Otra sesión de dentista
Se está
convirtiendo esto en un rito veraniego... me refiero a esto de las
sesiones de dentista no ordinarias, sino de quirófano, con bata verde y
sierra mecánica. Recomendable para masocas en busca de nuevas
experiencias. Aún me queda cara, sin embargo. Menos mal que cada vez soy
menos sensible al mal de muelas —y al mal de amores, de paso. Para
consolarme, quizá, me regalo un regalito que llevaba lamiendo desde el
escaparate desde hace tiempo. No cura los males, pero es como la ficción
narrativa, que decía Jameson: una solución imaginaria a problemas
reales. ¿Dejaré, por lo menos, de lamer los escaparates? Igual ni eso...
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