J. Hillis Miller, SPEECH ACTS IN LITERATURE
J. Hillis Miller, Actos de habla en la literatura
Speech Acts in Literature (Stanford UP, 2001). "El lenguaje actúa
en la literatura" (y vice versa, claro). Un libro de crítica literaria y
lingüística precioso, y que puede marcarte si decides escuchar lo que
dice, hasta límites que no los pone el libro, sino tú mismo.
Introduction: How to "Bog, by Logical Stages, Down"
Como
J. L. Austin, que con sus actos de habla inventó los actos de habla.
Todos somos diferentes tras el acto de habla. "The one who promises is
made different by uttering the words" (2). A Austin lo que le embarra el
argumento es la citacionalidad y sus ambivalencias: "Citation, or
repetition, seems both necessary to a felicitous speech act and at the
same time capable of vitiating it" (3). (Por otra parte, Austin nunca es
fiel a su propósito de tratar "the total speech-act in the total
speech-situation" [cit por Miller, 4]—a no ser que su manera de ser fiel
es dejar su argumento inconcluso). Pero ¿por qué habla Hillis Miller,
"some low type" quizá, no lingüista ni filósofo, sobre actos de habla?
¿No se mete en el "corralito" de otros? (Yo se lo pregunté, y me dijo,
más abiertamente que en el libro, que en efecto pretendía su libro ser
de relevancia para la lingüística y oponerse a algunas tesis sobre la
teoría de los actos de habla comúnmnente aceptadas en lingüística). Aquí
dice que "the idea that philosophy can be read rightly only by a secret
guild of philosophers is an absurd or even pernicious idea, destructive
of philosophy's proper social role" (5). Bajo toda enseñanza auténtica
late la incertidumbre de que no sea una enseñanza autoritativa,
autorizada, o autorizable.
Capítulo 1: J. L. Austin
How to Do Things with Words: el título es una descripción y una promesa. "Austin's title for How to Do Things with Words
is the first joke among many jokes in this admirable joke book" (11).
(¿O es un libro de autoayuda?). Todo escrito se presta a enfrentarse con
nosotros y plantearnos la disyuntiva de reconocerlo, hacernos
responsables de él, o desentendernos de él. Austin no publicó su libro
en vida, no se hizo tan responsable de lo que dijo. ¿Es un argumento
fallido, una catástrofe intelectual? Bueno, "The insights are attained
through the process of bogging down" (12). Cosa que no creen hacer sus
seguidores, pero "If such speech-act theorists had been slightly more
careful readers of Austin, they would have seen that he had already
conclusively demonstrated the impossibility of establishing a clear and
complete doctrine of speech acts" (13). (Bueno, pues menudas
perspectivas para la argumentación del propio Miller, ¿no?). El libro de
Austin rompe con la tradición filosófica de fe en la claridad
conceptual. Los actos de habla están interpenetrados indisolublemente.
"This crossbreeding or cross-contamination is perhaps the chief and most
valuable discovery of How to Do Things with Words,
though it clearly does not help to fulfill the promise made in the
second lecture to distinguish clearly between constative and
performative. Austin's genius as a philosopher is to allow his
intelligence to be led, 'by logical stages', to conclusions that he does
not, at least apparently, want to reach. The other, related, mark of
his genius is his ability to adduce examples that cause the most trouble
for the general doctrine he is trying to prove" (15).
Austin
es un filósofo poético, y Miller lo leerá como a un literato, atento a
la estructura retórica y narrativa, o a los ejemplos y chistes, del
libro — como parte inseparable de su argumentación. Argumento y texto,
que para un desconstructor no pueden ignorarse uno a otro. Leer a Austin
como literato es la manera de enfrentarse a la teoría de los actos de
habla allá donde la lingüística o la pragmática no llegarán. Y es hacer
lingüística, a la vez que es hacer literatura... o ética, y hasta
religión también, en el caso de este libro de Miller.
Se
recordará que Austin excluía de su estudio de los actos de habla "casos
especiales" o "parasitarios" como la literatura, chistes, ficciones,
etc. Pero "Austin is like a man who has exorcised a ghost only to find
that it keeps coming back. Literature is the ghost that haunts How to Do Things With Words"
(18). Hasta cierto sentido lo sabe, de ahí su teatralidad irónica:
"Austin has a habit of commenting on what he is doing, to some degree
from the outside, as though he were two persons, the one doing it and
the other watching the first doing it. These comments are often wryly
ironic, modest, or comic" (19).
"How to Do Things with Words
is explicitly intended to be constative through and through" (21).
Peeero... también dice Austin que sus lecciones son "verdaderas, al
menos en parte" (!). ¿Cuál será la otra parte? "It looks like a given
piece of language must be one of the four: true, false, performative, or
nonsense. Y el libro, o el capítulo "Performative utterances", "has a
pervasive, explicit, and nevertheless problematic performative
dimension" (22). El libro entero es un enunciado performativo de algún
tipo, "somewhat disheveled" (23). De este tipo en concreto: "an act of
foundation" (23), el documento inaugural de la teoría de los actos de
habla. Austin se presenta a sí mismo haciendo algo que nadie ha hecho
antes, una especie de revolucionario: "A revolution is a performative
act of a particular, 'nonstandard' kind, namely the anomalous kind that
creates the circumstances or conventions that validate it, while masking
as a constative statement. A revolution is groundless, or rather, by a
metaleptic future anterior, it creates the grounds that justify it"
(27). (Ver más sobre este tema en mi comentario a la Declaración de Independencia de los Estados Unidos.
Allí también comento que esta noción de los actos inaugurales de Hillis
Miller (y Derrida) tiene interesantes consecuencias para la teoría
narrativa, y en concreto para el concepto de retrospección y
retroacción).
Y así, como otras revoluciones, How to Do Things with Words
es un acontecimiento filosóficamente revolucionario que adopta el
disfraz de una mera constatación de los hechos — "Austin pulled off a
successful revolution, albeit, as is usual with revolutions, with a
considerable betrayal of the principles on which the revolution was
founded" (28).
Austin vuelve como un culpable a la cuestión de
la literatura, una y otra vez. Por ejemplo, en su tratamiento también
problemático de la intencionalidad.
"On the one hand, the performative depends on the intentions or
sincerity of the one who speaks. (. . . ). On the other hand, the
performative must not depend on
the intentions or sincerity of the one who speaks. If Austin's theory
is to be cogent, and if he is to attain his goeal of securing law and
order, the words themselves must do the work, not the secret intentions"
(28-29). Esto parece contradecirse con la idea cristiana de que la
autenticidad reside en un lugar visible sólo a Dios, la interioridad.
