficcionalizado
y corregido). Azul, pues, como el cuaderno de Aznar, o como la camisa
de José Antonio, y por voluntad propia de darse forma a sí mismo
volviendo una y otra vez al origen que era cierto poéticamente, si no
literalmente.
Termina el libro entre escenas de excavaciones en
las Fosas de la Memoria, con estudiosos identificando los cuerpos de
fusilados anónimos en la guerra civil, y regresando a los traumas para
curarlos ceremonialmente: "el familiar, para recuperarse del trauma de
la desaparición del ser querido, necesita 'cerrar el duelo', y eso sólo
se consigue recuperando los restos del familiar desaparecido y dándole
una sepultura digna" (608). Pero el autor ya no está interesado en los
restos literales de su padre; ha recogido y reelaborado a su manera sus scattered textual bones,
y le da pagana sepultura en su libro, fundiéndolo de manera más
satisfactoria no cabe con una recreación de su propia personalidad, la
recreación a la que estaba "destinado" tras la original creación de su
persona que habría de nacer póstumamente. En una imaginativa sesión de
psicoanálisis mediúmico con su amigo Jodorowski, llega a la certidumbre
de que si su padre no vivió la vida que parecía tener destinada, es
porque la vivió reencarnado en su hijo (en versión corregida y
aumentada, menos oficinista...). La identificación con el padre a través
de la reencarnación es desde luego una buena solución para desenterrar y
regresar al muerto, para quien se la pueda creer. Aún va más allá
Sánchez Dragó, y llega a concluir lo siguiente, paradigma de la
reconciliación consigo mismo y con los hechos y hasta con los actores de
la muerte de su padre:
—¿Significa,
lo que acabas de decirme, que yo debo la buena marcha de mi vida, su
encarrilamiento, los éxitos alcanzados en ella, a la muerte de mi padre?
—Sí, sí, sí...
— En ese caso, maestro Jodorowsky, estaría
obligado a admitir que el crimen cometido con mi padre, malo para él,
fue bueno para mí y que , desde ese punto de vista, debería, incluso,
estar agradecido a las personas que lo asesinaron.
Así el
libro invierte su proyecto, y pasa a celebrar y justificar la muerte del
padre, incluso a recrearse en ella de modo autocrítico.
Pero entre esta
frase y las loas a José Antonio y la Falange hay una relación
traumática que el texto, aun en sus piruetas más grotescas, evita ver.
Demasiado pronto "mató al padre" Sánchez Dragó (630)—fue una muerte en
falso, no conocía a su padre y así mal pudo matarlo, y por tanto sigue,
matándolo imaginativamente sin lograr salir de su adolescencia ni aun en
la vejez, y siempre lo mata en falso, mientras el padre fantasmático,
muerto pero eternamente joven, José Antonio Primo de Rivera, lo
contempla impasible desde su retrato.
Gerpe, Begoña. "¡Escándalo! El juez imputa a ZP por contrabando y delito fiscal." Video. YouTube (Begoña Gerpe) 12 June 2026.* (Luis Arroyo; Leire Díez; Luis Sáenz de Tejada, Álvaro García Ortiz, Beatriz Biedma, David Sánchez).
2026
Me acabo de comprar Muertes paralelas, libro en el que Fernando Sánchez Dragó reconstruye la muerte de su padre Fernando (Sánchez) Monreal, asesinado por los falangistas en el verano de 1936, y vuelve sobre la manera en que ese hecho ha marcado su vida irremediablemente.
Me lo he comprado porque mi abuelo, Ángel García Benedito, maestro nacional y hombre bueno, fue también asesinado por los falangistas ese mismo verano de 36, dos meses antes, a pocos días del infame 18 de julio. Promete ser una lectura interesante. Todas las familias españolas están marcadas por la Guerra Civil, así que no creo que haya una afinidad tan espectacular en este caso, ni en el paralelismo de su padre con José Antonio Primo de Rivera que da título al libro de Sánchez Dragó. Pero sí hay claro, elementos en común. También cosas que matizar.
Se pregunta Sánchez Dragó por los asesinos de su padre:
¿De qué Falange estamos hablando? ¿En qué medida eran falangistas auténticos, camisas viejas, los energúmenos y recién llegados que impusieron por doquier, en toda la extensión de la zona nacional, durante los dos primeros meses de la guerra, su inicua ley del gatillo? ¿A qué tipo, a qué facción, a qué clase de Falange, en suma, pertenecían los asesinos de Fernando Monreal y Luis Carreño?
Responde Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza y autor de varios libros sobre la guerra civil (Entre ellos, escrito a medias con Santos Juliá, Víctimas de la Guerra Civil, Madrid, 1999), en una entrevista de enero de 2003 recogida por Montse Armengou y Ricard Belis en su obra, ya citada por mí, Las fosas del silencio. Éste es su testimonio:
"Cuando se produce la sublevación militar en julio del 36, Falange es un grupo minoritario que, a diferencia de otros partidos fascistas europeos, como el italiano y el alemán, no ha creado una organización de masas ni ha tenido éxito en la movilización política dentro del sistema democrático. A partir de julio del 36, Falange es un partido que crece en tromba, porque mucha gente —católicos, ex-votantes de la CEDA, etc.— se sienten protegidos por este partido que crea una imagen de violencia y exterminio de los rojos. Hay una parte de imagen y otra que es real. Sin ninguna duda, Falange es un partido de promoción de la violencia, que la pone en práctica durante el llamado terror caliente del verano del treinta y seis. Actúan de verdugos de muchas de las víctimas que estamos analizando en los últimos años. El ejército tiene que intervenir algunas veces, porque los falangistas se están extralimitando en sus funciones." (Ob. cit., pp. 53 y 54).
