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domingo, 7 de diciembre de 2025

Retropost, 2005: La realidad flojea

 

La realidad flojea

La realidad flojea
 
Thou dost not see where thou hast lived so long,-
The place is called the skull where thou dost tread.

(Jones Very, "The Prison")


Las representaciones hacen vacilar nuestro sentido de la realidad, de tal manera que nuestra atención se desconecta del aquí y ahora de nuestro cuerpo y nuestro mundo, y se sumerge en el mundo representado, experimentándolo ya sea a través de otros cuerpos allí representados, ya sea en un estado nebuloso de flotación, a modo de espíritu viajero por otras mentes y espacios, sin ubicación fija.

Si la realidad puede flojear, es porque ella misma es una representación. La neurología contemporánea ha mostrado cómo nuestro cerebro es un intérprete que genera la realidad (la realidad en tanto que representación) en la que nos ubicamos. La mente es, así, una especie de pequeño dios creando su cosmos (pequeño, porque se le escapa su propio proceso creador, y se engaña a sí mismo con sus creaciones). Y si esa realidad que genera nuestro cerebro es más auténtica que otras representaciones secundarias para nosotros, unas y otras son, hasta cierto punto, intercambiables; al menos nos podemos apoyar temporalmente en otras realidades virtuales.

La realidad virtual propiamente dicha sería la simulación perfecta, mediante la tecnología de la representación, de nuestra realidad de primer nivel. No existe todavía, claro: existen simulaciones o aproximaciones, como las ha habido siempre... desde que hay teatro, imágenes o ficciones. De hecho, es en una ficción como Matrix donde la realidad virtual puede alcanzar su pleno desarrollo: allí, al ser la realidad de base también una representación (generada por ordenador en parte), la realidad virtual generada por ordenador puede implantarse en ella sin que se vean las costuras. Pero experiencias análogas hay en nuestro mundo: la inmersión del espectador en la película, o la anulación del yo frente al televisor. La absorción en la lectura. Las charadas de la política internacional, en las que todos nos vemos atrapados. El deseo de las imágenes de la moda: de los chicos, de las chicas, de los maniquís. La máscara de nuestro papel necesario en la interacción social, la máscara que se pega a la cara (¿a qué cara? A otra máscara).

Siempre me han atraído las ficciones de la realidad virtual y la reflexión sobre ella. La hipótesis cartesiana del genio maligno: quizá lo que tomamos por realidad sustancial sea realidad virtual, una ilusión generada por un genio maligno (es la hipótesis de Matrix, avant la lettre). Si la realidad tiene estructura mental, ya es una hipótesis aceptada de entrada. El mito de la caverna, por ir todavía más lejos. Claro que para Platón existía la posibilidad de salir de la caverna, posibilidad que en el estado actual de la reflexión queda descartada. Esse est percipi-- otro paso en la fenomenologización del mundo. Es importante, sí, la observación mutua. Todavía más cuando se interioriza, y nos constituimos desde dentro como resultado de la observación mutua, hecha ahora nuestra (porque quién vamos a ser, si no somos quienes nos han dicho que somos). Es lo que yo he llamado en alguna ocasión el yo relacional: un yo sin sustancia, mantenido en equilibrio enteramente por nuestra circunstancia (yo soy mi circunstancia, por así decirlo). Me gusta pensar que es una postura que tiene algo que ver con los postulados del interaccionalismo simbólico: generamos sentido mediante la interacción, y mediante la interacción interiorizada, los signos que según Blumer nos enviamos constantemente a nosotros mismos. También Goffman parece pensar en este sentido: un día de estos expondré lo que yo entiendo es su teoría de la génesis del yo mediante la interiorización estructurada de circunstancias y relaciones. Pero a lo que iba: la realidad flojea, unas veces más que otras.

