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viernes, 1 de mayo de 2026

Bibliografía sobre SUEÑOS

 

Bibliografía sobre SUEÑOS: 

https://bibliojagl.blogspot.com/2026/04/suenos.html 

Decía Kant en su Antropología que era sólo la discontinuidad de nuestros sueños cada noche, frente a la continuidad de la vida despierta, lo que nos permitía dar a esta última una mayor prioridad de realidad sobre nuestra vida onírica. 

Claro que también se da el caso de los sueños que se reanudan día tras día y noche tras noche, sobre todo en el caso de esos sueños lúcidos que son las series televisivas... es ésta la manera en que las series atentan contra nuestro sentido de la realidad más que las películas aisladas, que son como los sueños inconexos.

Yo sueño que estoy aquí...

 


miércoles, 29 de abril de 2026

Kant en el Planeta de los Simios: La teoría evolucionista de Kant




Immanuel Kant es autor de diversas tesis evolucionistas, tanto a nivel cosmológico como cultural. Quizá sea la evolución biológica (el origen y la transformación de las especies) lo que más se echa en falta en su sistema. A nivel cosmológico habla del origen de los planetas y del sistema solar en lo que se conoce hoy como la teoría de Kant-Laplace; en efecto, la paternidad de una idea novedosa es ambiental, como diría poco después Schopenhauer en Parerga y Paralipómena, y a veces la autoría se decide en base a quién explota o desarrolla mejor la idea novedosa. Laplace, en este caso. En fin, que Kant no es muy célebre como pensador del evolucionismo; sus intereses iban por otra parte. Su Antropología sí busca caracterizar lo que es propio del hombre frente a otras especies animales y frente a otras hipotéticas especies racionales (de alienígenas), pero no se cuida mucho de aclarar el origen y evolución de esas características propias de la humanidad. Sí aparecen algunas observaciones interesantes en una larga nota a pie de página casi al final del libro, en la "Característica Antropológica". Y de ahí podemos colegir que en sustancia la humanidad es una especie que se construye a sí misma, y se da forma entre tendencias contradictorias a la sensualidad egoísta por un lado y a la normatividad idealizante por otro, un poquito en sustancia apuntando a lo que venía a decir E.O. Wilson en su teoría sobre la naturaleza fundamental de la humanidad. Podemos colegir que el ser humano se ha construido a sí mismo mediante el refinamiento de la cultura, a partir de lo que era un animal parecido a otros (quizá no tan parecido en el sentido de que era capaz de cultura elaborada, pero no entra en ello Kant). Es decir, que el hombre proviene de un animal, como dirían Darwin o Huxley, un animal no racional que fue desarrollando capacidades racionales mediante la vida en sociedades cada vez más elaboradas. Es en sustancia la misma perspectiva que vemos en otro protoevolucionista, Vico, para quien el ser humano desciende de antepasados no humanos, los cíclopes en el caso de Vico, y se ha hecho a sí mismo o ha sido modelado por las instituciones y la cultura. No aparece en Vico o en Kant la idea de que el ser humano descienda de otra especie distinta, pero sí está claro que los humanos primigenios no eran "humanos" en el actual sentido del término, es decir, que eran animales como muchos otros. No hay transformismo de las especies, ni aparición de especies nuevas, pero sí evolución cultural y origen de una nueva especie de criatura en este sentido de completa transformación. Tanto en el caso de Vico como en el de Kant (o, por poner otro caso, el de Swift y sus Yahoos), debían mucho estas nociones al contacto y noticias de pueblos primitivos "subhumanos" al entender de los Ilustrados—lo mismo que la teoría de Darwin se vio influida por sus experiencias con tribus primitivas en la Tierra del Fuego. Transcribo la nota de Kant, en la que se ve cómo dejándose llevar por una inspiración parentética llega casi a postular el origen de la humanidad entre los grandes simios... aunque no se ha hecho famoso por ello. Todo parte del llanto de un bebé...

