En algunos sitios el tiempo sólo pasa para dar vueltas de remolino o círculos viciosos. Esto escribía Sánchez Ferlosio, en 2002, sobre el conflicto árabe-israelí en 1982. Donde dice Reagan o Bush, léase Trump; donde dice Sharon, léase Netanyahu. Y no digo más:
Comoquiera que el 18 de abril el propio presidente [Bush] declaraba que Ariel Sharon es "un hombre de paz", nada tendría de extraño que pensara en éste como "homologado" con los soldados americanos en cuento beneficiario—siempre en nombre de la paz—de la misma inmunidad.
Pero, por lo que se refiere a esta especie de contrarretrato de Dorian Gray en el que Sharon se ve hoy representado con las limpias facciones de "un hombre de paz", me parece conveniente repasar para atrás las páginas de su "hoja de servicios" hasta 1982, año de la invasión del Líbano, emprendida bajo su mando, aunque ya no recuerdo si como ministro de la Guerra o en calidad de general en jefe del Ejército israelí. Como en aquella ocasión parece que hubo algún disgusto con el entonces presidente Reagan, Ariel Sharon, preguntado al respecto en una entrevista que le hizo nada menos que Oriana Fallaci, contestaba lo siguiente: "Yo no dramatizaría la irritación de los americanos. Nuestra alianza con ellos se basa en intereses recíprocos, y los americanos lo saben: Israel ha hecho tanto por la seguridad de Estados Unidos como éste ha hecho por la seguridad de Israel; así que no tiene importancia que surja alguna riña." Esta respuesta de primeros de septiembre de 1982 me la ha recordado instantáneamente una declaración del propio Sharon del 8 de abril de 2002, o sea diecinueve años y cinco meses después, que dice así: "A veces surgen desacuerdos, pero aquí no son más que desacuerdos entre amigos."
No pasa el tiempo: también entonces hubo un "plan para los palestinos" y un "mediador" enviado por el presidente, un tal Habib —tal como en esta ocasión lo ha sido Zinni—, que apenas fue algo más que un diplomático israelí, pues consiguió que los palestinos armados se retirasen de Beirut y sólo los salvó de que los israelíes se quedasen, tal como pretendían, con la lista completa de sus nombres. La indignación de los americanos contra Ariel Sharon había sido sobre todo por las matanzas de los refugiados en los campamentos de Sabra y de Chatila, en las que, por lo demás, él no actuó de ejecutor—quiero decir sus tropas—, pues fue por mano de los cristianos libaneses, parciales de Israel, y Sharon sólo fue consentidor o tal vez inductor. Por otra parte, la matanza de Sabra y Chatila ha hecho olvidar que el ataque por tierra, mar y aire del Ejército israelí hizo en la sola Beirut 6.775 víctimas entre militares y civiles. Los ciudadanos de Israel, por disfrutar de libertades democráticas, se manifestaron por las calles contra Ariel Sharon y la invasión del Líbano, pero parece ser que su protesta no fue primordialmente por las 6.775 víctimas libanesas de Beirut sino por las trescientas bajas de soldados israelíes que se habían producido en los dos primeros meses campaña.
(Rafael Sánchez Ferlosio, "Lo que faltaba", en Babel contra Babel, p. 354).
Quizá no sobre aquí mi última versión de Man of Peace, de Bob Dylan.
O la que... canta Bob Dylan en el cassette:

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