Me gusta la moda actual de películas en las que la realidad flojea. Películas en las que la ilusión generada en la pantalla resulta ser dos ilusiones: la que creíamos real es doblemente ilusoria, el personaje ve cómo se le hurta la realidad en la que vivía, y que resulta ser un constructo cibernético, o psicológico, o mágico, o una simulación colectiva. Los ejemplos son muchos: he nombrado Matrix, quizá el caso arquetípico. Aquí van otros, cada uno con variantes: Total Recall, Sphere, Abre los ojos, Conspiracy Theory, The Game, Being John Malkovich, Adaptation (El ladrón de orquídeas), Los Otros, Infiltrado, La isla, Misteriosa obsesión, La memoria de los muertos,  Olvídate de mí (Eternal Sunshine of the Spotless Mind)... películas todas del género que Daniel Innerarity llamaba "cine cartesiano".

Aparte de sus raíces en la filosofía idealista, hay otras más inmediatas, claro, en la literatura y el teatro, que también han jugado con niveles de representación (de hecho si este fenómeno nos llama tanto la atención es porque no hacemos otra cosa en la vida que jugar con niveles de representación, marcos dentro de marcos que diría Goffman). Es un tema frecuente en la poesía amorosa soñar cómo se hace el amor con la amada, sólo para terminar el poema con el brusco despertar del poeta. Está en Petrarca, en Quevedo - y en Milton, que añade el detalle de que despierta a una vida real en la que está ciego, pues sólo puede ver ya en sueños. Nuestros despertares son brutales, apenas más en el sueño que en la ensoñación. Así pues son la imaginación y el sueño las primeras formas de realidad virtual, que todavía dejan chiquitas a las demás. La Vida es Sueño es un ejemplo magistral de uso literario de este motivo, combinando la charada (para el espectador) con la representación onírica (para Segismundo). Los sueños, sueños son... toda la vida es sueño para Calderón, todo el mundo es teatro para Shakespeare. Totus mundus agit histrionem: todo el mundo es un actor, o todo el mundo imita a los actores (o hace el payaso). Son dos perspectivas que tienen mucho en común: viendo el teatro también representamos nuestro papel de espectadors, llamados a colaborar con el actor según Shakespeare: "on your imaginary forces work". Y quién sabe en virtud de qué papel de nuestra vida social hemos ido al teatro, de espectadores. Cuando Shakespeare utiliza disfraces sobre disfraces, o utiliza imágenes sacadas del lenguaje dramático para infundirlas en la acción "real" de los personajes, está sacando a la luz, y a la vez intensificando, la teatralidad de la vida cotidiana, y el carácter convencional de las realidades en que vivimos. Tanto más cuando somos víctimas de un engaño o de una charada, esas ficciones de la interacción que envenenan (y constituyen) nuestra vida de modo tan real.

También en la narración me fascina la realidad virtual. Las realidades virtuales que aparecen en la ciencia ficción (Stapledon ya imaginaba un control social mediante la realidad virtual tecnológicamente generada, en Star Maker). Pero antes de la tecnología, magia para quien no la entiende, estaba la magia. En un famoso cuento de El conde Lucanor, Don Juan Manuel, Petronio y Don Illán el mago de Toledo confunden a la vez al lector, al conde Lucanor y al deán de Santiago: la realidad que éste último creía sustancial, y en la que era rico y poderoso, resulta ser una realidad virtual generada por el mago, para darle una lección de humildad. En "Asem", Oliver Goldsmith también nos lleva a una realidad mágica para dar una lección al protagonista, que intentaba suicidarse, y cuando termina la lección encontramos otra vez al protagonista al borde del abismo a donde le había llevado su desesperación, pero esta vez escarmentado por su experiencia -- que no ha tenido lugar en ningún tiempo ni en ningún lugar, aparte de la realidad virtual. Las realidades hipotéticas que aparecen en el Cuento de Navidad de Dickens (o en las variantes que ha inspirado, como la película Family Man) son también fenómenos de la misma especie. Y no deja de ser significativo que tienen mucho en común estas realidades inestables con otro tipo de realidad inestable y manipulable: la que aparece en el Libro de Job, donde las circunstancias de la vida de Job son fácilmente manipulables, elementos de un experimento o apuesta entre Dios y Satanás. Y yo me preguntaba, leyando el Libro de Job, si Job no echaría en falta sus esposas anteriores, y los hijos de su otra vida, aunque Dios o el diablo le hubiesen vuelto a cambiar las circunstancias. La realidad había flojeado, para mí si no para Job, y nada volvería a ser lo mismo.

