Lee Smolin y Roberto Mangabeira Unger han
desarrollado (en The Singular Universe and the Reality of Time, 2015)
un enfoque evolucionista sobre la cosmología cuyas consecuencias se
extienden a muchos aspectos de las ciencias duras, en forma de una
perspectiva evolutiva sobre la física y las matemáticas, y una crítica
de la naturaleza de los objetos ideales atemporales. Este artículo hace
accesibles en español algunas de estas nociones, y propone además
desarrollar la convergencia entre las ciencias físicas evolucionistas y
la teoría narrativa. Esta perspectiva complementaría de modo útil la luz
que arrojan Unger y Smolin sobre la complejidad, dado que la narración
se ha ido formando en tanto que instrumento cognitivo con unas
capacidades únicas dirigidas para la representación de procesos de
desarrollo contingentes y complejos, y con los acontecimientos
singulares que de ellos resultan.
La realidad inclusiva del tiempo
La realidad inclusiva del tiempo
Me ha gustado muchísimo el libro The
Singular Universe and the Reality of Time (Cambridge
UP, 2015)
escrito en colaboración por Lee Smolin y Roberto Mangabeira Unger, y lo
recomiendo a quienes estén interesados en evolucionismo, cosmología,
física, o teoría de la ciencia sin más. No es fácil encontrar un libro
de ciencia en el que casi cada párrafo está lleno de ideas brillantes,
geniales, y originales. Y a veces (no siempre) expuestas de la manera
más sencilla y contundente. El universo, nos ha desvelado la física
moderna, tiene una historia—y sin embargo la propia física es ajena a
esa historia, y la ignora lo mejor que puede, cuando no la contradice
en sus presupuestos. De esta gran contradicción de base parte la
propuesta evolucionista de Unger y Smolin.
Por ejemplo, proponen Unger
y Smolin la noción (que podría parecer redundante por sabida) de que el
tiempo es
real, y de que hay una única secuencia temporal que incluye todos
los fenómenos reales. Parece sensato, así dicho, incluso pleonástico,
pero es sorprendente
cómo muestran Smolin y Unger que esa sensatez aparente, y real,
contradice a la sensatez de los paradigmas científicos dominantes que
podríamos llamar "fijistas", derivados de Newton y de Einstein, así
como sus presuposiciones más básicas sobre la realidad y sobre las
ciencias. Y que por tanto estos paradigmas y presuposiciones han de ser
revisados y sustituidos por una cosmología y una física evolucionistas.
Incluso las
matemáticas, ese universo paralelo de entes ideales, que desde
Pitágoras y Platón subyace y organiza al nuestro, han de ser repensadas
e incluidas en una teoría evolucionista de lo real. A este nivel de
osadía está el programa.
Por
lo que veo
el libro no está traducido aún al español. Voy a traducir aquí a título
de
muestra un botón, un pasaje del capítulo 4 ("The Inclusive Reality of
Time", págs. 198-208) escrito por Roberto Mangabeira Unger. A ver si se
anima algún editor a encargar (no a mí, por favor) la traducción del
volumen completo, pues es uno de los libros de
ciencia realmente importantes publicados este siglo.
Hasta
aquí he examinado las razones para creer en la realidad inclusiva
del tiempo y en la existencia de un tiempo cósmico que tienen que ver
con los rasgos particulares del universo observado, además de con el
descubrimiento de que el universo tiene una historia. He discutido si
estas ideas sobre el tiempo entran en conflicto con la ciencia
establecida con soporte empírico: en primer lugar la relatividad
general, el cuerpo de ideas con el que parece estar en mayor tensión lo
que sostenemos, y en segundo lugar la relatividad especial y la
mecánica cuántica, con respecto a las cuales el conflicto es a la vez
menos obvio y menos agudo.
No son éstas, sin embargo, las únicas razones para adoptar la visión
del tiempo que proponemos. Hay también razones de carácter más general.
