Hago un corralillo
Querido Equis:
Me alegro de volver a saludarte, aunque
evidentemente no por la ocasión de esta carta. Eres de las personas de
nuestra profesión que me van dejando invariablemente buenos recuerdos, y
conforme avanza la carrera (vital) de uno, es un número siempre
decreciente, ya se sabe. Por aquí vamos todos bien, y más en junio que
es mi mes preferido, creo. Estoy un poco en standby, aunque igual no doy
esa impresión por los mails airados que de vez en cuando dirijo a la
colectividad de anglistas, despotricando por el desmantelamiento de
nuestra especialidad. Y la respuesta de los especialistas me lleva a
pensar que no hay un consenso generalizado de que no haya que
desmantelarla; por algo será, jeje... Un poquito lamentable todo esto.
Ahora
que para lamentable el asunto este del mangoneo que hubo en la
oposición a la que te presentaste. Cuando te toca de cerca una acción de
estas de poner los árboles antes que el bosque, o el corralillo que
dice el Koala antes que la ley y que la disciplina académica... esas
actitudes son las que llevan, poquito a poco, al ambiente
autodestructivo que hay en la profesión a nivel nacional.
Siento
muchísimo que te haya pasado, porque estos disgustos adquieren (somos
así de limitados los homo academicus) un coste psicológico
desproporcionado en la atención y las motivaciones del opositor o
concursante, y las cosas importantes de la carrera (que son las que nos
llevaron a emprenderla) pueden pasar a un segundo plano por la atención
que dedicamos a las actuaciones mezquinas de los demás. Procura que no
te pase, es lo más importante, que no pierdas de vista lo que te motiva
en esta actividad a la que hemos elegido más o menos dedicarnos: que no
se te estropee el entusiasmo por ese lado, por favor.
Me resultó
curioso enterarme del resultado "con bronca incluida" del concurso,
porque es necesario conocer cómo actúan en otros ámbitos la gente que
sólo conocemos a veces por su lado amable, quizá porque no nos han
tocado en ningún tribunal de pincha y corta. Es información útil, desde
luego. Los mangoneos que hubo en puntuación, priorizaciones indebidas,
etc., parecen lo bastante objetivables como para que surjan serias dudas
sobre el proceder del tribunal a cualquier persona no directamente
interesada en favorecer uno u otro resultado.
Y a eso voy ahora,
cuando paso de darte ánimos, la razón, etc., para echarte una pequeña
bronca o reconvención. Bueno, dejémoslo en consejo. Dices que no vas a
recurrir la decisión del tribunal. Pues yo te digo que deberías, qué
digo, que DEBES, y eso por varias razones que ya se te habrán ocurrido
pero que por lo visto has apartado de tu mente; mal apartadas, a mi
juicio, y por eso me permito recordártelas.
- Para que no se falseen los procedimientos administrativos y se elija al mejor candidato.
-
Para que en el siguiente concurso vayan al menos avisados y con
prevención de que puede ser recurrido, y así quizá no salga perjudicada
injustamente otra persona.
- Para que haya una oportunidad
(mínima, casi inexistente, conociendo la Universidad, es cierto) de que a
quienes han actuado mal se les paren los pies (no voy a decir se les
reconvenga o se les abra un expediente... pues no sufro de delirium
tremens, y sé que eso jamás pasaría en la Universidad a quienes
mangonean en un tribunal con el destino de puestos y fondos públicos).
-
Para que, aunque la comisión de garantías, o el Rector, o quien sea, en
su universidad, no les pare los pies, por lo menos se conozca fuera del
circulito, y con recursos de por medio, la manera de proceder de ese
departamento y esa comisión. Eso siempre es pedagógico y crea imagen, la
merecida.
- Para tu propia tranquilidad de espíritu. Pues
(aunque aquí es posible que me equivoque, tampoco te conozco tanto) es
importante para superar una historia de estas bien superada el hacer
todo lo que esté legalmente posible en tu mano para hacer valer tus
derechos. Lo contrario es tirar piedras sobre tu propio tejado.
Créeme,
o dime si no que me meto donde no me llaman, pero es muy importante que
presentes un recurso al Rectorado sobre este asunto. Sin temer llamar a
las cosas por su nombre: prevaricación a la prevaricación, ignorancia a
la ignorancia, mala fe a la mala fe, etc. Y hazlo con un abogado.
Ojo
con los abogados, que, en mi experiencia, tienden a echar un tupido
velo de palabrería sobre estos asuntos, quitándoles hierro y procurando
rebajar a "cosillas" los alegres falseamientos de criterio profesional y
las desenfadadas desviaciones de fondos públicos que se dan en estos
casos, bajo el blindaje de la "discrecionalidad técnica" de las
comisiones. Pero un abogado te puede ayudar para que no te suceda lo que
a mí en un caso parecido: que por tecnicismos muy al pelo, el Rector
decidió que las decenas de denuncias que le envié no llegaban a
constituir un recurso, y se refugió, aliviado y cobarde, en el silencio
administrativo.
Así que, repito, es necesario que presentes un
recurso, y que lo hagas con un abogado. El Rector o la Comisión en
cuestión desestimarán el recurso, como suelen de modo prácticamente
invariable (por no abrir innecesariamente a su juicio ningún can of
worms, cuando pueden tener una universidad tan repulida a su juicio).
¿Tener que contemplar la posibilidad de tergiversaciones,
manipulaciones, con las medidas que debería conllevar eso...? Buénooo.
Ningún rectorado le va a hincar el diente a semejante barra de turrón de
Alicante: se lo pasan empaquetadito y sin abrir a alguien que no sea de
los colegas. Así que es importante que entonces no desistas y que
tengas preparados ya los papeles para presentar la cuestión a un
contencioso administrativo.
Sé que todo esto suena desagradable,
especialmente si ya es the return of the repressed y lo habías
considerado y desestimado. Sin embargo, y confiando en que hay datos
objetivables que pueden apoyar el recurso, creo que es lo que tienes que
hacer. Por tí mismo como parte menos interesada, pero sobre todo por
civismo y por obligar a la Administración a que sea lo que habría de
ser. Al menos en la medida en que esté en tu mano. Y por jorobar,
hombre.
Confío en que hagas lo más acertado, y que, en cualquier
caso, no dejes que esto te ocupe más minutos de los que debería. Y que
me disculpes si te digo algo que te pueda molestar, porque mi intención
era sólo darte mi mejor consejo ... ¡admonitio non petita, ya lo sé!
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