Austin desautoriza esta idea de la interioridad, pero de modo
ambivalente; a la vez quiere que nuestra palabra nos ate, en aras del
orden público y la responsabilidad social; por otra, no, porque eso
"would put Austin where he does not want to be, that is, with de Man,
who sees language, especially performatives, as something that operates
mechanically, regardless of what the speaker thinks, feels, or intends,
usually against his intentions" (32). Austin se resiste a ver que lo
lleva allí el libro que está creando: "Rather it should be called How Words Do Things to You, or How to Be Done In By Words,
in recognition of the autonomous power of language to do unforeseen
things, 'independently of any intent or any drive or any ddesire that we
might have' [de Man]. Among those thins is the generation, as an
illusion or specter, of the autonomous self, the ego or "I" that Austin
presupposes and takes for granted as the necessary foundation of
felicitous speech acts" (32).
(El ego múltiple, y la forma en que el lenguaje le da forma. Hay un poema de E. E. Cummings sobre este asunto...).
Los soliloquios no valen para Austin como ejemplos de actos de habla.
(¿Es la literatura un soliloquio? Para Miller, un acto de habla público
requiere un receptor, y también un tercero, un testigo. En los escritos
públicos presumiblemente los segundos hacen de terceros también). Hillis
Miller ya criticó en "The Critic as Host" la idea de que la literatura
es parasitaria del lenguaje, o de que la crítica es parasitaria de la
literatura. (Una noción ésta que tiene bastante que ver con la crítica
asumiendo responsabilidad por su propio discurso, volviéndose crítica crítica,crítica creativa).
El teatro de Austin dictando performativamente lo que excluye de su
teoría tiene a Miller frotándose las manos: "What a melange of mixed,
"poetic" metaphors Austin uses: hollow, void, sea-change, parasitic,
etiolations! Each invites in commentary" (36).
"The question is
whether the parasite may not belong in the home, or come to be at home
there, that is, whether literature may not after all be an essential
part of the economy of speech acts. [Pero que le vayan a contar esto a
los del corralito disciplinario de la "lingüística"... ]. If How to Do Things With Words
is taken as an example, that is certainly the case, since the
parasitic, in the form of jokes, irony, hidden citations, dramatic
examples, obscure dialogues, and so on, is essential to the working of
the performative revolution Austin is trying to effect. Nevertheless,
these features may at the same time undercut his project, undermine it,
make it in a peculiar way hollow or void" (37).
Austin introduce la noción cuasi-nietzscheana de fuerza
ilocucionaria, otra invención performativa. Y las "condiciones de
felicidad" para que la Fuerza funcione... pero sus ejemplos y
marginalizaciones paradójicas lo pierden.
"One way to define
Austin's problems is to say that he remains in his analyses at the level
of grammar and logic without ever going on explicitly to the
tropological or rhetorical levels. He uses tropes brilliantly and
commands a powerful rhetoric, but he does not generally reflect on the
implications of the way his use of tropes is necessary to get said what
he wants to say" (39). (Reconocemos aquí el motivo central de una fábula
clásica o cuento popular... ¿cuál es?). Su libro es una obra literaria
que se ignora a sí misma como tal. "Nevertheless, if de Man is right, it
may be the irony of How to Do Things with Words
that makes it performatively effective" (42). Los ejemplos no son
inocentes nunca: "Of philosophers and theorists in general it can be
said, 'By their examples ye shall know them'" (43). De Platón a Austin,
los mejores filósofos eligen ejemplos que someten a presión las
doctrinas que están propugnando (— Y para analizar esta relación entre
la filosofía y su texto, y llegar a una filosofía superior o diferente,
está la desconstrucción). Los ejemplos de Searle son de baja presión,
los de Austin no. En su teoría de los ejemplos efectúa Hillis Miller un
razonamiento desconstructivista clásico (con analogías con el
pensamiento antiabstraccionista de los integracionalistas), e introduce
su tropo favorito, la catacresis que amplía lo pensable:
"Examples are examples of the trope called synecdoche, part for whole.
Their efficacy depends on assuming that the whole is homogeneous and
that the example chosen is a fair sample of the whole: 'All the other
cases are like that'. This is conspicuously not so with Austin's
examples, or indeed with examples generally. Each example tends to be
sui generis, an incomparable special case that in the end turns out to
exemplify only itself, not to be 'typical' at all." (43-44). Los
ejemplos son a la vez parecidos y únicos, un problema... como las
diferencias entre los actos de habla:
"A major cause of
'bogging down' is his pragmatic or empirical discovery, through the
exploration of examples, that each kind of performative utterance
differs from all the others" (45). En sus ejemplos, Austin transforma
sus performativos al estilo indirecto, como si los narrase en una
novela. Su propio discurso está infectado de literatura... Así, sus
ejemplos cuentan una historia que contradice al argumento explícito y
deliberado del libro. El inconsciente del libro (o de Austin) se
revuelve contra la ideología dominante que quiere asentar y expresar, y
que se trasluce en sus ejemplos y las jerarquías que suponen en la
realidad: el varón occidental es en los ejemplos de Austin el sujeto
ideal del acto performativo válido, pero "The hierarchy shades down
through women to various animals—monkeys, horses, donkeys, cats—with
each lower stage increasingly unable to utter happy performatives" (51).
Los primitivos, nos dice Austin, no distinguían claramente entre unos
actos de habla y otros (—de hecho Occidente era primitivo entonces hasta
que vino Austin con la teoría de los Actos de Habla, y quizá lo sigue
siendo si hemos de creer a Miller). Para Miller, Austin "needs to
believe in primitive ambiguity in order to have confidence that he is
making progress. His actual experience, however, is of bogging down. He
finds that his distinctions do not hold, are unapplicable abstractions"
(52). Así, Austin ejemplifica la comedia de la lúcida mente occidental
tratando con una realidad intratable, y que sabe no puede reducirse a
razón. Nunca podemos, por ejemplo, predeterminar qué acto de habla
estamos realizando...
"... as Austin abundantly shows, you can
never wholly control 'how' a given utterance is going to be taken, by
different people for different uses in different circumstances, or just
what its force will be" (54).
Austin quiere mantener el orden.