 


Los gritos que hace oír un niño apenas nacido no tienen el tono de la queja, sino el de la indignación y la ira que estalla, no porque le duela algo, sino porque algo le enoja; probablemente porque quiere moverse y siente su incapacidad para hacerlo como cadenas que le quitan la libertad. ¿Qué designio puede haber tenido la naturaleza, haciendo que el niño venga al mundo dando gritos, lo cual es para él mismo y para la madre, en el rudo estado de naturaleza, un extremo peligro? Pues un lobo, un cerdo, podría ser incitado a devorarlo en ausencia de la madre o en el agotamiento de las fuerzas de ésta por el parto. Ningún animal fuera del hombre (tal como éste es ahora) anunciará ruidosamente su existencia al nacer; lo que parece estar dispuesto así por la sabiduría de la naturaleza para conservar la especie. Es necesario suponer, pues, que en la primera época de la naturaleza, por lo que respecta a esta clase de animal (a saber, durante el tiempo del salvajismo), aún no existía este hacerse sonado el niño al nacer, que, por tanto, sólo más tarde empezó una segunda época, cuando ambos padres habían llegado ya a aquella cultura que es necesaria para la vida doméstica; sin que sepamos cómo ni por medio de qué causas concurrentes realizó la naturaleza una evolución semejante. Esta observación conduce más allá, por ejemplo, a pensar si no podría seguir a la misma segunda época todavía una tercera, con grandes revoluciones de la naturaleza, en que un orangután o un chimpancé diese a los órganos que sirven para marchar, para tocar los objetos y para hablar, una estructura humana, cuyo interior encerrase un órgano para el empleo del entendimiento y se desarrollase paulatinamente por medio de la cultura social.

Cuatro observaciones no más sobre esta nota al pie.  

- Primero, Kant da por hecho que la especie humana (como otras quizá) va cambiando de forma y de naturaleza, cambios tan profundos que bien podrían describirse como una aparición o desaparición por vía de transformación o evolución. Así, el hombre de "la segunda época" deriva o desciende de un "hombre de la primera época", un animal que se ha desarrollado paulatinamente o ha evolucionado por medio de la cultura. 

-  Esta transformación de la naturaleza humana por la cultura es una especie de puente conceptual entre lo que hoy llamamos evolucionismo y el fijismo de las especies, y es una perspectiva que no desentona, como decíamos, con la perspectiva de Vico, ni tampoco con la de autores clásicos que contemplaron el desarrollo de las culturas, como Polibio —por no hablar del abiertamente evolucionista Lucrecio.

- La palabra utilizada por Kant y traducida arriba por "evolución" es "Entwicklung", desarrollo, en el sentido de transformación, también aplicable al desarrollo de un organismo a lo largo de su vida desde su embrión o semilla hasta su fase adulta. Esta analogía espontánea entre ontogénesis y filogénesis es un instrumento conceptual que permite asimismo concebir la naturaleza en su conjunto como un organismo en desarrollo, y las especies de seres vivos a modo de individuos históricos con su propio nacimiento, crecimiento, envejecimiento y muerte.


- Kant supone que podemos conocer o al menos tener una razonable certidumbre acerca del hecho de la evolución; al menos él lo da por cierto, basándose en la realidad evolutiva de la naturaleza entera, según parece colegirse de la observación de los fenómenos, y más en concreto de la realidad evolutiva de las culturas humanas, que nos deja entrever la historia por el hecho mismo de surgir de una prehistoria. Todo ello nos permite suponer una transformación del cuerpo humano (ejemplificadas sus características distintivas aquí en el vagido del niño al nacer) a partir de una semejanza mayor con otros animales en una fase previa a la adquisición de esos rasgos distintivos. Kant especifica que no sabemos cómo ni por medio de qué causas concurrentes realizó la naturaleza una evolución semejante; ahora bien, el hecho mismo de que la ha realizado sí lo coloca en el ámbito de la certidumbre.