Las propuestas de la filosofía natural y de las teorías científicas
globales deberían evaluarse por la totalidad de sus ventajas y
defectos, incluyendo las oportunidades intelectuales que abren los
programas de investigación que inspiran, además de por el poder
explicativo y el fundamento empírico de sus componentes. Para merecer
influencia, tales consideraciones generales deberían mantener una
conexión con la confirmación o el rebatimiento empíricos. La potencia
de las perspectivas globales ha de evaluarse en conjunto, y por
comparación con los programas de investigación rivales.
Entre las razones generales de este tipo, es importante distinguir a su
vez entre las que tienen que ver con alguna comprensión de la
naturaleza de los fenómenos estudiados por el plan de investigación, y
las que se refieren a la propia concepción de la ciencia.
Habríamos de considerar esta segunda clase de razones generales—las
razones sobre los requisitos de la práctica científica—con parsimonia y
desconfianza. No existe una única manera incontestada y universalmente
aplicable de hacer ciencia. El método ha de seguir a la visión, y no al
contrario. La defensa de un programa de investigación basándose en que
es el único que representa la práctica correcta de la ciencia puede
servir con facilidad para enmascarar prejuicios metafísicos y para
inhibir la relación dialéctica entre visión y método.
Un ejemplo que tiene pertinencia directa para nuestro argumento es el
lugar común de que la ciencia no puede pasarse sin la idea de un
sistema de leyes inmutables de la naturaleza. Si existe o no tal
sistema es una cuestión de hecho, al margen de lo difícil y
desconcertante que pueda ser investigar ese hecho. Un ejemplo más
complicado es el intento de atrincherarse en una idea específica de la
conexión causal como algo intrínseco al entendimiento humano, como hizo
Kant con el trasfondo de la física de Newton.
Sin embargo, hay un residuo legítimo en tales razones generales que
tienen que ver con la práctica científica. Es la protección de la
apertura a la prueba empírica y experimental, por variada o indirecta
que sea la prueba. Una objeción a la invocación de una singularidad
inicial infinita como algo más que una reductio
matemática es que sitúa una gama de fenómenos más allá del alcance de
la investigación. Una objeción a la idea de una pluralidad de universos
causalmente desconectados es que multiplica entidades que no pueden, ni
siquiera en principio, ser investigadas, confirmadas, o excluidas
mediante pruebas empíricas. Nos libra de un embarazoso problema de
explicación a costa de crear otro mucho más grande.
En contraste a esto, la argumentación sobre filosofía natural y
cosmología que desarrollamos aquí está abierta en todos sus frentes a
la relevancia empírica y a la falsabilidad. Como en cualquier otra
perspectiva teórica de semejante amplitud, algunas partes del sistema
de ideas están mucho más cercanos que otros a las implicaciones
empíricas. Consideramos sin embargo que es una objeción fatal para una
perspectiva el que sea, especialmente por razones de principio, inmune
a la investigación de los hechos en cuestión.
Esta observación nos conduce al grupo primero y más legítimo de
condiciones generales para preferir un determinado plan de teoría e
investigación frente a sus rivales: razones que tienen que ver con los
fenómenos que trata. Una ventaja de las ideas sobre la realidad
inclusiva y la existencia del tiempo global que proponemos es que se
adecúan con mucha mayor facilidad que sus rivales con otras
concepciones sobre la existencia singular del universo y sobre el
realismo selectivo de las matemáticas. Sostenemos que existen razones
independientes para mantener esas concepciones, sobre la naturaleza
solitaria del universo, y sobre la relación imperfecta de las
matemáticas con la naturaleza.
La existencia singular del universo y la realidad inclusiva del tiempo,
con sus implicaciones para la mutabilidad de las leyes de la naturaleza
(a pesar de su estabilidad en el universo enfriado), y el realismo
selectivo de las matemáticas, son concepciones íntimamente relacionadas
y solapadas una con otra. No es fácil adoptar cualquiera de ellas sin
aceptar las otras dos.
