La narratividad
Tengo que ir escribiendo la introducción al libro sobre
narratividad que edito con John Pier para la serie Narratologia (Walter
de Gruyter, Berlín). El problema es cómo (por razones prácticas) no ser
redundante con ninguno de los capítulos escritos por los colaboradores, y
(por razones de politesse editorial) no contradecirlos tampoco
abiertamente. Aquí hay dos posibles líneas a desarrollar:
A) Una posible línea de ataque: partiendo de los tres niveles que yo distinguía en el texto narrativo (Acción, Relato, Discurso),
distinguir una narratividad de la acción, otra del relato y otra del
discurso. Aquí el problema sería aislar conceptualmente lo que nos viene
siempre mezclado en la realidad. Está esta propuesta en la línea de
otras propuestas narratológicas. como la de Nünning / Sommer (2007) que
distinguen una narratividad diegética (la que atiende al narrador y su
acto de narración, etc.) de una mimética (la narratividad consistente en
representar una secuencia de acontecimientos).
B) Otra posible línea de enfoque. Por parafrasear a Shakespeare (Twelfth Night):
Algunos textos nacen narrativos, otros se vuelven narrativos, y a otros
se les echa encima a la fuerza la narratividad. (Lo mismo podría
decirse de la literariedad, por ejemplo, pero con la narratividad es más
chocante porque ésta sí se diría que es una propiedad formal, y no de
uso o valoración de los textos. Eppur... Así, se pueden contrastar las
perspectivas gramaticales frente a las perspectivas pragmáticas o
constructivistas sobre la narratividad. O los mecanismos de codificación
narrativa: algunos más estructurales, otros más contextuales.
De mis dos líneas propuestas, la primera es más gramatical, la segunda más pragmática.
Las definiciones "gramaticales" o estructuralistas de la narratividad
son más propias de la narratología clásica; pero a ésta ha sucedido la
fase postclásica de la narratología: puede verse para su caracterización
contrastada el artículo de Gerald Prince "Narratologie classique et narratologie postclassique", en Vox Poetica.
La narratología postclásica prefiere definiciones más
interdisciplinares y más ligadas a los contextos y debates culturales.
Definiciones o problematizaciones, porque por ejemplo lo que se
problematiza es el concepto mismo de narratividad cuando se considera
como un concepto no neutro sino definido en interrelación con cuestiones
genéricas, de lenguaje estándar o no estándar, y en general como una
cuestión de semiótica social (como en el artículo de Beatriz Penas en
nuestro libro sobre la narratividad).
Según el glosario del
reciente libro A Companion to Narrative Theory (ed. James Phelan y Peter
J. Rabinowitz; Blackwell, 2005), la narratividad es:
"the
formal and contextual qualities distinguishing narrative from
non-narrative, or marking the degree of 'narrativess' in a discourse;
the rhetorical principles underpinning the production or interpretation
of narrative; the specific kinds of artifice inherent in the process of
narrative representation". (p. 548)
Una definición en la cual
hay amplio lugar para que la narratividad de un texto o fenómeno no
venga dada sino que pueda verse sometida a reinterpretación, o ser
conjuntamente construida de modo interactivo por narrador y receptor o
intérprete.
Hay que tener en cuenta el concepto de
narrativización (narrativisation) en conjunción con el de narratividad.
Según el artículo de Jan Alber en la Routledge Encyclopedia of Narrative
Theory, han tratado el tema Hayden White (con la imposición de formas
argumentales en materiales históricos) y Monika Fludernik, que la define
como la actividad de un lector al leer un texto como una narración, es
decir, naturalizando el texto al interpretarlo ya como una serie de
acontecimientos, ya como la percepción de un focalizador. Ambos
conceptos son útiles: para White, es el escritor (el historiador) quien
narrativiza; para Fludernik, es el lector quien aplica estrategias
narrativizantes. Lástima que esta última noción vaya acompañada por la
extravagante noción de narratividad de Fludernik (la famosa
"experientiality": es narrativo según esta noción lo que representa la
experiencia humana) que está distorsionada por una perspectiva teórica
centrada en la ficción literaria.
Veamos qué añade el artículo
de Prince sobre la narratividad en la Routledge Encyclopedia of
Narrative Theory. Primero, es una cuestión genérica la que tratamos
aquí. Habrá que acudir a conceptos básicos de la teoría del género.
"Narrativehood" sería lo que diferencia a una narración de una no
narración; otra cuestión es la "narrativeness" (como la llama en otros
sitios), los rasgos que hacen una narración sea más o menos narrativa:
cuestiones de experiencialidad, proporción acción-comentario,
virtualidad-actualidad, etc.
Aparte de grados de narratividad,
hay modalidades de narratividad: simple (en cuentos populares),
figurativa (en la lírica, filosofía, historia…), compleja (en novelas),
instrumental (en los exempla), etc.