- Recuérdese que Darwin no se preciaba (ni se le precia hoy) por haber descubierto el hecho de la transformación de las especies —pues ya su abuelo Erasmus Darwin, al igual que otros ilustrados, escribió obras defendiendo esta modalidad de evolucionismo— sino por haber sacado a la luz, según él creía y fue muy celebrado por ello, el mecanismo de la transformación de las especies, a saber, la selección natural de los rasgos orgánicos y de las especies mismas, en el contexto de una biocenosis generalizada. Es ése mecanismo el que Kant dice explícitamente desconocer—bien que, a continuación, pasa a insinuar una solución al enigma en el caso de los humanos, aclarándonos al final de la nota que el desarrollo paulatino de los rasgos humanos se realiza mediante el instrumento de  la cultura social. Cultura que desarrolla el órgano de la racionalidad, que a su vez desarrolla la propia interioridad humana, haciendo que así surgiese de lo prehumano una forma humana, "sich zum Gliederbau eines Menschen ausbildete, deren Innerstes ein Organ für den Gebrauch des Verstandes enthielte und durch gesellschaftliche Kultur sich allmählich entwickelte." 

- Aunque la sintaxis no está del todo clara, parece ser que Kant diferencia tres tipos de desarrollo, 1) el del plan corporal (hominización, diríamos hoy) por el que el cuerpo va adquiriendo una forma característicamente humana, 2) el desarrollo de la interioridad o mente propiamente humana, la humanización podríamos decir hoy, y 3) el desarrollo del órgano de la racionalidad, la razón propiamente dicha, "un órgano para el empleo del entendimiento" (contenido, según hemos visto, en el "continente" de la interioridad), órgano que no ocupa todo el espacio de (2) pero que contribuye a su desarrollo, a la vez que se va desarrollando también a su vez paulatinamente por medio de la cultura social.

Este último desarrollo está presentado de manera harto hipotética y con un recurso retórico muy curioso, una especie de interferencia o fusión conceptual de dos procesos históricos, mejor dicho, uno de ellos posiblemente histórico, y el otro hipotético, futurible, imaginado o fantástico: uno, la humanización efectiva de los humanos a partir de los prehumanos, y, dos, la humanización concebible de los chimpancés u orangutanes en un futuro, siguiendo el mismo proceso por el que ya han pasado los humanos. No es que el hombre descienda del chimpancé o del mono actualmente existente según Kant, sino que una criatura no muy distinta de los monos o los chimpancés al parecer se humanizó gradualmente, como (concebiblemente) podrían humanizarse en un futuro los orangutanes o los chimpancés.

 


 

Esto sería una tercera época de la humanidad, con grandes revoluciones de la naturaleza, pero vemos que en sustancia o mediante este artificio retórico viene a coincidir en lo sustancial con lo que fue el paso de la primera a la segunda época, o con lo que fue plausiblemente el origen de la actual humanidad a partir de animales prehumanos no muy diferentes (para nosotros) de los actuales grandes simios.

La interferencia retórica puede ser simplemente un efecto de la manera en que Kant deja vagar el pensamiento en esta nota a pie de página que a fin de cuentas se presenta como un excurso imaginativo. Pero también puede que responda a una prudencial maniobra para evitar condenas eclesiásticas o escándalos académicos, no fuesen a aparecer botellas de Anís del Mono con la caricatura de Kant en lugar de la de Darwin, o no quiera Dios, una espiral evolutiva que en lugar de culminar en Darwin divinizado, condujera a un Kant con modos y modales de chimpancé recién civilizado...

