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sábado, 15 de agosto de 2026

Retropost, 2006: Guerra Civil: El vaivén de la memoria

 

Guerra Civil: El vaivén de la memoria

El título alude a una reseña de la Revista de Occidente que colgaré pasado mañana creo. Hoy no esperaba ver un ciber abierto; es fiesta, llueve (mala combinación) y me he pegado la tarde viendo Bailando con Lobos.

(Bueno, por fin consigo colgar la reseña, tras varios días de problemas con la red... Aquí va).

Guerra civil: el vaivén de la memoria

Es el número de este verano de la Revista de Occidente. Tanto en los artículos sobre la guerra como en los otros se ventilan cuestiones interesantes desde el punto de vista de la narratología cultural.

Santos Juliá ("Bajo el imperio de la memoria") observa que para las generaciones de posguerra, "la rebeldía contra el relato recibido adquirió el contenido de una rebelión contra los padres" en el caso de los vencedores. "En esa imposibilidad de crear una comunidad de memoria que implicara a padres e hijos en la misma celebración de un pasado de guerra radica, quizá, la razón de que al rechazar el gran relato contado por la Iglesia como agencia de creación de sentido, los hijos de vencedores y vencidos no lo sustituyeran por otro; no llenaran el lugar antes ocupado por la memoria impuesta por otra memoria colectiva, la de los vencidos; en realidad, carecían de una representación del pasado con la que sustituir a la que se les había impuesto" (13). Quienes escribieron sobre la guerra civil tras la caída de Franco no pensaron en hacer una reivindicación y rehabilitación de los derrotados. Había al parecer una cierta actitud aséptica que podríamos interpretar, digo yo, como negación del trauma, como si fuese el trauma cosa de otras generaciones (o quizá temor al pasado reciente, o temor a la repetición). El caso es que ahora sí piden muchos la recuperación de la memoria histórica como algo que sí les afecta directamente, aunque señala Juliá que "la memoria jamás podrá ser única, ni tendrá por qué existir un centro de elaboración, más que recuperación, de la memoria: ya lo hemos sufrido, de parte de los vencedores. Si nos obstinamos en llamar memoria a lo que es representación construida del pasado, entonces habrá muchas memorias que tendrán que coexistir y, si fuera posible, convivir; pero también polemizar, como varias y enfrentadas son, y no pueden dejar de ser, las representaciones de ese pasado de guerra" (19). En cuanto a consecuencias jurídicas, "las guerras civiles sólo pueden terminar en una amnistía general, una conclusión a la que llegaron muy pronto" quienes hicieron la transición (19). Ello no quita, opino, para la oportunidad de elaborar esas narraciones o ceremonias que lleven al reconocimiento y superación del trauma, donde lo haya.

Francisco José Martín ("Acontecimiento y categoría de la Guerra Civil") la ve como una tragedia anunciada, aun negándose a verla como inevitable, ni a ver en la República el preludio fatídico de una guerra inevitable. (También observa que "los ensueños republicanos de hoy tienen muy poco que ver con la realidad efectiva de los años 30" (23)). Como acontecimiento trágico, la Guerra Civil es un foco de irradiación de sentido histórico, "impone su sentido a uno y otro lado de sí" (24) "Y en esta forma conferida todo queda reducido a conflicto. También el antes y el después del hecho bélico. Nada que quede fuera, y lo que no encaje en esa forma, o no se somete a su lógica, pierde peso y desparece de la escena, queda oculto entre los márgenes del discurso, relegado a las sombras y silencios de la historia" (25). Pero esto es para Martín, podríamos decir, una falacia perspectivística; el acontecimiento trágico nos ciega y no nos deja de ver el resto de la realidad que ahí está también. "Era, pues. Y lo que era, no era otra cosa que ’dos Españas’ en lucha fratricida. Esta era la evidencia. La guerra sancionaba ontológicamente la escisión" (25). Se aplica así como categoría interpretativa ubicua y total, pero eso falsifica la historia: "la Guerra Civil da cuenta sólo parcialmente, y de manera insuficiente, de la realidad histórica de la España reciente" (26)—por ello, opino, quizá sea especialmente pernicioso para la percepción narrativa e histórica el guerracivilismo obsesivo de algunos sectores especialmente militantes de las dos Españas (o así autodefinidos, claro): "No fue todo la guerra, no. Pero se impuso sobre la realidad y todo tomó la forma de la guerra. O, al menos, así parece. Así aparece, en efecto, en la forma histórica dominante, ese relato vencedor estructurado alrededor del centro, o eje, de la Guerra Civil. También la historia, al cabo, una contienda de relatos. No, no fue todo la guerra, pero acabó por imponerse y cubrir con su manto la entera realidad española. Pero era sólo una cobertura" (29). Enfatiza Martín la necesidad de evitar los dualismos absolutos, y repensar el papel de los intelectuales que se quedaron o volvieron tras la guerra (no necesariamente "nacionales") o de los ciudadanos pillados por accidente en cualquier bando, o en la España franquista—ya sea el "exilio interior" o la "tercera España". "En los márgenes del discurso histórico se asoma y se insinúa la realidad sepultada por sus categorías" (33). El análisis crítico del discurso y la narratología cultural ayudan a pensar, me parece, esta distancia entre realidad y sus representaciones ideológicamente inaceptables.