Otros artículos relevantes
en la enciclopedia son los relativos a "géneros" y "text-types" (mal
diferenciados, estos conceptos). En el artículo de Alexandra
Georgakopoulo sobre "Text-type approach to narrative" se nos remite a la
definición de Chatman de la doble cronología necesaria para la
narración. Esto de la doble cronología ya lo tenía yo superado en mi
definición de la triple cronología en Acción, relato, discurso:
- Cronología de la acción (los acontecimientos narrados tal como sucedieron)
- Cronología del relato (los acontecimientos narrados tal como se nos narran)
- Cronología del discurso (los acontecimientos narrados más el propio
acontecimiento de la narración, que incluye digresiones, interacción,
etc.).
La "experientiality" de Fludernik se interpreta aquí de modo
moderado como una "orientación hacia agentes humanos o antropomórficos".
Se ha intentado más, nos dice Georgakopoulou, diferenciar la
narración de otros tipos de texto, antes que ver las relaciones entre
distintos tipos de texto narrativo. Otros tipos de texto: la
descripción, argumentación, exposición, explicación, instrucción,
conversación (no narrativa). Algunos han ido más allá, poniendo a la
narración a un nivel estructural superior a estos géneros (Bruner,
Swales, Virtanen). Vista la narración a tal nivel de generalidad tiende
a perderse la perspectiva de las diferencias internas que se dan entre
narraciones. Las tendencias actuales van menos hacia el análisis
conceptual abstracto de elementos formales, y más hacia la imbricación
entre usos de la forma y contextos sociales diversos. "One possibility
would be to explore narrative as a dynamic conglomeration of more or
less prototypical textual, functional, and contextual parameters" (596).
Enfatiza Georgakopoulou el uso variado y la atención variada que
prestan los participantes a diversos recursos disponibles a la hora de
producir el discurso, así como los modos híbridos y locales en contextos
y comunidades específicas.
Michael Kearns escribe en la
Routledge Encyclopedia of Narrative Theory un artículo más extenso sobre
"Genre theory in narrative studies". También aquí prima la concepción
del género como convenciones "activadas" por el lector: "To approach a
text as *narrative is to implement expectations about point, *narrative
progression or transformation, *actants, and *narrator (see NARRATIVITY;
TELLABILITY); in fact, any text containing a sequence of *events
invites these expectations" (201). Explica los conceptos taxonómicos de
género, de raíz aristotélica, y su sustitución en el siglo XX por
conceptos funcionalistas que integran los géneros literarios en un marco
lingüístico más general. Así, Genette redefine la narración como un
"modo lingüístico" más allá de un género literario, modo que puede
usarse en cualquier género. La "ley del género" de Derrida nos dice que
los textos participan de géneros sin pertenecer a ellos. Esto también es
por efecto de la lectura; así el narratólogo ha de estudiar cómo el
lector utiliza las convenciones narrativas junto con las de otros tipos
de discurso al tratar con determinado texto.
La influencia de
la hermenéutica también ha limitado los enfoques genéricos
fundacionalistas y absolutos, al requerir el círculo hermenéutico un
vaivén y negociación entre los diferentes elementos y componentes de un
discurso. Ello no quita para que la narración como esquema cognitivo,
lingüístico y cultural siga teniendo un status especial y merezca
estudio propio.
Hoy los teorizadores prefieren usar una
multiplicidad de parámetros presentes en grado variable, antes que
categorías absolutas y exclusivas, a la hora de definir los géneros y
modalides discursivas.
Los géneros condicionan la producción,
el procesamiento y la recepción de la narración. En lo referente a la
producción: desde los esquemas cognitivos básicos, pasando por los
patrones culturales ("master narratives and myths"), hasta las
ideologías concretas y específicas de una época o comunidad. Por
"procesamiento" entiende Kearns la lectura, que también sigue carriles
genéricos a distintos niveles de generalidad. Y la "recepción" es la
manera en que el texto interactúa con la cultura y sus instituciones.
Muchos teorizadores enfatizan el poder ideológico de la narración en
este sentido, sosteniendo que "a culture's ideology is most effectively
organised and transmitted through narratives" (205). Por último, hay
una retroalimentación entre los factores que condicionan la producción,
el procesamiento y la recepción.
Más allá de los géneros
"narrativos" específicos, Kearns enfatiza el papel de la narración como
un modo lingüístico natural y un ingrediente de muchos géneros.
La publicación más reciente que he leído sobre la cuestión de la
narratividad es un artículo de Shlomith Rimmon-Kenan en "The Traveling
Concept of Narrative" (2006), titulado "Concepts of narrative".
Allí Rimmon-Kenan polemiza (educadamente) contra el uso generalizado
del término "narrative" en psicoanálisis, en análisis crítico del
discurso, y en otras disciplinas humanísticas. Aun reconociendo la
presencia de elementos narrativos en muchos de los fenómenos que estas
disciplinas llaman "narraciones", insiste en la necesidad de una doble
secuencia temporal (la de la acción y la de su representación) y de una
instancia mediadora (narrador, etc.) para poder definir a algo como una
narración.