La violencia cómica de sus ejemplos sugiere que el Orden es inestable,
que el equilibrio social es precario. Y, para mayor alarma, el hecho de
que su argumento se empantane sugiere una imposibilidad de justificar o
mantener ese orden público. (Por cierto, la expresión "bog down" sugiere
los límites del orden humano impuesto con carreteras, o las fronteras
de Occidente, donde acaba el Imperio. Uno se empantana en Irlanda, o en
Rusia, o donde la civilización pierde su honesto nombre). Austin sueña
con asentar el orden público de responsabilidades éticas del lenguaje en
"an accepted conventional procedure having a certain conventional
effect, that procedure to include the uttering of certain words by
certain persons in certain circumstances" (cit. por Miller, 57). "The
ultimate goal of Austin's work is to secure the conditions whereby law
and order may be kept" (57).
"His examples indirectly assert
and reinforce a powerful set of presumptions: the ideal of the male at
the top in full possession of his "I,"
speaking from a position of authority in the right circumstances, and
then women, animals, poets, 'low types', actors and actresses,
soliloquizers who mutter sotto voce,
and so on, beneath the men of authority, firmly kept in place. (. . . .
) This vision of history has the white male English philosopher, not
surprisingly, as its evolutionary goal. This superior man is ceaselessly
at work purifying the dialect of the tribe, making distinctions,
therefore making law and its enforcement possible, as was not the case
for our primitive ancestors who spoke in one-word sentences that were
vague and ambiguous." (58).
"That How to Do Things with Words
is the record of a failure to achieve its goal, securing law and order,
that it is the record rather of a bogging, by logical stages, down, is
the underlying 'serious' drama of the lectures" (59). "In spite of
Austin's efforts, How to Do Things with Words is more subversive of law and order than supportive of them" (59).
(Aquí yo matizaría... Me encanta la lectura de Miller, pero mal podemos
perder de vista que el libro de Austin es, además de un fracaso, un
triunfo, y que sus distinciones son utilizadas. Han sido "seminales"
como diríamos por perpetuar el mito del potente varón. Aunque eso sí,
nunca escapa su uso a las ambivalencias que señala Miller. Así que el
uso que le demos al libro de Austin depende en buena medida de nosotros,
algo con lo que creo que Miller sí estaría de acuerdo).
Dos
regímenes tecnológicos en colisión detecta Miller en la confrontación
(in absentia) de Austin y Derrida. El concepto del ego unitario y
perdurable esencial para la teoría de los actos de habla está ligado a
la comunicación impresa. Derrida en su crítica invierte las prioridades
de Austin: "felicitious speech acts are parasitic on infelicitous ones,
on literature in fact, rather than the other way round" (61). Derrida
pertenece a la era post-cartesiana de Internet, a un nuevo régimen de
telecomunicaciones:
"That regime is a place of spectral,
fleeting, impermanent selves created and decreated by media. In those
media the distinction between fact and fiction, real and imaginary, no
longer firmly holds or no longer holds in the same way as it did in the
era of the printed book" (61). Derrida ha reflexionado sobre las
condiciones de responsabilidad ética, comunidad y democracia en esta
nueva era, y parte de ese trabajo de reflexión es su crítica al acto de
habla tal como es concebido por Austin.
(Y sin embargo,
añadiría yo, la vieja y la nueva era también están secretamente
interpenetradas... Después de todo, bien dice Derrida que la palabra es
siempre ya una inscripción).
2. Jacques Derrida
La cuestión de la performatividad en el lenguaje es central en la obra de Derrida, dice Miller; no sólo en sus obras como Limited Inc donde critica a Austin y Searle (y que yo criticaba en los años ochenta
desde una perspectiva más bien searleana). También en la obra de
Miller: "This role of literary study in the investigation of ethical and
political commitment, the role of 'speech acts in literature', is my
focus in this book" (64). Ambos investigan el concepto de groundlessness, el carácter inaugural de los actos de habla, su carencia de bases, "the originary performativity that does not conform [qui ne se plie pas ] to preexisting conventions, unlike all the performatives analyzed by the theoreticians of speech acts, but whose force of rupture produces the institution or the constitution, the law itself, which is to say also the meaning [le sens] that appears to, that ought to, or that appears to have [qui paraît, qui devrait, qui paraît devoir] to guarantee it in return" ( Specters of Marx,
cit. en Miller 64). (Se verá que esta dimensión retroactiva del acto de
habla realizativo o performativo tiene también interesantes
implicaciones para la teoría de la narración, la célebre retrospección
que tanto me interesa. De hecho, podría decirse que el acto de narrar es
uno de estos actos de habla performativos, configurativos de la acción y
de la historia que supuestamente se limitan a transmitir. Más sobre
estos objetos retrovistos aquí). Derrida, por su parte, habla de la interpretación performativa o realizativa, "performative interpretation, that is, of an interpretation that transforms the very thing it interprets [qui transforme cela même qu'elle interprète]" (Specters of Marx , cit. en Miller, 64). Y en sentido aún más amplio podemos hablar de la dimensión performativa de toda representación).
Niega Derrida hablar de la "indeterminación" del sentido: sí enfatiza su indecidibilidad,que
es una oscilación determinada entre posibilidades. Va unida a la
iterabilidad, que conlleva que nunca podemos estar seguros de estar
significando lo que queremos significar o decir. Toda enunciación está
contaminada de iterabilidad (no sólo "te amo te, a-mo" que decía
Umberto-to). Por ejemplo, si algo es verdad, es eminentemente iterable.
No se puede poner un copyright a lo que es cierto. Derrida torea a
Searle utilizando el copyright de su artículo contra él mismo. La
diferencia entre la cita y la iteración es que la cita supuestamente
arrastra su contexto original consigo de modo implícito, mientras que la
iteración de un signo puede usarlo en un contexto radicalmente nuevo
(Una diferencia no absoluta, supongo). Derrida habla de la iterabilidad
de las marcas o trazos. "To say 'mark' rather than 'word' or even 'sign'
has important implications, as Derrida indicates. It allows him, for
example, to challenge the age-old notion, going back to Aristotle, that
man is the only animal with language and therefore radically distinct
from the other animals" (79). (Bueno, lo de 'going back to Aristotle'...
