Llamadme nostálgico si queréis, pero he solicitado un ISSN para el blog --para Vanity Fea, y otro para éste enseguida, supongo, porque a efectos administrativos son dos cosas distintas, como yo cuando salgo a la calle con mi identidad secreta. En cambio, cada blog se supone que es igual a sí mismo, cosa que tampoco es, y se le asigna un único número. Otra vez al igual que nosotros mismos, tampoco iguales de hecho a nosotros mismos pero sí administrativamente. Pero así son la administración y la realidad, tienen sólo puntos en común.
(PS: Respuesta de la Administración:
Sr. García:
Las normas ISSN prescriben que a este tipo de productos no se les asigna el ISSN
Un cordial saludo
Pilar Alonso Díaz.
A lo que respondo lo siguiente:
Estimada Sra. Alonso:
Muchas gracias por su aclaración. En ese caso, creo que deberían hacer constar este hecho en la página de información donde se especifica a qué tipo de publicaciones se asigna el ISSN. Según el texto que allí figura, no hay nada que haga pensar que un blog queda excluido. Cito del apartado "Tipo de publicaciones a las que se asigna ISSN":
A cualquier publicación seriada, que se define como aquella que bajo un título común se publica en partes sucesivas y para la que en principio existe la intención de que continúe indefinidamente. Normalmente va numerada y/o lleva designación cronológica. Son publicaciones seriadas: revistas, periódicos, boletines, publicaciones anuales (informes, anuarios, directorios, etc.), memorias de sociedades, actas de congresos periódicos, transacciones, etc. También pueden considerarse publicaciones seriadas las series de monografías.
Las publicaciones editadas en partes pero que tienen una fecha de finalización predeteminada o un número de partes preestablecidas a priori (Por ej. las colecciones de fascículos o una revista que, con motivo de algún aniversario, sólo se vaya a editar un año) no se consideran publicaciones seriadas y por tanto no son susceptibles de tener ISSN.
Las publicaciones seriadas pueden estar editadas en cualquier soporte. Son publicaciones seriadas no sólo las editadas en papel sino aquellas publicaciones electrónicas on-line, CD-ROMs, disquetes, microfichas, etc. que formen parte de una serie que cumpla con los criterios arriba establecidos en la definición de publicación seriada. Si un mismo título se edita en varios soportes a cada uno de ellos le corresponderá su propio ISSN.
Como verá Vd., de no ser excluido expresamente (cosa que no se hace allí) un blog entra perfectamente bajo el título "cualquier publicación seriada" siendo sus "partes sucesivas" las que quedan archivadas en su sección de archivos. Me gustaría conocer, pues, en qué principio se basa la exclusión de los blogs, y dónde figura la normativa que especifica que quedan excluidos.
Un saludo muy cordial,
JOSE ANGEL GARCÍA LANDA
Universidad de Zaragoza
A lo que me responden lo siguiente:
Sr. Díaz:
La decisión de no asignación de ISSN a los blog fue tomada por el Centro Internacional ISSN debido a su tipología
Un saludo
Pilar Alonso
Debido a su tipología... Pues con eso nos quedamos. Sin existencia oficial, snif.
JoseAngel -
Jose Angel -
magui -
Cristina -
Raúl -
tausiet -
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JoseAngel -
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JoseAngel -
Jose -
JoseAngel -
fernand0 -
Magda -
JoseAngel -
fernand0 -
jio -
Ayer me visioné Fargo, de los Hnos. Coen (1996), que aún la tenía sin ver, y es la mejor de ellos que he visto sin duda, excelente mezcla de Sam Peckinpah y Almodóvar, violencia insensata convertida en comedia de una manera que la hace todavía más patética e injustificable. Parece, desde luego, un alegato a favor de la pena de muerte si nos fijamos en los dos matones, y una defensa de la decencia y la honestidad si nos centramos en la jefa de policía Marge Gunderson, genial el papel de Frances McDormand, y le dieron el oscar, a ella y al guión, que parece (y está) extraído de las páginas de sucesos de los periódicos, tramposos con estafas familiares, falsos secuestros, matones contratados... hay un Fargo en potencia cada día en cada periódico. Si habíais hecho como yo y os la habíais dejado pasar, no os la perdáis. Por cierto, una nota sobre el título. Los matones son contratados en Fargo (Dakota del Norte) pero la película sucede mayormente en Brainerd (Minnesota). ¿Por qué entonces "Fargo"? Creo que por la expresión "far gone", que se aplica a tres tipos de cosas que coinciden aquí también: a gente que ya no tiene remedio, está gravemente enferma o es incapaz de cambiar, porque la cosa es lo que es y es inútil tratar de poner remedio o razonar con ellos (así los criminales de esta película); también se aplica a una situación que se escapa de las manos, fuera de control (como el falso/auténtico secuestro organizado por el patético Lundegaard / Macy), y también se aplica a avanzados estados de gestación, como el de la jefa de policía Marge Gunderson. Infalible, la jefa, aunque es una improbable heroína y podía haber acabado en la picadora de leña, el azar, nuestras simpatías y el guión la acompañan. En cuanto a los millones enterrados en la nieve sin que nadie sepa de su paradero, son un símbolo de otro elemento muy prominente en la película: la fragilidad de todos los planes urdidos, especialmente de los rocambolescos. Marge, excelente policía, no tiene planes: sólo sigue las pistas que dejan en la normalidad todas las personas con planes, como huellas en la nieve. Si hay alguien para verlas, claro: tantas veces no leemos las señales, que apenas se puede decir que existen.
