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jueves, 1 de octubre de 2026

El fatalismo inflexible de la vida como narración

Un pasaje de Parerga y Paralipómena de Schopenhauer, en concreto del ensayo "Sobre la aparente intencionalidad en el destino del individuo." Previene contra ciertas ilusiones o falacias retrospectivas a la vez que cae en ellas y declara la inevitabilidad de caer en ellas, porque así son la vida, el mundo, el destino y la memoria:

 

Que todo lo que ocurre, sin excepción, se produce con estricta necesidad es una verdad que se puede reconocer a priori y es, por tanto, irrebatible: quisiera denominarla aquí "el fatalismo demostrable". En mi escrito de concurso Sobre la libertad de la voluntad (p. 62) se infiere como resultado de todas las investigaciones precedentes. Es confirmada empíricamente y a posteriori por el hecho ya indidable de que los sonámbulos magnéticos, los hombres dotados de segunda visión e incluso a veces los sueños del dormir común presagian el futuro directa y exactamente. La más patente confirmación empírica de mi teoría de la estricta necesidad de todo lo que ocurre se da en la segunda visión. Pues vemos que lo que gracias a ella se presagia frecuentemente con gran anticipación se produce después con toda exactitud y en las circunstancias que se habían indicado, y ello incluso después de haberse hecho esfuerzos intencionados de todo tipo por obstaculizarlo o por hacer que el acontecimiento que se iba a producir se desviase, al menos en alguna de sus circunstancias, de la visión transmitida; lo cual siempre ha sido en vano, por cuanto justo aquello que debía frustrar lo presagiado ha contribuido siempre a producirlo; del mismo modo que en las tragedias y en la historia de los antiguos la desgracia presagiada por los oráculos o los sueños es arrastrada por las precauciones que se toman contra ella. Como ejemplo de esto menciono, entre otros muchos, el del rey Edipo y la bella historia de Creso y Adrasto en el libro primero de Heródoto, c. 35-43. De los casos de segunda visión correspondientes a estos informa el honrado Bende Bendsen en el tercer número de volumen octavo del Archivo de magnetismo animal, de Kieser (en especial los ejemplos 4, 12, 14 y 16); también aparece creo en Teoría de las ciencias espirituales de Jung  §155. Si las dotes de segunda visión fueran tan frecuentes como inusuales son, serían presagiados innumerables acontecimientos, se cumplirían con exactitud, y la innegable prueba fáctica de la estricta necesidad de todos y cada uno de los acontecimientos sería generalmente accesible. Entonces no quedaría duda alguna de que, por mucho que el curso de las cosas se presente como puramente casual, en el fondo no lo es; antes bien, todas esas casualidades, tó eiké ferómena (lo que sobreviene al azar) están rodeadas de una necesidad hondamente oculta, eimarmene, de la que el azar es un simple instrumento. Lanzar una mirada en ella ha sido siempre el anhelo de toda mántica. De la mántica efectiva que hemos recordado no solo se sigue que todos los acontecimientos se producen con completa necesidad, sino también que de algún modo están determinados y fijados objetivamente ya de antemano, por cuanto al vidente se le aparecen como algo presente: lo cual, sin embargo, se podría atribuir a la mera necesidad de su ocurrencia como consecuencia del curso de la cadena causal. en todo caso, el conocimiento, o, más bien, la opinión de que aquella necesidad de todo lo que acontece no es ciega, es decir, la creencia en un curso de nuestra vida tan planificado como necesario,  es un fatalismo de tipo superior que, sin embargo, no se puede demostrar como el de tipo simple pero en el que quizás todos caigamos antes o después alguna vez y sigamos aferrados a él durante largo tiempo o para siempre, según nuestra mentalidad. Podemos llamarlo fatalismo transcendente, a diferencia del habitual y demostrable. No procede, como aquel, e un conocimiento propiamente teórico ni de la investigación que se precisa para él, de la que pocos serían capaces, sino que se va asentando poco a poco a partir de las experiencias del propio curso vital. Entre ellas, en efecto, se hacen manifiestos a cada cual ciertos procesos que, por una parte, en virtud de su especial y gran conveniencia para él, llevan claramente acuñado el sello de una necesidad moral o interna pero, por otra parte, también el de la total casualidad externa. La frecuente ocurrencia de los mismos conduce paulatinamente a la opinión, que pronto se convierte en convicción, de que la vida del individuo, por muy enrevesada que pueda parecer, es una totalidad congruente en sí misma, que posee una determinada tendencia y un sentido instructivo, al igual que la epopeya más meditada. Mas la enseñanza que impartiría se referiría únicamente a su vida individual,—que en el fondo, es su error individual. Pues el plan y la totalidad no están en la historia mundial, como supone la filosofía de los profesores, sino en la vida del individuo. Los pueblos existen solamente in abstracto: los individuos son lo real. De ahí que la historia mundial no tenga un significado metafísico directo: no es en realidad más que una configuración casual: recuerdo aquí lo que he dicho al respecto en El mundo como voluntad y representación, vol. I, §35.—Así pues, por lo que respecta al propio destino individual, va creciendo en muchos aquel fatalismo transcendente al que quizá dé origen alguna vez en cada uno el atento examen de la propia vida, una vez que su hebra se hayha hilado con la suficiente longitud; e incluso, al reflexionar sobre los pormenores de su curso vital, éste se le puede mostrar a veces como si todo estuviera ya tramado en él, y los hombres que se le presentan, parecerle simples actores. Este fatalismo transcendente no sólo tiene mucho de consolador sino también de verdadero; por eso ha sido afirmado en todas las épocas, incluso como dogma.