Y añaden de su cosecha los autores del libro citado:
"Falange
Española era un grupúsculo político que en las elecciones de febrero
de 1936 recibió tan sólo cuarenta y cinco mil votos y no obtuvo ningún
diputado. Su estética uniformada, el culto a José Antonio Primo de
Rivera y la utilización que Franco hizo de ella inflaron la presencia y
la influencia de la formación. No es de extrañar que algunos
investigadores opinen que aquel partido de estilo fascista y
paramilitar se creó a medida para el golpe del 18 de julio. Ello
resulta verosímil si pensamos en el papel que los camaradas de Falange desempeñaron en detenciones, torturas, violaciones, paseos, mareos, limpias
y toda la terminología inventada para designar una sola cosa:
asesinatos en los cuales se disputaban el protagonismo con los
militares y la Guardia Civil. Joan M. Thomas, historiador que ha
investigado a fondo la Falange, cree que una mayoría del partido
participó con entusiasmo y por iniciativa propia en la represión, sobre
todo en los primeros tiempos de la guerra." (Ob. cit. pp. 54 y 55).
Sobre la descripción de Casanova, aclararé que no la cito, (ni yo ni Sánchez Dragó, supongo) con ánimo de negar que grupos criminales/terroristas del bando contrario hayan cometido actos comparables— probablemente incluso más numerosos antes de la guerra, y menos reprimidos ésos por las autoridades del Frente Popular. Sí matizaría, estando de acuerdo con esta descripción en términos generales, que el calificativo de "verdugo" (aplicado hoy con frecuencia también a los terroristas etarras o islamistas) está invariablemente mal empleado. Un verdugo ejecuta a un reo por mandato legal tras un proceso judicial; estos falangistas eran grupos terroristas no amparados por ninguna legalidad que ni yo, ni Casanova, ni Sánchez Dragó supongo, reconozcamos. De ahí que el término esté mal utilizado para describir a esas pandillas falangistas: eran asesinos, no verdugos. Un verdugo es lo que hubieran merecido ellos, en un mundo mejor ordenado.
Continúa inmediatamente Sánchez Dragó, comentando la exposición de Las fosas del silencio:
Bien. . . o mal. O las dos cosas. Separemos el trigo de los datos de la paja de las opiniones. Todo lo que dice Julián Casanova es cierto, o lo parece, aunque no sobraría recalcar que la promoción de la violencia llevada a cabo por la Falange fue posterior al Alzamiento [tch tch, ese lenguaje . . . ] y no —en contra de lo que la propaganda izquierdista, [sic la coma] ha conseguido infundir en muchas molleras de ésas, tan abundantes, a las que nada importa deglutir ruedas de molino- anterior a él. Al Alzamiento, decía. . . [re-sick] (Sánchez Dragó, 224).
Supongo que cada uno cuenta la guerra según le va. Pero debería informarse más Sánchez Dragó antes de pontificar así sobre la inocencia original de la Falange. A mí desde luego me deja un tanto escéptico . . .
Tampoco es de recibo, sino que antes bien suscita indignación, la mía al menos, lo que Armengou y Belis hacen al dar por buena —no es de extrañar, dicen— la delirante opinión, sostenida, al parecer, por algunos investigadores, cuyos nombres no citan (aunque con esta observación no esté poniendo yo en duda su existencia, seguro que los hay, y a chorro) de que la Falange se creó, vivir para oír, ¡a medida para el golpe del 18 de julio! Ni que decir tiene que los signos de indignación, que no, en modo alguno, de admiración, son míos. (Sánchez Dragó, 224)
Aquí critica Sánchez Dragó el hindsight bias
que supone el ver en la fundación de la Falange una prefiguración de
la Guerra Civil. Y pasa a culpar al vandalismo del Frente Popular el
crecimiento del desorden que llevó a la espiral de violencia. Bien,
desde luego la fecha del 18 de julio no aparece en el acta fundacional
de la Falange. Pero, habida cuenta de los precedentes fascista y
nazi, ¿alguien puede dudar que estaba entre los sueños, delirantes
quizá entonces, de la Falange, el hacerse con el poder al estilo
camisa parda, negra, o azul, y arramblando con el régimen, comunista o
demócrata, que hubiese en su momento? ¿Se iban a suprimir los partidos,
y "el capitalismo", y se iba llevar a cabo el programa joseantoniano,
sin usar la violencia? Vamos, hombre. . . menos
indignación, y más clarividencia, que estás escribiendo memoria
histórica, no desmemoria. Los demócratas escaseaban en el 36, tanto en
la derecha como en la izquierda; ambas estaban más que dispuestas a
hacerse con el poder por la fuerza, y a llevar a cabo lo que ambas
denominaban una Revolución—que ya se sabe que no son pacíficas. Y
quienes sí eran demócratas en teoría, y debían haber sabido mantener la
ley y gobernar con justicia, tampoco lo supieron hacer, y se dejaron
llevar por sectarismos y favoritismos. E indultaron a golpistas de toda
especie.
Pero
lo de Sánchez Dragó es un caso de trauma político profundo—para acabar
en este libro declarando su admiración a la Falange actual y a la de
José Antonio, a las que por una extraña maniobra mental no asocia
apenas con la Falange que realmente existía en 1936. Sobre las raíces
de esta pirueta conceptual, y de la simbología traumatizada que subyace
a ella, puede verse mi comentario en el artículo "Paralelismos traumáticos".
Pero quieras que no, tiene que reconocer Sánchez Dragó algunas dur’simas verdades . . . que de eso va su libro, se supone:
Pero es, efectivamente, y por desgracia, exacto lo que los dos autores en cuestión dicen acerca del triste y bárbaro papel que motu propio [proprio, m‡s propriamente] desempeñó la Falange, o quienes por falangistas se despachaban [¿¿?? —ah. ¿igual eran rojos, o esperantistas?], en los primeros meses del conflicto.