Gratal -
JoseAngel -
jio -
—O, si prefieren, otro golpe de mano (sucio) del inglés en su vía hacia el dominio global de las comunicaciones. ¿Culpables inmediatos? Los "holandeses" de Elsevier.
ESTA COSA ME HA LLEGADO POR CORREO DE PARTE DE LA SSRN:
'Beloved', la justificación del aborto y el pensamiento mágico ('Beloved', Magical Thinking, and the Justification of Abortion) (Abstract ID 5901682):
After review, your submission has been rejected. SSRN no longer accepts non-English submissions, including those accompanied by an English title and/or abstract. For more information, see our FAQs at https://www.elsevier.support/ssrn/answer/does-ssrn-accept- nonenglish-submissions.
Questions? Please visit the SSRN Support Center to access live chat assistance or use our email ticketing system.
Thank you,
The SSRN Team
A review of Roger Sell's book on communication in literature and criticism:
_____. "Review of Roger Sell's Literature as Communication: The Foundations of Mediating Criticism." AI podcast on José Angel García Landa's review of Sell. Academia 4 May 2009.*
https://www.academia.edu/179426/
2026
Mi blog sobre Antiespañoles. Que haberlos, haylos —aunque algunos hagan aspavientos al oír el vocablo. Es más, el antiespañolismo es la clave de muchísimas cosas en la sociedad y política española, y un filtro para ver claro en un montón de cosas inexplicables o absurdas. Se solía decir por allí en tiempos lo del autoodio de tal o cual colectivo: judíos, negros, homosexuales... como una curiosa patología que les afectaba no tanto al colectivo en sí como a algunos señeros representantes o ejemplares del mismo. Pues bien, el autoodio de los antiespañoles los deja chiquitos a todos los colectivos del autoodio.
Vanity Fea (Antiespañoles).*
https://vanityfea.blogspot.com/search/label/Antiespa%C3%B1oles
https://blogdenotasvanityfea.blogspot.com/search/label/Antiespa%C3%B1oles
2026
Comentamos aquí sobre la integración de algunos aspectos éticos, estéticos, psicológicos y narrativos en la novela epistolar Clarissa, or the History of a Young Lady de Samuel Richardson (1747-48), en concreto la encarnación de un ideal ético-estético en el personaje de Clarissa, y la elección consciente de una técnica narrativa que va unida en esta obra a un efecto de autogénesis.
(Vanity Fea, 11/07/2021)
Una de las últimas cartas-capítulos de Clarissa: Or, The History of a Young Lady (1747-48) de Samuel Richardson, está escrita por la amiga de la heroína, Anna Howe, que detalla las múltiples virtudes y capacidades de la difunta heroína Clarissa. Aquí encontramos unos puntos de crítica literaria y estética que sin duda corresponden también a los ideales de su autor, pues en la virtuosa Clarissa se conjugan todos los ideales; no sólo belleza, bondad y piedad cristiana, amén de una auténtica feminidad, sino también la inteligencia, el buen juicio, el criterio justo, el gusto, la elegancia con sprezzatura, el saber estar, la empatía y la atención a los demás en el trato social... un complejo equilibrado de virtudes que también se aplican a la literatura y la crítica. Richardson no era bello ni apuesto caballero (es un poco el trasunto real del Mr. Hickman de esta novela), pero intentaba imitar a la heroína en sus demás cualidades, quizá pecando como ella un tanto por el lado de la excesiva insistencia moralizante (pecando de franco puritanismo, vamos, en su caso):
In all her readings, and in her conversations upon them, she was fonder of finding beauties than blemishes, and chose to applaud both authors and books, where she could find the least room for it. Yet she used to lament that certain writers of the first class, who were capable of exalting virtue, and of putting vice out of countenance, too generally employed themselves in works of imagination only, upon subjects merely speculative, disinteresting, and unedifying; from which no useful moral or example could be drawn.
But she was a severe censurer of pieces of a light or indecent turn,which had a tendency to corrupt the morals of youth, to convey polluted images, or to wound religion, whether in itself, o rthorugh the sides of its professors, and this, whoever were the authors, and how admirable soever the execution. She often pitied the celebrated Dr. Swift for so employing his admirable pen that a pure eye was afraid of looking into his works, and a pure ear of hearing anything quoted from them. "Such authors, she used to say, were not honest to their own talents, nor grateful to the God who gave them." Nor would she, on these occasions, admit their beauties as a palliation; on the contrary, she held it an aggravation of their crime, that they, who were so capable of mending the heart, should in any places show a corrupt one in themselves; which must weaken the influences of their good works; and pull down with one hand what they built up with the other.
All she said, and all she did, was accompanied with a natural ease and dignity, which set her above affectation, or ths suspicion of it; insomuch that this degrading fault, so generally imputed to a learned woman, was never laid to her charge. For, with all her excellences, she was forwarder to hear than speak, and hence no doubt derived no small part of her improvement.
Although she was well read in the English, French, and Italian poets, and had read the best translations of the Latin classics; yet seldom did she quote or repeat from them, either in her letters or conversation, though exceedingly happy in a tenacious memory; principally through modesty and to avoid the imputation of that affectation which I have just mentioned.
Mr. Wyerley once said of her, she had such a fund of knowledge of her own, and made naturally such fine observations upon persons and things, being capable, by the EGG [that was his familiar expression], of judging of the BIRD, that she had seldom either room or necessity for foreign assistances.
