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jueves, 12 de marzo de 2026

Retropost, 2006: No Direction Home

 

No Direction Home

No Direction Home

Qué curiosa sensación la de ver este documental sobre Dylan. De no salir el Dylan sesentón de vez en cuando reflexionando sobre sus orígenes, uno pensaría que estaba de regreso a los años setenta. Lo ha debido hacer Scorsese en plan nostálgico, al darse cuenta de que no existía la película oficial sobre el mito Dylan y sus orígenes. Pero como digo da la sensación de un déjà vu, bueno, en parte supongo por el abundante uso que hace de las imágenes de la gira inglesa del 66, lo más parecido a esta película que había salido antes. Sale mucho material que no había visto, claro, no le voy a criticar eso. Pero se mantiene a enorme distancia del personaje, sólo nos da su versión autorizada y oficial. Y menudo es Dylan para dejar que le anden escudriñando. Lo cual prueba supongo que es un tipo normal y corriente; pero eso es lo sospechoso, ser un tipo normal y corriente en esas circunstancias. Nada en absoluto sobre su vida privada, sus amores, familia, hijos, etc. Claro que estamos hablando sólo de la primera época de su carrera (que es también la más "mítica" y oficial). En suma, que Scorsese se ha dedicado a terminar de redondear el mito, en lugar de desmitificar.

Y hay elementos de desmitificación que apuntan. El instinto infalible de Dylan por hacerse carrera, manteniendo a la vez la imagen de quien no quiere la cosa. Eso tiene posibilidades no explotadas aquí. Su búsqueda de estilo en plan postizo: con sus diversos acentos regionales imitados, con su gorra luego abandonada, la armónica famosa con soporte, etc. Mira que molaba en tiempos, hasta yo me compré uno. La manera de subirse a la ola de las modas (¿Country? Pues toma. ¿Canción protesta? Ahí va. ¿Pop intenso pre-Bunbury? Marchando. ¿Rock? ¿Balada surrealista, poem unlimited?...). Llama la atención, sobre todo, su rechazo total a sus orígenes y a su familia. El cambio de nombre (¿por qué "Dylan?" - psscháaa... ni se sabe). El cambio de religión. La ausencia total de sus padres y familiares en el documental y en la vida. A self-made man. Se reinventó a sí mismo, totalmente, y produce cierta sensación de vacío, de personaje hueco. Dice que al oir música sentía que había nacido en una familia equivocada. Y es significativo el título del documental: no direction home. Quien deja su hogar de esta manera no es probable que vuelva a encontrarlo. Insinúa en una entrevista a los sesenta y tantos que aún está de camino a casa.

Ambivalencias me produce Dylan. Por una parte es el cantante de mi vida, el número uno, y una de las personas que más me han influido. Por otra parte, hay algo en Bob Dylan de falso, de totalmente falso, postizo, alienado de sí y de todo lo que le rodea. Una tendencia a absorber estilos, clichés, imágenes, frases hechas, "como una esponja" - un poco a lo Shakespeare, por otra parte. Materiales que recombina, amplifica; les da muchas veces una forma inolvidable, uno se olvida de dónde provienen. Pero a la vez no acaban esos materiales de expresar al auténtico Dylan, quizá porque éste es un desiderátum, un ente un tanto intertextual, descentrado. No esperéis de él ideas claras, por ejemplo, o posturas políticas coherentes (si es que éstas existen). La fluidez que eligió para sí mismo ha sido una excelente estrategia comercial. Pero a mí me deja pensando sobre mi propio desenraizamiento. Fascinante, Dylan, no tanto en sí (en general no existe) sino por lo que hacemos con él los demás, incluido Dylan.

Yo también oía a Dylan en los años setenta, en la radio-mueble de mi padre, y en los primeros cassettes que salieron. Y alucinaba en colores. Sylvie me regaló Desire a los catorce años. Me aprendí montones de canciones, me compré sus libros. "Stuck inside of Mobile with the Memphis Blues Again", "Viento idiota", "El blues de la lápìda", "Desolation Row", "Tangled up in blue", "Black Diamond Bay" "Like a Rolling Stone"... era la interfaz de la vida cotidiana y de otra realidad en la que siempre parece que estamos a punto de entrar.

(PS: me olvidaba de uno de mis primeros dibujos "surrealistas", de los años 70, que titulé "Magia y grandeza de Bob Dylan". Helo aquí, mediocremente escaneado).

"Un Poe-ma" (Poe, "Alone")

martes, 20 de mayo de 2025

Retropost, 2005: Ray

 

Ray

Hemos visionado Ray, una película muy visual y muy sonora sobre el ciego Ray Charles (igual un día alguien hace una película sin imágenes, para ciegos y videntes solidarios). Exxcelente trabajo el de Jaime Zorra, que se Charlifica totalmente, igual hasta ha perdido la vista el tío al acabar el rodaje; muy muy bien. (Y oscar que te pego, claro, ahora entiendo que no se lo diesen a Di Caprio a pesar de lo bien que lo hizo también). Bueno, pues la música genial, dan ganas de hacerse con las Collected Works de Ray Charles; y muy bien la ambientación, el tema del racismo, etc. etc. A verla, americanistas, running.


El problema con las biopics que se llaman ahora, "biopelis", es que claro, una vida no tiene forma de peli, en general, y hay que dársela, y eso conlleva narrativización, ficcionalización, reinterpretaciones retroactivas, y todas esas cosas que nos gusta estudiar a los narratólogos. Hay que crear un argumento organizado con una vida, que es desorganizada (y la del rey Charles bastante, al parecer). En parte eso se hace quitando años a porrón, para abreviar (a Hughes le hicieron eso en El Aviador, y aquí nos ahorran los últimos cuarenta años de Ray Charles, por acabar pronto - al espectador le daba un algo, si no). Y la inyección de coherencia que organiza la película es mostrar cómo Ray, a medida que triunfa, se va hundiendo más y más en complicaciones: 1) Trauma de culpabilidad: de niño vio cómo se ahogaba un hermanito suyo en un barreño y no hizo nada; ahora le obsesiona y ve agua y niños ahogados por todas partes. 2) Drogas: se sube al caballo, y luego a ver quién baja en pleno galope. 3) Adulterio: tiene su casita fija montada, pero se lo monta también con todas las Charlettes de su banda, llegando a situaciones embarazosas. La solución de la película es también la solución de las complicaciones: muere por sobredosis su amante, y Ray se fuerza a dejar las drogas en un descenso al infierno. Allí se le aparece su madre, que le había enseñado a ser un tipo digno, y no un tullido, para decirle que las drogas lo han convertido en un tullido after all. También el fantasma de su hermanito se aparece para perdonarlo. Y remontando a la superficie, termina la película asegurándonos que Carlos el Rayo no volvió a probar las drogas. De paso también se ha perdonado a sí mismo, superando el trauma, y está muerta la "otra"; su mujer se muestra comprensiva, y lo acompaña en el homenaje de desagravio que le hace el Estado de Georgia por su racismo anterior. Total: que teníamos una vida, y ahora tenemos un argumento, con Ray destraumado, triunfador, abstemio, monógamo e integrado en los USA. Vamos, que no le operan la vista de milagro. Ah, la vida es más complicada que todo eso cuando la miras de cerca... pero ¿a quién le interesan los flecos?

Hacer cosas con palabras

Un artículo sobre Unamuno y sobre pragmática literaria y actos de habla: Sánchez-Vertiz Ortiz, Laura Gabriela. (Universid...