Eduardo González Calleja estudia en "La otra ’batalla de la cultura’" los esfuerzos de propaganda de los dos bandos en América latina. "La movilización de la opinión pública fue la gran baza de influencia del régimen republicano frente a la actitud de una mayoría de gobiernos latinoamericanos indiferentes o veladamente hostiles" (50). Por su parte, el franquismo hacía diplomacia personalizada, con entrevistas personales y discretas con personajes influyentes. Entre caballeros, vamos. De todas maneras, González Calleja observa que en las campañas desarrolladas por un Estado en el extranjero, "la propaganda tiene un limitado potencial de cambio en la opinión pública y que, en general, sólo contribuye a reforzar las opiniones de los ya convencidos" (59).

François Godicheau examina "La política de orden después de mayo de 1937 y la reconstrucción del Estado" en el bando republicano (que siempre fue una jaula monos a pesar de esa "reconstrucción"). Los anarquistas fueron puestos firmes y llamados al orden, y los más radicales son detenidos, con la dirección de la CNT colaborando para evitar una sublevación general. El orden republicano se volvió más y más autoritario, con duras actuaciones judiciales basadas en leyes laxas, que condenaban a fuertes penas o a muerte a quienquiera expresase opiniones desfavorables al gobierno. "La censura prohibía toda crítica al gobierno, a su presidente, al presidente de la república" y a los aliados especialmente Rusia y Méjico. Para ser supuestamente el bando "democrático", "lo que resalta es la desaparición de toda discusión política y la búsqueda de la unanimidad, la reducción a la nada del espacio público" (75). O sea, otro estado totalitario, exactamente igual a su adversario de enfrente; así que no es extraño que la disensión, en cuanto la había, se expresase directamente a tiros entre distintas facciones republicanas.

Norberto Mínguez, en "Historia y memoria en el documental español contemporáneo" sobre la guerra civil nos dice que "España posee un pasado traumático que se acerca bastante a la definición que Hayden White elabora del acontecimiento moderno, aquel que, como en los traumas infantiles de ciertas neurosis, no puede ser olvidado, pero tampoco adecuadamente recordado" ("The Modernist Event") (81). "La transición española no sólo supuso la amnistía para los responsables de la dictadura, sino que evitó el reconocimiento y la reparación de sus víctimas. Este acuerdo injusto pero necesario favoreció una suerte de amnesia generalizada" (82). En las sociedades modernas, en principio, "la memoria ha sido conquistada e incluso erradicada por la historia" (33) pero ambas son selectivas, mediadas por signos, "Ambas realizan un trabajo de indagación sobre el pasado que permite acceder a un conocimiento más profundo de la propia identidad y, lo que es más importante, decidir lo que queremos ser en el futuro" (34). Examina Los niños de Rusia (Jaime Camino, 2001), Las fosas del silencio (Montse Armengou y Ricard Belis, 2005), Rejas en la memoria (Manuel Palacios, 2004), El tren de la memoria (Marta Arribas y Ana Pérez, 2005), Extranjeros de sí mismos (José Luis López Linares y Javier Rioyo, 2000), Entre el dictador y yo (Juan Barrero et al., 2005), La doble vida del faquir (Elisabet Cabeza y Esteve Riambau, 2005). Películas que merecen ser más conocidas. Valoran el testimonio y la experiencia subjetiva del pasado, la emoción; rechazan el olvido o amnesia de la transición, y dan al recuerdo una función terapéutica, además de proponer valores democráticos. "Estas películas consiguen rebatir a quienes creen que es mejor no mirar atrás" (99). Son textos necesarios los "que hablen del pasado y de su representación con rigor y honestidad: textos que reconozcan la dificultad de articular memoria e historia, que entiendan el pasado no como un campo de batalla donde se dirimen los intereses del presente, sino como un espacio de reflexión y representación que nos ofrece la oportunidad de hacer del futuro un lugar más habitable" (99).