La tesis de la realidad inclusiva del tiempo está conectada con la
noción de la existencia singular del universo porque hace posible
plantear la idea de una sucesión de universos o de estados del
universo, sin solución de continuidad causal, en lugar de la idea de
una pluralidad de universos causalmente inconexos. Si todo lo que ha
sucedido jamás, y todo lo que sucederá, puede situarse en un único mapa
temporal —que es lo que supone el concepto de un tiempo cósmico
dominante— no sólo tendrán cabida en este mapa los acontecimientos del
universo presente; también figurarán allí, en principio, los
acontecimientos de todos los universos que lo precedieron, si han
existido tales universos.
Si, según otro atributo que según sostenemos tiene el tiempo, el tiempo
no es emergente, su flujo quedará ininterrumpido por una sucesión de
univrsos, o de estados del universo, si de hecho existe tal sucesión.
No habrá interrupción de continuidad causal aun si, por ejemplo,
universos sucesivos pasan por períodos de densidad y temperatura
extremas.El tiempo fluirá sin interrupción aunque tales períodos vengan
marcados por una superposición de las leyes de la naturaleza con los
estados de cosas que gobiernan. Continuará su progreso ininterrumpido
pasando por otros períodos en los que el universo se enfría y se
expande, adquiere una estructura discriminada, y ve establecerse una
distinción entre los estados de cosas y las leyes que los gobiernan.
Expresadas de esta manera abstracta y global, como la base en la
filosofía natural que ha de tener un programa cosmológico, estas ideas
pueden en un primer momento parecer enteramente especulativas y
situarse más allá de la comprobación experimental. Sin embargo, pueden
ser falsables por una única observación o experimento que sugiera la
desaparición, emergencia, o interrupción del tiempo, en cualquiera de
los estados en que se presente la naturaleza, locales o cósmicos.
Estas concepciones y argumentos sin embargo no logran refutar las
teorías que niegan totalmente la realidad del tiempo, o que reducen el
tiempo a una serie de configuraciones congeladas del universo. Pero no
lo logran únicamente porque estas explicaciones negadoras del tiempo se
hacen invulnerables a las pruebas empíricas. Tales teorías se sitúan
más allá de la falsabilidad empírica al redescribir en un lenguaje
libre de tiempo todas las observaciones y experimentos que según
percibimos tienen lugar en el tiempo. Por lo mismo, convierten en
irrelevante el descubrimiento de que el universo tiene una historia,
porque si historia significa algo, significa la sucesión causal en un
tiempo real.
La concepción cuasi-empírica de las matemáticas—que ve a las
matemáticas como una representación simplificada de los aspectos más
generales de la naturaleza, que a continuación despega de modo
independiente aun cuando sus invenciones no tengan contrapartida en el
mundo natural—les niega a las matemáticas privilegio alguno a la hora
de revelar la naturaleza íntima de la realidad. Esta visión
deflacionaria de las matemáticas está conectada, de modo similar, con
la afirmación de la realidad del tiempo. Es ésta una conexión que es
fundamental para comprender tanto las matemáticas como la naturaleza.
Las relaciones entre las proposiciones matemáticas son atemporales
incluso cuando, como sucede en el cálculo infinitesimal, se usan para
representar acontecimientos temporales (o incluso se diseñaron para
esto). Si todo lo que hay en la naturaleza, incluyendo las leyes de la
naturaleza, está limitado por el tiempo, se abre un vacío entre lo que
es natural y lo que es matemático. Como mínimo, no puede haber objeto
matemático que sea homólogo al mundo natural. Y de modo más general, la
abstracción de la matemática va estrechamente ligada a su
atemporalidad. Su objeto inmediato no es el mundo real natural, sino un
sustituto imaginario de ese mundo, desprovisto tanto de tiempo como de
particularidad fenoménica. La ignorancia de la particularidad
fenoménica va estrechamente ligada a la negación del tiempo.
Esta visión de las matemáticas también está al servicio de un plan de
razonamiento empírico y experimental por motivos muy directos. Rechaza
la legitimidad de cualquier intento de usar el razonamiento matemático
como un sustituto de la investigación empírica, en lugar de un
instrumento para ella. Vuelve empírica la cuestión de si determinada
concepción matemática se realiza o no en la naturaleza. Ayuda a
explicar cómo la matemática puede ser tan útil a pesar de su
divergencia de la naturaleza, y debido a esa divergencia.
