Publica hoy El País la "propuesta" que el gobierno dará a conocer al Consejo de Coordinación Universitaria la semana que viene, introduciendo nuevos cambios en la reforma de las carreras universitarias (PDF aquí, en el redsitio de AEDEAN). No publica El País cómo "ha tenido acceso" a esa información, noticia que también tendría su miga. Las novedades son muchas, y contradicen en varios puntos a las reformas propuestas, a veces con muy mal criterio, por las comisiones de trabajo de la ANECA y del Consejo de Coordinación Universitaria. Aquí van algunas:
- Reaparece, o no desaparece, el título de Licenciado en Filología Inglesa, tras una anunciada desaparición que me ha hecho despotricar mucho, por una falsa alarma según parece. Aunque habría que ver qué efecto han tenido las reacciones negativas que hubo en la profesión y en la prensa a la desaparición de este título. Es un título más cortito que el actual, pero (al menos por lo que trasluce en este documento, que habrá que ver si contiene información totalmente fiable) no cambia su denominación ni su orientación.
- De hecho, se renuncia a introducir la denominación "grado" para el título de primer ciclo universitario, y se mantienen los actuales de "Licenciado", "Arquitecto", "Ingeniero" y "Maestro" (quizá se introduzca "médico", y es que los médicos no quieren ser licenciados, jeeje, ya se sabe, todos son "doctores"...).
- Se sigue haciendo caso omiso, al parecer, a la petición masiva de los departamentos de Filología Inglesa, y la ONG AEDEAN (Asociación Española de Estudios Anglo-Norteamericanos), solicitando un título en "Estudios Ingleses" en lugar de "Filología Inglesa". Aquí le alabo el gusto al gobierno, por razones que ya he expuesto otras veces. Ay, profesión, profesión....todo pseudo-lingüistas, o pseudo-literatos, o pseudo-cineastas, o pseudo-pedagogos, o pseudo-críticos culturales, pero filólogos por ningún sitio. En su congreso de diciembre la AEDEAN volvió a solicitar la inclusión de un grado "en estudios ingleses" en el catálogo de grados; supongo que sus expectativas se han cumplido a medias; en cuanto a mí, esta propuesta del gobierno, si se lleva adelante, desbordaría mis previsiones más optimistas.
- Al parecer, los actuales licenciados no podrán acceder al Doctorado sin hacer 60 créditos en cursos de Máster (aunque se mantiene esa curiosa flexibilidad que permitirá a alguien doctorarse sin haber alcanzado el título de Máster, y ni siquiera el de Licenciado).
- El encabezamiento de la noticia es novedad: Los universitarios tendrán que hacer un proyecto de fin de carrera con una exposición oral.
- También es novedosa en esta propuesta, o proyecto, o dictamen, la separación de los tres primeros años de carrera (formación académica) del cuarto (formación práctica); el acceso a un título propio de cada universidad, no oficial, tras esos tres primeros años, y el requisito de que los dos primeros años sean comunes en toda España para cada carrera. Vamos, que esto último me cuesta creerlo, me tendré que releer el Estatut a ver si dice algo al respecto.
- Se mantiene el estilo de redacción pedorro-burócrata en un punto: las especialidades se llamarán "menciones" (Aaagg. ¡Por favor...!). "Ingeniero Aeronáutico, Mención Máquinas y Motores." Y no es una parodia, estoy citando de El País. País....
- Se prevé que las directrices propias generales para cada título estén listas en 2007, y que las universidades los implanten en 2008-9. Bueno, si se ponen las pilas... Desde luego, práctica ya tenemos de reformar los planes de estudio. Aunque esta reforma se supone que va a ser más en profundidad, orientada al "aprendizaje" y no a la "enseñanza"... Ya veremos cómo se regula la evaluación de ese "aprendizaje". De la supresión por decreto del fracaso escolar aquí no se dice nada, desde luego.
- Y, volviendo a nuestras titulaciones filológicas, se introduce en efecto Lenguas Modernas, combinando dos lenguas, pero como alternativa a las Filologías, no suprimiéndolas. (¿A ninguna?). Me gusta, pero pasa tan sumariamente el periódico por encima que caben dudas sobre el alcance y la fiabilidad de la noticia.