(Sobre el trauma o la amnesia, me interesa por implicación propia en traumas o amnesias. Mi abuelo murió durante la guerra civil, pero poco sabemos en la familia de esa historia. Quién lo mató, por ejemplo. Quizá haya que investigarlo. Durante toda mi infancia no vi una sola fotografía de mi abuelo, sólo hacia los años noventa salió una a la luz y está ahora junto a la de mi abuela, que tuvo que sacar adelante sola y en ambiente hostil a sus tres hijos pequeños. De mi abuelo mucho tiempo se habló sólo en voz baja—aunque luego le dedicaron una calle en Escuer, el pueblo que ayudó a construir. Y, claro, por supuesto ha habido trauma de guerra civil en mi familia, que ha estado marcada por ambas ramas, en una por el asesinato cobarde de mi abuelo y en otra por el exilio hasta la vejez o hasta la muerte de mis otros abuelos y mi tío. Si con eso no hay elementos para traumas en la familia... Y también desmemoria: aunque parezca mentira, las cuestiones más evidentes pueden pasar a la desmemoria. Por voluntad de salir adelante, supongo, y necesidad de adaptarse y hacerse una vida bajo el nuevo orden, o bajo otra bandera tricolor. Sánchez Dragó ha publicado recientemente una novela autobiográfica donde narra su propia amnesia y recuperación de la memoria tras una experiencia parecida. Ya he hablado algo de ella. Pero la manera en que Sánchez Dragó manifiesta involuntariamente su trauma, a la vez que intenta analizarlo, merece un post aparte).


Sigue en la Revista de Occidente una entrevista con Anthony Beevor, autor de una historia de la guerra civil recientemente reelaborada (Crítica, 2005). Beevor sostiene que la verdad fue la primera víctima de la guerra; que la República estaba destinada a ser derrocada de una manera u otra desde que el PSOE eligió la vía de la Revolución por encima de la democracia. "Un aspecto que no ha sido tomado en cuanta al analizar las causas de la Guerra Civil es la sombra de la Revolución rusa" (105) (—hombre, que no haya sido tenido en cuenta... será que no se ha recalcado por lo evidente, en todo caso). Para Beevor, la propaganda exterior de la República fue desastrosa, mientras que los nacionales lograron el apoyo de inluyentes sectores conservadores empresariales. Y subraya también los prejuicios que a los españoles impiden el ver con claridad los hechos objetivos de la República y la guerra que sí son visibles para una mentalidad extranjera que no los vea como armas arrojadizas para su política.

Hay otros artículos en este número de la revista pero ya no versan sobre la guerra civil. Sí lo hacen las reseñas: una sobre los discursos de Miguel Hernández, donde el reseñista queda decepcionado por el enceguecimiento partidista y la violencia agresiva del poeta, comprensibles por el contexto de los discursos pero que no los hace más atractivos. Mejor olvidarse de este lado de Miguel Hernández, parece sugerir, aunque lo mismo podríamos decir lo contrario (es más educativo). Otra reseña comparando las obras de Stephen Koch y de Ignacio Martínez de Pisón sobre el asesinato de José Robles y la ruptura entre Hemingway y Dos Passos. Aunque Koch tiene una prioridad histórica, para el reseñista es bastante ignorante sobre las circunstancias del conflicto español, y se desinteresa de su tema central, José Robles. Martínez de Pisón escribe en cambio una obra sensible, emocionante, atenta a los matices y con valor literario. Sí se trasluce en la reseña también una antipatía del reseñista hacia Koch, o una cierta voluntad de enfatizar sus aspectos negativos. El que sí sale mal parado, de acuerdo con todo el mundo a una, es Hemingway, ególatra, oportunista, insensible e indiferente a las atrocidades cometidas por sus compañeros de viaje. Y hay otra reseña, sobre Ramiro Ledesma Ramos y el fascismo español de Ferran Gallego, "donde el autor redime al personaje de los tópicos bajo los que yacía sepultado para devolverle toda su frescura" (218). No sé si para Ferran Gallego tiene el personaje y su obra el atractivo que sin duda tiene para el reseñista, a quien no sólo no se le oye un asomo de condena al fascismo en la reseña, sino que (peor) no se le presupone. Para mí, la frescura de los fascistas tiene otros aspectos también dignos de reseña.