El argumento que componen nuestras tres ideas centrales proporciona la
sustancia del naturalismo temporal que proponemos. Un naturalismo tal
apoya proseguir con la transformación de la cosmología en una ciencia
histórica que se vuelva central para la física, en lugar de ser
marginal a ella. Da forma a concepciones que sean hospitalarias para
una recepción más plena del descubrimiento de que el universo tiene una
historia y de que todo en el universo cambia antes o después.
***
Estas consideraciones especiales y generales
justifican el derribar todas las supuestas barreras existentes a la
recepción plena del descubrimiento cosmológico más importante: el
descubrimiento de que el universo tiene una historia. Todo en el
universo fue antaño diferente de como es ahora. Todo lo que hay en el
universo cambiará antes o después.
No hay buena razón para suponer que haya algo fuera del tiempo, a
saber, que haya algo no susceptible de cambio.
A este principio, sin embargo, las ideas cosmológicas y físicas
predominantes le introducen dos excepciones estrechamente relacionadas
entre sí. Hacen una primera excepción en favor de un sistema inmutable
de leyes, simetrías y constantes—los valores de ciertas relaciones o
ratios fundamentales en la manera de funcionar de la naturaleza. Hacen
una segunda excepción en favor de un cuadro de las partículas y campos
más fundamentales que constituyen la realidad.
Las dos excepciones están interconectadas. Las leyes, simetrías y
constantes tienen como objeto las interacciones entre un determinado
acervo de constituyentes básicos de la naturaleza, y no tendrían
sentido al margen de ellos. El acervo es un cajón de sastre arbitrario
hasta que se considera en relación a las leyes, simetrías y constantes
que le ponen orden. Estas dos excepciones no están justificadas por
nuestros descubrimientos cosmológicos y no son requisitos para la
práctica de la ciencia.
Con nuestra comprensión actual de la historia del universo, sin
embargo, ni las regularidades ni la provisión podrían haber sido al
principio del universo las mismas en las que acabaron a la postre por
transformarse en el universo enfriado, con su estructura discriminada.
Si eran diferentes entonces, pueden volverse diferentes de nuevo.
He aquí cuatro razones —todas ellas equivocadas— por las cuales
podríamos insistir en esta doble excepción fuera del alcance del
tiempo. Aunque la lista no es completa, incluye los tipos de
argumentación más influyentes a la hora de eximir de la historia del
universo su estructura última y sus regularidades.
La primera razón es la idea de que el tiempo no existe o de que el
tiempo existe sólo en cierto sentido muy restringido y específico.
Entonces no podemos acomodar el descubrimiento de que el universo tiene
una historia, y todas las observaciones y experimentos con los que está
asociada esta historia, a menos que reinterpretemos readicalmente la
significación que tienen. Más adelante respondo a dos clases de
objeciones filosóficas planteadas a la realidad del tiempo, sea o no
inclusivo.
La segunda razón es que la ciencia no puede continuar haciendo su
trabajo de explicación sin presuponer semejante estructura y acervo
inmutables. Esta segunda razón es un puro prejuicio metafísico. La
contradice la existencia de muchas variedades de investigación
científica, en particular en las ciencias de la vida y de la tierra y
en la historia natural, que no se basan en semejante presuposición. Es
cierto que no sabemos cómo hacer física sin invocar leyes y
constituyentes básicos permanentes. Tenemos que aprender a hacerlo. La
historia de la ciencia moderna ofrece muchas fuentes de orientación. La
cosmología y la física sin leyes inmutables y sin géneros naturales
presentan el auténtico enigma que llamamos la interrogante de las
meta-leyes.