Será, concluyen Armengou y Belis, "posteriormente cuando comiencen las discrepancias al ver algunos falangistas que el objetivo de Franco de exterminar al enemigo se perpetúa: algunos camisas azules creen que esa aniquilación puede ser contraproducente para el partido y para su proyecto de España, más integrador [tras la desintegración del enemigo y del chivo expiatorio, será]; el propio Manuel Hedilla, jefe de la Junta Provisional de Falange, dirige a sus subordinados una circular en la que les advierte:
’Insisto con el máximo interés en que las operaciones de represión se controlen con todo celo, no cumpliendo otras órdenes que las dictadas por las autoridades competentes [tiene chiste esto de las ’autoridades competentes’]. Es menester evitar que sobre la Falange se eche una fama sangrienta que pueda perjudicarnos en el porvenir. No se castigará a nadie sin averiguación de sus antecedentes y sin orden de la autoridad competente’." (Ob. cit., p. 55)
Lo
malo —lo malo, se sobrentiende, para mi padre y, en consecuencia,
también para mí —es que la circular de Hedilla no se cursó hasta el 29
de septiembre. ¡Demasiado tarde, una vez más, para que de ella se
beneficiaran Monreal y Carreño! [¿y
más gente, se sobreentiende? Aunque los criterios de Hedilla para el
asesinato organizado administrativamente eran también muy inclusivos].
Pero, en todo caso, y por eso cito lo que cito, siguen cuadrando al
dedillo las cuentas relativas a lo cerca —horas, días, dije— que
anduvo mi padre de salvar el pellejo. Ya sé que los quejíos
de plañidera emitidos a pitón pasado no sirven para nada, ni, menos
aún, resucitan al difunto, pero una y otra vez, tenaz, machacona,
estalla y tabletea, dentro de mí esa pueril exclamación, más propia
de espectadores de partidos de fútbol o de jugadores de lotería que de
adultos dotados de sentido común y criterio, que reza:
—¡Huy! ¡Por un pelo!
O por un palo: el de la portería.
En el caso de mi abuelo, ni pelo ni cabellera. Fue el primer asesinato de la comarca. Quizá hubiera podido escapar a Francia, como mi otro abuelo, con la cuadrilla de requetefachas pisándole los talones. . . Pero claro, no tenía ninguna razón para escapar de nadie—de nadie racional. Y mucho confía Sánchez Dragó en el "orden" que puso Hedilla (ná menos . . . ). No debería. Los fusilados por orden de la Autoridad golpista están igual de fusilados.
Y es que, por infantil que parezca mi reacción, eso es exactamente lo que me sugiere el cúmulo de datos y opiniones, procedentes de los dos bandos en liza, con los que sin proponérmelo, y en desorden, al hilo de la concepción y la elaboración de este libro, me he ido topando hasta llegar a la convicción —la tengo— de que en la zona nacional, como mínimo y quizá tambien en la otra, pero de eso hoy por hoy no estoy seguro (más bien me inclino por lo contrario), la represión ciega, indiscriminada, injustificada, indocumentada, de quienes no eran combatientes sino pueblo a secas, y vestían de paisano, se detuvo muy pronto, en la segunda mitad del mes de septiembre, debido a la confluencia de tres vectores: la llegada a las cárceles de los efectivos de la Cruz Roja, el férreo control establecido a partir de un determinado momento por las fuerzas armadas y la toma de conciencia de los mandos de la Falange genuina [¿¿los buenos?? ¿¿ya había dos Falanges??] respecto a las atrocidades que como perros rabiosos sin correa, vacuna ni bozal estaban perpetrando sus supuestos conmilitones. [El supuestos juro que es de Sánchez Dragó; el Times 18 es mío).
Wikipedia: En 1944 fuentes del Ministerio de Justicia aseguraron que unos 190.000 prisioneros murieron o fueron ejecutados en prisión. Como se ve, hay opiniones para todo. . . La represión y exterminio, ya no desorganizados, sino sistemáticos, continuaron durante años. A mí el convencimiento aparente de Sánchez Dragó de que tras unos meses sólo hubo muertos en combate, o la cortina de humo que se echa ante los ojos con las ejecuciones legales del franquismo, no sé, me parecen un tanto pasmosos.
"¿Conmilitones? Bueno, bueno . . . Dejémoslo, con grima y rima fácil, en matones, en killers, en sicarios a sueldo, que en muchos casos, aunque no, desde luego, en todos, ni siquiera podían esgrimir en su descargo el nauseabundo atenuante de que obedecían órdenes o la coartada ideológica, aún más repulsiva, de que actuaban así para extirpar la mala hierba del país, orear la atmósfera y salvar la patria. Lo digo con la autoridad que para ello me confiere otro dato, otra certeza casualmente aportada por el zigzagueo de las lecturas, conversaciones e investigaciones que preceden o corren paralelas al alumbramiento de este libro. Me refiero a la horripilante hoja de pagos reproducida por Armengou y Belis en su tantas veces por mí citada obra y relativa a la contabilidad llevada a cabo por la delegación de Falange Española en el pueblo sevillano de Los Corrales durante varias semanas del año de 1936 (Ob. cit., p. 264). En ella, taxativa y contundentemente, con modos, modales, pelos y señales que no dejan mucho espacio para la duda, se incluyen "listados con nombres de personas que reciben dinero de la tesorería local de la Falange. Llama la atención que algunas personas percibieran en distintas épocas unas cantidades que eran considerables en la éoca, pero aún sorprende más que la cifra de treinta y cinco pesetas, que se repite con frecuencia, fuera el precio que se consideraba que correspondía cobrar por asesinar a alguien. Si tenemos en cuenta que en Los Corrales murieron asesinadas setenta y ocho personas y que los nombres de quienes cobran son los que distintos testimonios apuntan como los de quienes se ocupaban de llevar a los detenidos al cementerio —donde los ejecutaban después de haberles hecho cavar su propia fosa— el documento resulta revelador en lo tocante a la responsabilidad de elementos de la Falange en aquellos crímenes". (Ob. cit., p. 56)
¡Siete duros! Un pastón. Se entiende que hubiese tantos animales dispuestos a convertirse en asesinos. Todo necio confunde valor y precio.
¡’No, no! ¡qué digo! ¿Siete duros? Muchos más, porque ése era el precio per cápita, y podían ser bastantes las cabezas de ganado —como a tales, de hecho, las consideraban y trataban— que en cada limpia, en cada operación de higiene ideológica, eran conducidas al matadero.