). Lo esencial es que cualquier marca puede iterarse, y eso lo usa
Derrida para subvertir la lógica austiniana de los actos de habla. "For
him, the pure promise is a 'fictional' phantasm derived from the impure
one. Why is that? Because what exists 'originally' are speech acts
marked, from the beginning or even before the beginning, by iterability,
that is, by impurity. The impure is the original" (81). (Me recuerda
este debate al reciente artículo de Carl Zimmer contra la pureza de las
especies, recordándonos que todos descendemos de híbridos). Este
razonamiento derrideano es también el que aplica a la crítica del
presente puro; la iterabilidad crea un tipo de temporalidad que
interpenetra presente, pasado y futuro. "This temporality makes the
present never present because it always reaches toward a apast that
never was present and a future that will never be reached as present"
(83). Derrida socava así la claridad de todas las distinciones
establecidas por Austin. Para Miller, "Austin's speech-act theory and
its reductive codification by Searle belong to the age of print";
"Derrida, on the contrary, belongs to the age of the new communications
technologies that are bringing the ate of traditional print media to an
end" (87).
Adiós al ego: ya no existe su autopresencia
cartesiana. Adiós al receptor: la marca es aautónoma, puede funcionar en
ausencia radical de cualquier emisor y receptor concreto. (Aunque no en
la ausencia de todo receptor,
habría que subrayar aquí, there's the rub. ¿Y puede decirse que el
propio emisor y receptor no va marcado en su marca—autores implícitos,
receptores implícitos, etc.? Conviene aquí evitar respuestas demasiado
categóricas y descontextualizadas). La intención, también queda
problematizada con la teoría de la marca iterable: "Whatever marks I
make are cut off from my intention and left free to have meanings and
ever new meanings in all the potentially different contexts in which
they may be read" (93). (Ah, pero ninguna libertad es absoluta...). La
intención ya está marcada por esta iterabilidad de la marca, está
dividida de entrada y orientada a los otros, separada de sí misma.
El inconsciente como matriz. Los sentidos de nuestras marcas no pueden
sernos presentes, desbordan al yo. No podemos acceder a nuestro propio
sentido.
Contexto insaturable: en términos de teoría de los
conjuntos, se refiere a que la teoría de los actos de habla es en sí
misma un acto de habla, "debe someterse a la misma normatividad y
jerarquía que pretende analizar" según Derrida, y de ahí el
empantanamiento de Austin con los discursos marginales y no serios.
"Derrida, however, both uses, in positive and productive ways, and says
that he uses, these forces of the nonserious , while showing why it is
impossible to be serious, thereby turning this loss into a gain" (103).
Una marca no puede ordenar y dominar su contexto a la manera del jarrón
de Wallace Stevens en un paisaje. "The context is never saturated by the
mark's force" (105). (Este asunto debe relacionarse con la dicotomía
entre crítica amistosa, que se somete a la fuerza de la marca o intenta
extenderla, y crítica crítica, o crítica confrontacional, que limita la
fuerza de la marca o la recontextualiza. También Roger Sell habla de cómo hay que evitar la presunción de un contexto único).
Derrida enfatiza mucho la iterabilidad de la marca, "the power the
inscription has, once it is inscribed, to continue working in the
complete absence of the intentional structure that originally inhabited
it" (106). (Pero—¿completa? Evitemos extremos, otra vez. Una marca en
ausencia total de intención ni siquiera es ya una marca. Una letra que
no sabemos qué sonido representa no es ni siquiera ella misma. Un texto
puede convertirse en un objeto físico, pero deja de ser el texto del que
estábamos hablando. Una mesa puede ser leña, pero si la quema un fuego
en una casa, no es una mesa para el fuego, sólo madera).
"Derrida (...) sees in the force iterability has to enter history the
chance for a new ethics and a new politics, the politics of what he
calls 'the democracy to come' " (106).
Platón ya hablaba de la
iteración, viéndola como una amenaza, diciendo que un escrito nunca se
sabe a quién puede dirigirse: "Writing is a 'drifter', a homeless
vagrant. The difference, and it is a big difference, is that what Plato
sees as a danger and an enfeebling, Derrida sees as a new force and as a
chance, a piece of good luck" (107) — (Derrida parece así ser, como
William Gibson o Stephen Jay Gould, un admirador o contemplador de la exaptación,
"the sign possesses the characteristic of being readable even if the
moment of its production is irrevocably lost and even if I do not know
what its alleged author-scriptor consciously intended to say at the
moment he wrote it, i.e. abandoned it to its essential drift" (Derrida, Limited Inc., cit. en Miller 107).
Aquí disiento de la manera en que se usa el concepto de "legibilidad".
Si hemos perdido el código, por ejemplo, el signo ya no es legible. Algo
podemos hacer con él, quizá, utilizarlo decorativamente por ejemplo,
pero no leerlo. Y hay veces en que sí conviene tener presente lo que
quería decir conscientemente el autor, para obtener una lectura más
ajustada más allá de la sola evidencia del texto. O sea, que sí, la
escritura va vagabunda y errante, pero por ese camino se pierden unos
sentidos y se adquieren otros. El mismo Derrida apunta a esto cuando
habla de la no saturabilidad del contexto: "For a context never creates itself ex nihilo; no mark can create or engender a context on its own, much less dominate it" (Limited Inc.,
cit. en Miller 111). Para Miller hay una relación dialéctica entre acto
de habla y contexto: dialéctica retroactiva por la que nuestra acción
verbal busca autosustentarse invocando y creando con palabras el
contexto que la apoya:
"The context is there already, but it
becomes a context only when the speech act intervenes within it, however
weakly and without power to saturate it. The speech act nevertheless
transforms the context it enters, even though in retrospect that context
seems to have been there already as the ground of the speech act's
efficacy. This power to intervene in the context, even if not to
dominate it, is the emancipatory chance opened by a speech-act theory
based on iterability." (111). (Esta aproximación a la pragmática del
acto de habla puede compararse con la de Jenny Thomas, en su libro Meaning in Interaction,
donde enfatizaba que los actos de habla no vienen ya perfilados sino
sujetos a negociación retroactiva, y que el contexto también es
articulado dialécticamente con el uso del lenguaje).
