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viernes, 12 de diciembre de 2025

Caupolicán y la violencia vicaria

Tres textos sobre Caupolicán (o Teopolicán), jefe del alzamiento araucano contra los españoles en Chile, hacia 1558.

1) En su momento de gloria, según el soneto de Rubén Darío:

Es algo formidable que vio la vieja raza:
robusto tronco de árbol al hombro de un campeón
salvaje y aguerrido, cuya fornida maza
blandiera el brazo de Hércules, o el brazo de Sansón.

Por casco sus cabellos, su pecho por coraza,
pudiera tal guerrero, de Arauco en la región,
lancero de los bosques, Nemrod que todo caza,
desjarretar un toro, o estrangular un león.

Anduvo, anduvo, anduvo. Le vio la luz del día,
le vio la tarde pálida, le vio la noche fría,
y siempre el tronco de árbol a cuestas del titán.

«¡El Toqui, el Toqui!» clama la conmovida casta.
Anduvo, anduvo, anduvo. La aurora dijo: «Basta»,
e irguióse la alta frente del gran Caupolicán.

 

Más amplio y panorámico el soneto de Jesús Santos Chocano: 

Ya todos los caciques probaron el madero.
«¿Quién falta», y la respuesta fue un arrogante: «¡Yo!»
«¡Yo!», dijo; y, en la forma de una visión de Homero,
del fondo de los bosques Caupolicán surgió.

Echóse el tronco encima, con ademán ligero,
y estremecerse pudo, pero doblarse no.
Bajo sus pies, tres días crujir hizo el sendero,
y estuvo andando... andando... y andando se durmió.

Anduvo, así, dormido, vio en sueños al verdugo:
él muerto sobre un tronco, su raza con el yugo,
inútil todo esfuerzo y el mundo siempre igual.

Por eso, al tercer día de andar por valle y sierra,
el tronco alzó en los aires y lo clavó en la tierra
¡como si el tronco fuese su propio pedestal! 

 

Y terrorífico el tercero el final del capítulo CXXXVI de la Crónica de los Reinos de Chile, de Jerónimo de Vivar:

E teniendo aviso el teniente Alonso de Reinoso de la junta que se hacía, y que si esperaba ocho días se juntaría toda la tierra, y que al presente no tenía más de tres mil indios, apercibió a don Pedro de Avendaño con sesenta hombres y diole una india por guía. E saltó de noche e caminó lo más secreto que pudo. Llegó ya que amanecía al fuerte, y como los indios estaban descuidados y llegados los españoles de repente, luego huyeron los indios. Y en una casa prendieron al Teopolicán y muchos indios e indias. 

E viniendo por el camino acertó a encontrar una india que era mujer del Teopolicán e traía un niño de un año. Y como ella no pensaba que venía preso el Teopolicán e le vio, comenzó a decirle: 

"¿Cómo? ¿Tú eres Teopolicán, el valiente que decías que no te había de parar cristiano que no le habías de matar, y a ti alzaron por general de la tierra, que ansí te dejaste prender de los españoles? ¿Y parécete cual vas atado e que tenga yo hijo de un hombre tan cobarde como tú?" E lo arrojó de una cuesta abajo, e murió el niño. Cierto me parece grande ánimo y esfuerzo de mujer, e que la podíamos comparar aquella buena mujer cartaginesa que se metió con dos hijos en el fuego, porque el marido se había entregado a los romanos. E llevado el Teopolicán a la ciudad fue empalado. Y ansí pereció este mal indio tan enemigo de los españoles.

 

 

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Caníbales de Chile

Historias hay de canibalismo y de guerra suicida en Chile, durante los terroríficos años de la conquista—terroríficos para los conquistadores y colonos españoles, y todavía más para los indígenas. Según el relato de Jerónimo de Vivar en Crónica de los reinos de Chile. Es una lectura aconsejable para los críticos de la Leyenda Negra, que calibren lo que cuesta llevar a cabo la Obra Civilizadora, así como lo refractario del material humano...

 

Capítulo CXXVI

Que trata de cómo salió Francisco de Villagrán de la ciudad de Santiago para ir a socorrer a las ciudades de arriba

 

Habiendo oído Francisco de Villagran los embajadores de arriba, y habiendo repartido la moneda que dicho tengo, salió de esta ciudad para la Imperial a primero de noviembre del año mil y quinientos y cincuenta y cuatro. Llegó a la ciudad Imperial en fin de noviembre. Y visto por los indios que no se habían alterado que les había llegado socorro aunque eran pocos, comenzaron a quemar las comidas que alrededor de la ciudad había en las sementeras, que por este tiempo en esta tierra se coge el trigo. Esto hacían ellos pensando que por hambre se irían los españoles de la tierra, mas al cabo la peor parte les cae, y escomenzaron de alzarse de nuevo. Visto el general el suceso, enviaba caudillos a todas partes a hacelles la guerra.

Vinieron los indios en tan gran necesidad de comida en algunas partes que se vinieron a comer unos a otros. Y algunos más lo hacían de vicio e de bellaquería que no de falta de comida que tenían, porque se vio en un pueblo estar el marido y la mujer al fuego, y tener un hijo de año y medio, y con unos cuchillos que tienen de cobre y de pedernal cortaban del hijo y lo asaban y lo comían. Y viose más, en  en casa de un vecino una india comer de sus carne de esta manera, que se ataban dos cuerdas al muslo abajo y arriba, y del medio cortaba y comía. Y también se vido el marido a la mujer y la mujer al marido. Y ansí, andando los españoles por estas partes, se hallaban casas con cuartos colgados como carnecería y se vendían. Y para que no les hiciese mal, tomaron un remedio que lo cocían con aryán, y de esta arte no les hacía daño. Y comiendo les dio tan gran pestilencia, que lo uno con lo otro fue para desmenuirse en tal manera que faltan de tres partes las dos.

He querido hacer mención de esto porque es cosa admirable, y cierto no lo osara poner por memoria, si de ello no tuviera muchos testimonios. Y de comerse unos a otros no es de maravillar, que otra vez, según ellos dicen, se habían comido en tiempos pasados en que otra pestilencia y hambre había habido, de manera que quedó la tierra despoblada, y dicen indios antiguos, que de otra tierra de arriba se había vuelto a poblar aquella vez. En esto los tiene el demonio nuestro adversario, tan ensistidos, diciéndoles que ni más ni menos volverán a poblar como la otra vez pasada los mismos que mueren, y que no se les dé nada de morir, pues han de resucitar. Y como es gente de tan poca razón creen que será así. E con esto, cuando vienen a pelear con los españoles no traen otro apellido sino que "muera el que muriese", que poco se les da en ello con la mala y errónea que tienen que han de resucitar. 

(...) 

Segunda playa, tercera playa