La tercera razón es que los acontecimientos más tempranos de la
historia del universo estarían, en virtud de su inclusión o proximidad
a una singularidad infinita inicial, más allá del alcance de la
indagación científica. Sin embargo, este razonamiento confunde una
inferencia matemática (extraída de las ecuaciones de campo de la
relatividad general) con una imagen de la manera en que funciona la
naturaleza. Además, esboza un panorama que ha de ser insatisfactorio
para el científico: una estructura que es inmutable hasta que, en un
punto determinado, cae en el abismo del infinito. Sería más acorde
tanto con el descubrrimiento de que el universo tiene una historia como
con la práctica de ramas especializadas y locales de la física (por
ejemplo la física de las transiciones de fase) el suponer que con el
tiempo se dan un conjunto de transformaciones discontinuas, incluyendo
transformaciones así de las regularidades como del acervo, que pueden
llegarse a investigar y a comprender de modo gradual.
La cuarta razón es que, según observamos , en el universo enfriado las
regularidades y el acervo son de hecho muy estables. Es tentador
inferir su eternidad y su necesidad a partir de su estabilidad. (Antes
enumeré algunas razones para resistirse a esta tentación). Sin embargo,
una visión cosmológica global, una que haga sitio al carácter histórico
del universo, ha de ser capaz de reconciliar la estabilidad en algunos
momentos con la transformación en otros. Que semejante reconciliación
puede formar parte de un programa de investigación científica exitoso,
lo sabemos fehacientemente, porque es uno de los puntales que mantienen
la síntesis neo-Darwinista actualmente dominante en teoría evolutiva,
amplificada por la noción de equilibrio puntuado. También tiene
equivalentes en la investigación de la naturaleza inerte en la
geología, además de en el estudio de la sociedad e historia humanas.
Una lección a extraer de estos programas de investigación análogos es
que la manera en que se conciben las leyes y tipos estables puede verse
remodelada de manera decisiva por una nueva comprensión de su
transformabilidad, aun si de hecho son estables a lo largo de períodos
extensos y en regiones particulares. En su núcleo último, la
comprensión científica es siempre una comprensión de la tranformación:
la comprensión de una estructura nunca es más profunda de lo que es su
modo de entender las condiciones bajo las cuales los fenómenos que
cubre se transforman en otra cosa distinta, o cómo han cambiado para
convertirse en lo que son.
***
Los presentes argumentos, que desarrollan el programa cosmológico de un
naturalismo temporal global, a la vez invocan y justifican una idea del
tiempo. Son argumentos sobre el cambio. Sin embargo, por ser argumentos
sobre el cambio, son también argumentos sobre el tiempo, puesto que
tiempo y cambio son conceptos internamente relacionados. Ambos están, a
su vez, internamente relacionados con la causalidad.
El tiempo es el aspecto fundamental de la realidad —de toda la
naturaleza— en virtud del cual todo cambia. Como todo está
interconectado, directa o indirectamente, con todo lo demás, y lo que
es es la suma de tales relaciones, decir que todo cambia es decir que
cambia con respecto a esas otras cosas.
Semejante comprensión de la realidad se ajusta a tres postulados
minimalistas. El primero es el postulado de la realidad: existe algo,
en lugar de nada. El segundo es el postulado de la pluralidad: hay más
de un fenómeno o ser. el tercero es el postulado de la conexión: las
cosas plurales que existen están conectadas.
Estos tres postulados podrían describirse como constituyentes de una
proto-ontología, si esta etiqueta no fuese susceptible de
provocar malentendidos. Esta proto-ontología puede informar a una
perspectiva, como el naturalismo temporal que desarrollamos en este
libro, que rechace la idea de un repertorio permanente de clases
naturales y de regularidades similares a leyes que gobiernan sus
interacciones. La definición de un sistema tal de seres y de leyes o
principios era el objetivo de la ontología clásica. De este modo, el
sistema conjuntamente formado por los postulados de la realidad, la
pluralidad y la conexión podría describirse mejor como una
anti-ontología, o como el principio de una.
El tiempo, entendido de esta manera, es también susceptible de cambio
diferencial. Como las cosas pueden cambiar de modo diferente o
desigual, el cambio de algunas puede usarse para medir o cronometrar el
cambio de otras.
Decir que el tiempo es inclusivamente real es sostener que nada en la
naturaleza está exento de la susceptibilidad al cambio, incluyendo el
cambio mismo. La susceptibilidad al cambio alcanza a todas las leyes,
simetrías y supuestas constantes, además de las clases de cosas, los
géneros naturales que hay, incluyendo los constituyentes más básicos y
elementales de la naturaleza.