Me pregunto si cobraron los asesinos de mi padre esa u otra cantidad y lo que, caso de ser así, hicieron con ella. . . ¿Irse de putas? Seguro que no. Iban, entonces, muy baratas, y para eso, además ya dispon’an, y por añadidura gratis, de sus respectivas madres.
Aunque fuesen unas santas.
"Pablo Uriel tenía veintidós años y la carrera de médico recién acabada cuando, aquel aciago julio de 1936, se desencadenó la guerra. . . "
Pertenecen estas líneas al prólogo añadido por Ian Gibson a la excelente obra de narrativa autobiográfica No se fusila en domingo (Pre-Textos, Valencia, 2005), en la que el médico citado —que era, por cierto, de Soria, como yo llegué a serlo, ya talludo, por vía de generosa decisión municipal— evoca las vicisitudes de su existencia, y algunas de las de España durante el mismo período, en los años de la guerra civil. Viene a cuento, me parece, reproducir ahora algunos párrafos de su libro: (Sánchez Dragó, 226-28)
Con este testimonio de Pablo Uriel narra Sánchez Dragó, por vía interpuesta, el asesinato de su padre, mejor que en propia voz. Es sorprendente en el texto que sigue, valiente y estremecedor, y a la vez consciente de la importancia del lenguaje, cómo continúa, sin embargo utilizando el vocabulario de los terroristas para describir sus crímenes, a la vez que denuncia esa infección del lenguaje ("verdugos", "paseos", "ejecuciones"). Y con esos párrafos de No se fusila en domingo termino yo este post tan largo y tan hablado por vía interpuesta. Son éstos:
"El papel de verdugos y ejecutores se asignó en Zaragoza a los falangistas y a la Guardia Civil. En la ciudad existían pocos falangistas antes del 18 de julio, pero sus filas fueron engrosadas rápidamente por miembros de otras organizaciones de derechas. Se podía seguir muy bien el proceso mental que les conducía a la pendiente de las ejecuciones. En la práctica, todo falangista intervino alguna vez en esos asesinatos, considerados por sus jefes como actos de servicio a la patria. Si el acto daba lugar a una conmoción psíquica de rechazo o repulsión, el hombre se enrolaba en seguida en alguna unidad combatiente y marchaba al frente, ansiando una lucha más noble. Aquellos que descubrían en disparar sobre un hombre indefenso una fuente de placer quedaban adscritos de modo permanente a las escuadras de verdugos. [Verdugos a sueldo de un régimen fascista, asesino y traidor, repito: no verdugos sin más]. Poco a poco, por un mecanismo de selección, fueron quedando en la retaguardia agrupaciones de jóvenes sádicos a los que se dio amplios poderes para la limpieza. Ellos usaron y abusaron de estos poderes, entre la complacencia hipócrita de las personas de orden, que no mancharon sus manos de sangre pero señalaron a las víctimas, desentendiéndose luego de la suerte que pudieran correr.
"En sus cuartelillos, estos jóvenes degenerados elaboraban la lista de sus víctimas cada noche; a estas listas se añadían otras, facilitadas por la policía o el ejército. Al anochecer iniciaban sus correrías, recogiendo de las cárceles o de sus domicilios a las piezas sobre las que iban a disparar. Al volante de sus camiones o de grandes turismos Buick o Chrysler de los años treinta, disfrutaban en sus cortos viajes del contacto estremecedor con sus víctimas, en un placer anticipado del agudo y supremo goce de disparar sobre aquellos hombres, mujeres o niños que morían de una manera tan fácil.
"Al principio quedaban los cuerpos allí, en las canteras o en las cunetas de las carreteras, a la vista de todos. Luego intervino ya la máquina administrativa y esos cuerpos eran recogidos y enterrados en los cementerios próximos o llevados a la fosa común del de Zaragoza.
"Otros pasaron antes por la sala de anatomía de la Facultad de Medicina de Zaragoza, donde sus datos fueron registrados, y de allí salieron en su último viaje al cementerio o la incineración Los que dejaban su nombre en el registro necrológico de la facultad tenían siempre el mismo diagnóstico: traumatismo craneal.
"Todos los vencedores colaboraron con los verdugos falangistas con su conformidad. Los muertos no tenían un nombre, ni unas circunstancias personales; eran ’rojos’. Las muertes no eran muertes, eran ’paseos’. Y la fuerza de las palabras desempeñó un buen papel en aquella conformidad.
"Los hombres que no ejecutaban denunciaban, y, al enterarse de que el denunciado hab’a sido paseado, imaginaban en seguida que su denuncia habría servido para descubrir en la víctima otros horrendos delitos. Aquel denunciado había resultado ser un rojo perdido, y la hora de la justicia había sonado en España.
"La aquiescencia de la Iglesia costó miles de vidas. Conocía mejor que nadie la cuantía de víctimas cada noche, puesto que los sacerdotes asistían a las ejecuciones. Jamás se preguntó si aquellas muertes ilegales eran o no lícitas. No se habló de ello en los púlpitos, y si algún sacerdote lo hizo fue pronto llamado al orden por sus superiores. Si reincidió fue detenido. Algunos religiosos de un convento próximo a la cárcel ingresaron en las celdas porque se habían permitido pedir clemencia desde sus púlpitos y porque sus palabras llenaron el templo de fieles que buscaban un consuelo.
"Aunque es muy triste decirlo, muchos de estos sacerdotes encontraron en las ejecuciones un placer inconfesable. Algunos por curiosidad, otros por deleite y unos pocos por cumplir allí una misión trascendente, acudían de buena gana a presenciar los asesinatos. Esta colaboración gustosa sólo se vio enfriada por algún incidente peligroso, como el ocurrido durante unas ejecuciones en las canteras de Casablanca. Uno de aquellos rojos, en el momento crítico, pasó sus manos esposadas por encima del haz de los faros del coche que iluminaba la escena. Los verdugos, ya nerviosos por la ceremonia, se asustaron ante aquel revuelo inesperado, y dispararon generosamente sus fusiles. Aquel sacerdote murió abrazado a su rojo.