 

 

 

 

 

domingo, 22 de marzo de 2026

Arcano


 

La línea del amor y de la muerte

me dijeron que tengo fusionadas

cuando aquellas fugaces campanadas

iniciaran mi tiempo de quererte.

Lo cierto es que la nave de mi suerte

boga hacia misteriosas ensenadas,

tan remotas, de ti tan alejadas

que no puedo esperar volver a verte.

Creo que es mi destino el de saberte

unido a mí tan sólo en el poema

y en un espacio onírico sentirte

—en el corazón mismo— sin tenerte;

el de aferrarme a un remo que no rema

y en mi propio naufragio sumergirte.

 

(Marina Soro) 

 

 

 

 

lunes, 16 de marzo de 2026

Retropost, 2006: Things That Might Have Been

 

Things That Might Have Been

Un verso lo tomó Borges como título para uno de los poemas de Historia de la noche (1977). A través de Borges, y de Google, he llegado a este pasaje del Christus de Longfellow.

En un aparte durante las Bodas de Caná, el visionario Manahem habla como sigue sobre el destino y la eternidad, y sobre el paseo que nos damos por la parte de ella que nos toca ver. Me gusta la manera en que dice que nuestra vida está hecha no sólo de realidades acabadas, sino también de las esperanzas y posibilidades por las que hemos pasado (lo que Michel André Bernstein, en Foregone Conclusions, llama sideshadows...). Y hasta lo que no fue ha sido en cierto modo, pues también eso da forma a nuestra vida y nos hace lo que somos.

The things that have been and shall be no more,
The things that are, and that hereafter shall be,
The things that might have been, and yet were not,
The fading twilight of great joys departed,
The daybreak of great truths as yet unrisen,
The intuition and the expectation
Of something, which, when come, is not the same,
But only like its forecast in men’s dreams,
The longing, the delay, and the delight,
Sweeter for the delay; youth, hope, love, death,
And disappointment which is also death,
All these make up the sum of human life;
A dream within a dream, a wind at night
Howling across the desert in despair
Seeking for something lost it cannot find.
Fate or foreseeing, or whatever name
Men call it, matters not; what is to be
Hath been fore-written in the thought divine
From the beginning. None can hide from it,
But it will find him out; nor run from it,
But it o’ertaketh him! The Lord hath said it.