 

 

Man Is But a Worm



Kant, Immanuel. Anthropologie in pragmatischer Hinsicht. Fünfte Auflage. Herausgegeben, eingeleitet und mit Personen- und Sachregister versehen von Karl Vorländer. (Der Philosophischen Bibliothek, Band 44). Leipzig: Verlag von Felix Meiner, 1912. Online PDF at US Archive.*

         https://ia601307.us.archive.org/7/items/b24885046/b24885046.pdf

         2026

_____. Antropología. Trans. José Gaos. Introd. Ángel Rivero Rodríguez.  (El Libro de Bolsillo). Madrid: Alianza, 1991. 2nd ed. 2015.*

 




Man Is But a Worm

 

 

lunes, 27 de abril de 2026

Kant sobre Heidegger

Con escena de travestismo incluida, por más señas. Es el único pasaje, creo, en el que habla Kant sobre Heidegger —que si bien no es muy conocido en España, al parecer sí habían llegado noticias suyas a Königsberg. Esto viene de una sección sobre fisiognomía en la Antropología de Kant. En fin, ahí va el pasaje en cuestión:

 

Heidegger, un músico alemán residente en Londres, era un varón de figura estrafalaria, pero despierto, inteligente, de cuya compañía gustaban, por su conversación, las personas distinguidas. Cierta vez, en un merienda, ocurriósele sostener contra un lord que era la cara más fea de Londres. El lord reflexionó y apostó que le presentaría otra todavía más fea, y entonces hizo llamar a una mujer borracha, a la vista de la cual la reunión entera prorrumpió en una estruendosa risa y exlamó: "Heidegger, habéis perdido la apuesta." "No tan aprisa—replicó este—: vamos a ponerl a la mujer mi pelucay yo me pondré su cofia; entonces veremos. Hecho así, casi se asfixiaban de risa, pues la mujer parecía un hombre perfectamente amanerado y el pícaro de Heidegger una bruja. Esto prueba que para llamar a una persona hermosa, o al menos pasablemente linda, no hay que pronunciar el juicio en términos absolutos, sino sólo relativos, y que para un hombre ingenioso una persona no se puede llamar fea porque no sea precisamente linda. Solamente las manifestaciones asquerosas de enfermedades en el rostro pueden autorizar a emplear esta expresión.

 

 

  

 

 

 

 

 

miércoles, 15 de abril de 2026

No mentirás al asesino

 Un pequeño artículo sobre los absurdos de la ética de Kant que va a parar, con diez años de retraso, a Knowledge Commons:

_____. "No mentirás al asesino." Knowledge Commons Works 15 April 2026.*

         https://doi.org/10.17613/awey1-7jf70

         https://works.hcommons.org/records/awey1-7jf70

         2026

 

De Kant ahora me estoy leyendo la Antropología, y también la crítica de Schopenhauer a sus Críticas.

martes, 7 de abril de 2026

Ingenio y profundidad: Kant poco impresionado por Johnson

En un pasaje de la Antropología,  a cuenta de la profundidad de pensamiento, el ingenio, y la perspicacia. Los defectos intelectuales de Johnson le parecen a Kant más llamativos que sus virtudes.

 

La profundidad no es, sin duda, cosa de ingenio, pero en tanto éste puede ser por obra de las imágenes que suspende de los pensamientos un vehículo o una cobertura para la razón y su manejo, para sus ideas prácticas morales, cabe representarse un ingenio profundo (a diferencia de uno superficial). Como una de las sentencias dignas de admiración, según se dice, de Samuel Johnson sobre las mujeres, cítase ésta de la vida de Waller (55):

55. El poeta inglés Samuel Johnson (1708-1794) escribió una biografía del poeta Edmund Waller. (K.). 

"Alababa sin duda a muchas con las que hubiese temido casarse, y quizá se hubiese casado con una que se habría avergonzado de  alabar" (56)

56. Esta y las siguientes anécdotas de Johnson se encuentran en su biografía, por James Boswell (1740-1795). , 1890. (V.) 