Este poder
retroactivo del acto de habla lleva a un análisis de la teoría ética y
política de Derrida, una teoría transformadora, donde "the performative
utterance creates the conventions it needs in order to be efficacious,
rather than depending on their prior existence for its felicity" (Miller
112). La ética de la enseñanza es así problemática, pues una enseñanza
nueva traiciona sus bases, o crea bases nuevas que no son las pactadas
con la institución: "Someone can always come along with the charge:
'What you are teaching has no authority, no validity. You are not
speaking the truth'." (114). Depende de cómo se reciba:
"Speech
acts often generate an intepersonal situation in which the necessary
response to one speech act is another speech act, even if the latter act
is silence or a mute gesture, as when a beggar asks for alms and I pass
by without giving anything or lift my hand and shake my head in a
gesture of refusal. The border between speech acts proper and gestures
that function as implicit speech acts is blurred. The distinction
between gestural and verbal speech acts is impossible to draw, as both
Austin and Derrida knew. It might be better to speak of 'sign acts', a
more inclusive term." (116).
En el análisis de Derrida, los
actos de habla 'ideales' y abstractos (promesas, afirmaciones,
preguntas, declaraciones, excusas) — se vuelven mucho más borrosos e
indecidibles en los casos concretos. Miller también comenta la Declaración de Independencia de los USA:
"'All men are created equal', but that does not include slaves or
women, for example Jefferson's black mistress" (120). Un rasgo esencial
del análisis derrideano de la Declaración es "the way the Declaration of
Independence depends on the thing it creates. It lifts itself by its
own bootstraps, itself makes the foundation on which it builds the new
state. (. . . .) The Declaration creates that in the name of which it
speaks" (124), y crea la comunidad de sus firmantes y adherentes, en
cuyo nombre habla. La importancia de la firma: "La signature invente le signataire (. . . ) dans une sorte de rétroactivité fabuleuse" (Derrida, Declarations of Independence,
cit. en Miller 124). Crea la nueva ley que la hace legal. Así,
"paradigmatic performatives disobey all the requisites for a felicitious
speech act as laid down by Austin, at least in his initial analyses
early in How to Do Things with Words.
The Declaration of Independence creates the law by which it acts rather
than depending on preexisting rules. It breaks the preexisting law
rather than sustaining it." (125). Y lo mismo sucede, según Derrida, con
las declaraciones de amor, promesas, mentiras y demás actos de habla.
Esta teoría de Derrida, como la de Austin, también es un acto de habla
inaugural, una nueva visión de la acción política y ética como
radicalmente inaugural. (Demasiado
radicalmente inaugural para mí: mejor buscar además los precedentes,
que siempre los hay, y estudiar las fuerzas no declaradas que hacen las
revoluciones posibles). Una ética y política de la iterabilidad. (Bueno,
pues eso. Si es iterable, además de tener una differentia specifica,
también tendrá algo de común con otros casos, ¿no?).
Derrida
relaciona la cuestión de la inauguralidad, y de la determinación del
contexto mediante el acto de habla, con otro tema que le es caro: la
liminalidad, la frontera entre contrarios o campos separados, siempre
problemática para él. "The outside penetrates and thus determines the
inside. This is what I have analyzed so often, and for so long, under
the words 'supplement', 'parergon', and each time that I have said of
the trait of writing or of inscription (for instance, that which marks
the limit of a corpus or of a context) that it was divisible and that it
erased itself in the very process of marking [dans son marquage même]." (Derrida, Limited Inc., cit. en Miller 130).
("Je t'aime")
"Derrida explores the phrase 'Je t'aime' ('I love you') as an
exemplification of the speech act theory he wants to put in place of
Austin's or Searle's" (134). Requiere la fe de quien se lo escucha
decir, es una aseveración que no se puede comprobar: "my locution 'Je
t'aime' is always implicitly, even sometimes explicitly, accompanied by
something like 'I swear to your that what I say is true'. ( . . . )
Uttering 'Je t'aime' is in turn an exemplary case of bearing witness"
(135). Otro corolario: "Like the Declaration of Independence", 'Je
t'aime' creates the event it names" (137). Es decir, la expresión y el
sentimiento interno no están divorciados: Derrida siempre atiende a la
materialidad del signo, y critica el "puro sentido" independiente de
todo signo. Austin ya argumentaba contra una postura un tanto
derrideana, y se volvía a encenagar con el tema, en su ensayo sobre
"Pretending", donde comenzaba argumentando contra la noción de otro
filósofo de que no estás airado hasta que expresas la ira.
De hecho, según Derrida, la expresión sí transforma la interioridad.
Decir 'Je t'aime' no es meramente describir o constatar algo: es elegir,
es transformarnos. Todos los actos de habla están interpenetrados de
acción, no hay metalenguaje inocente: "since all mention is to some
degree use and even the most deliberately constative statement has an
element of the performative, and vice versa. I cannot say or write 'Je
t'aime' without to some degree using it" (139). (Aquí Miller nos declara
a los lectores su amor, y yo: pero no quiero a todos igual, ojo no os
confundáis).
3. Paul de Man
Empezando por la imposibilidad de distinguir entre enunciaciones
performativas y constativas, de Man lleva su análisis de los actos de
habla hasta los límites en los que se problematiza la propia
inteligibilidad. "This, he argues, makes it forever uncertain whether
it is possible to ascertain what has been done with words and who or
what should be held responsible for it, or even if it is possible to do
anything with words at all" (141). La función referencial del lenguaje
performativo supuestamente nos permite saber lo que hacemos con las
palabras a la vez que lo hacemos. Esto resulta ser imposible. (Ya decía
el "player king" de Hamlet que nuestras palabras son nuestras, pero en
lo que van a parar no tenemos mucha parte).
This reminds me of
something De Man said in a seminar at Yale. A speech act, he commented,
makes something happen all right, but it is never what is intended or
what is predicted beforehand. You aim at a bear and some innocent bird
falls out of the sky. (144).
(Hay, por tanto, una especie de Ley de Murphy,
o ley de Man, del acto de habla, la ley del fracaso perlocucionario:
"Lo que digas nunca tendrá los efectos buscados". O, para mayor
precisión, es imposible saber si los tendrá, o tendrá parte de ellos y
parte también de efectos no buscados, en grado impredecible. Esta es una
cuestión que podemos relacionar con la dinámica entre comprensión y
crítica en la interacción comunicativa: da lugar a las formas de
respuesta crítica a una enunciación que yo llamo crítica amistosa y crítica crítica.