 

Las cosas que fueron y que ya no son
Las cosas que son, y las que han de ser,
Las cosas que podrían haber sido, mas no fueron,
El crepúsculo ya tenue de la alegría que pasó,
El albor de grandes verdades aún no amanecidas,
La intuición y la espera atenta
De algo que, al venir, no es lo mismo,
Mas sólo parecido a su previsión en los sueños de los hombres,
El ansia, el retraso, y el deleite,
Más dulce por el retraso; la juventud, la esperanza, el amor, la muerte,
Y la desilusión que también es muerte,
Todos estos hacen la suma de la vida humana;
Sueño dentro de un sueño, un viento en la noche
Aullando por el desierto, desesperado,
Buscando algo perdido que no puede encontrar.
El destino, la predicción, o cualquier nombre
Que le den los hombres — no importa; lo que ha de ser
Ha estado pre-escrito en el pensamiento divino
Desde el inicio. Nadie puede ocultase a ello,
Pues ha de hallarlo; ni huir corriendo,
Pues le alcanza. Lo ha dicho el Señor.

Claro que el destino sólo lo vemos retrospectivamente; de poco nos sirve que esté escrito en el libro gordo de Dios, si por definición no podemos echar una ojeada tramposilla al final. Lo que vale como decir que para nosotros sólo existe el destino cuando miramos atrás: el que nos hacemos, o el que nos sucede, y no el que estaba escrito. La única escritura previa que había antes era la de nuestros planes, o expectativas. Y ya se sabe lo que pasa con los planes: en la tragedia, fracasan, o tienen consecuencias imprevistas y terribles. En la comedia, se trastocan, y si se cumplen no es de la manera en habían sido planeados, sino con imprevistos sorteados y añadidos rocambolescos. Y en la vida, que es por turnos tragedia, comedia, tragicomedia, parodia, novela y ensayo (essay, rehearsal)... pues hay un poco de todo. De lo que menos, lírica, épica, y profecías cumplidas.

El destino visto así, desde la atalaya de la retrospección, como un todo simultáneo, un espacio en los límites del cual nos hemos movido. Un ámbito que durante un tiempo es tiempo, pero al fin acaba siendo nuestro recorrido por el tiempo, y por el espacio, el mapa de lo que ha sido nuestra vida, andando mucho unos sitios, nuestros sitios, otros atisbándolos de lejos, otros siempre pasando al lado de ellos. Borges también sintió ese dibujo del tiempo en su vida, y lo dejó inscrito en este soneto, "Buenos Aires". También todo poema es a la vez un tiempo por el que pasamos, y un traza que existe más allá de ese tiempo.

Y la ciudad ahora es como un plano
de mis humillaciones y fracasos;
desde esa puerta he visto los ocasos
y ante ese mármol he aguardado en vano.
Aquí el incierto ayer y el hoy distinto
me han deparado los comunes casos
de toda suerte humana; aquí mis pasos
urden su incalculable laberinto.
Aquí la tarde cenicienta espera
el fruto que le debe la mañana;
aquí mi sombra en la no menos vana
sombra final se perderá, ligera.
No nos une el amor sino el espanto;
será por eso que la quiero tanto.

 Lo canta de manera memorable María José Hernández en el disco Orillas, de Gabriel Sopeña: Danzón porteño.

 

 

 

La historia del fracaso del plan

sábado, 10 de enero de 2026

Retropost, 2006: La historia del fracaso del plan

 

La historia del fracaso del plan

De la clase de hoy sobre Shakespeare. Para analizar un argumento es muy importante ver la manera en que interactúan dos principios: 1) el deseo, la voluntad, los planes y proyectos de los personajes, la fantasía. 2) La necesidad, el azar, las fuerzas del mundo y de la naturaleza, el principio de realidad, la contingencia incalculable de las cosas.