lunes, 27 de abril de 2026

Retropost, 2006: Lápidas virtuales

 

Lápidas virtuales

E interactivas, claro, no como las otras. Leo en el New York Times que se están poniendo de moda las páginas personales y blogs funerarios, o más bien memoriales, donde la persona fallecida continúa su existencia virtual en su cuerpo angélico, con comentarios de sus amigos y allegados. En la red todos estamos ligeramente ausentes y ligeramente presentes. Esto me recuerda también un bonito post que leí en La Cosa Húmeda sobre la ciber-muerte. Porque siguiendo los pasos del finado, morirá su web, antes o después, claro...

También me trae este asunto a la memoria los biopics funerarios de La memoria de los muertos. O, yendo más hacia atrás, al gramófono de Ulises... Aunque algo de funerario ya hay en toda fotografía, decía Barthes, y también en todo texto que pasa a la posteridad (hasta en los sonetos de amor, escritos con negra tinta). Se agradece en los blogs funerarios la interactividad, si interactividad hay... Quizá añadiéndoles un chatbot...

(Intento también descargarme a resultas de un reportaje del NYT, el Internet Explorer 7. Nada que hacer, claro: sólo para Windows. Bueno, mucha gente me dirá que no me pierdo nada, seguramente...).


Steve Vincent: The End

 

 

2 comentarios

JoseAngel -

Pues me tendré que esperar, a que caiga la manzana del árbol...

Magda -

Si te pierdes, y de mucho. Explorer 7 está excelente :)

 

miércoles, 11 de marzo de 2026

Macondo como lugar de la memoria

Me citan en este capítulo o libro sobre García Márquez (un autor que por cierto iba a continuación mía en el Who's Who in the World, hace veintitantos años, cuando los dos estábamos vivos aún). 

Homann, Florian (fhomann@uni-koeln.de). "Macondo como lugar de la memoria y medio del recuerdo colectivo, entre memoria comunicativa y memoria cultural." In Literatura y cine como medios del recuerdo y de la memoria. Ed. Olivia C. Díaz Pérez, Victoria Torres, Rolf G. Renner, and Alfredo Barragán Cabral. Berlin and New York: Peter Lang, 2025. 191-221.*

         https://www.peterlang.com/document/1515219

         Online at ResearchGate.*

         https://www.researchgate.net/publication/401659795

         2026

 

martes, 4 de noviembre de 2025

Retropost, 2005: Cápsulas de memoria

 

Cápsulas de memoria

Acabo de pasar mis Obras Completas a uno de estos chismes que se llaman memoria USB, o memoria flash, o disco de lápiz, o mechero; después de aferrarme a los diskettes durante años después de que suprimieran las disketeras de los ordenadores, al final me compro una de estas cápsulas de memoria, y a la semana siguiente, vaya, me regalan otra en la Universitat Jaume I, que ya las hacen con logotipos para regalo y todo. Bueno, así tendré dobles copias de seguridad, o quíntuples, o tréintuples, si contamos los dos ordenatas, y la copia en red, y los cé-dés que voy grabando.... se crea una sensación de multiplicación de lo inútil muy curiosa. Comentaba hace poco sobre el mechero de memoria ese que te puede provocar una crisis de identidad, al pensar que todo lo que has escrito, corregido, traducido, etc. en tu vida cabe tranquilamente allí, y que nuestra labor sobre el planeta podría resumirse diciendo "este señor realizó ciertos cambios microscópicos o inscripciones efímeras en un mechero de memoria". Y me sugería una corresponsal invisible que podemos considerarlos también cápsulas de tiempo de estas que gusta a los americanos: podíamos enterrar nuestro mechero personal en un jardín, o debajo de la piedra angular de un edificio, y que el futuro descubra nuestros esfuerzos, gustos y preocupaciones. Aunque también podíamos pedir que nos la pongan en el ataúd, en plan memento viví - ocupa menos que las obras completas. Es curioso, no hay costumbre de poner los libros de los autores dentro de sus ataúdes, y eso que un libro, con su negra tinta, siempre tiene algo de funerario. Había un teórico marxista, Nicos Poulantzas, que se suicidó tirándose por la ventana abrazado a sus obras completas. Menuda recomendación para los lectores. Pero con estos mecheros, más de un ejecutivo saltará por la ventana con sus obras completas, sin darse cuenta siquiera de que las lleva puestas. En Neuromante, la cápsula de memoria se ha perfeccionado: ahí pueden guardarse hasta los esquemas de personalidad y de pensamiento para interactuar con ellos en versión chatbot después de la muerte del interesado. Case, el caso clínico protagonista de la novela, tiene la de un amigo, un hacker al cuadrado a quien le hace consultas informáticas postmortem. Y le dice el colega..."Oye, y cuando acabes, hazme un favor, borra esta cosa". La praesentia in absentia, que empieza con toda escritura, nos lleva a estas reflexiones por un camino natural. Recuérdame, decimos, y después destruye este mensaje.