Desarrollamos este concepto del tiempo en la dirección de una
concepción específica. Para elucidar plenamente el significado del
descubrimiento de que el universo tiene una historia, una concepción
tal ha de tratar al tiempo como no-emergente, global y cósmico (en el
sentido fuerte de tiempo dominante), irreversible, y continuo. Gran
parte del resto de este capítulo lo dedicamos a desarrollar esta
concepción del tiempo y a discutir sus bases cosmológicas e históricas,
sus utilidades, y sus implicaciones para la cosmología y la historia.
De estos cuatro atributos del tiempo, el primero —la no-emergencia— es
el más fundamental. El segundo —que existe en la forma de un
tiempo global dominante además de en forma de tiempos locales— es el
más controvertido, dadas las interpretaciones más influyentes de la
relatividad general. El tercero —que el tiempo es irreversible— es la
premisa inmediata de la historia universal. Ha de afirmarse
cosmológicamente, como una perspectiva sobre el universo y su historia,
o no afirmarse en absoluto. No podemos derivarlo con seguridad de
ninguna teoría de fenómenos locales tal como la mecánica estadística.
El cuarto —que el tiempo es continuo— es el atributo más misterioso, a
la luz del sesgo anti-temporal de la imaginación matemática.
Semejante concepción del tiempo puede parecer al principio que
contradice las presuposiciones de un enfoque relacional. Podríamos
vernos tentados a interpretarla como la descripción de los atributos de
una cosa o sustancia, a la manera de un sistema metafísico como el de
Aristóteles o el de Spinoza. El resultado de semejante interpretación
supondría volver a una idea absoluta de tiempo como la de Newton.
Nos podemos ver seducidos para tomar este camino por la naturaleza
espacial de nuestras intuiciones. Así podemos pensar en el tiempo como
en un medio en el que se mueven todos los fenómenos, como el éter de la
física del siglo diecinueve, o como una película vacía que va corriendo
y en la que los acontecimientos físicos van dejando su marca.
El tiempo, sin embargo, no es tal cosa. Es una parte integral de la
manera en que es todo es lo que es. Todo es lo que es únicamente porque
puede convertirse en otra cosa. Sólo porque puede convertirse en otra
cosa podemos esperar llegar a comprender qué es lo que es o era ahora.
Como la causalidad, de la cual es inseparable, la temporalidad es un
rasgo primitivo de la naturaleza y de la manera en que funciona.
Contrariamente a Hume y a Kant, y a las tradiciones que inauguraron, la
causalidad es sólo de manera secundaria un requisito del entendimiento.
Trata sobre cómo es el mundo, antes de tratar sobre cómo somos nosotros.
***
Estas ideas sugieren una perspectiva cosmológica en la cual las leyes
de la naturaleza, amén de las simetrías y las supuestas constantes,
pueden cambiar. Sin embargo, la mutabilidad que en principio pueden
tener ha de reconciliarse con su estabilidad en el universo enfriado.
La necesidad de reconciliar su mutabilidad con su estabilidad se nos
impone a partir de los hechos de la historia del universo tal como
empiezan a emerger de los hallazgos de la astronomía a gran escala, así
como de las ideas de la cosmología teórica. En diferentes momentos de
la historia del universo, la naturaleza se presenta en formas
radicalmente diferentes. Sólo el desarrollo de la cosmología como
ciencia histórica y la formulación de un equivalente cosmológico de la
física de transiciones de fase puede proporcionar la base teórica para
una reconciliación tal entre la estabilidad y la mutabilidad de las
leyes de la naturaleza.
Es un desarrollo que ha de emprenderse con un reconocimiento firme de
los límites de la analogía con la física de las transiciones de fase.
Una primera diferencia consiste en que esta física se las ha de ver con
realidades locales y puede por tanto desplegar de modo legítimo el
paradigma newtoniano. Una seguna diferencia es que las fases que trata
la física de transiciones de fase son estados duraderos de la
naturaleza, acordes a regularidades estables.