But it was plain, from her whole conduct and behaviour, that she had not so good an opinion of herself, however deserved; since, whenever she was urged to give her sentiments on any subject, although all she thought fit to say was clear and intelligible, yet she seemed in haste to have done speaking. Her reason for it, I know, was twofold; that she might not lose the benefit of other people's sentiments, by engrossing the conversation; and lest, as were her words, she should be praised into loquaciousness, and so forfeit the good opinion which a person always maintains with her friends, who knows when she has said enough. It was, finally, a rule with her, "to leave her hearers wishing for her to say more, rather than to give them cause to show, by their inattention, an uneasiness that she had said so much." (Clarissa, IV, 504-5, Letter CLXVIII—Miss Howe to John Belford, Esq. - uso la edición de Everyman en 4 vols.)
Lo bueno si breve dos veces bueno, viene a convenir Clarissa con gracia y con Gracián.
Además Clarissa es una artista del bordado, del buen gusto y la originalidad en el vestir, y en su vaquería hace unas cuajadas admirables, también ordeña en persona, no contentándose con ordenar ordeñar. Y dibuja bien, no llega a pintar gran cosa pero lo haría si se dedicase a ello. En suma acumula dotes, algunas de ellas que tienen que ver con el juicio y la apreciación crítica, tanto del arte como del carácter y la sociedad. Un poquito antes encontramos este pasaje:
Her skill and dexterity in every branch of family management, seem to be the only excellence of her innumerable ones which she owed to her family: whose narrowness, immensely rich, and immensely carking, put them upon indulging her in the turn she took to this part of knowledge; while her eleder sister affected dress withoug being graceful in it; and the fine lady, which she could never be; and which her sister was without studying for it, or seeming to know she was so.
It was usual with the one sister, when company was expected, to be half the morning dressing; whle the other would give directions for the whole business and entertainment of the day; and then go up to her dressing-room , and, before she could well be missed [having all her things in admirable order], come down fit to receive company, and with all that graceful ease [la famosa sprezzatura a la que aludíamos antes] and tranquillity as if she had nothing else to think of.
Long after her [hours perhaps of prevous preparation having passed], down would come rustling and bustling the tawdry and awkward Bella, disordering more her native disorderliness at the sight of her serene sister, by her sullen envy, to see herself so much surpassed with such little pains, and in a sixth part of the time.
Yet was this admirable creature mistress of all these domestic qualifications without the least intermixture of narrowness. She knew how to distinguish between frugality, a necessary virtue, and niggardliness, an odious vice: and used to say, "That to define generosity, it must be called tha happy medium between parsimony and profusion."
She was the most graceful reader I ever knew. She added, by her melodious voice, graces to thse she found in the parts of books she read out to her friends, and gave grace and signification to others where they were not. She had no tone, no whine. Her accent was always admirably placed. The emphasis she always forcibly laid as the subjet require. No buskin elevation, no tragedy-pomp, could mislead her; and yet poetry was poetry indeed when she read it.
But if her voice was melodious when she read, it as all harmony when she sang. And the delight she gave by that, and by her skill and great compass, was heightened by the ease and gracefulness of her air and manner, and by the alacrity with which she obliged.
Nevertheless, she generally hose rather to hear others sing or play, than either to play or sing herself.
She delighted to give praise where deserved: yet she always bestowed it in such a manner as gave not the least suspicion that she laid out for a return of it to herself, though so universally allowed to be her due.
She had a talent of saying uncommon things in such an easy manner that everybody thought they could have said the same; and which yet required both genius and observation to say them.
Este último ejemplo del arte de la conversación de Clarissa —o arte del juicio, o del discernimiento y percepción, o del ingenio— merece algo más de comentario. Richardson conocía sin duda la definición del ingenio de Alexander Pope,
True wit is nature to advantage dressed
What oft was thought, but never so well expressed.
(Essay on Criticism)
Pero parece Richardson aquí adelantarse a la objeción que le haría Samuel Johnson a la formulación de Pope:
If wit be well described by Pope, as being "that which has been often thought, but was never before so well expressed," they certainly never attained, nor ever sought it; for they endeavoured to be singular in their thoughts, and were careless of their diction. But Pope's account of wit is undoubtedly erroneous: he depresses it below its natural dignity, and reduces it from strength of thought to happiness of language.
If by a more noble and more adequate conception that be considered as wit which is at once natural and new, that which, though not obvious, is, upon its first production, acknowledged to be just; if it be that which he that never found it wonders how he missed, to wit of this kind the metaphysical poets have seldom risen. Their thoughts are often new, but seldom natural; they are not obvious, but neither are they just; and the reader, far from wondering that he missed them, wonders more frequently by what perverseness of industry they were found. (Johnson, "Life of Cowley").
Vemos que, a diferencia del ingenio barroco de los poetas metafísicos, las observaciones y juicios de Clarissa son a la vez novedosos y naturales, el ejemplo perfecto de este segundo y más acertado tipo de ingenio definido por Johnson. Y que producen el efecto observado también por Johnson: una sensación de iluminación como de haber traído a la luz algo que se intuía imperfectamente, o que se tenía en la punta de la lengua del entendimiento sin poder expresarlo. O bien son juicios y observaciones que, por un curioso efecto de retrospección, producen esa sensación (quizá engañosa) de "eso debería haberlo dicho yo, pues casi lo había pensado si bien no de manera tan redonda".
Y todo ello, como decimos, con la necesaria soltura, discreción y sprezzatura, sin forzar la situación y su fluidez natural para desviar la atención hacia sí misma:
She was as much above reserve as disguise. So communicative, that no young lady could be in her company half an hour and not carry way instruction with her, whatever was the topic. Yet all sweetly insinuated; nothing given with the aire of prescription: so that while she seemed to ask a question for information sake, she dropped in the needful instruction, and left the instructed unable to decide whether the thought (which being started, she, the instructed, could improve) came primarily from herself, or from the sweet instructress.