Podrían hacerse muchas tipologías sobre este tipo de ficciones que utilizan varios planos de realidad: en cuanto a la importancia relativa de una y otra, su realismo o surrealismo respectivos, la motivación utilizada para introducir la realidad alternativa (tecnológica, interactiva, mágica, artística, narrativa...), o la sustancialidad relativa de una y otra realidad. Es importante, por ejemplo, saber si la realidad flojea sólo para un personaje o también para el espectador. Por ejemplo: ¿empieza el relato con un mundo sólido de base, dentro del cual un personaje es víctima de una ilusión, todo ello a sabiendas del espectador? O (como sucede en La Isla o Matrix) creemos estar instalados, como espectadores, en un mundo sólido, junto con los personajes, y caemos también junto con ellos por una trampilla en el suelo que nos lleva a otra realidad? (¿Y esa otra realidad, es estable?).

En última instancia, todas estas obras que usan la realidad virtual nos hacen dudar de la sustancialidad de nuestra realidad, nos muestran cómo está hecha de sueños intercalados, de ficciones en las que vivimos, de otras representaciones que se han solidificado y que tomamos, provisionalmente, por la realidad que nos aprisiona. Yo sueño que estoy aquí....

 

2 comentarios

Jose Angel -

Gracias por las recomendaciones, Fernando; eXistenZ sí que la ví después de escribir esto, pero sí que le voy a echar el guante a alguna de las otras que me dices; un saludo.

Fernando Díaz San Miguel -

Con respecto a tu artículo "La realidad flojea". Ninguna objeción, más bien todo lo contrario, en lo que escribo siempre me han interesado estos “niveles de realidad” en los que nos movemos.
Apuntar algunas otras películas que añadir a la lista, por si son de tu interés, aunque supongo que ya las conocerás.
Una que adelanta la idea de \"Matrix\"(1999): \"eXistenZ\"(1999) de David Cronenberg, interesado en esta realidad virtual al que Steven Soderbergh involucrado en películas como \"Solaris\" y la reciente \"The Jacket\".
Una última cosa. Creo que te interesará la serie “The 4400”, sobre todo el giro que da en el capítulo seis de su segunda temporada, que me llevó directamente a “The Jacket” o “Enternal Sunshine” (¿por qué somos tan cobardes para traducir títulos al castellano?).

Copio aquí, a modo de posdata, dos fragmentos de No te mueras sin decirme a dónde vas, de Eliseo Subiela:

Podría ser un sueño, pero la sensación es al revés, como si estuviera saliendo de un sueño.
Eliseo Subiela: No te mueras sin decirme a dónde vas.

—Sé que está pasando y me hace muy feliz; pero no lo entiendo.
—No pienses, Leopoldo. La mente no hace más que crear abismos que sólo el corazón puede cruzar.
Eliseo Subiela: No te mueras sin decirme a dónde vas.

Un saludo,
Fernando

 

viernes, 4 de julio de 2025

A Virtual Machine Made of Virtual Machines

 

(Or—a peek from the peak)

 

One of the passages in Daniel Dennett's From Bacteria to Bach and Back in which he comes really really close to cracking the code of reality—or perhaps closer to blowing your mind away into smithermemes...  The passage in question is found in the chapter "Consciousness as an Evolved User-Illusion". 

Its title is unpromising,  

"How do human brains achieve 'global' comprehension using 'local' competences?" 