En conjunto, una reforma de la reforma que lima sus peores excesos, y resulta muy razonable, sobre todo comparada con esas propuestas peregrinas que han barajado a veces nuestros supuestos representantes. Bienvenido, pues el despotismo ilustrado de esta propuesta del gobierno ("que tendrá la última palabra"), qué remedio, mejor desde luego que la supuesta democracia del Consejo de Coordinación Universitaria, sobre todo cuando sus expertos se han lucido de tal modo con propuestas de reforma o desmantelamiento de las humanidades que eran auténticamente vergonzosas.
A ver si la semana que viene no tengo que retirar todo lo dicho...
(...porque sale la ministra hablando sobre la reforma en el Telediario, y de lo que anuncia El País no dice pero nada nada... más bien lo contradice. Ni licenciaturas ni porras. En fin, que esto está todo en el aire según parece, y no se están aclarando ni ellos mismos).
(PS: Según Terra (vía Fírgoa) la ministra "aclaró que ’nunca ha existido ninguna lista de supresión de titulaciones’ ya que aseguró que ’nuestro país no va a dejar de formar nunca a personas en todas las áreas para las que tenemos profesorado formado para dar esa cualificación’ y sobre las que existe ’un interés académico y profesional’." Hale ya. O sea que nunca ha habido intención de suprimir titulaciones. Esta señora mejor haría en empezar a aclarar la confusión existente, en lugar de aumentarla negando lo que hemos tenido delante de las narices todo el año 2005. Qué vergüenza, o qué poca vergüenza más bien).
(PS: Por cierto, no sé si dije que de los dos másters en que iba a participar mi departamento, sólo ha salido adelante el de Estudios Textuales y Culturales en Lengua Inglesa de momento, el de la mención de calidad. El otro, el de Traducción, que proponía no el Departamento sino la Facultad de Filosofía y Letras, quedó en el estante de atrás, y ahora se está pensando proponerlo como estudio propio de la Universidad de Zaragoza).
Ya se terminaban las vacaciones en ese piso, aquel día hacíamos las maletas. Era un lugar bastante ajetreado no sólo por el vecindario del inmueble (mucha consulta de médicos, hasta una clínica) sino también porque en el piso entraba de repente, por la terraza, gente que pasaba de la terraza del edificio de al lado, a veces caribeñas, esta vez una chica blanca y de aspecto serio y meditativo. Era un prostíbulo, o más bien la residencia asociada al prostíbulo, y las chicas se pasaban por la terraza para bajar por nuestra escalera y esquivar así a los guardianes que tenían apostados en la otra escalera. Yo acompañaba a ésta a la puerta, le preguntaba por qué salían, me decía que para hacer horas extras por cuenta propia. Luego me aclaraba que la juventud era una cosa muy viciosa, y que en realidad lo hacía por afición. Yo me preguntaba con cuántos hombres se iba a acostar esa misma mañana, pero al dejarla en el rellano veía que en realidad llamaba a la consulta del médico de enfrente, que decía "Ligaduras de trompas". Al volver a la cocina, estaba mi mujer preparando ya unas fiambreras para el viaje. Me decía que le pelase unas patatas, para hacer una tortilla, y yo abría una bolsa (no sé si las vamos a aprovechar todas, pensaba). Miraba por la ventana de la cocina a las ventanas de enfrente, por las que se veían los pasillos de la clínica, era un piso como el que teníamos, pero aún más amplio, los pasillos parecían anchos, tranquilos, y hacían un efecto óptico como de caminos soleados que se perdían en la distancia en un jardín, realmente bonito. Iba pelando patatas y de repente me da un vuelco el corazón, porque una de las patatas empezaba como patata pero terminaba en unos bultos que resultaban ser los dedos de un pie humano, con uñas y todo, y carne, apenas un poco deforme (el dedo gordo era demasiado largo y fino).
- Puaj, ¡qué asco!, ¡mira qué horror, qué me ha salido aquí!