(Clarissa, IV, 500).
Es un arte al cual sin duda aspira Richardson, que en su historia de Clarissa, o mejor dicho, nos dice, su "dramatic narrative" (IV, 554), quiere instruir deleitando y haciendo que la moral se extraiga espontáneamente de la historia. Es un arte del escritor basado en un arte previo de sus escritores-narradores, potenciado por ellos, pues Clarissa también es gran escritora de cartas, casi tanto como el propio Richardson, y hasta en las cartas del maquiavélico Lovelace se observan observaciones inteligentes y penetrantes sobre el mundo y las personas.
(Entre paréntesis, no deja de llamar la atención que el puritano y benevolente Richardson pudiera extraer de su mente un personaje tan moralmente encallecido como Lovelace y darle vida espontánea y credibilidad; eso quizá hizo que muchos como Henry Fielding sospecharan de la autenticidad y sinceridad del puritanismo de Richardson. Como mínimo, un rincón de su mente contenía un Lovelace con todas sus artimañas y cínicos razonamientos).
"Women, born to be controul'd,
Stoop to the forward and the bold."
Says Waller—and Lovelace too! (IV, 562)
Ay, and Richardson too...
Sobre Clarissa como escritora y crítica de la escritura, también tiene juicios atinados su amiga del alma Anna Howe, una segunda Clarissa en muchos aspectos, aunque con menos empatía y paciencia, y con una dosis adicional de feminismo agresivo. Pero si Clarissa sabe escribir y apreciar, lo mismo puede decirse de Anna, que aprecia sus aprecios en lo que valen:
She was an admirable mistress of all the graces of elocution. The hand she wrote, for the neat and free cut of her letters (like her mind, solid, and above all flourish), for its fairness, evenness, and swiftness, distinguished her as much as the correctness of her orthography, and even punctuation, from the generality of her won sex, and left her none, amongst the most accurate of the other, who excelled her.
And here you may, if you please, take occasion to throw in one hint for the benefit of such of our sex as are too careless in their orthography [a consciousness of a defect in which generally keeps them from writing]. She was used to say, "It was a proof that a woman understood the derivation as well as sense of the words she used, and that she stopped not at sound, when she spelt accurately."
On this head you may notice, that it was always matter of surprise to her that the sex are generally so averse as they are to writing; since the pen, next to the needle, of all employments is the most proper, and best adapted to their geniuses; and this as well for improvement as amusement: "Who sees not, would she say, that those women who take delight in writing, excel the men in all the graces of the familiar style? The gentleness of their minds, the delicacy of their sentiments (improved by the manner of their education), and the liveliness of their imaginations, qualify them to a high degree of preference for this employment: while men of learning, as they are called (that is to say, of mere learning), aiming to get above that natural ease and freedom which distinguish this (and indeed every other) kind of writing, when they think they have best succeeded, and got above, or rather beneath, all natural beauty."
Then, stiffened and starched [let me [, Anna Howe,] add] into dry and indelectable affectation, one sort of these scholars assume a style as rough as frequently are their manners: they spangle over their productions with metaphors: they rumple into bombast: the sublime, with them, lying in words and not in sentiment, they fancy themselves most exalted when least understood; and down they sit, fully satisfied with their own performances, and call them MASCULINE. While a second sort, aiming at wit, that wicked misleader, forfeit all title to judgment. And a third, sinking into the classical pits, there poke and scramble about, never seeming to show genius of their own; all their lives spent in commonplace quotation; fit only to write notes and comments upon other people's texts; all their pride, that they know those beauties of two thousand years old in another tongue, which they can only admire, but not imitate, in their own.
And these, truly, must be learned men, and despisers of our insipid sex!
But I need not mention the exceptions which my beloved friend always made [and to which I subscribe] in favour of men of sound learning, true taste, and extensive abilities: nor, in particular, her respect even to reverence for gentlemen of the cloth, which, I dare say, will appear in every paragraph of her letters wherever any of the clergy are mentioned. Indeed the pious Dr. Lewen, the worthy Dr. Blome, the ingenious Mr. Arnold, and Mr. Tompkins, gentlemen whom she names, in one article of her will, as learned divines with whom she held an early correspondence, well deserved her respect; since to their conversation and correspondence she owed many of her valuable acquirements.
Nor were the little slights she would now and then (following, as I must own, my lead) put upon such mere scholars [and her stupid and pedantic brother was one of those who deserved those slights] as despised not only our sex, but all such as had not had their opportunities of being acquainted with the parts of speech [I cannot speak low enough of such] and with the dead languages, owing to that contempt which some affect for what they have not been able to master; for she had an admirable facility in learning languages, and read with great ease both Italian and French. She had begun to apply herself to Latin; and having such a critical knowledge of her own tongue, and such a foundation from the two others, would soon have made herself an adept in it. (IV, 494-96)
Añade
el autor en las ediciones subsiguientes un "Postscript" en el que
comenta sobre las reacciones del público lector, y defiende tanto el
final trágico de su historia como su moralidad y, con cierto interés
especial, el método narrativo que ha elegido. Transcribo unos párrafos
de esta Defensa del Método Epistolar, aquí ya en propia persona no
interpuesta (hay que suponer) de Richardson, desenmascarado aquí ya no
como el "Editor" de unas cartas sino como el "Autor" de una historia.