Un autor busca una respuesta crítica amistosa, pero frecuentemente
encuentra un crítico en lugar de un amigo. La intención traza un plan de
interacción comunicativa y la figura de un receptor implícito, pero el
plan siempre fracasa, el receptor efectivo no se ajusta a los rasgos del
receptor implícito invocado, y las contingencias del contexto dan al
acto de habla y su producción una historia que es resultado de la
impredecibilidad. En mi artículo sobre "La espiral hermenéutica" he
señalado cómo esta distancia entre lo dicho y lo entendido se vuelve
perceptible desde un tercer punto de vista, y cómo esta estructura de no
coincidencia da lugar a la susodicha espiral consistente en
interpretaciones, desplazamientos de sentido, recontextualizaciones e
interpretaciones más inclusivas).
Siempre me ha llamado la
atención la mala fe de la interpretación que da Paul de Man sobre las
excusas de Rousseau en el episodio de la cinta robada (en Allegories of Reading).
Yo lo relaciono un tanto instintivamente con su propia incapacidad para
excusarse abiertamente por su etapa colaboracionista. Hillis Miller no
hace esa lectura, se limita a constatar que "Excuses, de Man concludes,
are performed by language itself, not by the willing, intending subject"
(146) —algo que parece difícil de comprender o de compartir. Aunque
muchas veces sí aceptemos una excusa sólo de palabra, eso es por la
intencionalidad que hay detrás de esas palabras (aunque sea
intencionalidad de pactar o llegar a un compromiso, y no de excusarse
sinceramente).
En cualquier caso, es esto algo inherente a la
pragmática de Man: "Language, on its own, witout any help from man or
woman, from his or her subjectivit and its intentions, posits itself, in
a violent and senseless act of positing. This positing is a speech act,
but of a most anomalous kind, since it is detached from the ego with
its conscious intentions" (Miller 148). Esta teoría es a su vez un acto
performativo para Miller, uno frecuentemente repetido en su obra: un
aviso. "His entire work might be defined as a warning. This happens,
however, most decisively and strategically through a characteristic and
often repeated move that is a performative utterance disguised as a
constative one" (150). Un aviso contra la "locura de las palabras", el
lenguaje fuera de nuestro control. Aunque para Miller "to say 'language
speaks' looks like a prosopopoeia to me" (152). Para de Man ignoramos
nuestro propio lenguaje; la teoría quiere ser lúcida y constativa, pero
sólo dice su verdad cuando hace algo, cuando se vuelve narrativa y
performativa. Cualquier texto es constativo y performativo a la vez,
pero estos aspectos están en tensión, no cuentan la misma verdad. "The
tension between the two functions means that the performative aspect of
the text makes it produce deceptive, illusory knowledge, or the illusion
of knowledge" (153). (Yo casi diría que es al revés, es el sentido
constativo el más mentiroso para de Man, y el otro, performativo, el que
produce insight). Sea como
sea, "The text always overshoots or undershoots the target it aims at:
'It always produces a little more or a little less than the original,
theoretical input' (AR, 271). Die Sprache verspricht (sich). "
(154). (Cf. la espiral hermenéutica, que nos lleva a interpretar
aspectos no lógicamente codificados del texto como parte de su sentido,
de lo que "hace" si no de lo que dice). Esto lleva a de Man a un
resultado paradójico (quizá su propia teoría esté así pidiendo a gritos
ser desconstruida): "As related to the unintelligible or 'based on it',
no statement is either true or false, though it may be performatively
effective in unforeseen and unknowable ways" (154). (Bueno, maticemos:
unforeseen hasta que se producen efectivamente, y unknowable hasta que
viene un analista o crítico a sacarlos a la luz mediante una
interpretación. Eran
imprevisibles e incognoscibles; Miller no deja claro, o no comparte,
este salir a la luz o construirse de la verdad del texto. Del mismo
modo, podemos decir que en sí misma ninguna afirmación es verdadera o
falsa. Siempre es verdadera o falsa para alguien y en un contexto discursivo determinado).
4. Passion performative: Derrida, Wittgenstein, Austin
El
cambio en el régimen de comunicaciones puede llevar, según Derrida, al
fin de la literatura, de la filosofía, del psicoanálisis y de las cartas
de amor. Y Derrida mismo ha contribuido a ello con sus escritos, a
pesar de su amor por la literatura. "If Derrida is right—and I believe
he is—the new regime of telecommunications is bringing literature to an
end by transforming all those factors that were its preconditions or its
concomitants" (157). El nuevo régimen comunicativo lleva a mayor
apertura, como una postal que puede ser leída por todos. "The postcard
or e-mail message, if it falls under my eye, is meant for me, or I take
it as meant for me, whoever its addressee may be" (158) (—¿pero no es
esta capacidad de común a todos los escritos, como decía Platón en el Fedro? ¿Aún más, a todos los signos?).
Las pasiones no son desgajables de los signos que las comunican o
articulan, y son transmitidas por ellos infecciosamente. En términos de
actos de habla, se trata aquí de "the problem of whether the outward
expression of passion, in words or other signs, simply reports,
constatively, an emotion that already exists inwardly, or whether the
outer expression creates, performatively, the inner passion. Do I first
feel love and then say 'I love you,' or does saying 'I love you' bring
about the passionate state of being in love?" (159).
Esta
asociación de pasión y expresión es lo que funda la pasión por la
literatura, una pasión lectora e interpretativa, más allá de cualquier
secreto efectivo que contenga el texto. Una pasión performativa, no
constativa.
Wittgenstein se planteaba la existencia de un
lenguaje privado que sería necesario para expresar los sentimientos
privados. (¿No sería el estilo
este lenguaje privado?). Hillis Miller lo plantea en términos de
articulación de una nueva figura expresiva: la catacresis, un intento de
expresar lo inexpresable: "the goal of poetry for Hopkins, like the
goal of narrative for Proust, is to find some way to speak this
unspeakable, this wholly other of my private emotions" (161).
La incomunicabilidad de lo interior, del otro, problema para
Wittgenstein. "One escape from this impasse is to say—recalling Derrida
and, as I shall show, Austin—not that pain or any other passion in the
other is hidden away somewhere and then expressed, but that the
expression is the passion or is indistinguishable from the passion (two
very different things, and that is the problem)." (164).
Wittgenstein une las emociones a sus síntomas corporales, y más
generalmente a su expresión. "This is, I think, what William James meant
when he said that a man doesn't cry because he is sad but that he is
sad because he cries" (Wittgenstein, The Brown Book,
cit. en Miller 164). (Aquí se adivina una reducción de los noumenos
emocionales a una fenomenología o semiótica corporal, en un movimiento
paralelo en cierto modo a la epokhé
de Husserl). Miller lo plantea en términos austinianos: "Is the
'expression' of an emotion, whether by words or by signs such as weeping
or frowning, related to the emotion cognitively or performatively?"