Desde el punto de partida, semejante proyecto se enfrenta al dilema que
llamamos la interrogante de las metaleyes. Si el cambio de las leyes
está regido por leyes, hemos resuelto el problema sólo al precio de
reinstaurar, en favor de unas leyes de orden superior, una exención
fuera del alcance del tiempo, es decir, de la susceptibilidad al
cambio. Si el cambio de las leyes no está regido por leyes, puede
parecer ser arbitrario o inexplicable, sin que haya ninguna teoría que
pueda explicar la naturaleza y límites de tal incertidumbre. El
avance en la solución a esta interrogante es crucial para el futuro de
la cosmología.
Más adelante en este libro cada uno de nosotros exploramos respuestas a
este interrogante. Un principio a ellas se halla tratando la causalidad
como más fundamental que las leyes de la naturaleza, en lugar de tratar
las leyes como los garantes indispensables de los juicios causales,
como generalmente suponemos. Se halla también en el reconocimiento de
la conexión causal como rasgo primitivo de la naturaleza, en lugar de
ser simplemente una presuposición de nuestra aprehensión y conocimiento
de la naturaleza, según la influyente perspectiva de Kant. No sólo qué
causa qué en el tiempo, sino cómo causa lo que causa, además por tanto
de la naturaleza de las conexiones causales; todo esto no pueden ser
meras cuestiones de prejuicio teórico. Son objetos adecuados de
investigación empírica. En la cosmología, adoptan su forma más amplia y
más importante.
No obstante, si no fuese posible todavía progresar en la solución a
estos problemas, nuestra incapacidad de resolverlos no nos
proporcionaría ninguna excusa para resistirnos a reconocer que la
mutabilidad de las leyes de la naturaleza está tanto implicada por la
idea de la realidad inclusiva del tiempo, como sugerida por lo que ya
sabemos sobre la historia del universo.
________
Hasta aquí mi selección (y resumen en cierto modo) de El Universo singular y la realidad del
tiempo.
Sólo añadiré, como anotación personal, un par de cuestiones sobre la
relación entre esta teoría cosmológica y la teoría narrativa. En
efecto, desde la perspectiva narratológica, este libro tiene una
dimensión narratológica importante, si partimos de la premisa (o de la
conclusión) de que la narración es un instrumento crucial para dar
cuenta de cualquier tipo de fenómeno de desarrollo temporal, en
especial de los regidos por la contingencia y por la concurrencia de
causas múltiples. Una aproximación a esta cuestión puede hallarse en mi
comentario sobre el evolucionismo de Spencer en Vectors of Narratology. (Aquí
hay una parte).
Señalaré, por tanto, que la teoría de la realidad inclusiva del tiempo,
tratada así de modo a la vez filosófico y científico, es un fundamento
muy sólido (todo lo sólido que pueda ser lo que se ha de
disolver) para una teoría del anclaje narrativo y de la
cartografía narrativa. La propuesta de la teoría del anclaje
narrativo—que toda narración encuentra su anclaje o ubicación con
respecto a otras narraciones—no puede sino fortalecerse cuando la
estructura misma de la realidad, según sostienen Unger y Smolin, tiene
un tiempo dominante y por tanto una estructura unificada. Hay otras
cosmologías posibles (o imposibles) y otras narratologías asociadas a
ellas. Puede haber perfectamente una narratología cósmica acomodada a
la teoría del multiverso según Martin Rees, Stephen
Hawking,
o Brian Greene. Pero nuestra propuesta de un anclaje universal se
refuerza indudablemente con la noción de un universo único con una
historia única—en la cual hallan su ubicación todas las demás
historias, incluso las inexistentes, y todos los universos, incluidos
los imaginarios multiversos.