"Some have wished that the story had been told in the usual narrative way of telling stories designed to amuse and divert, and not in letters written by the respective persons whose history is given in them. The author thinks he ought not to prescribe to the taste of others; but imagined himself at liberty to follow his own. He perhaps mistrusted his talents for the narrative kind of writing. He had the good fortune to succeed in the epistolary way once before [with Pamela]. A story in which so many persons were concerned either principally or collaterally, and of characters and dispositions so various, carried on with tolerable connection and perspicuity, in a series of letters from different persons, without the aid of digressions and episodes foreign to the principal end and design, he thought had novelty to be pleaded for it: and that, in the present age, he supposed would not be a slight recommendation.
Besides what has been said above, and in the Preface, on this head, the following opinion of an ingenious and candid foreigner, on this manner of writing, may not be imprperly inserted here:
"The method which the author has pursued in the History of Clarissa, is the same as in the Life of Pamela: both are related in familiar letters by the parties themselves, at the very time in which the events happened: and this method has given the author great advantages, which he could not have drawn from any other species of narration. The minute particulars of events, the sentiments and conversations of the parties, are, upon this plan, exhibited with all the warmth and spirit that the passion supposed to be predominant ast the very time could produce, and with all the distinguishing characteristics which memory can supply in a history of recent transactions.
"Romances in general, and Marivaux's amongst others, are wholly improbable; because they suppose the history to be written after the series of events is closed by the catastrophe: a circumstance which implies a strength of memory beyond all example and probability in the persons concerned, enabling them, at the distance of several years, to relate all the particulars of a transient conversation: or rather, it implies a yet more improbable confidence and familiarity between all these persons and the author.
"There is, however, one difficulty attending the epistolary method; for it is necessary that all the characters should have an uncommon taste for this kind of conversation, and that they should suffer no event, not even a remarkable conversation to pass, without immediately committing it to writing. But for the preservation of the letters once written, the author has provided with great judgment, so as to render this circumstance highly probable." (1).
(1). This quotation is translated from a Critique on the History of Clarissa, written in French, and published at Amsterdam. The whole Critique, rendered into English, was inserted in the Gentleman's Magazine of June and August 1749. The author has done great honour in it to the History of Clarissa; and as there are remarks published with it, which answer several objections made to different passages in the story by that candid foreigner, the reader is referred to the aforesaid magazine for both.
It is presumed that what this gentleman says of the difficulties attending a story thus given in the epistolary manner of writing, will not be found to reach the history before us. It is very well accounted for in it, how the two principal female characters came to take so great a delight in writing. Their subjects are not merely subjects of amusement; but greatly interesting to both: yett many ladies there are who now laudably correspond, when at distance from each other, on occasions that far less affect their mutual welfare and frienships, that those treated of by these ladies [Clarissa and Anna Howe]. The two principal gentlemen [Lovelace and Belford] had motives of gaiety and vainglory for their inducements. It will generally be found, that persons who have talents for familiar writing, as these correspondents are presumed to have, will not forbear amusing themselves with their pens, on less arduous occasions than what offer to these. These four (whose stories have a connnection with each other) out of the great number of characters which are introduced in this history, are only eminent in the epistolary way: the rest appear but as occasional writers, and as drawn in rather by necessity than choice, from the different relations in which they stand with the four principal persons. (Clarissa, IV, 562-63)
Esta "motivación realista" de la narración en Clarissa, que tanto preocupaba a Richardson y también a su crítico, le lleva casi a explicitar la autogénesis de la novela dentro de la ficción. Culmina la historia con la recolección de las diferentes cartas que hace Belford, como amigo y ejecutor testamentario tanto de Lovelace como de Clarissa, tras la muerte de ambos. Belford será también una especie de narrador cuasi-omnisciente (retrospectivo, y en tercera persona) en una "Conclusion: Supposed to be written by Mr. Belford," Y nos lleva a plantear una estructura de la Historia de Clarissa como una novela autoengendrada, según veíamos aquí al hablar de "The Self-Begetting Clarissa."
El concepto de la "novela autoengendrada" lo introdujo Steven Kellman:
Kellman, Steven. "The Fiction of Self-Begetting." Modern Language Notes 91 (1976).
_____. The Self-Begetting Novel. London: Macmillan, 1980.
Y se refiere a este fenómeno estructural: que parte del movimiento argumental de una novela se dirige hacia la explicación de la génesis de la novela misma y más en concreto de su forma narrativa concreta: una historia de "cómo llegó a existir este texto", o cómo los propios acontecimientos de la novela dan lugar a la narración que hemos leído, en tanto que recreación narrativa de esos acontecimientos. Observemos que Richardson ya parte de una adhesión a la ficción convencional de presentar su novela como una "colección editada" de cartas personales escritas entre diversos interlocutores o más bien corresponsales.
En el último volumen (IV), el confidente de Lovelace, Belford, alude a sus gestiones hacia el establecimiento de tal compilación editorial de la correspondencia que estamos leyendo, en tanto que ejecutor testamentario designado por Clarissa, y da todavía un paso más hacia convertirse él mismo en el primer lector de la novela, además de su (futuro) editor. Naturalmente, gran parte de la acción de Clarissa tiene que ver con la lectura de cartas no dirigidas a uno mismo—los personajes están constantemente prestando cartas, interceptándolas, recopiándolas, censurándolas o falsificándolas, las suyas propias o las de otros. Y de este modo la experiencia de leer Clarissa comienza en la propia acción de Clarissa, y es de hecho parte de esa acción.
Aquí
tenemos a Belford (IV, carta XXX) comentando en una carta dirigida a
Lovelace sobre las emociones especiales inherentes a la lectura de una
narración epistolar, comparada con las narraciones en primera persona
subsiguiente, o memorias autobiográficas que se basan en la
retrospección. Clarissa ve que no necesita escribir tales memorias sobre
sí, pues su historia ya está escrita:
She acknowledges that if the same decency and justice are observed in all your letters, as in the extracts I have obliged her with (as I have assured her they are), she shall think herself freed from the necessity of writing her own story: and this is an advantage to thee which thou oughtest to thank me for.
