King Kong
Los remakes tienen una bonita dimensión retrospectiva-intertextual, en
especial cuando están tan atentos no sólo a retomar la historia, sino a
homenajear a la película original (en lugar de ignorarla, que es otra
actitud posible). El remake nos hace ver cosas que no había en origen en
la primera película, pero que se han ido agregando a ella por el
trabajo de su recepción, de la crítica, y de la historia. King Kong era
un falso mito en los años 30 (aunque las raíces ya estaban allí,
claro...): setenta años más tarde la película, y el gorila, ya son un
mito auténtico. Cosas que no había, vemos. Y cosas que había, quedan
amplificadas, subrayadas, o atenuadas... la diferencia entre añadir y
subrayar no es absoluta. No me acuerdo muy bien del primer King Kong, y
no sé si tendré paciencia para volverla a ver (como si fuera Hitler). El
segundo (años 80) ni lo vi. Otros que hay no los conozco ni de oídas,
como se observará.
Mitos y textos y realidades que hay detrás de King Kong:
- King Kong
- El mundo perdido,
de Conan Doyle: la tierra fuera del tiempo, los dinosaurios, las tribus
primitivas coexistiendo con ellos... y el dinosaurio en londres de la
película que se hizo en los años 20.
- Indiana Jones, y la moda retro de las aventuras de los 30 (Tarzán, Las Minas del Rey Salomón, etc.).
Pero llevar al exceso a Indiana Jones, que ya llevaba esas aventuras el
exceso, es... un exceso. De ahí la sobreabundancia de tiranosaurios,
escolopendras gigantes, pterovampiros, y persecuciones y caídas
rocambolescas. Esto es circo, divertido, y admirablemente hecho, pero un
número cómico, básicamente.
- La bella y la bestia, claro...
más en general, la oposición sexual hombre / mujer, el dimorfismo
llevado al paroxismo, el hombre cuanto más peludo más hermoso, y la
chica que sea rubia, y con ropa interesante.
- Adán seducido
por Eva. Las mujeres nos traen problemas, nos sacan de la isla, y
también sacan el gorila de nuestro interior. Pero son tan guapas. Al
final resulta que la bella y la bestia van juntas, no hay una sin la
otra, nacieron para ser pareja, y por eso también en el espectáculo
teatral, y en los carteles, se los coloca como imposibles imágenes
simétricas. También hay una chica sola en la cima del Empire State.
- Polifemo y Galatea. Los cíclopes eran, para Vico, representativos del
primer estadio de la evolución cultural. Así pues, King Kong es también
nuestro cavernícola interior. Y es especialmente ciclópea la caverna
con osario, y la fuga en las barcas de los aqueos.
- Maridos
celosos, violencia de género; qué brutos, abusadores, barbazules: tienen
en el cíclope King Kong a su arquetipo. Pero King Kong se civiliza, no
como otros. Años de filmaciones de gorilas y de antropólogos
enseñándoles American Sign Language dejan huella también, y King Kong
casi habla con la nueva Fay al final, "qué hermoso".
- Caliban y
Miranda, en una isla de pesadilla, sin Próspero ni Ariel, sólo con el
galán y los marineros borrachos, que quieren exhibir a Caliban en la
civilización: "not a holiday-fool there but would give a piece of
silver. There would this monster make a man. Any strange beast there
makes a man. When they will not give a dolt to relieve a lame beggar,
they will lay out ten to see a dead Indian".
- Gulliver,
prisionero de su mono, primera imagen en Occidente de un humano diminuto
capturado por un simio gigante. Ahora la chica le hace monadas al mono,
como Gulliver a los de Brobdingnag; con el mono en persona Gulliver
chillaba como Fay Wray. Que era mona, por cierto (el mono de Gulliver
digo que era mona), y quería amamantarlo, ahí hay más sexo explícito.
También le da de comer asquerosidades que se saca de la boca; si King
Kong hiciese eso, la nueva Miss Darrow lo encontraría menos seductor.
(Otra con mono violento: "Los asesinatos de la Rue Morgue" de Poe).
- También en las Mil y Una Noches
hay un demonio gigante y celoso, con una diminuta esposa infiel que le
hace bailes... El ogro de los cuentos suele estar casado con una señora
normal, cosa que yo no entendía nunca.
- También es King Kong
el macho subido de testosterona (el cíclope otra vez, falo
personificado, claro —el cíclope es un gigantesco pene en erección que
no atiende a razones, no ve las cosas estereoscópicamente sino con una
idea fija). Por eso King Kong se sube a un rascacielos,
contraste/identificación entre el macho primigenio y el falo pétreo del
imperialismo americano, el capitalismo que penetra hasta lo más hondo de
la selva y de los espacios cerrados. Bueno, fálico, pero no tanto; al
final King Kong resulta ser sentimental como el dramaturgo
existencialista. El sexo sólo es simbólico; a nivel de presentación
superficial el gorila es viril pero casto. En cambio sí vemos pollas
gigantescas y voraces surgir del barro y comerse a los exploradores.