- ¡Huy por Dios, pero qué es eso, madre mía!
- Uéeeggggg...... (dice Álvaro)
Lo tiraba al cubo de la basura, que estaba ya medio lleno de mondas.
- Si es que es un asco, son patatas transgénicas, ésta y las demás seguro que también, todas vienen del mismo sitio. Ahora ya no sabes lo que compras.
- ¿Pero cómo es que las hacen transgénicas con genes de personas? Si eso es, no sé, casi como canibalismo, ¿es que no tienen otros genes para ponerles?
- Pschá, pues me imagino que será una cosa de lo más patatera, estarán ahí en el laboratorio, y se quitan un trozo de cutis, y lo ponen ahí, lo que tienen más a mano supongo... Oye, pero esto mejor no lo vamos a tirar, Álvaro, anda, saca la patata ahí de la basura, que le vamos a hacer una foto.
- Ya, ¿y por qué yo?
- Anda, qué más da, ya la saco yo, mira, total ya la he tocado antes. Venga, hacerle una foto, que mientras yo me voy a preguntar a algún médico de estos a ver si les interesa para estudiarla, yo qué sé.
Salgo al rellano de los ginecólogos, y entonces pienso que igual en la clínica hay alguien que estudie estas cosas, o que conozca a alguien de la Universidad que esté en estos temas, además me atraía la idea de entrar allí, y andar por esos pasillos que veía por la ventana. Entro en la recepción de la clínica pero ahí era muy distinta la cosa, un bullicio de mucho cuidado, sobre todo alrededor de la mesa central con los recepcionistas. Voy a pasar un poco de estrangis, pero un recepcionista con aspecto un poco magrebí, de unos cincuenta años, me llama, que no puedo ir allí sin cita previa, que si tengo cita previa. Le intento explicar que sólo quería pasar un momento a preguntar si alguien estaba interesado en... (¿patatas transgénicas? - No.) Mejor le digo en anatomía patológica, o en malformaciones... ¿o quizá en genética? Me dice que sin cita previa no hago nada, le digo entonces si le podría dejar un mensaje a ese médico (sea quien sea). - ¿Un mensaje?, dice - (¿Una pequeña bolsa gris o negra, con un pie fiambre dentro, o una patata con dedos, pienso yo?). Insisto, podría sólo asomarme a hacer una pregunta, ¿quién trabaja en genética? - El doctor Servet. - Ah, ya, sí, me suena... (sin duda descendiente del famoso... hay que ver cómo se perpetúan las dinastías de médicos, todo asunto de familia). Sorteando mucha gente, me asomo un momento a la consulta del Dr. Servet, está reunido, espero delante viendo gente paciente haciendo tiempo, niños que se entretienen, como yo, mirando una vitrina donde se exponen fósiles. Servet no sale, pero envían a preguntar por mí a un médico grandullón, con prisas, casi jadeante, con pintas de Liam Neeson, le cuento lo de la patata, si les interesa. Se entusiasma, "¡Por supuesto, por supuesto! ¡ha hecho muy bien en venir! Esto tiene mucho interés, espere un momento, por favor." Mientras entra a consultas, pienso en el hipotético precio de la patata: "no, no, no quiero nada, a mí no me interesa, si además la iba a tirar; se la doy sin más, por supuesto" otros sacarán tajada, me temo. Sale Neeson, sigue acelerado pero un poco alicaído, - "Me dicen que han salido bastantes casos últimamente, pero tiene mucho interés, un pie, le acompañaré". Pero por fin no me acompaña él, sino una médica, francesa, también de buen tamaño. Pasamos a nuestro piso, donde están con la patata en el suelo, casi parece una mano cortada, pero la sorpresa resulta ser que Beatriz conocía a la médica, ¡era su vieja amiga Marie-Paule! Vaya, esto sí que no me lo esperaba, Marie-Paule... (yo no la había visto nunca). No perdía yo comba, sin embargo, y aprovechaba para concluir con la siguiente frase:
- Les coïncidences excessives sont, en littérature, un procédé suranné.