"Algunos de estos falangistas, al regreso de sus orgías, acudían a un confesor ya designado para ellos. Allí vertían la confidencia de sus pecados de esa noche y recibían la absolución. No eran confesiones muy ortodoxas, puesto que no se les exigía la contrición indispensable, pero la conciencia quedaba así adormecida y las orgías podían continuar en noches sucesivas. El confesor solía preguntar a su confidente si había sentido odio hacia aquellos hombres que se había visto obligado a matar en cumplimiento de su deber patriótico. La respuesta era siempre negativa, ¿por qué razón iba a sentir odio por aquel desconocido?
"El ejército, salvo en los pocos casos de consejos de guerra, no intervino directamente en las ejecuciones, al menos en Zaragoza. Pero cuando deseaba deshacerse de algún soldado políticamente desafecto, no vacilaba en entregárselo a la Falange para que lo castigase de la única forma como sabía. El Ejército sí es culpable del asesinato de prisioneros de guerra, sobre todo si éstos pertenecían a las Brigadas Internacionales. En este caso el fusilamiento era inmediato y automático. (Ob. cit., pp. 63 y 66)
[Sánchez Dragó: ] Hasta aquí, la de cal. Más adelante, en el mismo libro, la de arena . . .
"Las primeras horas ese día habían sido una confirmación gozosa de todas mis previsiones. El comportamiento del ejército republicano con sus prisioneros era exactamente el que yo había esperado: el que había anunciado a todos los que temían caer en manos del enemigo.
"Pero a partir de las nueve o nueve y media de la maana, me enfrenté de pronto con unos hechos para los que no estaba preparado. El comportamiento bochornoso del ejército republicano me proporcionó una decepción que es, sin duda alguna, la mayor que he sufirdo en mi vida. Yo estaba preparado psicológicamente para soportar la crueldad de los franquistas; la encontraba consecuente con los esquemas previos. Pero encontrar esa misma brutalidad en el campo de mis amigos fue una experiencia cuyas consecuencias pesaron sobre mí durante muchos años." (Ob. cit., p. 371)
Sobran las apostillas. Sobran también, y más, si cabe, las banderías, los sectarismos, los posicionamientos ideológicos.
’¡Qué asco!
(Sánchez Dragó, Muertes paralelas 226-31, citaba No se fusila en domingo, de Pablo Uriel)
(PS: pongo este comentario en el Blog de Fernando Sánchez Dragó:
Sobre el paralelismo de las muertes, comparto y respeto la voluntad de Vd. de evitar partidismos, cainismos, etc. etc. y dar estopa a ambos bandos, que en ambos hubo muchos que la merecen.
Sin embargo, creo que los paralelismos están mal elegidos, y más para elegir figuras emblemáticas para la portada. Es excesiva la desigualdad entre una pandilla de fascistas dando "paseos", es decir, asesinando a ciudadanos no combatientes, y un poder legítimamente elegido, en tiempo de guerra, condenando a muerte al líder de una banda fascista, golpista y terrorista. Aunque se esté en contra de la pena de muerte; aunque el juicio no tuviese garantías.
No
es lo mismo, y no es un paralelismo aceptable. A mi abuelo también lo
asesinaron los falangistas, y si escribiese un libro podría ponerlo en
la portada, en "paralelo", con algún pobre cura asesinado por
milicianos, pongamos. Nunca, por supuesto, con José Antonio Primo de
Rivera, jefe de los que tanta gente asesinaron. En fin, prefiero pensar
que es un exceso de ecuanimidad por su parte, si tales excesos son
posibles.
_____________________________________
post-scriptum, 2009. Setenta años después:
El eco de las descargas
Si
los asesinos de las milicias de izquierdas se ensañaron con los curas,
los falangistas y demás fascistas escogieron a los miembros de los
sindicatos y a los maestros como víctimas favoritas para su campaña de
terror. Estas sí son muertes paralelas—las historias de asesinatos de
maestros guardan un triste parecido. Hace poco se hizo en Zaragoza un
pequeño acto de homenaje a los maestros asesinados en Aragón.
Entre ellos estaba mi abuelo Ángel García Benedito, residente en
Biescas y por entonces maestro de Escuer. Había sido el gran impulsor
del traslado del pueblo de Escuer Alto y su refundación en el valle,
ayudando y aconsejando a los vecinos que se reubicaban allí, para
intentar mejorar sus penosas condiciones de vida. Otros muchos maestros
se implicaron en mejoras sociales más de lo que gustó a los caciques,
poderosos y conservadores, y su papel ejemplarizador hizo que los
fascistas decidiesen utilizarlos para dar la última lección, como decía Castelao:

Fueron, como dice el título del libro de María Antonia Iglesias sobre
ellos, "los otros santos, los otros mártires" de la guerra.
Uno de los relatos del asesinato de mi abuelo apareció en un libro que describe la represión en la Jacetania y el alto Gállego—El eco de las descargas, de Esteban C. Gómez, editado por el autor (Barcelona, 2002). Aquí hay unos pasajes.
Tras
ver frenado su Golpe de Estado contra la República por la actuación
del pueblo y de las instituciones republicanas, los militares
sediciosos, lejos de deponer las armas, comienzan a organizar con
métodos fascistas la vida municipal de los lugares caídos bajo su
dominio; asimismo se disponen a controlar la retaguardia mediante la
violencia y el terror.
Aunque sus afines gozaban de una
autonomía casi ilimitada para organizar y reprimir, en última instancia
todo se subordinaba a los dictados de los militares. La jerarquía, la
disciplina y la exaltación de la violencia eran los valores imperantes.
Inmediatamente comienza la movilización para la guerra.
EL PIRINEO ARAGONÉS, con fecha 01-08-1936, desvela lo que se avecina:
"Llegaron
varias escuadras fascistas de Logroño y requetés de Pamplona, que, en
entusiasta colaboración con las fuerzas militares, hacen los servicios
correspondientes y atrevidas exploraciones por la comarca.
(...)