La noción de cartografía narrativa, entendida como la elaboración de
modelos y mapas del tiempo, queda reforzada por su parte cuando la
cosmología se convierte en uno de tales mapas temporales—pasando a ser
en una disciplina histórica y evolucionista, como antes hicieron la
geología, la biología o la filosofía misma. Más ambiciosa aún es la
propuesta de Unger y Smolin, pues el evolucionismo transformaría de
raíz la concepción misma de la física y de las matemáticas, que también
devienen, a su manera, ciencias evolucionistas, o encuadradas en un
evolucionismo global. El enfoque teórico evolucionista de la Gran
Historia, según viene siendo expuesto y defendido por David Christian
entre otros, no puede sino quedar reforzado con esta gran
historificación del universo, de la física y de la cosmología.
No
deja de ser curioso que la potente intervención evolucionista de Smolin
y Unger en las actuales cosmología y metafísica de la ciencia concuerda
sustancialmente con la perspectiva del Jorge Luis Borges de Historia de la Eternidad (1936).
No del Borges creador de ficciones y soñador de mundos alternativos
imposibles, sino del escéptico narrador que levanta acta de las
eternidades gestadas por la imaginación humana, y contempla los
infinitos multiversos de la teología medieval (ubicados por ella en la
mente divina) como ensoñaciones de la razón, y fantasías humanas,
demasiado humanas. Así comienza la Historia de la Eternidad:
En aquel pasaje de las Enéadas que
quiere interrogar y definir la naturaleza del tiempo, se afirma que es
indispensable conocer previamente la eternidad, que —según todos saben—
es el modelo y arquetipo de aquél. Esa advertencia liminar, tanto más
grave si la creemos sincera, parece aniquilar toda esperanza de
entendernos con el hombre que la escribió. El tiempo es un problema para
nosotros, un tembloroso y exigente problema, acaso el más vital de la
metafísica; la eternidad, un juego o una fatigada esperanza. Leemos en
el Timeo de Platón que el tiempo es una imagen móvil de la
eternidad; y ello es apenas un acorde que a ninguno distrae de la
convicción de que la eternidad es una imagen hecha con sustancia de
tiempo. Esa imagen, esa burda palabra enriquecida por los desacuerdos
humanos, es lo que me propongo historiar.
(Jorge Luis Borges, Historia de la Eternidad, I, en Obras Completas, I, Círculo de Lectores, 1992, p. 385).
A ello sólo añadiré que una mayor conciencia del papel del tiempo, de
la contingencia y de la evolución tiene que ir acompañada de una mayor
conciencia del papel de la narración como herramienta conceptual, y de
la narratología como teorización de la misma. Una narratología
evolucionista que puede arrojar su propia luz sobre estas teorías
históricas y científicas, puesto que ni Christian, ni Hawking, ni Unger
ni Smolin prestan mucha atención a la dimensión narratológica de la
Gran Historia que están reescribiendo.
—oOo—
También aquí:
La realidad inclusiva del tiempo (The Inclusive Reality of Time)
English Abstract:
THE INCLUSIVE REALITY OF TIME:
Lee
Smolin and Roberto Mangabeira Unger have developed (in 'The Singular
Universe and the Reality of Time', 2015) an evolutionary approach to
cosmology with wider consequences extending into many aspects of the
hard sciences, resulting in a major evolutionary perspective on physics
and mathematics, and a critique of the nature of ideal timeless objects.
This paper makes some of these notions accessible to a Spanish
readership, and puts forward a proposal for an increased convergence of
evolutionary physical science and narrative theory. This is a
perspective which would usefully complement the insights on complexity
presented by Unger and Smolin, given that narrative is a cognitive
instrument uniquely crafted in order to deal with complex and contingent
processes of development and the singular events resulting from them.

Notes: Downloadable document is available in Spanish.
Keywords: Complexity, Evolution, Cosmology,
Physics, Mathematics, Metaphysics, Philosophy, Time, Narrative,
Narratology, Narrative theory, Lee Smolin, Roberto Mangabeira Unger,
Singularity, Cognition, Philosophy of Science, Science
Suggested Citation:
Garcia Landa, Jose Angel, La realidad
inclusiva del tiempo (The Inclusive Reality of Time) (July 14, 2016).
Ibercampus (July 14, 2016). Available at SSRN:
https://ssrn.com/abstract=3002081
—oOo—