Aunque la escena es cómico-repulsiva, en estas pollas-vagina dentata
también sale el inconsciente de la película a relucir... su versión
histerizada de la dicotomía de los sexos. En Ingagi (vía
BoingBoing), otra de gorilas de 1930, el sexo era explícito, y hasta
nacían híbridos (de gorila y africana; con las blancas no llegaban a
meterse).
- Sansón y Dalila. La fuerza derrotada por la belleza. En
la película de Peter Jackson, muy deliberado, al hacer que Sansón esté,
aunque no ciego, sí encadenado a las columnas: y derrumba el templo de
los filisteos. Los filisteos somos nosotros, claro: la vulgaridad y
autocomplacencia de los años 30 continúan casi sin interrupción visible,
en la misma sala de proyecciones en que vemos esta película. King Kong
destroza el patio de butacas, continuación del nuestro, y casi parece
que viene a por nosotros. Nos lo merecemos. Pero estamos a salvo,
monstruo, jaja -- a menos que explote una bomba en el cine (King Kong
como el pánico urbano de masas, el terrorismo o revolución latente).
- Darwin. La distancia entre el hombre y el mono es menor hoy que en
los años 30, pero ya los mundos perdidos de principios de siglo XX
partían de un cierto interés por la evolución.
- El último
mohicano. Contempla el crepúsculo de los dioses desde la isla, desde el
Empire State, un mundo que lo desplaza. Por cierto, esta vez vemos que
no era un caso único, sino el último de su raza, vemos las osamentas.
Cementerio de los elefantes, dignos animales frente al innoble
explorador-mercenario-comerciante-director de cine, que hace negocio
trivializando el mito, a la vez que se flagela a sí mismo. Hacemos cine
de masas, y a ellas nos debemos.
- Heart of Darkness. "No,
Jimmy. No es un libro de aventuras". Pero la película sí, aunque también
haya aventuras a los abismos interiores. King Kong también es una
especie de Marlon Brando, o vice versa.
- Moby Dick. la
persecución del animal mítico y gigantesco, inocente y cruel a la vez
("Dick Kong: The Moby"). No hay Ahab, sólo una especie de Orson Welles
obsesivo y timador. Pero sí hay un cierto Pequod, con su comunidad
multiétnica.
- Los negros. Empezamos con negritos bailando
(genial la recreación del Nueva York de los 30, la depresión y los
últimos coletazos del music-hall). Luego se invierten los papeles de
negro y blanco, con el nuevo Queequeg a bordo del Pequod: el
contramaestre negro ha recogido a un blanquito que lo idolatra, Jimmy;
es su bwana negro. Totalmente siniestros son los nativos, al estilo de
los 30, sin concesiones a la corrección política. Estos son negros de
tam-tam e ídolo sangriento donde los haya, buenas piezas para el rifle
del blanco. Claro, estamos en los años treinta, la película así (more
postmodernista) a la vez señala a lo que critica en los 30, lo ve con
distancia, y también lo reproduce; es una imitación de una peli barata
de aventuras y también es una peli de aventuras barata (bien cara, por
cierto). Podemos permitirnos el lujo de masacrar otra vez a Gagool, es
intertextualidad. Pero a lo que iba: el negro mayúsculo es King Kong; en
los años 30 aún es la pesadilla postesclavista, quizá ya se intuían los
derechos civiles; desde luego Manhattan se les había llenado de negros.
En las películas de Hollywood, y de post-Hollywood, como ésta, los
negros representan el contacto con las fuentes de la vida y de la
autenticidad, lejos de las falsedades e indirecciones de los blancos.
King Kong es pues el negro monumental, no es Copito de Nieve, no —aunque sí es el monumental gorila meditabundo del zoo de Madrid. Hasta aquí ha
llegado mi pueblo, y qué puede hacer un hombre en esta situación. En
Hollywood, el negro muere.
- La chica reconoce la
autenticidad de King Kong. Y del dramaturgo intelectual, que es el
guionista (¡pero si el guionista nunca se lleva a la chica!). Entre el
hombre hipercivilizado y el monstruo está la elección. Menos mal que el
guionista, contra toda probabilidad, también es heroico. Tras la caída
de Kong su espíritu ha pasado sin duda al dramaturgo-guionista que besa a
la chica.
- Y el espectador... el espectador está, como digo,
en la posición del filisteo; es el que contempla a King Kong convertido
en espectáculo de feria, o que paga para ir a ver al indio muerto, o al
gorila de Madrid, o que se hace fotos junto al cadáver del monstruo,
después de haberse proyectado un rato sobre él. Ya el alma deja el
cuerpo del gorila y vuelve al nuestro, deseamos nuestra propia muerte al
final de la vida, sobre todo si no hay otra salida; la película puede
terminar.
King Kong el mito seguirá creciendo, o encogiendo, según manden los cánones de la época. En cuanto a los auténticos King Kongs,
Pas de comeback
Aucun remake
Faut faire avec...

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