Regimiento de Galicia, Guardia Civil, Carabineros, policía, voluntarios
de Jaca y veraneantes, milicias fascistas de Logroño y requetés de
Pamplona siguen circulando con ávido entusiasmo por las calles de
nuestra ciudad. Muéstranse incansables en sus respectivos servicios
dentro de la población y en sus constantes excursiones de vigilancia
por alejados lugares de nuestra comarca".
(...)
El domingo día 2, después de haber oído ’misa de campaña’, entre soflamas y cantos, un grupo de aquellos falangistas que mencionaba EL PIRINEO ARAGONÉS colaboraban
entusiastas con las fuerzas militares para suministrar y nutrir a las
fuerzas sublevadas acantonadas en Biescas y desplegadas en Gavín. Al
llegar a Escuer uno de los autos se detiene y de él descienden requetés
y falangistas en alegre camaradería siendo recibidos, brazo en alto,
por el nuevo alcalde (Inocencio Puértolas). Otros convecinos los rodean
y asaetean a preguntas en demanda de información. Allí, una persona ’de orden’ y entusiasta del ’movimiento salvador de España’, les da el ’soplo’
de que el maestro, Ángel García Benedito, es de Izquierda Republicana y
de ideas muy progresistas. Los falangistas, al llegar a Biescas, donde
también les han dicho que vive el maestro de Escuer, preguntan por
éste. La plaza del Ayuntamiento se encuentra muy animada, con la
presencia de soldados, requetés y falangistas entremezclados con
algunos vecinos del pueblo que la transitan. Las autoridades
democráticas han huido; muchos jóvenes han ido a Yésero, donde los
primeros focos de resistencia se organizan. El capitán Cabrerizo, jefe
militar de la plaza, ha reemplazado a las autoridades civiles con gente
de su absoluta confianza, resucitando el antiguo caciquismo. Ahora,
quienes hacen y deshacen dejando su impronta en los designios de la
villa son: Salvador Lacasa, nombrado Alcalde; José María Estaún;
Lorenzo Ipiéns; Antonio Rosalí; Antonio Marcos Boira; y mosén José
Aranda.
El maestro de Escuer, que vivía en la misma plaza, tras
ser detenido, fue vejado, pateado y humillado entre crueles risotadas y
cantos patrióticos. Quienes podían hacer algo por él, no lo hicieron:
lo aceptaron y callaron. Cuando los falangistas retornaron a Jaca, lo
tomaron consigo y a 2 km lo asesinaron a orillas de la carretera en las
inmediaciones del barranco de Arás. Era el segundo maestro que
ejecutaban y el primero del mes más sangriento de toda la guerra, con
79 fusilados.
Ese mismo día escribía en su diario el profesor Florentín Ara:
"Qué concepto de la vida y de la moral tienen estas gentes que hoy nos esclavizan? Misas, novenas, medallas, escapularios, pláticas, mentiras, robos, atropellos, asesinatos, crueldades, insultos, violencias, blasfemias, suciedades y cantos con la música de la ’Cucaracha’: ese es el programa de los de ’Dios, Patria, Familia, Orden...’ Todo el programa y toda la realización de una España de Inquisición y Pandereta; de curas, chulos y prostitutas, de rosario y navaja; de sangre y de cieno; de vergüenza y lenocinio. ¡Ah! el gran pecado de las izquierdas ha sido siempre [—no siempre, no siempre, ay las generalizaciones....—] el respeto a la legalidad y el afán de convivencia, evitando rozamientos y gestos agrios. La lección que estamos recibiendo es demasiado seria para que la olvidemos. ¿Qué respeto tienen ellos por la propiedad, por la vida humana, por la conciencia individual, hacia nada de lo que significa conquistas de nuestro tiempo? Espada para hacer y deshacer y altar para purificar lo que la razón, la justicia y el derecho condenan. ¡Esas son las derechas españolas, hechas a la más negra obstinada reacción, sin sentido, ni idea de que el tiempo corre! ¡Qué bien va esto!: misas al aire libre y música a todo pasto; mientras tanto, las ejecuciones en masa".
En una pensión de Jaca se alojaron los falangistas que mataron a mi abuelo, esos luceros de la patria. Uno de ellos al parecer estaba avergonzado de sí mismo y arrepentido. Los otros seguían "enteros", le contaron a una tía mía quienes supieron de ellos. Mi abuela nunca superó el golpe. Además fue expulsada del cuerpo de maestros, como todos los demás. Luego reingresaría como maestra, pero vivió sin asimilar nunca lo sucedido, traumada para siempre por este episodio—por así llamarlo, pues es un episodio de esos en los que se para el tiempo. Aunque quizá sí lo superó a su manera, usando las fuerzas que tuvo, para abrirse camino en la nueva y siniestra España por la única vía que encontró— sacando adelante a sus tres hijos, y dándoles estudios.
Denuncias por asesinato no hubo ninguna. Aquí no vale la pena quejarse a las autoridades por estas cuestiones. A los Nacionales, mucha gracia les hubiera hecho la denuncia. De hecho, ya reposada la cosa, en 1966 se molestó el gobierno franquista en declarar prescritos por decreto todos los delitos cometidos con anterioridad al 1 de abril de 1939. Luego, en la Transición, la amnistía general volvería a decretar que estas cuestiones no eran investigables ni penables. A los asesinos, por lo que se ve, no les ha faltado apoyo desde arriba, nunca, y menos en aquellos años de posguerra. La "Justicia" siempre ha estado de su parte.
Muchos
más años tendrían que pasar hasta que se recordase debidamente la
memoria de mi abuelo, tanto marcaba la época. Y de hecho el eco de esos
disparos llega, más de setenta años después, hasta aquí mismo.
Dear Friends, Followers and Subscribers, our dear Americans,
— John Mappin (@JohnMappin) March 17, 2026
Seeing as one and all are reminiscing about Charlie Kirk today in light of the Iran war, I thought I would make something that happened crystal clear.