El juego de la antítesis constituye aquí todo lo digno de admiración; la razón no gana nada con ello. Pero allí donde se trataba de cuestiones disputadas por la razón, no pudo su amigo Boswell extraer una sola sentencia que delatase el menor ingenio, a pesar de buscarlas tan incesantemente como en un oráculo; sino que todo cuanto exponía sobre los escépticos en materia de religión, o sobre el derecho de un gobierno, o simplemente sobre la libertad humana en general, venía a parar por obra del despotismo en sentenciar que en él era natural y estaba arraigado por haberse dejado corromper por los aduladores, en una vulgar grosería que sus adoradores gustan de llamar rudeza,*

*Boswell refiere que una vez que un cierto lord deploraba en su presencia que Johnson no hubiese recibido una educación más fina, dijo Baretti: "No, no, milord. Hubiesen hecho con él lo que hubiesen querido, siempre habría seguido siendo un oso". "¿Acaso un oso danzante?", dijo el otro, lo que un tercero, amigo suyo, pensó mitigar diciendo: "No tiene del oso nada más que la piel." 

pero que demostraba su gran incapacidad para unir el ingenio con la profundidad en un mismo pensamiento. También parecen haber apreciado bien su talento los hombres de influencia, que no dieron oído a sus amigos cuando le propusieron para miembro excepcionalmente apto del Parlamento. Pues el ingenio que basta para componer el diccionario de una lengua, (57)

(57) La obra más conocida de Johnson era un diccionario inglés (1745-1755). (V.)

no por ello alcanza a despertar y avivar las ideas de la razón que son necesarias para entender de asuntos importantes. La modestia entra de suyo en el ánimo del que se ve llamado a éstos, y desconfianza en sus talentos para no resolver por sí solo, sino tomar también en consideración los juicios ajenos (si bien sin que se note), era una cualidad que no hizo mella nunca en Johnson.

 

lunes, 6 de abril de 2026

Perspicacia

Una definición de la perspicacia que nos da Kant en su Antropología, sección sobre el ingenio comparativo y el ingenio argüitivo (A, Del Ingenio Productivo, §55).

Es agradable, atractivo y regocijante encontrar semejanzas entre cosas heterogéneas, y así, por lo que al ingenio hace, dar al entendimiento materia para hacer universales sus conceptos. El juicio, por el contrario, que limita los conceptos y contribuye más a su corrección que a su ampliación, es, sin duda, mencionado y recomendado con todos los honores, pero grave, riguroso y, respecto de la libertad de pensar, restrictivo, por lo cual no es atrayente. Las acciones y omisiones del ingenio comparativo son más que nada un juego; las del juicio, más un asunto serio. Aquél es más bien una flor de la juventud; éste, más bien un fruto maduro de la edad. El que une ambos en un producto del espíritu en grado eminente es perspicaz.

El pensamiento perspicaz sería, pues, aquél capaz de ver las analogías entre ideas o situaciones sin perder de vista el juicio que percibe las diferencias a pesar de la similaridad, o que es capaz de conjugar adecuadamente la proporción entre similaridad y diferencia. Sería una de las modalidades o dimensiones de la inteligencia, esa facultad tan vaga y abarcadora, a menos que no sea vaga y abarcadora la palabra "inteligencia."

Este asunto de dos modalidades de pensamiento, analítico y sintético, la facultad de discernir diferencias por un lado y percibir analogías por otro,  es una constante entre lógicos y epistemólogos, pero llega a una especie de frenesí hacia 1800, que es la época del texto de Kant. También eso lleva a releer de modo diferente los clásicos que ya habían apuntado esta cuestión. Algunos episodios significativos pueden verse en mi artículo "Conectando con Heráclito el Oscuro."

García Landa, José Angel. "Conectando con Heráclito el Oscuro." In García Landa, Vanity Fea 2 Dec. 2011.* (Connections; Analogies; Blending; Mark Turner; Samuel Johnson; Gracián).

         http://vanityfea.blogspot.com/2011/12/conectando-con-heraclito.html

En Turner y Fauconnier la capacidad del pensamiento humano para establecer analogías, a modo de herramienta de representación y fusión de conceptos, es distintiva y única, y una de las claves del funcionamiento de nuestra mente.