But what thinkest thou is the second request she had to make to me? No other than that I would be her executor! Her motives will appear before thee in proper time; and then, I dare to answer, will be satisfactory.
You cannot imagine how proud I am of this trust. I am afraid I shall too soon come into the execution of it. As she is always writing, what a melancholy pleasure will the perusal and disposition of her papers afford me! Such a sweetness of tempr, so much patience and resignation, as she seems to be mistress of; yet writing of and in the midst of present distresses! How much more lively and affecting, for that reason, must her style be, her mind tortured by the pangs of uncertainty (the events then hidden in the womb of fate) than the dry narrative, unanimated style of a person relating difficulties and dangers surmounted; the relater perfectly at ease; and if himself unmoved by his own story, not likely greatly to affect the reader.
Queda
claro que a través de estos comentarios del "compilador" o editor
Belford vemos también las reflexiones narratológicas del propio autor
implícito, que ofrece así en boca del personaje una justificación del
estilo narrativo que Richardson eligió para Clarissa y para sus
otras novelas. Como vemos está atento no sólo a sus consecuencias para
el retrato psicológico de los personajes y sus sentimeintos sino también
para la identificación del lector con esos sentimientos, y con la
incertidumbre que asegura una actividad narrativa no dominante y ubicada
en un punto ulterior retrospectivo, sino múltiple y atrapada en las
incertidumbres de la vida, del destino, y de la interpretación ambigua
de las situaciones y de las intenciones ajenas. Los efectos logrados,
tanto a nivel de suspense como en la cuestión de la empatía y la
caracterización, justifican plenamente la técnica narrativa seguida en The History of Clarissa.
Todo esto conduce tanto a Belford como a Richardson a preservar la forma epistolar como la más adecuada para el tipo de historia aquí narrada, y para el efecto estético, psicológico y ético buscado. Hay una continuidad fluida entre las cualidades morales y experiencia de Clarissa el personaje, y su imagen textual en Clarissa la novela. Podemos sostener, por tanto, que la novela presenta su autogénesis tanto al nivel de los acontecimientos de la historia y de los personajes, como al nivel del novelista-autor y de las opciones artísticas y narratológicas que ha elegido—para narrar su historia, y para impartir su instrucción moral y estética, a la par que desarrolla el arte y la técnica de la novela.
—oOo—
Reseña de la película de Steven Spielberg.
Termina Munich con una imagen de Avner, ex-agente del Mossad volviendo a su casa de Brooklyn, tras un contacto (¿oficial?) con su antiguo jefe del servicio secreto. El East River, panorámica de rascacielos, entre ellos las Torres Gemelas— estamos a mediados de los 70. El mensaje del director está muy claro: aquí tenéis, aquí tenemos, vuestro (nuestro) Septiembre Negro. No cometáis los mismos errores.
Porque Munich se presenta como la historia de un error, de cómo la respuesta al terrorismo con el terrorismo no es solución, sino que engendra una espiral de violencia. No es solución, en todo caso, que adopten los poderes públicos, porque éstos siempre se desentienden oficialmente de lo que les prohíben las leyes. Y así se acaba encontrando este mercenario (¿o patriota?) en tierra de nadie, sin saber al final si ha hecho mal o bien, si ha trabajado por lo que daba sentido a su vida o lo ha destruido él mismo, porque lejos de exorcizar al terrorismo lo ha colocado en el centro de su vida y de sus temores. Al final, su relación con los poderes que le han encomendado la misión es ambigua, y ha visto el rostro más indeseable de su nación, donde el poder legítimo pierde su honesto nombre y se codea con el crimen. En este sentido, y en muchos otros, la película se parece muchísimo a Lobo, la película de 2004 sobre un infiltrado en la ETA.
Se ha hablado mucho de la valentía de Spielberg y de las críticas que se ha atraído del ala dura sionista. Pero no puede decirse que no represente al discurso sionista en sus propios términos en la película, en boca de la madre del protagonista, por ejemplo, o de Golda Meir. Y el hecho mismo de escoger como protagonista al agente secreto éste es por supuesto una elección de bando: se nos presenta a Avner como una figura trágica, que siguiendo el destino que elige no sólo destruye el mal que quería destruir, sino que descubre la parte de bien que había en ese mal, contribuye a engendrar más mal, y envenena su propia vida. Eso es trágico, y si bien no llegamos a simpatizar totalmente con la siniestra banda de Mortadelos y Filemones del Mossad, sí es cierto que se nos invita a verlos como seres humanos normales haciendo su trabajo. Eso es una elección. Lo mismo se hace durante breves segundos con los terroristas palestinos, pero los segundos de pantalla, como bien sabe Berlusconi, suponen una gran diferencia. Así pues Spielberg no condena las actividades terroristas del estado israelí; más bien muestra sus causas, contexto y consecuencias, dudosas y envenenadas como dudosa y envenenada es toda opción que se tome en un ambiente envenenado.
