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domingo, 7 de diciembre de 2025

Petrarca lector y crítico de Dante

Una tesis italiana en la que citan mi artículo sobre crítica y hermenéutica medieval:

Macaluso, Lorenzo. "'Nunc de aliis in silentio iudicans': Petrarca lettore-critico di Dante." Tesi di laurea di Lorenzo Macaluso. Relatore: Ch.mo. Prof. Stefano Jossa. Università degli studi di Palermo, Dipartimento di Scienze Umanistiche; Corso di Laurea magistrale – Italianistica. Anno academico 2023-2024.*

         https://www.academia.edu/145317082/

         2025

 

Éste es el artículo mío citado, que apareció en varias revistas/secciones del SSRN: 

_____. "Medieval Criticism: Poetics, Aesthetics and Hermeneutics." 1991. Online at SSRN 30 March 2014.*

         DOI: 10.2139/ssrn.2417263

         http://papers.ssrn.com/abstract=2417263

         2014

         Anthropology of Religion eJournal 30 March 2014.*

         http://www.ssrn.com/link/Anthropology-Religion.html

2014

Linguistic Anthropology eJournal 30 March 2014.*

         http://www.ssrn.com/link/Linguistic-Anthropology.html

2014

Literary Theory & Criticism eJournal 30 March 2014.*

         http://www.ssrn.com/link/English-Lit-Theory-Criticism.html

2014

History of Western Philosophy eJournal 30 March 2014.*

         http://www.ssrn.com/link/History-of-Western-Philosophy.html

2014

Philosophy of Religion eJournal 30 March 2014.*

         http://www.ssrn.com/link/Philosophy-Religion.html

2014

sábado, 8 de noviembre de 2025

La muerte de un amor


La muerte de un amor es como la muerte de una persona amada. Deja la misma aflicción, el mismo vacío, la misma negativa a resignarte a ese vacío. Aun cuando la hayas esperado, causado, deseado por autodefensa o sentido común o necesidad de libertad, cuando llega te sientes inválido. Mutilado. Te parece que te has quedado con un solo ojo, un solo oído, un solo pulmón, un solo brazo, una sola pierna, el cerebro demediado, y no cesas de invocar la mitad perdida de ti mismo: aquel o aquella con quien te sentías entero. Al hacerlo no recuerdas siquiera sus culpas, los tormentos que te causó, los sufrimientos que te impuso. La nostalgia te entrega el recuerdo de una persona apreciable o mejor dicho extraordinaria, de un tesoro único en el mundo, y de nada sirve decirse que eso es una ofensa a la lógica: un insulto a la inteligencia, un masoquismo. (En el amor la lógica no sirve, la inteligencia no ayuda, y el masoquismo alcanza cimas de psiquiatra.) Después, poco a poco, se te pasa. Acaso sin que seas consciente de ello la aflicción disminuye, se extingue, el vacío se reduce, y la negativa a resignarte a él desaparece. Te das cuenta por fin de que el objeto de tu amor no era ni una persona apreciable o mejor dicho extraordinaria ni un tesoro único en el mundo, lo substituyes por otra mitad o supuesta mitad de ti mismo, y por un determinado periodo recuperas tu integridad. Pero en el alma queda una cicatriz que la afea, un cardenal negro que la desfigura, y comprendes que ya no eres aquel o aquella que eras antes del duelo. Tu energía se ha debilitado, tu curiosidad se ha reducido, y tu confianza en el futuro se ha extinguido porque has descubierto que has desperdiciado un trozo de existencia que nadie te reembolsará. Ésa es la razón por la que, aun cuando un amor esté consumiéndose sin remedio, lo cuidas y te esfuerzas por curarlo. Ésa es la razón por la que, aun cuando agonice en estado de coma, intentas retrasar el instante en que exhalará el último suspiro: lo retienes uy en silencio le suplicas que viva un día más, una hora más, un minuto más. Ésa es la razón por la que, por último aun cuando deje de respirar, vacilas en enterrarlo o incluso intentas resucitarlo. (...) Sin embargo también este amor había muerto, y había que enterrarlo diciéndose que ningún amor resiste a la falta de amor: no se puede dar a mor a quien no te lo da. Había que olvidarlo repitiéndose que ningún amor es insusbstituible: las relaciones sentimentales son siempre espejismos que nos inventamos para llenar el vacío, quimeras que nos inventamos para vencer la soledad, y en resumidas cuentas cualquiera puede convertirse en su objeto o instrumento.

 

(Oriana Fallaci, Inshallah, 499-501) 

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