Algunos poetas metafísicos, poetas conceptistas diríamos en la tradición hispana, se preciaban de su capacidad para buscar imágenes, metáforas, comparaciones o analogías chocantes e inesperadas, juntando en una concepción sin precedentes ideas o impresiones aparentemente muy dispares pero que resultaban luego tener un poder expresivo inesperado, o dar lugar a una iluminación en la mente del lector, de tal modo que éste pudiese decir que estaba bien pensado, o bien visto, o bien expresado, y notar que había aprendido algo o percibido de modo más vívido o completo una idea, una sensación, una emoción.  De hecho, en uno de sus poemas reflexivos (o "artefactos autoconsumientes" como los llamaba un crítico), John Donne se preciaba de poder utilizar cualquier imagen para expresar por analogía cualquier otro objeto... lo cual nos lleva a una especie de límite lógico o reducción al absurdo de la analogía, cuando todo remite a todo, o todo puede ser imagen de cualquier cosa, o cuando la idea fija del poeta puede buscar su expresión con cualquier imagen, porque cualquier imagen va a remitir a ella. Es por cierto la experiencia de muchos enamorados apasionados, para los que todo el universo es su dama en clave. 

A éstos sin duda los consideraría Kant, cabeza fría y corazón frío él, un caso a analizar, caso significativo del poder de la analogía pero por supuesto caso patológico o extremado; no los pondría como ejemplo de perspicacia, que requiere el equilibrio difícil de ver las semejanzas y diferencias en su justo término. Diferente, todo es diferente, y si por una parte todo puede remitir a todo ("todo está interconectado") se trata de ver que no todo está interconectado por igual o en la misma medida, y que las cosas tienen unas con otras una relación más cercana o más remota. (En su comentarios sobre Platón, Gustavo Bueno vuelve una y otra vez a insistir en esta no relación por igual de todo con todo). Esta percepción de los grados de distancia o mediación también requiere perspicacia. 

El pensamiento evolucionista también requiere esta perspicacia, y siendo que hace derivar toda la realidad y sus fenómenos de unos pocos principios simples y casi indiferenciados, requiere especialmente de la perspicacia que permita apreciar cuáles son las vías que conducen de los diversos fenómenos a lo que tienen en común. 

martes, 4 de noviembre de 2025

De la pura apariencia moralmente permitida

 

Un pasaje un tanto dramatístico de la Antropología de Immanuel Kant. Es la sección 14 de la "Didáctica antropológica" (Alianza, 69-72).

 

De la pura apariencia moralmente permitida

 

§14. Los hombres son, ene general, cuanto más civilizados, tanto más comediantes; toman la pura apariencia de la afección, del respeto a los demás, de la modestia, del desinterés, sin engañar con ello a nadie, porque cada uno de los demás, con tal que no se apunte particularmente a él, está conforme, y está también muy bien que así suceda en el mundo. Pues al haber personas que representen este papel, acaban por ir despertándose realmente las virtudes cuya pura apariencia se limitan aquéllas a fingir durante un cierto espacio de tiempo, y llegan a influir en el carácter. Pero el engañar al engañador que hay en nosotros mismos, las inclinaciones, es a su vez un retorno a la obediencia a la ley de la virtud, y no un engaño, sino una inocente ilusión de que nos hacemos objeto a nosotros mismos. 

Por eso el sentir repugnancia de la propia existencia, por tener vacío de sensaciones el espíritu, que tiende incesantemente a procurárselas, o sea, por el aburrimiento, en el que se siente al par el peso de la inercia, esto es, del hastío de toda ocupación que pudiera llamarse trabajo y acabar con aquella repugnancia, por ir unido con molestias, es un sentimiento sumamente ingrato, cuya causa no es otra que la natural inclinación a la comodidad (a un reposo al que no precede ninguna fatiga). Pero esta inclinación es engañosa, incluso con vistas a los fines que la razón impone como ley al hombre, para estar contento consigo mismo, cuando no hace absolutamente nada (vegeta sin finalidad), porque no hace nada malo. 