Tan importante como lo que se muestra es lo que no se muestra: se nos habla de ataques aéreos contra los palestinos, de 50 o 200 muertos a cambio de los once muertos de Munich, de la escalada de venganza, pero poco de eso vemos, sólo lo que afecta directamente al protagonista. A Avner le parece caro matar palestinos, pero para la aviación israelí no es tan caro, seguramente. Avner, futuro padre de familia se convierte en un terrorista por invitación de la primera ministra sin pensárselo demasiado, y las preguntas obvias ("¿por qué no los juzgamos, etc?") se le ocurren sólo con varios años de retraso... vaya, hasta entonces estaba demasiado ocupado haciendo su trabajo, y algunos trabajillos extras, una vez cogida la marcha. Ahora, que la pasta la cobra puntualmente. Y esto se nos muestra también, pero no se enfatiza, haría desagradable al protagonista. Como si fuese un tío que no duda en poner en peligro a su familia, en comprometer la honorabilidad de su país y en entrar en tratos sucios con criminales de todo tipo, sólo por un beneficio tangible: la pasta, la pasta, que el banco suizo es muy fiable. "No trabajo para usted; trabajo para una cuenta bancaria", le dice a su (¿ex?)jefe, y es cierto, muy cierto.
En una película más responsable, menos implicada emocionalmente (y ésta lo está, aunque lo disimule con la frialdad ambiental), la relación del hombre sensible con la pasta aparecería retratada de muy otra manera. Claro que también hay en la personalidad del héroe un cierto trauma edípico, de competencia con el padre, héroe nacional. Los flashbacks que nos remiten una y otra vez al Septiembre de Munich hacen vivir como una crisis personal del héroe aquellos días de septiembre, hasta un punto un tanto forzado, se ve la necesidad del protagonista, y del director, de justificarse por su elección ante el giro dudoso que están tomando los acontecimientos. Así pues, demasiado Munich, y por ahí se le ve el plumero...
Dicho esto, la película es muy buena, no hay que perdérsela. Es magistral presentando la dinámica del día a día del (contra)terrorista, y la ambigüedad y variedad de motivaciones y actitudes de una enorme gama de personas más o menos implicadas en la lucha terrorista y contraterrorista, y cómo el dinero del contribuyente acaba yendo inexorablemente a manos de criminales que sacan tajada a cuenta de los servicios secretos. Mantiene Spielberg la ecuanimidad hasta extremos poco frecuentes en estos casos, presentando al Otro como uno mismo (así en la conversación del protagonista con el terrorista palestino con el que comparte piso franco: si los judíos esperaron dos mil años para tener su nación, lo mismo harán los palestinos). Supongo que son estas cosas las que no le perdonan a Spielberg los fundamentalistas.
Pero si lo piensan, no está tan mal, lo de presentar como un héroe trágico a un asesino a sueldo de la caja negra de Suiza, un personaje con las prioridades muy mal puestas. Esa es la única certidumbre a la que se atiene el protagonista a fin de cuentas: la cuenta. No es lo que dice, claro, ni él ni la película — pero es lo que hace él, y lo que hace la película.
Munich. Dir. Steven Spielberg. Guión de Tony Kushner y Eric Roth, basado en Vengeance: The True Story of an Israeli Counter-Terrorist Team, de George Jonas. Actores: Eric Bana, Daniel Craig, Ciarán Hinds, Mathieu Kassovitz, Hanns Zischler, Ayelet Zorer, Geoffrey Rush, Gila Almagor, Michael Lonsdale, Mathieu Amalric, Moritz Bleibtreu, Valeria Bruni Tedeschi, Meret Becker. 2005.
Un podcast, en inglés, sobre un artículo mío sobre fonología, artículo que también está en inglés.
_____. "A Comparison between the French and RP English Vowel Systems." AI podcast on José Angel García Landa's paper. Academia 29 Jan. 2026.*
https://www.academia.edu/179105/
2026
Lo escribí hace más de cuarenta años, cuando era estudiante (de filología inglesa, y también de filología francesa, carrera ésta que no acabé a falta de tres exámenes parciales que no me permitieron matricularme...)

En el caso de Sánchez, lo de "ante" es un decir. El muy canalla se escapa hasta de sus obligaciones ante el Parlamento. ¿"Galgo de Paiporta"? No, RATA DE MONCLOA.
Entendemos por teodicea un género de la apologética cristiana que busca solventar un punto difícil a la vez que central de la doctrina teológica: la justificación de por qué, proviniendo el mundo de un Creador perfecto y todopoderoso, es él mismo imperfecto y defectuoso. La teodicea busca conservar estos dos elementos irreconciliables sin negarlos, conciliándolos en una explicación que por lo general atiende a la naturaleza falible del ser humano, como exponente central de la creación, y a la necesidad de que éste supere sus debilidades en un acto de libertad sobreponiéndose a sus propios defectos y mereciendo así la salvación. Esto en sustancia.
Ahora bien, la teodicea tiene, en un sentido más amplio, derivados filosóficos que vienen a estudiar el problema del mal y de su aceptación o comprensión desde postulados que ya no sean estrictamente cristianos, sino más ecuménicos o filosóficos o racionalistas. Es el caso de las teodiceas deístas, que vienen a despersonalizar a Dios y situarlo en una esfera más próxima a aquellos dioses de la filosofía griega que no se ocupan de cosas humanas. A esta escala de cosmología deísta, el bien y el mal son incumbencia de los hombres y sus prioridades; el Universo, o el Dios de este deísmo panteísta, tiene otras escalas y otras prioridades, si es que tiene alguna prioridad o preferencia.
En su Essay on Man, Alexander Pope escribe su propia versión de la teodicea, y en este pasaje viene a comparar los tiranos y sátrapas que ejemplifican la maldad humana con las tormentas y terremotos que causan daños pero son sin embargo parte del orden natural de las cosas. Digamos que se coloca Pope a una escala inhumana de valoración para evitar que concibamos un Universo antropocéntrico, creado para el hombre por un Dios benevolente y con las prioridades humanas a la vista:
If the great end be human happiness,
Then Nature deviates; and can man do less?
