Aeon Flux
Esta película deriva de un videocómic, o sea que gentes no
dispuestas a transigir con ciertos absurdos argumentales y convenciones,
mejor abstenerse porque se podrían irritar gravemente. Está hecha con
Charlize Theron en letras grandes; es muy visual y espectacular; vemos
generosas dosis de la actriz, que hace honor a su papel estando de
impresión como tiene que estar. El asunto va de una desagradable utopía
futura, único habitáculo humano, ciudad ahistoricista amurallada,
perdida en una selva mundial, que al parecer es tóxica, tras la
extinción masiva de la mayoría de la especie humana en el lejano pasado.
Todo es de diseño, muy bonito y futurista, pero el gobierno, como en
las buenas distopías, controla, asesina y tiene horribles secretos. El
secreto es que todos son clones, copias fabricadas generación tras
generación de los pocos millones de supervivientes a la catástrofe de
hace cuatrocientos años... que era nuestro tiempo. Charlize
es AeonFlux, una terrorista/rebelde de la banda de los Monicans, que
luchan por derrocar a la dinastía gobernante, los Goodchild, herederos
de quienes encontraron la cura contra la epidemia. AeonFlux es la más
gatuna y letal de las Monicans. Y va derrocando al gobierno con patadas y
volteretas espectaculares que ya querrían otras Monicans, ayudada por
una amiga cuadrhumana, y todo salpicado por unas sesiones de comunión
virtual que tienen con la líder de la sectabanda Monican. Esta línea
argumental se cruza con otro plot en el seno del gobierno, donde hay un
hermano malo, un Badchild que quiere ser califa en lugar del califa para
hacerse con el poder absoluto... y resulta que el Goodchild bueno (y
benéfico líder) era, en la vida pasada, marido de AeonFlux, Christine
que fue en nuestros días. Ahora ha descubierto la curación para que
vuelva a haber nacimientos naturales, pero el hermano malo quiere
perpetuar las clonaciones y su control gubernamental.... por suerte, es
derrotado, y parece al final que de todos modos el bosque ya no es
tóxico y los embarazos se producen de modo natural. Reunión de los
futuros clones de Christine y su marido, aceptación de la muerte,
encarnada en la imagen de un viejísimo Peter Postlethwaite que era el
director de la fábrica de clones. Y tear down the wall,
dulce reunión final.... (me dicen que esta justiciera moral esposa del
Presidente poco tiene que ver con la anarquista de la serie original).
Los clones se presentan de manera un tanto acientífica como entes
derivados, copias sin alma ni entidad auténtica, meras reproducciones
vacías de ser, sobre todo si viven sin vivir en sí, que ni son ellos ni
los que eran. Son como malas reencarnaciones, con el karma mal llevado.
Están lastrados por quienes fueron en origen, y llevan una existencia de
falsa conciencia. Así, AeonFlux vive su identidad como un trauma,
interrumpido por flashes de memoria (característicos de los estados
traumáticos) donde se le aparecen imágenes inconexas del pasado,
fragmentos que no reconoce ni puede integrar en una narración vital—un
poco en plan trauma, a la manera de Memento.
Así pues, la recuperación de la autenticidad es también la recuperación
de una historia coherente y de una memoria organizada. La realidad del
futuro está traspasada de irrealidad: aparte de la ficción social en la
que vive la comunidad (un poco a la manera de La Isla),
están las comuniones mentales y reuniones virtuales de los Monicans, en
una especie de ciberespacio mental. Frente a eso, la autenticidad está
en derribar el muro (el muro del trauma que bloquea los recuerdos) y en
regresar, en cierto modo, al pasado. Nuestro pasado, pero no del todo;
hay un cierto toque años setenta u ochenta en flashback final que nos
muestra la despedida de Christine y su pareja tras su primer encuentro
amoroso. Nuestro pasado en los años setenta: más auténtico, lejos de
tanta mediatización visual y realidad virtual. La película nos sumerge
en un paréntesis virtualvisual, y nos promete que tras su fin
regresaremos a nuestra realidad, que es la que era, más auténtica y
sencilla. El futuro como trauma, pero el futuro que es un poco nuestro
presente, donde la identidad ya es problemática, nuestro genoma está
codificado, y nuestra interacción está cada vez más virtualizada,
nuestros pasos más controlados por la vigilancia antiterrorista. El
presente como trauma, interrumpido por recuerdos mal estructurados de lo
que fuimos, o creemos que fuimos, en los setenta, esa reencarnación
anterior.
AeonFlux. Dir.
Karyn Kusama. Written by Phil Hay and Mat Manfredi, based on the
characters by Peter Chung. Cast: Charlize Theron, Marton Csokas, Jonny
Lee Miller, Sophie Okonedo, Frances McDormand, Peter Postlethwaite,
Amelia Warner, Nikolai Kinski, Yangzom Brauen. Paramount Pictures /
Lakeshore Entertainment, 2005.
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