Engañarla, por tanto, a su vez (lo que se puede hacer cultivando las bellas artes, pero las más de las veces por medio de la conversación) se dice pasar el tiempo (tempus fallere), expresión que indica el designio, a saber, de engañar a la inclinación misma al descanso ocioso, ya entreteniendo el espíritu con el cultivo de las bellas artes, ya simplemente interviniendo por mero juego sin finalidad en una lucha pacífica y cultivando al menos el espíritu; en caso contrario, se llamaría matar el tiempo. Por la fuerza no se ha conseguido nunca nada contra las inclinaciones sensibles; es menester burlarlas, y como dice Swift, darle a la ballena un tonel para jugar, a fin de salvar el barco. 

(Nota: Jonathan Swift (1667-1745), "Cuento del tonel" (V).)

La naturaleza ha implantado sabiamente en el hombre la propensión a dejarse engañar con gusto, incluso para salvar la virtud o llevar a ella. Las buenas y honradas maneras son una apariencia exterior que infunde a los demás respeto (no hacerse vulgar). Sin duda que la jovencita no estaría muy satisfecha si el sexo masculino pareciese no rendir homenaje a sus encantos. Pero la modestia (pudicitia), una violencia que la persona se hace a sí misma para ocultar la pasión, es como ilusión muy saludable para poner entre uno y otro sexo la distancia que es necesaria para no rebajar al uno al papel de mero instrumento del goce del otro. En general, es todo lo que se llama decencia (decorum) de la misma índole, a saber, nada más que una pura bella apariencia.

La cortesía (politesse) es una pura apariencia de condescendencia que infunde amor. Las reverencias y toda la galantería cortesana, junto con las más cálidas afirmaciones de amistad, no siempre son precisamente una verdad ("mis queridos amigos, no hay un amigo", Aristóteles,

(Nota: En la Ética eudemia, VII, c. 12: "oudeis filos, o polloi filot". Más exactamente concuerda con la cita de Kanta la frase de Diógenes Laercio, V, 10: "o filot, oudis filos" [¡Oh amigos!, no hay ningún amigo] (K.).

mas tampoco engañan, porque todo el mundo sabe cómo debe tomarlas, y principalmente porque estos signos de benevolencia y de respeto, inicialmente vacíos, conducen poco a poco a tener realmente un carácter de esta índole.

Toda virtud humana en el trato social es moneda de vellón; niño es quien la toma por verdadero oro. Es, empero, mejor tener en circulación moneda de vellón que carecer de un medio como éste, y finalmente puede cambiarse por oro puro, aunque sea con una pérdida considerable. Considerarlas como puras fichas de juego, que no tienen por sí ningún valor; decir con el sarcástico Swift: "La honradez es un par de zapatos que han pisado en la inmundicia", etc.

Nota: Op. cit.  (V.).

o como el predicador Hofstede,  en su ataque al Belisario  de Marmontel, calumniar incluso a un Sócrates,

Nota: Hofstede, profesor reformado-ortodoxo de Teología en Rotterdam, escribió una obra, El Belisario publicado por el señor Marmontel, juzgado (Leipzig, 1769), cuyo capítulo 23, "El filósofo griego Sócrates desenmascarado", provocó una viva polémica. (K.)

para impedir que nadie crea en la virtud, es una alta traición cometida contra la Humanidad. Hasta la pura apariencia del bien en los demás ha de sernos estimable; porque de este jugar con ficciones que imponen respeto, sin merecerlo quizá, puede salir a la postre una cosa seria. Solamente la pura apariencia del bien en nosotros mismos ha de borrarse sin compasión y ha de arrancarse el velo con que el amor propio encubre nuestros defectos morales; porque  la pura apariencia engaña allí donde lo que carece de todo contenido moral induce a figurarse borrada la propia culpa o a rechazarla y convencerse de no ser culpable de nada, por ejemplo, cuando el arrepentimiento por las malas acciones al llegar al término de la vida se pinta como una verdadera corrección, o una transgresión premeditada como una debilidad humana.

 

Russia Expects War