As much that end a constant course requires
Of showers and sunshine, as of man's desires;
As much eternal springs and cloudless skies,
As men forever temperate, calm, and wise.
If plagues or earthquakes break not Heaven's design,
Why then a Borgia, or a Catiline?
Who knows but he whose hand the lightning forms,
Who heaves old ocean, and who wings the storms,
Pours a fierce ambition in a Caesar's mind,
Or turns young Ammon loose to scourge mankind?
From pride, from pride, our very reasoning springs;
Account for moral, as for natural things:
Why charge we Heaven in those, in these acquit?
In both, to reason right is to submit.
Better for us, perhaps, it might appear,
Were there all harmony, all virtue here;
That never air or ocean felt the wind;
That never passion discomposed the mind:
But all subsists by elemental strife:
And passions are the elements of life.
The general order, since the whole began,
Is kept in Nature, and is kept in man.
(Alexander Pope, Essay on Man, I.iv)
Bien, esto era por contextualizar este pasaje. Lo que quería hacer con él no es estudiarlo en su propia intencionalidad o significado, sino sólo señalar una fuente posible —no relacionada con la teodicea—para algunas de sus frases e imágenes. En efecto, parece que al escribir este pasaje Pope tenía en mente o seguía de cerca un pasaje del Examen de ingenios de Huarte de San Juan, curiosamente uno del "Segundo Proemio al Lector" añadido en la edición de 1594, y que versa sobre una cuestión central al Examen de ingenios, a saber, las diferencias naturales de temple, carácter, genio y capacidades entre los hombres. ¿A qué se debe la diferencia de mentes, y por ende de juicios, de los hombres? Así razona Huarte:
1. (...) Ningún filósofo antiguo ni moderno, que yo haya visto, ha tocado esta dificultad, asombrados, a mi ver, de su gran obscuridad, aunque todos los veo querellosos del vario juicio y apetito de los hombres. Por donde me fué forzado echar el discurso a volar y aprovecharme de la invención, como en otras dificultades mayores que no han tenido primer movedor.
Y discurriendo, hallé por mi cuenta que en la compostura particular de los hombres hay una causa natural que involuntariamente los inclina a diversos pareceres; y que no es odio, ni pasión, ni ser los hombres detractores y amigos de contradecir, como piensan los que escriben cartas nuncupatorias a sus Mecenates pidiéndoles contra ellos ayuda y favor... Pero cuál fuese esta causa en particular, y de qué principios puede nacer, aquí estuvo el dolor y trabajo.
2. Para lo cual es de saber que fué antigua opinión de algunos médicos graves, que todos los hombres que vivimos en regiones destempladas estamos actualmente enfermos y con alguna lesión, aunque por habernos engendrado y nacido con ella, y no haber gozado de otra mejor templanza, no lo sentimos. Pero advirtiendo en las obras depravadas que hacen nuestras potencias, y en los descontentos qu e cada hora pasan por nosotros sin saber de qué ni por qué, hallaremos claramente que no hay hombre que pueda decir con verdad que está sin achaque ni dolor.
Todos los médicos afirman que la perfecta salud del hombre restriba en una conmoderación de las cuatro calidades primeras, donde el calor no excede a la frialdad, ni la humidad a la sequedad; de la cual declinando, es imposible que pueda hacer tan bien sus obras como antes solía. Y está la razón muy clara: porque si con la perfecta temperatura hace el hombre sus obras con perfección, forzosamente con la destemplanza, que es su contrario, las ha de hacer con alguna falta y lesión... Pero para conservar aquella perfecta sanidad, es necesario que los cielos influyan siempre unas mismas calidades; y que no haya invierno, estío ni otoño; y que el hombre no discurra por tantas edades; y que los movimientos del cuerpo y del ánima sean siempre uniformes; el velar y dormir, las comidas y bebidas, todo templado y correspondiente a la conservación desta buena temperatura.... Todo lo cual es caso imposible, así al arte de medicina como a naturaleza.
Sólo Dios lo pudo hacer con Adán, poniéndolo en el Paraíso terrenal y dándole a comer del árbol de la vida, cuya propiedad era conservar al hombre en el punto perfecto de sanidad en que fué criado. Pero viviendo los hombres en regiones destempladas, sujetas a tales mudanzas del aire, al invierno, estío y otoño, y pasando por tantas edades, cada una de su temperatura, y comiendo unos manjares fríos y otros calientes... forzosamente se ha de destemplar el hombre y perder cada hora la buena templanza de las primeras calidades. De lo cual es evidente argumento ver que todos cuantos hombres se engendran, nacen unos flemáticos y otros sanguinos, unos coléricos y otros melancólicos, y por gran maravilla uno templado; y a éste no le dura la buena temperatura un momento sin alterarse.
En suma, para Huarte, la diversidad de entornos crea diversidad de cualidades y capacidades en los hombres. Hay aquí, si queremos, un elemento de protoevolucionismo. En cuanto a Pope, enfatiza el elemento naturalista. Los hombres son seres naturales y por tanto sujetos a toda la diversidad y conflicto de fuerzas de la Naturaleza. La Naturaleza surge de la lucha de fuerzas elementales, y lo mismo el hombre. El mismo universo inmoral e indiferente que crea los volcanes y tormentas crea los tiranos y sus crueldades, buena encarnación ellos mismos de las leyes del Universo y de su indiferencia a los valores. Esto en cuanto a explicación. La valoración moral que esto merezca, por parte de las víctimas de esos cataclismos humanos o fenómenos naturales, ya es otra cuestión.