... but the going gets really good with the epigraphs—especially when the epigraphs get glossed and riffed in the text itself. The trip goes from a bon mot to a reflexive hall of mirrors in the funhouse of your brain, so...  brace your self for a dive ride into your own mind, and other minds as well:

 

 

Language was given to men so that they could conceal their thoughts. 

    —Charles-Maurice de Talleyrand

Language, like consciousness, only arises from the need, the necessity, of intercourse with others.

    —Karl Marx

Consciousness generally has only been developed under the pressure of the necessity for communication.

    —Friedrich Nietzsche


There is no General Leslie Groves to organize and command the termites in a termite colony, and there is no General Leslie Groves to organize and command the even more clueless neurons in a human brain. How can human comprehension be composed of the activities of unncomprehending neurons? In addition to all the free-floating rationales that explain our many structures, habits, and other features, there are the anchored reasons we represent to ourselves and others. These reasons are themselves things for us, denizens of our manifest image alongside the trees and clouds and doors and cups and voices and words and promises that make up our ontology. We can do things with these reasons—challenge, reframe, abandon, endorse, disavow them—and these often covert behaviors would not be in our repertoires if we hadn't downloaded all the apps of language into our necktops. In short, we can think about these reasons, good and bad, and this permits them to influence our overt behaviors in ways unknown in other organisms.

The piping plover's distraction display or broken-wing dance gives the fox a reason to alter its course and approach her, but not by getting it to trust her. She may modulate her thrashing to hold the fox's attention, but the control of this modulation does not require her to have more than a rudimentary "appreciation" of the fox's mental state. The fox, meanwhile, need have no more comprehension of just why it embarks on its quest instead of continuing to reconnoiter the are. We, likewise, can perform many quite adroit and retrospectively justifiable actions with only a vague conception of what we are up to, a conception often swiftly sharpened in hindsight by the self- attribution of reasons. It's this last step that is ours alone.

Our habits of self-justification (self-appreciation, self-exoneration, self-consolation, self-glorification, etc.) are ways of behaving (ways of thinking) that we acquire in the course of filling our heads with culture-borne memes, including, importantly, the habits of self-reproach and self-criticism. Thus we learn to plan ahead, to use the practice of reason-venturing and reason-criticizing to presolve some of life's problems, by talking them over with others and with ourselves. And not just talking them over—imagining them, trying out variations in our minds, and looking for flaws. We are not just Popperian but Gregorian creatures (see chapter 5), using thinking tools to design our own future acts. No other animal does that.

Our ability to do this kind of thinking is not accomplished by any dedicated brain structure not found in other animals. There is no "explainer-nucleus" for instance. Our thinking is enabled by the installation of a virtual machine made of virtual machines made of virtual machines. The goal of delineating and explaning this stack of competences via bottom-up neuroscience alone (without the help of cognitive neuroscience) is as remote as the goal of delineating and explaining the collection of apps on your smartphone by a bottom-up deciphering of its hardware circuit design and the bit-strings in memory without taking a peek at the user interface. The user interface of an app exists in order to make the competence accessible to users—people—who can't know, and don't need to know, the intricate details of how it works. The user-illusions of all the apps stored in our brains exist for the same reason: they make our competences (somewhat) accessible to users—other people— who can't know, and don't need to know, the intricate details. And then we get to use them ourselves, under roughly the same conditions, as guests in our own brains.

There might be some other evolutionary path—genetic, not cultural—to a somewhat similar user-illusion in other animals, but I have not been able to conceive of one in convincing detail, and according to the arguments advanced by the ethologist and roboticist David McFarland (1989), "Communication is the only behavior that requires an organism to self-monitor its own control system." Organisms can very effectively control themselves by a collection of competing but "myopic" task controllers, each activated by a condition (hunger or some other need, sensed opportunity, built-in priority ranking, and so on). When a controller's condition outweighs the conditions of the currently active task controller, it interrupts it and takes charge temporarily. (The "pandemonium model" by Oliver Selfridge [1959] is the ancestor of many later models). Goals are represented only tacitly, in the feedback loops that guide each task controller, but without any global or higher level representation. Evolution will tend to optimize the interrupt dynamics of these modules, and nobody's the wiser. That is, there doesn't have to be anybody home to be wiser!

