Las Vírgenes Vigilantes
A mí me da mal rollo hablar por teléfono. Así que no comparto la opinión de Proust, que hace un siglo, en 1907, decía en Le Figaro
que leemos sólo porque no podemos estar siempre telefoneando a "l'amie à
qui nous avions le désir de parler". Hoy, con la sobreabundancia de
medios, sabemos que el obstáculo no es telefónico, sino que está dentro
de nosotros mismos, o de nuestras relaciones. No queremos la presencia
inmediata e ininterrumpida; creamos ficciones de interrupción.
Hillis Miller (Speech Acts in Literature 186ss) ve en ese texto y su versión revisada en "El
camino de Guermantes" "one of the earliest profound considerations of
the effects of new electronic communications media on human life".
Efectos que vienen del propio medio, más allá de lo que se diga en
concreto a través suyo.
Los medios electrónicos reproducen la
voz, la imagen, la presencia, pero es presencia de los demás como
ausencia lo que obtenemos a través de ellos.
"Una manera
espectacular e inquietante en que el teléfono disuelve los límites y
trae lo exterior adentro es transportando lo distante y dándole una
cercanía fantasmagórica y espúrea. Tan pronto como pasa la llamada,
esperamos con los oídos pegados al aparato escuchando un oscuro espacio
aural, como la "ombre" que esconde a la otra persona, un espacio umbrío
lleno de espectros" (190-91)
Y por fin, la voz: es ella, dice Proust, "Mais comme elle est loin!"
La cercanía artificial del teléfono es una invención contranatural de
la tecnología, "lo que oímos es una clase de voz que nunca oiríamos en
la comunicación cara a cara. Acerca lo distante, pero lo acerca como
distante" (Hillis Miller 191).
Esa distancia es, pues,
intrínseca al medio. Pero es más: la alienación comunicativa del medio
se personifica, en la persona de la Operadora. A Proust le interrumpen
las confidencias por teléfono cuando se pone íntimo las operadoras, las
Vírgenes Vigilantes que dicen de repente "J'écoute!" cuando está en
medio de una conversación.
Para interrupción e irrupción, cuando
suena un teléfono a las doce de la noche, o la una. Aunque no haya
muerto nadie, es la llamada de la muerte. Algo así decía Avital Ronell
en The Telephone Book.
Las operadoras, con su irrupción en la conversación de Marcel,
interrumpen la ilusión de que es posible a través de los medios la
comunicación íntima y privada. Esta reciprocidad perfecta y utópica,
dice Hillis Miller, sería una transgresión de la ley que dice que cada
subjetividad permanece en soledad aun cuando sean promiscuamente
expuestos los signos externos que emite. Las operadoras nos vigilan, y
pueden además interrumpir la comunicación.
"Las operadoras de
Proust llegan a saberlo todo sobre nosotros. Son omniscientes además de
todopoderosas. Uno de los temores más extendidos sobre Internet hoy es
que supone que todo lo más secreto y privado de nosotros se volverá del
dominio público" (190).
Las Vírgenes Vigilantes se han vuelto, como Dios, más secretas e inescrutables. Quizá hasta las llevemos dentro también.
Otro aspecto de los medios para Proust y Hillis Miller es que nos
perspectivizan, modulan nuestra voz, la muestran desde otro ángulo,
revelan nuevos aspectos de nuestro ser. Así inestabilizan al yo, que no
era tanto yo como el reflejo de una cultura de la letra manuscrita o
impresa. La nueva escritura de la voz hace que sonemos distintos, y que
seamos distintos quizá.
These projections seem to many people
still today more shifting and unstable, more openly artificial, more
"constructed" and "virtual" than, let us say, the self communicated in a
love letter" (Speech Acts in Literature 194).
Somos lo que el medio nos hace, y, a medida que nuestra comunicación
está más y más mediatizada por ellos, nuestra "presencia auténtica",
ITF, se convierte en una modalidad mediática más. Según la vieja
hipótesis sobre el yo auténtico ahora descartada,
aunque la verdad única e inequívoca sobre los sentimientos de Françoise
pueda quedar eternamente oculta, sigue existiendo en la "sombra" más
allá de los signos que ella hace abiertamente. La experiencia telefónica
de Marcel señala hacia una hipótesis diferente e incluso más
inquietante, a saber que es posible que el yo sea creado,
realizativamente, por el medio en el que se expresa. (Speech Acts in Literature 194)
Who speaks now?
Una última cuestión sugiere el teléfono a Marcel, aún más inquietante
"Es la manera en que hablar con alguien por teléfono es una premonición
de la muerte de esa persona. La voz del teléfono no es únicamente [para
Proust] la de una abuela suya diferente. Es la voz de alquien que ya
está virtualmente muerta". (195)
Hacia 1900, el teléfono tenía
un aura de psicofonía, de comunicación con los muertos. Luego la radio, y
las grabaciones primitivas: la dificultad del sonido, las
interferencias, hacían oir lo que parecía voces esquivas, a la vez
ausentes y presentes: asociadas con la muerte. Hoy han quedado esos
ecos para los programas de radio de madrugada, donde la explotación del
propio medio, y la hora, les dan todavía un aire inquietante para
algunos. A esas horas somos vulnerables a la sugestión de la verdad.
Que, al final, nuestro ITF desaparecerá. Quizá queden nuestras
grabaciones, nuestros escritos, nuestra versión "inauténtica" modulada
por los medios. Psicofonías. Para Marcel, para Hillis Miller, esa
fantasmagoría del medio infecta también nuestra presencia real, y la
hace aparecer ya como una aparición fantasmal, bajo la vigilancia oculta
de las siniestras Vírgenes. El teléfono puede sonar en cualquier
momento.
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