(165). Para él, también, la expresión forma parte del sentimiento, éste
no puede disciarse totalmente de su expresión, por absurdo que parezca a
veces decir que nos enamoramos por decir "Je t'aime".
Pseudo-excurso sobre "perhaps" como palabra que expresa la incertidumbre necesaria para la vida humana: "As
long as I can say 'perhaps', I am still alive, still waiting for
something unexpected, whereas if I know for sure, then the future is
entirely programmed and predictable, not really a human life anymore, or
at any rate not worth living. The human ability to say 'perhaps' is
perhaps a sign of a distinctively human way to be related to time, that
is, by putting off indefinitely the last word of certainty. 'Perhaps'
defines human temporality as such, even though, it is oriented, we all
'know', toward the future definitive event of death that will come
sooner or later to all, though luckily we do not, at least not usually,
know just when. That perhaps is what Hamlet means when he says 'The
readiness is all'. 'Perhaps' is a way of saying 'Yes, I am ready', ready
even for death, when that event comes." (168).
Austin debate sobre la pasión y su expresión realizativa en respuesta a Errol Benford, que en Proceedings of the Aristotelian Society
sostenía que la ira consistía enteramente en la expresión de la ira.
Austin no rebate eso, y además su artículo sobre el fingimiento resulta
inconclusivo. Cuenta allí un sueño extraño, en el que se le aparece la
frase: "Neither a be-all nor an end-all be". Austin
se resiste a totalizaciones y conclusiones. Eso es bueno para mantener
el análisis indefinidamente abierto, pero por otra parte revela que "he
may be reluctant to reach the undesired conclusion toward which his
thinking is nevertheless remorselessly tending" (172)—a saber, la
conclusión de que el lenguaje de las emociones pueda ser eminentemente
realizativo, no constativo (a la Errol Benford, pues). "The other facet
is the fear that it may be impossible ever to know for sure whether the
other is angry or loves me. The two fears are aspects of the same fear.
Only so long as the game continues in a 'perhaps' that forbids premature
closure and keeps open the hope for a break-through event transforming
the fear into a happy certainty can the philosopher playing the
ordinary-language game keep bogged down on the periphery. Only by
prolonging the game can he or she stay away from the center that
generates such excessive anxiety" (172). Austin quiere justificar el
orden público, y ve que puede quedarse sin fundamentos comunicativos
para ello—para exigir responsabilidades ante la ley. "A passion for law
and order always lies somewhat covertly beehind Austin's lighthearted
jokes about how can we be sure that little bird is a goldfinch or how we
can know that man is anbry unless he takes a ferocious bit out of the
carpet" (173). El lenguaje, como veía de Man, es inseguro y resbaladizo.
Austin quería evitar el llegar a esa conclusión y por eso sus teorías
se quedan siempre empantanadas en la periferia. "The sharpness of
Austin's thinking, however, leads him to recognize, through careful
discriminations and painstaking analyses, that 'I promise' and 'I know'
are both forms of what he was later to call a performative utterance"
(174). Al enunciar una "verdad", aunque sea auto-evidente (como en la
Declaración de Independencia), nos comprometemos éticamente; una
afirmación es una declaración de creencias o una toma de partido, una
adopción de compromisos. Como dice Austin, "believing in other persons,
in authority and testimony, is an essential part of the act of
communicating, and act which we all constantly perform" (Austin, Philosophical Papers, cit. en Miller 175 —cursiva mía).
"We believe in the testimony of other persons all the time, for example
when my beloved says 'Je t'aime', and we had better believe them, since
law, order, communication, felicitous marriages, and the happy working
of society depend on such belief, even though that belief flies in the
teeth of the evidence that we can never have sufficient grounds for such
confidence" (176).
5. Marcel Proust
Proust también se plantea el problema de la incognoscibilidad de los otros; ya cité aquí
su reflexion sobre la impenetrabilidad de Françoise. Hillis Miller
observa que reducimos una persona y sus múltiples facetas para hacerla
intepretable, simplificándola metonímicamente, haciendo que uno solo de
sus aspectos reduzca a toda la persona. También le lleva esto a
reflexionar sobre su selección de ejemplos de Proust: al elegir un
ejemplo, hacemos que el ejemplo sea una metonimia del resto, la parte
por el todo. La crítica literaria (y la vida social también) es
metonímica.
Especialmente figurativa es la relación amorosa.
Al decir a alguien que la amamos, quedamos condenados a ignorar la
realidad de esa persona; nuestra pasión ocupa el lugar de la persona
real. La realidad, dice Proust, es una función de nuestros instrumentos
de percepción, y el otro nunca puede presentarse directamente, sólo
"apresentarse", aparecernos sin estar presente. Conocer al otro "is a
matter of faith, a performative positing, not a verifiable knowledge"
(183). Todo ideología: "ideas que no se manifiestan pero no por ello
dejan de actuar". Al no poder acceder directamente a los sentimientos de
Françoise, Marcel debe interpretar oscuros y contradictorios signos, y
en última instancia tomar una opción, decidir performativamente: "Since
those interpretations can never be checked directly against the hidden
object that casts the shadow, anything we can say about that object (the
mind and feelings of the other) is not a constative statement of fact
but a statement of belief, a form of testimony, a performative
utterance: 'I hold that Françoise loves me' or 'I hold that Françoise
hates me'." (185). "This assumption that the other is an impenetrable
shadow, a shadow that emits contradictory signs open to endlessly varied
contradictory hypotheses, all equally unverifiable, all equally fueled
by one emotional need or another, is the presupposition of all Marcel's
presentation of human life" (185). Analiza a continuación Miller el
episodio de las Vírgenes Vigilantes.
A
las Parcas escapa Proust mediante la escritura sin fin previsto:
"Proust dilates and delays, stealing with each invention a moment more
of life, just as Scheherazade in the Arabian Nights, so frequently referred to in the Recherche,
told story after story, thereby avoiding execution". (198). Quizá lo
mismo se pueda aplicar a todo escritor del libro de su vida, incluido
Miller, o a todo bloguero que cumple llenando una entrada más.
