Harry Thompson, THIS THING OF DARKNESS
Me compré este libro (2005; Headline Review, 2006) por la
preciosa ilustración de la portada, que si no es de Turner debería
serlo. También por la cita shakespeariana del título, claro: "Esta cosa de la oscuridad reconozco que es mía", dice Próspero sobre el degradado indígena Caliban en The Tempest. La
obra de Shakespeare se ha venido leyendo como una alegoría, comentario o
síntoma sobre el colonialismo, y también de eso va la novela de
Thompson. Qué digo la novela de Thompson. La EXCELENTE novela de
Thompson: a por ella si podéis, sin pensarlo dos veces. Ojo: 875 páginas
que se hacen cortas.
Como decía, va del imperialismo y
colonialismo, de las actitudes occidentales y de los genocidios
perpetrados en Tierra del Fuego y en Oceanía. Pero también va sobre
teoría de la evolución: otra razón por la que me la compré es que Darwin
es uno de los protagonistas. La novela dramatiza el conflicto religioso
y filosófico que supuso el avance de la ciencia y la racionalidad en el
XIX, llevando a la crisis de la fe y al escepticismo en el caso de
Darwin. El panorama es amplio, casi planetario, abarcando desde
contactos con pueblos primitivos hasta elegantes salones ingleses;
grandiosos paisajes sudamericanos y tormentas vívidamente descritas,
horizontes enormes. Un panorama amplio también en el tiempo, siendo la
pieza central el viaje alrededor del mundo de Darwin en la expedición
del Beagle al mando de FitzRoy; pero abarca el libro desde los preliminares (con el suicidio del anterior capitán del Beagle en Patagonia), pasando por el famoso debate sobre la evolución entre Huxley y un primate of the Church,
el obispo Wilberforce... Hasta terminar con el suicidio del propio
FitzRoy, desencantado con su fortuna y su carrera, y atormentado por el
avance del escepticismo y de un mundo que él ve carente de sentido si no
está organizado por una divinidad benevolente.
Y la
benevolencia de la Divinidad queda bastante en duda... Los nativos a los
que quiere civilizar y cristianizar FitzRoy son impredecibles: tan
pronto dan resultados casi demasiado buenos,
adoptando los valores y modales ingleses casi hasta el extremo de la
caricatura, o son incomprensibles, brutales y enigmáticos. Si logra
entenderse con ellos, son entonces los europeos quienes plantean
problemas, con su simplismo, su codicia brutal y su desprecio a la vida e
intereses de los nativos. FitzRoy no encuentra acomodo en la vida; él
mismo sufre de accesos súbitos de demencia, y aunque consigue tras
largos años de soledad casarse con la mujer ideal que le quitaba la
respiración (a regular angel in the house, además) ésta muere. Los
proyectos de FitzRoy para desarrollar sistemas de predicción
meteorológica se enfrentan a los absurdos burocráticos y la ignorancia
de las autoridades; su intento de aplicar equitativamente la justicia
inglesa cuando lo nombran gobernador de Nueva Zelanda topan con el doble
rasero que las autoridades y los colonos esperaban de él.
Fitzroy cree en un mundo ordenado donde todos tienen su lugar; el mundo
que inaugura el pensamiento Darwin justifica la superioridad del hombre
occidental, y aboca a las razas inferiores al la extinción en una lucha
por la vida que aquí se encarna a escala mundial en el imperialismo
británico, y en el americano contemporáneo, por analogía transparente
que establece el autor. Las palabras del general Rosas para justificar
su guerra contra los indios están calcadas de los discursos de Tony
Blair. Darwin es aquí un Darwinista social, que aunque en absoluto
aprueba el genocidio, predice que las razas inferiores y los grandes
simios serán exterminados para ahondar la diferencia entre el hombre y
los animales. Para disgusto suyo, Fitzroy se ve asociado a las teorías
de Darwin, y ve cómo sus acciones contribuyen a fines globalizadores que
él no deseaba. FitzRoy era un explorador, no un conquistador, y le da
asco el progreso de la máquina imperialista.
Y su inicial amistad con Darwin, que lo acompaña durante años en el Beagle,
se enfría y termina en un enfrentamiento espiritual de proporciones
casi cósmicas. Darwin acaba con Dios y se pone a sí mismo, viejo
primate, en su lugar, dejándose una larga barba blanca por subrayar la
parodia; desarrolla una teoría de la realidad, de la estructura de la
tierra y del origen y lugar del hombre, que repugna y horroriza a
FitzRoy, cuyos afanes de ilustración y desarrollo del conocimiento no
pretendían este resultado. La novela dramatiza así el enfrentamiento
entre un cosmos ordenado por Dios, y visto desde el prisma de un
aristócrata que tenía su lugar en el siglo XVIII, y el universo vacío de
sentido del siglo XX, anticipado por Darwin. FizRoy cierra el círculo
con su suicidio, arruinado por sus empresas benevolentes, envejecido,
desilusionado por el avance de una civilización burocrática, mecánica,
regimentada y sin ideales que él pueda compartir.
"Cuando era joven, pensó FitzRoy,
era un viajero, cruzando mares desconocidos, amo de mi propio destino.
El viento y las olas se han estrellado contra mí, pero me abrí paso
luchando, para descubrir nuevas costas y mundos desconocidos. Luego me
volví parte de una máquina, un simple diente en un engranaje. Me
quitaron mi libertad, mi independencia. Pero al menos mi esfuerzo sirvió
para allanar el camino a otros viajeros, que siguieron mis pasos.
Ahora, me han quitado hasta ese pequeño consuelo. La solución está
clara. Debo viajar a donde no puedan alcanzarme. Debo emprender el viaje
una vez más, a la orilla más lejana. Debo emprender el viaje más allá
de los viajes. Un viaje sin mapas."
Fizroy sueña con
volver a ver a su esposa amada; a Jemmy Button, el nativo que tanta
amistad le profesó, a sus jóvenes marineros que murieron ahogados. ¿Los
verá, o tiene razón Darwin? ¿Era FitzRoy sólo un primate más, demasiado
evolucionado para su propio bien?
Una novela histórica magnífica, no sólo de la historia, sino
sobre la historia. Y para la historia. Con horizontes inmensos, que
abarcan el origen y sentido de la humanidad, de la modernidad, de la
globalización, y de las vidas individuales, pequeñas historias que
buscan su sentido dentro de esta gran narración. Harry Thompson murió de
una grave enfermedad al poco de publicarla; es su única novela. Tampoco
necesitaba otra.
3 comentarios
JoseAngel -
Fer -
Un saludo!
Distinto -
Un saludo.