Etnicidades
Este fin de semana han caído visto dos películas sobre etnicidades, Crash y La Pantera Rosa. Bueno, vale, una más que otra.
En
Crash, el director saca a relucir las cosas que piensan y normalmente
no dicen los americanos sobre las características étnicas y políticas de
grupo de las distintas comunidades estadounidenses; bueno, lo que dicen
entre ellos pero (in mi experiencia al menos) cuidan muy mucho
normalmente de decir en presencia de nadie de otra etnia. La diferencia
es que en esta película no se cortan, con lo cual vemos una realidad
filmada de modo realista pero con comportamientos un poco surreales a
veces. Algunos de ellos encasillados en sus actitudes e incapaces de
cambiar; varios de los personajes cuyas vidas se entrecruzan aprenden
sin embargo una lección, normalmente tras enfrentarse a una situación
límite. Y uno de los personajes, el policía joven que creía no ser
racista (o por lo menos creía ser menos racista que la mala bestia de su
colega), descubre para horror suyo que era tan capaz como el que más de
cometer un homicidio por sus prejuicios racistas. Recoge a un
autoestopista negro y acaba dándole un tiro de puro miedo tras una
discusión. (No sé si hay una historia gay mezclada aquí: ¿podría ser?).
Así se cumple la profecía del colega borde, cuando le dice que no era
mejor que él. Y se demuestra la tesis de la película: que el racismo y
la suspicacia son inherentes a esta sociedad multiétnica, que van más
allá de las buenas intenciones o malas de los personajes y de su
"política" explícita -- aunque la grosería gratuita de muchos haga
suponer lo contrario a primera vista. Por contra, se nos hace ver cómo
el poli malo salva a la misma negra (bueno, negra por decir algo) a la
que había humillado a conciencia. Eso tampoco lo convierte en poli
bueno, claro, aunque la cámara lenta parezca querer sugerir algo en esa
línea ("cerdo racista pero buen (a) gente en realidad"). Hay que
consolarse con que un negro criminal no llegue (al recordar sus raíces) a
vender a un grupo de asiáticos como esclavos cuando se le presenta la
oportunidad. Por cierto, que el único blanco que lo trata como a un
igual (en el crimen) es el mafioso que le intenta convencer para que se
los venda: allí no hay lugar para sensiblerías, parece decirle. Pero ni
aun queriendo lo puede tratar como un igual, porque el negro lleva su
historia a cuestas, quiera que no, y se niega a vender esclavos. (Je,
será que no es de la línea pro-africanista, porque andá que los
antepasados africanos no vendían esclavos ni nada). Eso sí, los llama
"jodidos chinos", la política verbal aquí desde luego no la cuida nadie
mucho. Menos mal que en la América real no andamos a este nivel de
indiscreción y hay un poquito más de hipocresía, que si no...
Y
luego La Pantera Rosa, con sus fgansesés con acsentós... La solución
final del caso viene para Clouseau cuando recuerda lo que el espectador
había interpretado como una escena cómica, y lo era. Había salido
Clouseau entrevistando a una abuela china que le habla en chino, y él
finge entender; esto se retoma en flashback, y nos sale subtitulado lo
que la china decía, y vemos que Clouseau en efecto entendía chino, como
había proclamado. Esto si que es humorístico, claro, aún más que fingir
saber chino: que un occidental, en efecto, sepa chino. Humor
surrealista. Pues acabamos de pasar en el mundo los seis mil quinientos
millones de habitantes, y uno de cada cinco es chino. Pronto uno de cada
cinco aquí.
Aún me acuerdo de esos tiempos, no tan lejanos, en
los que se decía que los españoles no somos racistas. Me parece que a
nadie se le ocurre ya repetir esas cosas; en lugar de eso estamos
aprendiendo la hipócrita y prudente discreción sobre etnicidades que tan
ensayada tienen los americanos.
(PS: Vaya, observo que triunfa Crash en los oscars: debe ser el optimista mensaje de reconciliación que transmite tras un duro planteamiento inicial. Si ya lo decía Jameson —Fredric, no J.J.: la función ideológica de la narración es dar soluciones imaginarias a problemas reales...).
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