Communication, McFarland claims, is the behavioral innovation which changes all that. Communication requires a central clearing house of sorts in order to buffer the organism from revealing too much about its current state to competitive organisms. As Dawkins and Krebs (1978) showed, in order to understand the evolution of communication we need to see it as grounded in manipulation rather than as purely cooperative behavior. An organisms that has no poker face, that "communicates state" directly to all hearers, is a sitting duck, and will soon be extinct (von Neumann and Morgenstern 1944). What must evolve to prevent this exposure is a private, proprietary communication-control buffer that creates opportunities for guided deception—and, coincidentally, opportunities for self-deception (Trivers 1985)—by creating, for the first time in the evolution of nervous systems, explicit and more globally accessible representations of its current state, representations that are detachable from the tasks they represent, so that deceptive behaviours can be formulated and controlled without interfering with the control of other behaviors.

It is important to realize that by communication, McFarland does not mean specifically linguistic communication (which is ours alone) but strategic communication, which opens the crucial space between one's actual goals and intentions and the goals and intentions one attempts to communicate to an audience. There is no doubt that many species are genetically equipped with relatively simple communication behaviors (Hauser 1996), such as stotting, alarm calls, and territorial markings and defense. Stereotypical deception, such as bluffing in an aggressive encounter, is common, but a more productive and versatile talent for deception requires MaFarland's private workspace. For a century and more philosophers have stressed the "privacy" of our inner thoughts, but seldom have they bothered to ask which this is such a good design feature. (An occupational blindness of many philosophers: taking the manifest image as simply given and never asking what it might have been given to us for).



*I have silently corrected a typo, or spello, substituting "peek" for "peak". Perhaps I shoudn't have—topsight makes a new height here.

domingo, 25 de mayo de 2025

Retropost, 2005: Virtualidades

 

Virtualidades

Hoy he recibido la información para votar en las primeras ciberelecciones en las que participo, para unos cargos de representación en la Universidad Brown (estuve allí estudiando a finales de los ochenta). También envían papeletas convencionales, por si a alguien no le va lo de la democracia virtual. Todos los candidatos parecen enormemente capaces y entusiastas, así que en esta ocasión inauguraré las ciberelecciones no votando. Bueno, es una opción, ¿no? Puestos a participar virtualmente, qué mejor manera de hacerlo. O, aún mejor, vaya por la presente mi voto a todos los candidatos; eso también es un voto virtual.


Hoy habemus superlunes otra vez, vuelta de vacaciones. A pesar del luto decretado por la muerte del Papa, no cierran los centros educativos, como pasaba antes con luto oficial (igual hay una escala Richter de lutos, y este no llega al grado ocho, o igual ya han desaparecido esos lutos de crespón negro y música sacra, de cuando la muerte de Franco y similares...). Vamos, que es un luto un tanto virtual. Como la inmensa pena que embarga el corazón de los españoles: una pena de oficio, en la mayor parte de los casos. Cuántas palabras se pronuncian sólo porque se espera que la gramola suene así, y qué poco esperamos ya sinceridad de ningún político... Actores, actores, como el Papa. Que hizo, desde luego, el papel de su vida. En plan Stanislavski: métete en el personaje.


Preguntas difíciles de contestar de Ivo. Sobre el ratoncito Pérez: "¿cómo es ese ratón, papá?". Sobre Dios: "¿Cómo era Dios cuando no se había muerto, mamá"?... Del ratón, ha encontrado un euro tangible, pobre.

Yira, yira (6)

  Yira, yira (6): pic.twitter.com/1M9u9uCBLE — JoséAngelGarcíaLanda (@JoseAngelGLanda) August 28, 2026