Minds are for changing, and when the facts change we change our… pic.twitter.com/uOwoOqUtoV
Me llega a través de una circular esta noticia, y la información de esta página web del Tribunal de Bruselas, en la cual puede leerse más sobre los numerosos asesinatos de profesores universitarios y otros intelectuales en Iraq. Aunque en muchos casos no se sabe quién realiza los asesinatos, y en otros sin duda se deben a grupos de fanáticos o a venganzas, es significativo que muchas veces estos asesinatos se realizan ante la indiferencia de las fuerzas de ocupación, cuando no son ellas mimas quienes los perpetran. A ello se suman las numerosas desapariciones, palizas, secuestros y amedrentamientos que están llevando a muchos profesores a huir del país o de sus puestos de trabajo. Las universidades se saquean, y las autoridades de ocupación no invierten, por supuesto, en educación. Los crímenes no se investigan, muchas veces alegando que las víctimas habían sido miembros del partido Baas. Noam Chomsky encabeza la lista de firmantes contra estos hechos; también se encuentran entre ellos Harold Pinter o J. M. Coetzee.
Sea o no una campaña orquestada sistemáticamente contra los intelectuales, en especial contra los que protestan públicamente contra la ocupación por fuerzas extranjeras, el hecho es que la fuga de cerebros está dañando gravemente a la sociedad iraquí, y la destrucción de la clase media educada parece abocar al país a más dosis de extremismo y de sectarismo. Son muchísimas también las intelectuales y académicas iraquíes que han sido expulsadas de su puesto o han tenido que huir por amenazas terroristas, dañándose así un polo de influencia importantísimo para la promoción social de las mujeres en el mundo árabe.
Pongo la noticia por puro corporativismo; por supuesto; aunque haya cientos de víctimas entre los intelectuales, hay muchos miles de víctimas inocentes que ni son intelectuales ni han tenido posturas políticas -- o sí las han tenido, y qué.
En estas fechas de conmemoraciones no está de más recordar que la guerra de Iraq se inició como un ataque unilateral y a sangre fría liderado por los EE.UU., llevado por intereses inconfesables y apoyado en informaciones falsas, tergiversaciones y manipulaciones de la opinión a escala mundial. Seguido del terrorismo organizado, de alta tecnología y a gran escala que se despliega en un ataque de esas características. Aquí en España se subió a ese vergonzoso carro, con gran entusiasmo, nuestro antiguo presidente Aznar, y tras él todo el Partido Popular. A fecha de hoy, este partido no se ha retractado de su apoyo a la agresión norteamericana, que ha costado y sigue costando miles de vidas. Un 11-M cada cuatro días. O varias ETAs todas de vez, que eso es lo que significa emprender una guerra. Poquita autocrítica se ve por ese lado, y mucha, muchísima ley del embudo.
De esos miles de muertos seguramente sí que había muchas personas asociadas al régimen de Saddam (como los hubiera habido asociados al de Franco si hubiesen bombardeado España en los años sesenta). Y otra cosa es innegable -- serán profesores, o profesoras, o intelectuales, o paseantes, o víctimas inocentes, o lo que se quiera, pero son todos moros, ¿no?
JoseAngel -
JoseAngel -
fida -
Magda -
Retropost, 2020:
Se abría originalmente este artículo de 2020 con un vídeo de Pedro Rosillo ("El Arconte"), una entrevista con Alberto y Santiago Royuela, vídeo luego retirado de la red, quizá cuando se abrió una investigación a Pedro Rosillo en relación con estas cuestiones, o quizá cuando riñó él mismo con los Royuela.
_____. "Expediente Royuela- El Mayor Escándalo Político de la Historia de España." Video interview with Alberto and Santiago Royuela. YouTube (El Arconte) 4 April 2020.*
2020
Aparece actualmente en el Archivo de Internet como vídeo privado, o sea que no es visible para el público. Pero en sustancia se recoge lo mismo en esta otra entrevista de los Royuela con Miguel Celades, también de 2020, y hoy visible en el canal de Santiago Royuela:
Celades, Miguel. "El caso Royuela: Momento actual del mayor crimen de la historia de España." Interview with Alberto Royuela. YouTube (Ciencia y Espíritu) 1 Aug. 2020.* (Corruption, Justice, Judges, Bought sentences and trials, Police ignoring complaints of crime and murder; Blackmail; corrupt judges and magistrates; Tribunal Supremo, Surveillance; José Mª Mena, Carlos Jiménez Villarejo, Jorge García de la Serrana, PSOE, surveillance, Asunción Salvo Tambo, Vicente Navarro Verdejo, Juan Alberto Belloch, Margarita Robles, Interviú, El Periódico, El Mundo, Metrobacesa, Iberia Seguros; Carmen Otero Gordillo, Mª Carmen Molina González; Cándido Conde Pumpido; Eugenia Alegret Burgués; María Mena; Carlos Morín Gamarra; illegal abortions and crime; Gutiérrez Mellado; accesories by silence CONCAPA, PP, Vox, Felipe VI, corrupt parties and judiciary; also Zapatero, Guillem Vidal, Fernández Bermejo; Enrique Sarasola; Royuela helped by Fungairiño, Javier de la Rosa, Jesús Gil, and spies Juan Abellán Hernández and Jorge Sandoval Roura; commissioned murders; offshore accounts; Soldaduras Eléctricas El Águila, judiciary mafia; Spanish politics).
YouTube (Santiago Royuela Samit) 3 Aug. 2020.*
2022
Esta entrevista en Ivoox es también similar, y apareció en 2020 allí y en la versión original de este artículo:
En lo referente a la implicación criminal del PSOE, se produce en este caso el mismo fenómeno que con otros casos de corrupción del PSOE. A saber, que "no es el partido mismo" quien se implica en crímenes o delitos (en sus actas, órganos oficiales, etc.) sino "una mafia instalada en el partido" o "unas personas que no conocíamos en realidad y que nos han defraudado mucho" pero que, vaya por Dios, resulta que tenían altos cargos y potentes redes de influencias en el partido. Partido que tampoco pasa a denunciarlos, por muy defraudado que esté, sino que los sigue protegiendo y encubriendo en la medida de lo posible.
