Un poema de Gerardo Diego, de Cementerio Civil (1972).
FUEGOS FATUOS
¿Cómo son los fuegos fatuos?
Yo nunca los vi.
¿Seré yo alguna noche
un fuego fatuo —ay— de mí?
Que la tierra es cementerio
yo lo sé
desde que vuelo de noche
inclinándome de ala,
sacando uñas, ruedas, garras
—aprieten los cinturones—
y abajo verdes, moradas,
las luces de las balizas
aluden a las cenizas
sepultadas.
El aire es para vivir,
la tierra para morir.
Desciñan los cinturones.
Y el alivio de pisar
y pesar
sobre el opaco cemento,
memento,
cerrazón de cementerio.
El aire para volar,
la tierra para enterrar
y sin saber para qué
el misterio de la mar.
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