Estatut y globalización
Con la aprobación del nuevo Estatut de Cataluña se ha cambiado
por la puerta trasera el modelo de Estado. La negociación ha tenido
lugar en ese lugar donde la democracia pierde su honesto nombre: en
reuniones a puerta cerrada de los líderes de los partidos, y llamadas al
cierre de filas y al punto en boca a los numerosos militantes del PSOE
que no están de acuerdo ni con el cambio ni con la manera en que se ha
llevado a cabo. Pero han aceptado callarse, ¿no? Y van a seguir votando a
su líder, ¿no? Pues eso. Se hace la democracia con lo que hay en ella,
incluidos los feudalismos y espíritu corporativista, que son de este
mundo y no se van a ir. Por las puertas traseras se hace mucho trajín;
claro que como se viene haciendo uso exclusivo de ellas las
instituciones de representación, el Congreso y el Senado, se vuelven
cada vez más en un frontispicio decorativo donde los supuestos
representantes sólo dicen "sí bwana" a las decisiones previamente
tomadas por lobbies y reuniones entre caballeros. Un sistema más
presidencial, o monárquico (siendo el monarca Zapatero) que
auténticamente parlamentario. Pero son servidumbres del sistema
partidista, que desde luego los partidos no están dispuestos a cambiar
desde dentro, por lo que parece.
La solución dada al asunto de
la "nación catalana" es obviamente transitoria, y está esperando a la
siguiente vuelta, cuando se haya hecho más trabajo (todavía) de
atrincheramiento de lo catalán en lo catalán, para terminar de nivelar
"nacionalidad" y "nación" en más terrenos. De hecho el gol ya estaba
marcado con el término "nacionalidad" en la Constitución, y con la
política de vender competencias a cambio de votos que se ha llevado
durante las últimas décadas, tanto por parte del PP como del PSOE. Y,
más aún que la venta de competencias, la renuncia a ejercer competencias
propias o salvaguardias de derechos que pudiesen ofender a los
nacionalistas. Es lo que ha pasado en asuntos de política contra el
terrorismo en el País Vasco, y de la política lingüística tanto allí
como en Cataluña. La terminología es importante, como los demás
símbolos, y aquí la cesión terminológica y simbólica ha sido constante
(la renuncia a la guerra de las banderas, por ejemplo, donde también se
incumple la ley sistemáticamente). Y ha ido a la par, claro, con la
cesión de políticas y fondos del Estado central a las autonomías. La
dirección está clara, y no va a cambiar.
Algunos aspectos de
este proceso son más democráticos. Por ejemplo, los dineros de los
catalanes, como desean los catalanes, se quedarán en Cataluña. No se les
obligará a ser solidarios en contra de su voluntad, y eso sí que es
respeto a la libertad de elección (presupongo aquí, por simplificar, que
los políticos catalanes llevan a cabo las políticas que desean los
catalanes). La periferia española, exceptuando Madrid, tiene más
población que el centro; y la costa mediterránea, turística, obtiene más
ingresos que el centro/sur, o el noroeste. Por tanto es de prever que
los políticos del PP de esas comunidades (como ya hace Piqué) se subirán
pronto al carro de "lo nuestro para nosotros" si les interesa mantener
los votos y la fidelidad de los lobbies locales (que les interesa). En
Madrid aguantarán mecha a título simbólico, sujetando Ejpaña, pero a la
larga pasará a aplicársele el mismo principio. Porque lo que se juega
aquí, con mucha agitación de banderas y de sentimientos, tiene mucho que
ver con una marea de fondo mucho más poderosa aún: la globalización.
Desde el punto de vista de la globalización, no hay naciones ni
repartos solidarios que valgan: hay dos países, que son la ciudad y el
campo. El campo, a dedicarse a la agricultura industrial, o
subvencionada mientras aguante el lobby; la ciudad, a seguir absorbiendo
población y recursos. Los recursos generados en la costa se invertirán
ahora en potenciar las infraestructuras de transportes, abastecimientos
(agua, etc.), urbanización y servicios sociales de la costa. Al estar la
costa más poblada, también es una opción más democrática, menos
nacionalista, en cierto modo. Lo que es nacionalista es construir
autopistas en Teruel, o en Salamanca, con los fondos de los catalanes.
Oía decir a una señora de Castilla-León en la radio, "Yo estoy de
acuerdo con los catalanes, que piden lo mejor para su comunidad, ójala
tuviésemos políticos que consiguiesen lo mejor para nuestra
comunidad".... Ah, pero es que lo mejor para unos no es lo mejor para
otros. Los catalanes tendrán más justicia para ellos, gastando en
Cataluña sus dineros; pero la España rural se seguirá despoblando por
falta de servicios, de comunicaciones y de una política estatal decidida
a forzar un equilibrio entre territorios aplicando presiones contrarias
a la marcha de la economía. Y la economía lleva a rastras a toda la
parafernalia ideológica-nacional-institucional, como bien veía Marx.
Vamos a menos España, y más Urbanización; porque los territorios están
desequilibrados, y ahora eso se reconoce un poco más, y se acepta. Pero
eso no es sólo nacionalismo. Es globalización, que es la plataforma
móvil en la que los políticos montan sus tablados, y con el movimiento
de banderas y la acción de la escena no nos fijamos cómo el suelo mismo
se va desplazando.
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