Rimmon-Kenan termina el artículo con una serie de
preguntas, a las que, como no responde, puedo de momento pasar por alto
para concentrarme en la propuesta más concreta de su artículo, en el
penúltimo punto. La crítica fundamental que puede hacérsele es la
siguiente. Cuando un analista (psicológico, social, político, etc.)
llama a algo una "narración", y luego pasa a analizarla, no está
presuponiendo que esa narración haya sido articulada por alguien YA. A
veces el analista está realizando un doble trabajo: a la vez constituye
la narración, la estructura a partir de elementos dispersos en el
espacio discursivo que analiza, y seguidamente pasa a criticarla,
analizarla o a proponer una contranarración. Puede haber aquí la
sensación un poco de "yo me lo guiso, yo me lo como", o mejor dicho, "yo
me lo guiso y no me lo como, sino que me hago otro guiso". Y sin
embargo es una manera fundamental en que ha de trabajar el analista. Por
ejemplo, si hablamos de "la narrativa de la derecha española sobre el
11-M", creamos en gran medida una ficción, que habrá que matizar si no
queremos caer en la simplificación más grosera. En cualquier caso,
estaremos realizando una selección, estructuración, etc. tanto de los
discursos en torno al 11-M (extrayendo de ellos una narrativa) como del
sujeto narrativo a quien atribuimos esa narrativa—"la derecha española",
pongamos. Y seguramente haremos ese trabajo de estructuración narrativa
con vista a, posteriormente, someter a crítica la narración que
acabamos de formular.
Así pues, desde una perspectiva
interaccional, postclásica, sociosemiótica de la narratividad, el
analista no es un analista neutro. No sólo el proceso de su análisis
está ideológicamente articulado, sino que el propio objeto de análisis
está en parte constituido por el propio analista. Es el propio analista
narrativo quien ha de descubrir primero la narratividad del objeto que
está analizando, para después someterla a crítica. Por supuesto, un buen
analista no se saca esa narratividad de la chistera, sino que ofrece
una formulación clara, bien estructurada, convincentemente articulada,
de fenómenos que son socialmente activos; ofrece, por seguir con nuestro
ejemplo, la versión de "la derecha española sobre el 11-M" mejor
articulada que la propia "derecha española" (un sujeto difuso éste,
claro). Y seguidamente pasa a someter a crítica la narración que él
mismo ha sacado a la luz o contribuido a articular. Lo esencial es que
tanto la narración que extrae como la crítica a que la somete son
ejercicios de narrativización que han de tener valor hermenéutico, y
ayudar a interpretar el fenómeno que está siendo objeto de análisis,
primero en su manifestación social existente, después en la crítica a
que ésta se somete. Ambos pasos han de manifestar el valor emergente e
interpretativo de la narración, constituyendo objetos de conocimiento
donde antes no había sino fenómenos inconexos.
El analista
social, pues, frente a lo que podría hacernos pensar la crítica de
Rimmon-Kenan, no se encuentra con narraciones bien articuladas, con un
narrador, y una doble secuencia temporal, listos para su análisis. Antes
de desconstruir la narración, debe construirla. ¿Que, como he dicho, es
una actividad que se presta mucho a acusaciones de ombliguismo, de
distorsión interpretativa, de yo-me-lo-guiso-yo-me-lo-como? Por
supuesto. Pero no podemos dejar de hacerlo. De narraciones y
contranarraciones vive el debate ideológico.
Otra cuestión a
tratar, relativa a la narratividad "percibida" y emergente: cómo las
distintas teorías sobre la narratividad, y análisis narrativos,
entendidos como otros tantos instrumentos de percepción de la
narratividad, captan "longitudes de onda" narrativas que escapaban a
teorías anteriores; se teorizan así, qué digo se teorizan, se perciben y
se desarrollan, de modo emergente, nuevas dimensiones de la
narratividad y nuevas clases de narratividad, como resultado de la
interacción entre texto narrativo y metatexto narratológico.
Así pues, por ejemplo, la narratividad psicológica de secuencias de
acciones, planes, etc. Podría decirse que según muchas definiciones
tradicionales, aquí no hay narración, pues no hay comunicación de un
sujeto a otro, no hay texto, no hay representación.... Bueno, eso de que
no hay representación ya es mucho conceder. Como lo de que no hay
comunicación. Precisamente la consciencia, en una concepción
emergentista como la de Mead, es un proceso de autocomunicación. La
noción de "self-indication", señal dirigida por el organismo a sí mismo,
es crucial aquí. Una narratología que sea capaz de incluir esta
narratividad de la consciencia entre los fenómenos analizados es un
ejemplo de teoría que contribuye a ver narratividad donde antes no se la
veía (vale casi decir que no la había).
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