A veces un personaje (pongamos Ricardo III, o Yago) es capaz de trazar hábiles planes, que diseñan un futuro a la medida de su deseo, y van plegando voluntades, manipulando personas o sorteando obstáculos, haciendo que la realidad vaya tomando forma de acuerdo con su plan. Son pequeños dramaturgos dentro del drama, y la atención y deseos de los espectadores se fija en ellos, hipnotizada: ¿será posible que lleve a cabo sus planes?

En un argumento, normalmente los planes no se llevan a cabo tal como fueron pensados: intervienen la contingencia o la necesidad que dan al traste con los planes del urdidor. A veces sólo para permitirle salir adelante más airosamente, haciendo gala de su capacidad de improvisar (la serendipia en Othello). Al fin, los planes de los hombres fracasan y se impone el futuro, siempre inesperado y sorprendente. Es esta lucha entre la trama urdida por un personaje y la trama urdida por el conjunto de las cosas (y de los planes de otras personas) lo que hace a una historia digna de ser contada. Cada lucha es única, pues siempre se desea y se planea en circunstancias únicas, aunque sean similares a otras, y cada plan fracasa por circunstancias imprevistas que también forman una conjunción irrepetible. Una perspectiva retrospectiva en la narración puede enfrentar paso a paso al plan con las circunstancias que lo harán fracasar —visibles desde el punto de vista del narrador. En el teatro, esas circunstancias emergen inopinadamente, aunque el conjunto de la obra también tenga un diseño retrospectivo.

Aun cuando estemos hablando de una comedia, y el plan llegue a un cierto éxito final, siempre lo hará tras giros imprevistos, por circunstancias imprevistas, y habiendo adoptado una forma que no era la originalmente pensada.

 

7 comentarios

JoseAngel -

Thanks, Fer. En compensación, también el éxito viene por donde menos se lo espera uno. A veces.

Fernando -

Y es así porque es la historia de nuestras vidas. Y de la propia creación, que siempre es fracaso. Genial reflexión...

marcos -

de ná. pos eso es lo q quería decir, creo, más o menos sastamente.
talugo.
pd: espero no perderme el explayamiento.

JoseAngel -

Ups, ya está corregido el enlace, gracias, Marcos.
Oye, me ha dejado pensando lo que dices del contraste entre el pre espacial, temporal y lógico.
Lo curioso es que en el caso del prólogo (que en realidad es el final y se pasa al principio) se vende al lector como experiencia preliminar o inicio lo que sólo puede ser un final lógico, alcanzado por el autor tras un recorrido cronológico. Es una cierta paradoja de la lectura, ese trastocarse de los tiempos gracias a lo que queda espacialmente escrito. Cualquier día me explayo más en un post, gracias por la idea.

marcos -

salute.
esto es pa decirte quel enlace a este texto en el blog de unizar está mal.
y ya aprovecho y continúo la conversation con el sr. potter:
pues lógico, pq un prólogo es algo q va antes del logos, del escrito. pero ese antes es espacial. de lo contrario sería precronos, no prologo. si tuviese q estar escrito previamente. y si no es necesariamente precronos, sino pre-logos, es decir, si va antes de la palabra, o de la grafía, para aclarar su sentido, éste (el sentido encontrado), como no te cansas de decir, sólo puede ser posterior. salvo q te haya entendido mal.
resumo: el pre o es espacial (gráfico, es decir, del logos q tratamos), o temporal, o lógico. lo de espacial no dice ná, salvo la situación en el volumen. lo temporal, sólo puede referir a intenciones, pues se ignora el proceso y resultado posterior. pero el lógico sólo puede ser posterior, para aclarar el sentido de lo previo-posterior.
no se si mexplico.

JoseAngel -

X-acto, Harry, creo que los prólogos escritos antes se tiran todos y se escribe otro luego... Planeamos decir algo, pero nos enteramos de lo que íbamos a decir cuando lo hemos dicho. Los planes para los libros también cambian sobre la marcha... aunque quizá J. K. Rowling sea una excepción, no sé.

Harry Potter -

metacontingencia de las metas?

Algo asi como la diferencia entre el prólogo escrito antes de empezar y después de terminar un texto...

 

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