Y a continuación un último episodio de la Recherche, que
también tiene que ver con la ceguera del amor: la ceguera fascinada (¿o
es una visión negada a ojos profanos?) de Saint-Loup frente a su amada
Rachel quand du Seigneur, "une simple petite grue". Este episodio, como
muchos otros en la obra de Proust,
"seems to oppose a mystified
view, generated by passion and leading to a performative 'reading into'
of trivial signs, in this case Rachel's face, to the demystified view
that sees the signs as no more than crudely material, not valid signs
for anything, that is, sees them truly as what they are" (200).
El signo que leemos fascinados es sin embargo más auténtico para
Miller, porque la lectura en profundidad del signo requiere esa
fascinación. ¿Qué sería del amor por la literatura sin la colaboración
del lector? ¿Sin las invenciones del crítico? ¿"une simple petite grue"?
¿Y qué sería del amor a secas? Todo signos triviales, a los que
preferimos dar importancia. O se la damos, sin proponérnoslo realmente. Y
así damos nuevos nombres, o nicks, a los seres amados, un bautismo como
acto performativo por excelencia, "naming as a sovereign speech act
making or remaking the one who is named" (207).
Esta es la
dimensión religiosa del libro de Miller. El creyente en una divinidad
cualquiera no conoce de modo constativo, sino realizativo, mediante un
acto de compromiso personal que a la vez lo ciega (lo mistifica) y le da
acceso a una realidad inaccesible para quien no se compromete de ese
modo,
"a realm of beauty that is lost in a past that never
was, though it is treasured as a 'memory', a memory without memory, and
hoped for in a future that always remains future, the 'recompense
which we strive to earn' (E2: 163; F2: 459). All works of the
imagination—love, music, literature, art—however illusory in fetishizing
this or that embodiment of beauty, give us a glimpse of this lost
paradise, or rather these lost paradises, since they are multiple and
incommensurate, each in its own separate and sequestered place in the
capacious realm of the imagination. This multiple and unattainable
beauty is allegorized by means of catachreses that employ the illusions
of love as well as by the fictitious, factitious creations of poetry.
These are used to name something unknown, unknowable, and unnamable in
any literal words." (208). Así, Proust celebra la imaginación humana y
su capacidad de alcanzar verdades ocultas, "accessible not to reason but
to performative speech acts" (211). Y es la capacidad de crear signos,
desplazando el sentido literal, la que nos da acceso a esta dimensión
sobrenatural (o sea, propiamente humana) de la existencia, como en el
episodio en el que Marcel decide que unos árboles podrían ser
perfectamente ángeles, tesoreros de nuestros recuerdos de la Edad de
Oro, guardianes de la promesa de que la realidad no es lo que suponemos.
Signos sobrenaturales, traduciéndose unos en otros, tropos que
convierten a los árboles en ángeles, o transfiguran a esa mujer
corriente y vulgar, haciendo de ella "a deep enigma" (213).
Coda: Allegory as Speech Act
Si En busca del tiempo perdido es,
como decía Paul de Man, una alegoría de su propia lectura, una alegoría
de lo que pasa cuando interpretamos la lectura, un intento de leerla
sólo nos llevará a más actos performativos de sentar sentido. La
interpretación es un acto de habla realizativo, una manera de hacer
cosas con palabras, no una constatación de un significado existente; nos
vemos así abocados a "the incompatibility between knowing through or by
words and doing things with words that is perpetually demonstrated, as
this book has tried to show, by speech acts in literature" (214-15). La
interpretación viene de la propia pasión y de la llamada del otro que
sentimos, mediada por un texto. La interpretación, a su vez, da lugar a
un nuevo texto que constituye una nueva llamada a más respuestas... que a
su vez puede ser o no atendida por sus lectores. "This constitutes
another demand for response. It is a demand for which I, as the one who
has first responded, must, and hereby do, take responsibility" (215).
Aunque a mí me parece que la responsabilidad del autor por el hecho de
solicitar o invitar respuesta queda un tanto diluida por el elemento de
proyección y autofascinación que va a haber en las respuestas de los
lectores, según nos lleva a concluir el propio Miller. Habrán de ser
estos quienes se responsabilicen de sus propias interpretaciones. Como
tampoco somos responsables de quienes se enamoran de nosotros
proyectando sus propias necesidades y fantasías sobre nuestra persona.
Sí de las fantasías compartidas, o toleradas.
La tesis central
del libro, la inevitabilidad de un compromiso ético y de una decisión a
la hora de usar el lenguaje, amplía la teoría ética de Miller en The Ethics of Reading. Cada
vez es más inmediata para Miller, y más subrayada, la responsabilidad
directa de quien interpreta algo. Interpretar es elegir, tomar partido
(y responder es interpretar). En una entrevista reciente en el European English Messenger
(15.1, 2006), señala igualmente que cada juez a la hora de decidir si
la ley es aplicable o no a un caso, debe interpretar y decidir, hacerse
responsable. Y así hace la ley a cada momento, más allá de aplicarla.
También eso es un acto de habla. Lo mismo en la interpretación
literaria: "Any interpretation implies a speech act: 'I declare this
work means so and so'." (Messenger
25). Hacerse responsable es, en primer lugar, hacerse responsable de
que la respuesta que damos es la nuestra: no creer que no estamos
interviniendo, o eligiendo ("sólo aplicando la ley, o una teoría",
etc.). No podemos "aplicar" un método preestablecido para producir una
lectura éticamente responsable; antes deberemos someter el metodo a una
lectura crítica. No todo acto ético es moral, y no todo acto moral es
ético; Miller contrapone la moral a la ética como lo aceptado
convencionalmente frente a las decisiones relativas a valores que se
adoptan individualmente en una situación determinada: en suma, el método
frente a la interpretación creativa. "You must read for yourself, and
are always on your own when you do that" (25). La actuación (sea
mediante la palabra o mediante otras acciones) siempre tiene un
componente ético e interpretativo, y hasta una dimensión inaugural y
creativa. Siempre solos a la hora de decidir, aunque decidamos en
compañía de toda nuestra comunidad y de las autoridades.
(Así, Miller decide que la protagonista de Beloved
de Toni Morrison hace bien en matar a sus niños antes de devolverlos a
la esclavitud - "her decision was just, since it was inaugural,
inititatory" (25) —y yo sin embargo decido que hace mal, por muy
inaugural que sea su decisión, y muy contextualizada, y por mucho que
crean ella, y Morrison, y Miller, que hace bien. Una decisión ética para
ella, quizá, pero inmoral. No en sí, claro—sino para el juicio ético y
moral de este lector).
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