Sigue mi comentario de 2020:
Del Expediente Royuela no se desprende que el PSOE ordenase los más de 1.100 asesinatos, al contrario de lo que dice el Arconte. Ordenó muchos, según parece, pero otros van asociados a otras cuestiones mafiosas, monetarias o de corrupciones y delitos varios.
Tiene desde luego el
PSOE una gran responsabilidad criminal por lo que le toca, y al albergar
o tener conexiones con esta trama....
—
pero al haberse revelado públicamente hace tiempo también la tienen
muchos más. Todo esto ha sido (está siendo) silenciado por los demás
partidos que lo conocen y no dicen ni hacen nada, convirtiéndose
en encubridores. Todo ha sido silenciado y encubierto por los juristas,
la policía, los medios de comunicación. El asunto ya era tremendo; pues
bien, se va volviendo más tremendo con cada día de silencio de los corderos que pasa.
Por
otra parte, este asunto deja a la justicia española donde se merece, a
la altura del betún. La corrupción, el soborno, la prevaricación, el
crimen y el tráfico de influencias están tan generalizados, según se
desprende de aquí, que no puede existir jurista tan memo que no se haya
dado cuenta de esto. Sí existen muchos, muchísimos, tan corruptos que
nunca lo han comentado ni denunciado. Y que mueven papeles día a día en
pose de egipcios, fingiendo que nada de todo esto existe.
Un
retrato obsceno e hiperrealista de la justicia española y del supuesto
Estado de Derecho, eso es lo que es el EXPEDIENTE ROYUELA.
AN AI PODCAST ON THE ROYUELA FILES (EXPEDIENTE ROYUELA): https://www.academia.edu/85776548/
Lankamp, Juan de la Familia, et al. "Extrañas Muertes Conspiración en Waldo De Los Rios y Sandra Mozarowski." Video interview with David García and Javier Bleda. YouTube (Juan de La Familia 2 más) 20 Dec. 2025.* (Isabel Pisano, Pepe Sancho, Juan Carlos I, Blackmail, secret services, Eladio Blázquez, Claudia Isabel Pisano, Miguel Pisano, judicial corruption, harassment, Yasser Arafat, Pier Paolo Pasolini, pederasty, Rodolfo Martín Villa, Marqués de Mondéjar, Adolfo Suárez, Col. Casinello, SECEM, Abortion, Antonio Izquierdo, Andrew Morton, Luis Solana, Maite Zaldívar, Nadiuska, Paco Martínez Soria, Torrebruno, Bermúdez de Castro, Francisco Laína, Emilio Botín, Banco de Santander, Offshore accounts, organized crime, Mario Conde, Severino Martínez Izquierdo, Publio Cordón, GRAPO, María Ángeles Vargas Zúñiga, Monzer al Kassar, Raymond Nakachan, Bush, Oliver North, Alfonso de Borbón Dampierre, Alfonso de Borbón Medina, Sabiniano Gómez, José Luis Ábalos)
2025
Yira, yira (6): pic.twitter.com/1M9u9uCBLE — JoséAngelGarcíaLanda (@JoseAngelGLanda) August 28, 2026
7 comentarios
JoseAngel -
Montse -
Un saludo.
JoseAngel -
JoseAngel -
José Ramón -
No me voy a desgañitar recordando el humanismo de los textos joseantonianos. Sí, aunque a algunos os llevéis las manos a la cabeza.
Seguro que esos no han leído y estudiado la vida de José Antonio, y lo que es más importante, su pensamiento, sus textos.
Si alguno está dispuesto a dejar de lado tópicos y deformaciones, puede leer el testamento de José Antonio. Se puede encontrar en Internet.
En definitivaa, podemos estar de acuerdo o no con la ideología de José Antonio, pero es intolerable que se le acuse de asesino y jefe de un grupo de verdugos. José Antonio siempre estuvo en contra de la imagen gansteril que mantenían algunos miembros de Falange. No obstante, desde los medios de la derecha se burlaban de José Antonio, llamándole Juan Simón "el enterrador" y diciendo que F.E. eran las Funeraria Española. Todo ello porque José Antonio trató de evitar las represealias y las actitudes violentas hasta que la situación fue insostenible. Miembros de Falange cometieron actos violentos. Negarlo sería absurdo. Ahora bien, los primeros muertos fueron falangistas, jóvenes estudiantes caídos a partir de 1934. Las prepresalias falangistas son posteriores y en legítima defensa. Después, una vez iniciada la guerra, hay que diferenciar a los verdaderos falangistas de los arribistas derechistas disfrazados de camisa azul. José Antonio ya lo había advertido. En sus últimos textos lo deja bien claro. El que quiera enterder que entienda. El que no, puede seguir instalado en la versión oficial y pensar que José Antonio era el coco que se comía a los niños crudos.
José -
Marcelino Laruelo -
http://www.asturiasrepublicana.com/muertes1.htm
Antonio Azarola, almirante.
J.S. Schez. Ferragut, capitán de navío.
Enrique Salcedo, general.
Rogelio Caridad, general.
Isidro Liarte, gobernador civil.
Leopoldo Alas, catedrático.
Arturo Alvarez-Buylla, aviador.
Graciano Antuña, diputado.
José Franco Mussió, coronel.
Higinio Carrocera, anarquista.
José Gállego, comandante.
Eduardo Barriobero, abogado.
Javier Bueno, periodista.
La aparición de nueva documentación y, sobre todo, la apertura de archivos militares que hasta ahora habían sido inaccesibles a los investigadores, ha posibilitado que se pueda documentar lo que les aconteció a importantes hombres de la República que cayeron ante los pelotones de ejecución franquistas. Además, en no pocos casos, esas nuevas fuentes permitieron sacar del olvido y reivindicar para la historia de España a figuras prominentes de las tres primeras décadas del siglo XX.
En este libro se detalla el inicuo proceso de la justicia militar inversa que les llevó al paredón y el apretado resumen de su trayectoria vital. Almirantes y generales, dirigentes sindicales y diputados, gobernadores civiles y catedráticos, periodistas y abogados, sus vidas y sus muertes son un ejemplo de dignidad y sacrificio que merece la pena conocer