 

 

2 comentarios

Jose Angel -

Desde luego, si Poulantzas se tiró agarrado a sus obras por caer más a peso, la edición en mechero añadiría poco...

(Jeje, yo también tenía un spectrum por casa – el primer ordenador que ví, como el primer cassette, lo compró mi padre, que siempre ha sido un forofo del progreso...).

jio -

sí, yo también he pasado por todo tipo de formatos. empecé en la informática con un spectrum con mi padre de profe (aún conservo cintas con datos).
¿obras completas? me lo planteé con lo que ocupaba el quijote leído cuando me lo bajé de internet. Menos de 200 mb. en texto lo podemos reducir una barbaridad y mucho más dependiendo del formato usado. bibliotecas enteras en mecheros.
a mi me parece maravilloso. el sueño de un filólogo coleccionista hecho real. :D
(pero sí, también parece un poco nimio que quepa la mayoría de nuestra vida en un "mechero"), y espero no tirarme nunca por una ventana agarrado al "mechero" de mi vida. ;)

 

lunes, 2 de junio de 2025

Retropost, 2005: La Memoria de los Muertos

28 de enero de 2005

Here comes the sun. Media mañana tomando el sol... me voy a poner moreno.

Hoy, sorprendentemente, estaba la facultad abierta. Lo digo porque es Santo Tomás de Aquino, solía ser el patrono de nuestra facultad. Un señor inmensamente gordo autor de libros inmensamente gordos. Pero parece que está de horas bajas últimamente, pues ya no cierran el día de su santo (que es él). (...)

 

