Un pasaje de Parerga y Paralipómena en el que Schopenhauer, después de despotricar contra sus supuestos precursores, critica a quienes subidos a hombros de gigantes, o de enanos, creen que esos gigantes o enanos ya veían tan lejos como ellos... Denuncia aquí esto que es una modalidad, aplicada a la historia intelectual, de lo que los ingleses llaman hindsight bias, y que podemos traducir por distorsión retroactiva o falacia retrospectiva, —gajes de vivir en el tiempo y de ser más listos ahora que nosotros mismos antes. No hay que creerse eso de que en realidad ya lo sabíamos desde siempre, sólo que ahora nos tomamos la molestia de decirlo.
Schopenhauer:
hay que decir que de cada gran verdad, antes de que sea descubierta, se manifiesta un presentimiento, una corazonada, una difusa imagen, como entre la niebla, y un vano intento de aprehenderla, porque precisamente los progresos de la época la han preparado. En consecuencia, la preludian afirmaciones aisladas. Pero sólo el que ha conocido una verdad por sus razones y la ha meditado en sus consecuencias, quien ha desarrollado todo su contenido y abarcado el alcance de su ámbito, y después, con plena conciencia de su valor e importancia, la ha expuesto con claridad y coherencia, solo ese es su autor. En cambio, el hecho de que en la época antigua o moderna haya sido alguna vez expresada de forma semiinconsciente y casi como hablando en sueños, y por consiguiente sa la pueda encontrar si se la busca después, aunque esté totidem verbis no significa mucho más que si estuviera totidem litteris; del mismo modo, el descubridor de una cosa es solo aquel que, conociendo su valor, la conservó y custodió, no el que una vez la tomó por casualidad en la mano y luego la dejó caer de nuevo, igual que el descubridor de América es Colón y no el primer náufrago al que las olas lanzaron una vez allí. Este es precisamente el sentido del pereant qui ante nos nostra dixerunt de Donato. Sin embargo, si se quisiera hacer valer contra mí tales expresiones casuales como prioridades, se habría podido empezar mucho más atrás y, por ejemplo, alegar que Clemente de Alejandría (Stromata II, c. 17) dice: proegeitai toínun pánton tò boulesthai, ai gar logikai dunameis, tou boulesthai diaknoi pepsíkasi (Velle ergo omnia antecedit: rationales enim facultates sunt voluntatis ministrae). S. Sanctorum Patrum Opera polemica, vol. V., Wiceburgi 1779: Clemens Alex. Opera Tom. II, p. 304); como también, que Spinoza afirma: Cupiditas est ipsa unious cujusque natura seu essentia (Ethica P. III, prop. 57, demonstr.); y antes: Hic conatus, cum ad mentem solam refertur, Voluntas appellatu; sed cum ad mentem et corpus simul refertur vocatur Appetitus, qui proinde nihil aliud est quam ipsa hominis essentia (P. III prop. 9, schol., y, finalmente, P. III defin. I. explic.). Con la mayor razón dice Helvecio: Il n'est point de moyens que l'envieux, sous l'apparence de la justice, n'emploie pour dégrader le mérite... C'est l'envie seule qui nous fait trouver dans les anciens toutes les découvertes modernes. Una phrase vida de sens, ou du moins inintelligible avant ces découvertes, suffit pour faire crier au plagiat (De l'esprit IV, 7). Y séame permitido recordar aún un pasaje de Helvecio sobre ese punto, rogando que no se interprete el hecho de citarlo como vanidad y arrogancia sino que solo se tenga a la vista la corrección del pensamiento que allí se expresa y se prescinda de si algo en él se me podría aplicar a mí o no: Quiconque se plaît à considérer l'esprit humain voit, dans chaque siècle, cinq ou six hommes d'esprit tourner autour de la découverte que fait l'homme de génie. Si l'honneur en reste à ce dernier, c'est que cette découverte est, entre ses mains, plus féconde que dans les mains de tout autre; c'est qu'il rend ses idées avec plus de force et de netteté: et qu'enfin on voit toujours à la manière différente, dont les hommes tirent parti d'un principe ou d'une découverte, à qui ce principe ou cette découverte appartient. (De l'esprit IV, 1). —
Con escena de travestismo incluida, por más señas. Es el único pasaje, creo, en el que habla Kant sobre Heidegger —que si bien no es muy conocido en España, al parecer sí habían llegado noticias suyas a Königsberg. Esto viene de una sección sobre fisiognomía en la Antropología de Kant. En fin, ahí va el pasaje en cuestión:
Heidegger, un músico alemán residente en Londres, era un varón de figura estrafalaria, pero despierto, inteligente, de cuya compañía gustaban, por su conversación, las personas distinguidas. Cierta vez, en un merienda, ocurriósele sostener contra un lord que era la cara más fea de Londres. El lord reflexionó y apostó que le presentaría otra todavía más fea, y entonces hizo llamar a una mujer borracha, a la vista de la cual la reunión entera prorrumpió en una estruendosa risa y exlamó: "Heidegger, habéis perdido la apuesta." "No tan aprisa—replicó este—: vamos a ponerl a la mujer mi pelucay yo me pondré su cofia; entonces veremos. Hecho así, casi se asfixiaban de risa, pues la mujer parecía un hombre perfectamente amanerado y el pícaro de Heidegger una bruja. Esto prueba que para llamar a una persona hermosa, o al menos pasablemente linda, no hay que pronunciar el juicio en términos absolutos, sino sólo relativos, y que para un hombre ingenioso una persona no se puede llamar fea porque no sea precisamente linda. Solamente las manifestaciones asquerosas de enfermedades en el rostro pueden autorizar a emplear esta expresión.