Hoy nos vamos con BP al cine a ver La memoria de los muertos, dirigida por Omar Naïm (es el título que han elegido para traducir el original The Final Cut). El protagonista es uno de esos mirones creepy que hace Robin Williams últimamente, que parecen haber nacido para personajes secundarios (como aquel de la tienda de fotos que se quedaba con copias de los objetivos). Debe ser que esos personajes conectan bien con el papel que hace el espectador de una película de cine, mirón donde los haya. Pues bueno, el tema de la película, que es muy mnemónica, se puede ver aquí. Va sobre una sociedad igual a la nuestra pero en la que algunas personas tienen un implante informático en el cerebro en el que se graba toda su vida, y que tras la muerte aprovechan los parientes del finado para hacer un bonito vídeo de recuerdo quitando los momentos feos, claro, narrativizando y presentando la imagen que gusta ver de la persona. El argumento es, claro, qué pasa con lo que no gusta ver... Curiosamente, me había venido esta idea a la cabeza hace poco en casa, cuando una hermana mía nos grababa en vídeo, le dije que en un futuro próximo tendríamos todos la cámara implantada y que el problema luego sería seleccionar... de hecho ya tenemos los medios, y lo que hacemos es seleccionar sobre la marcha, un poco a voleo claro (Robin Williams seleccionaba a posteriori, y le tocaba ver todos los peores momentos de todo el mundo.. un trabajo para gente discreta). Bueno, el argumento va de que unos terroristas bien intencionados se hacen con los recuerdos del propio Williams, que él mismo estaba implantado, y en los cuales aparecían en abîme los secretos que los capitostes de la compañía informática querían ocultar... todo en aras de la vida sin mediación y sin control (la compañía era "EYE" en la película, a esta E última habría que darle la vuelta para atrás, no tengo la font adecuada; sugiere la pantalla espía de 1984, Big Brother Is Watching You, y el "I/EYE" de Berkeley: esse est percipi, existir es ser percibido... si no por Dios, por uno mismo, claro). El lema de los terroristas era "vive el presente", porque con los implantes todo el mundo estaba siendo grabado por sus amigos y era un lío decidir cómo actuar (smile, you're on candid camera). La película es interesante, en tonos lúgubres y colores fríos, y Williams sale mal parado (abofeteado por la chica, despreciado, despedido de la compañía y finalmente asesinado para extracción de su implante-- todo por el bien del carpe diem). Claro, el problema mayor está con el personaje, demasiado apocado, traumado e insignificante como para que su trauma siquiera tenga mucho interés. Pero está muy bien llevada en conjunto. Hay imágenes irresistibles para un fan del cine metaficcional (aquí presente), como cuando Williams mira las grabaciones de su propio implante en directo en la pantalla del ordenador (imagen regresada al infinito), o como cuando se descubre que los recuerdos iniciales que nos presentaba la película como realidad objetiva estaban distorsionados... Y es que la película toma una idea muy potente de entrada, con enormes posibilidades metafílmicas: ofrece una visión de nuestra vida como una película que espera ser montada por quienes nos van a recordar. Pero no hay por qué esperar a EYE. Ya lo hacemos constantemente, con la tecnología que nos viene más a mano: fotos, papeles, disketes, videos y, sobre todo, la memoria de los demás. Los otros, que nos están grabando en el vídeo de su mirada y en su disco duro. No tienen toda la información, pero a veces importa más calidad que cantidad. Todos somos actores en esos home movies: nunca estarás más dentro de la película. Y la que tú mismo diriges es la que más te ha de importar: the director's cut.

 


 Tiene interés, también, claro, el asunto del "editing out"-- cómo toda imagen que proyectamos, toda version de nuestra vida, es una cuidadosa selección y falsificación de la realidad, para fines muy concretos. Aplicable a los blogs y toda otra especie de diarios. Ser es percibir. Percibir es seleccionar. Representar es volver a seleccionar. Interpretar es volver a seleccionar. ¿Qué queda, qué se añade?

El título español tiene la ventaja, fúnebre ventaja, eso sí, de presentarnos a todos como futuros muertos, acumulando recuerdos y momentos que, es de esperar, se guardarán en algún sitio, algún día? ¿Qué dices, que no? Pero eso es terrible, o al menos no menos terrible que la otra alternativa, la de que todo quede almacenado...

 Stat rosa pristina nomine, nomina scripta manent

A rose is a rose is a rose... but what does it mean?

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sábado, 31 de mayo de 2025

The Winter Walk at Noon

Un pasaje de The Task, de William Cowper (Libro VI), en el que vemos en acción la memoria involuntaria proustiana más de cien años antes. Bueno, a mí por lo menos me ha recordado esto a Proust tanto como las madalenas mojadas en té. Hace sonar campanitas. Es el principio de "The Winter Walk at Noon".


The Winter Walk at Noon

There is in souls a sympathy with sounds,

And as the mind is pitch'd the ear is pleased

With melting airs or martial, brisk or grave;

Some chord in unison with what we hear

Is touch'd within us, and the heart replies.

How soft the music of those village bells,

Falling at intervals upon the ear

In cadence sweet, now dying all away,

Now pealing loud again, and louder still,

Clear and sonorous, as the gale comes on?

With easy force it opens all the cells 

Where Mem'ry slept. Wherever I have heard

A kindred melody, the scene recurs,

And with it all its pleasures and its pains.

Such comprehensive views the spirit takes,

That in a few short moments I retrace 

(As in a map the voyager his course)

The windings of my way through many years,

Short as in retrospect the journey seems,

It seemn's not always short; the rugged path,

And prospect oft, so dreary and forlorn,

Moved many a sigh at its disheart'ning length.

Yet feeling present evils, while the past

Faintly impress the mind, or not at all,

How readily we with time spent revoked,

That we might try the ground again where once

(Through inexperience, as we now perceive)

We miss'd that happiness we might have found!



Yira, yira (6)

  Yira, yira (6): pic.twitter.com/1M9u9uCBLE — JoséAngelGarcíaLanda (@JoseAngelGLanda) August 28, 2026